La Ginecología de Pablo de Egina

La Ginecología de Pablo de Egina

La Ginecología de Pablo de Egina esta descrita en su obra Epitomae medicae libri septem (Compendio médico en siete libros), también llamada “Libri Septem” o en algunos sitios también se denomina “De Re medica” de Pablo de Egina, una enciclopedia que resumía todo el saber médico grecorromano, basándose ampliamente en Hipócrates,  Galeno, Sorano de Éfeso, Celso, Alejandro de Tralles, Oribasio y Aecio de Amida. Según el análisis de la obra parece ser que existen mucha similitud en la descripciones de la enfermedad y en la larga lista de prescripciones que realiza que se asemeja a los textos de Aecio de Amida.

Esta obra fue traducida al árabe por Hunayn ibn Ishaq, influyendo profundamente en médicos como Albucasis, Avicena y Rhazes influyentes en el mundo islámico.

Portada de la obra de Pablo de Egina. Edición del año 1528

 

Epitomae medicae libri septem está dividida en 6 libros:

  • Libro I: Higiene, nutrición y régimen de vida.
  • Libro II: Fiebres y sintomatología general.
  • Libro III: Enfermedades por regiones anatómicas (de la cabeza a los pies).
  • Libro IV: Afecciones cutáneas y parasitosis.
  • Libro V: Venenos, mordeduras y ponzoñas.
  • Libro VI: Cirugía (el más famoso e innovador). Describe técnicas de traqueotomía, litotomía renal y vesical, reparación de hernias, mastectomías, paracentesis y reducción de fracturas.
  • Libro VII: Materia médica y farmacología.

 

Sobre Ginecología y Obstetricia no tiene una obra especifica sino  que  dedicó parte de sus escritos a la atención del parto y patologías uterinas.

Pablo de Egina no menciona ni describe la anatomía de los órganos generativos de la mujer. Tampoco describe las desviaciones uterinas.

No menciona la versión podálica.

En Libro I. En la parte final del primer libro, se centra en la ginecología clínica y la obstetricia médica no invasiva:

La obra Epitomae medicae libri septem, de Pablo de Egina está escrita en griego, en este trozo de texto se refiere al tratamiento de las convulsiones de una embarazada.

Pablo de Egina dice:

“χρὴ δὲ καὶ τοῖς ὀσφραντοῖς τὴν αἴσθησιν ἐρεθίζειν, οἷον πευκεδάνῳ, Κυρη-

ναϊκῷ ὀπῷ, ἀσφάλτῳ, κεδρίᾳ, πίσσῃ· μετὰ δὲ τοὺς παροξυσμούς, εἰ μηδὲν

κωλύοι, φλεβοτομίᾳ χρηστέον ἀπ’ ἀγκῶνος. μηδὲν δὲ ὑπείκοντος τοῦ

παροξυσμοῦ τὰ μὲν ἄκρα σιναπισμῷ καταληπτέον, σικύαν δὲ κολλητέον

τοῖς ὑποχονδρίοις. μὴ γενομένης δὲ πρὸς ταῦτα ἀνοχῆς ὀλίγη μὲν ἐλπίς,

ὅμως δὲ θαρσαλέως ὁ ἰατρὸς καστόριον βιαζόμενος ἐγχείτω τῷ στόματι καὶ

ὀπὸν Κυρηναϊκὸν μετὰ μέλιτος καὶ ὄξους καὶ δι’ ἕδρας ἐνιέτω κενταυρίου

ἀφέψημα ἢ κολοκυνθίδος. τοὺς δὲ διαναστάντας ἐκ τῆς ἐπιληψίας μετὰ

τὴν ἀνάληψιν τῇ διὰ τῆς ἱερᾶς καθάρσει κενωτέον”

 

Traducción del texto anterior sobre el tratamiento de las convulsiones en el embarazo

“También es útil estimular el sentido del olfato con pino, aceite de Cirenaica, asfalto, cedro y alquitrán; y después de los paroxismos, si no hay obstrucción, se practica la flebotomía por el codo. Si no hay paroxismos, se cubren las extremidades con emplasto de mostaza y se colocan higos secos en el hipocondrio. Pero al no poder tolerar esto, con un poco de esperanza,pero no sin valor, el médico, apresurado a tomar aceite de ricino, lo vertía en la boca, y ungüento de Cirenaica con miel y vinagre, e inyectaba por la silla una decocción de centaurea o calabaza. Y a quienes se recuperaban de la epilepsia, tras la ascensión de los santos, purificaba al paciente.”

 

La matrona debe introducir la mano previamente untada en aceite, disponiendo los dedos en forma de cono, formando una figura de punta de lanza o brote de mirto,  para atravesar el cérvix con la menor resistencia posible

Recomienda cuidados de la mujer gestante, nutrición y prevención de abortos.

Describe el parto natural, distocias leves y los primeros cuidados del recién nacido, corte del cordón umbilical, lactancia y fajado.

Considera normales o naturales las posiciones cefálicas y de pie. Cuando el feto adopta una posición anormal debe conseguirse la normal. Si sobresalen las manos o los pies, no se debe tirar de ellos, pues entonces aún se hacen más procidentes y pueden luxarse o arrancarse Es preferible reponerlos, procurando reconstituir la presentación natural.

No menciona la versión podálica ni maniobras para esta posición.

Refiere trastornos menstruales (amenorrea, menorragia), inflamación uterina y flujo vaginal.

Recomienda los baños de asiento para provocar la menstruación. También pueden servir los emenagogos y los cocimientos de ciertas substancias, incluso los supositorios pueden determinar la menstruación.

En las ulceraciones del útero dice “cuando la boca del útero se abre” se debe realizar dieta y los fomentos que se usen sean de carácter desecante y astringente.

 

 

En el libro III describe enfermedades de la mujer en los capítulos 60 a 76. Describe lo  siguiente:

Llama “mola” al fibroma uterino, dice:

“La mola es también un tumor escirroso, que se forma unas veces en la boca y otras en el cuerpo de la matriz, que da al tacto una sensación pétrea y va acompañado de la retracción de las partes situadas por encima, con emaciación, palidez, pérdida de apetito, retención de las reglas y tumefacción de las mamas, de suerte que en ciertos casos despierta al principio sospechas de concepción.”

En las amenorreas dice:

“En casos de supresión de la regla, si ésta es debida a afección primaria de las partes internas, debemos primero dirigir nuestra atención en particular a la curación de la parte originalmente afecta y luego pensar en el útero. Cuando no exista parte alguna afecta, significa que el útero es el asiento primario de la dolencia y hemos de recurrir a la flebotomía, pero no antes del periodo regular de la menstruación, sino diez días después.”

 

 

Libro VI que trata de cirugía describe intervenciones ginecológicas en los capítulos 60 a 75. En su célebre libro quirúrgico, describe con detalle las intervenciones instrumentalizadas y quirúrgicas del aparato reproductor femenino.

Describe la embriotomía (extracción destructiva del feto en partos obstruidos con resultado de muerte fetal) y la versión podálica.

Relata Intervenciones como la extirpación de pólipos uterinos, extirpación de carúnculas y el tratamiento del prolapso uterino, abscesos del cérvix y suturas perineales

En el Libro VI, en capítulo 73. Está dedicado a la inspección del útero y las afecciones de la matriz, Pablo de Egina aconseja el uso del dioptra o especulo vaginal (dioptra gynekeia) para la exploración y tratamiento del cérvix. Expone de forma metódica el uso de la dioptra o espéculo vaginal. Su descripción destaca por la selección rigurosa del instrumento, la posición anatómica de la paciente y la técnica de dilatación mecánica mediante tornillo.

Pablo de Egina en este capítulo dice:

El cirujano debe adecuar el tamaño del espéculo a la anatomía y edad de la paciente

Para facilitar la visualización del cuello uterino y del canal vaginal, la mujer debe estar sentada sobre una silla alta y se levanta sus muslos sujetándose las rodillas con sus propias manos. Debajo de los pies se colocaba un soporte para disminuir el esfuerzo. Las piernas deben mantenerse flexionados hacia el abdomen y las rodillas separadas. La pelvis debe estar elevada para permitir que la luz natural penetrase adecuadamente en la cavidad.

La introducción de la dioptra (espéculo) se realizará entre el cirujano y un ayudante.  El cirujano lubrica la dioptra con aceite de oliva tibio e introduce las valvas cerradas en el conducto vaginal con extrema delicadeza. Una vez insertado, el operador sostiene firmemente el instrumento mientras el asistente gira el tornillo roscado (strophylos) situado en el mango. Al girar el mecanismo, las valvas o palas se separan mecánicamente, expandiendo las paredes vaginales sin deslizar el instrumento. Una vez dilatado el canal, el cirujano inspecciona directamente el cérvix y las paredes en busca de úlceras, pólipos, abscesos, fisuras o inflamaciones.”

La traducción realizada por Francis Adams de Londres  sobre Pablo de Egina y Publicado en 1844 dice en la página 623 que Pablo de Egineta dice en su Libro VI

“El operador debe hacer el examen con un especulo (dioptra) proporcionado a la edad de la paciente. La persona que usa el especulo debe medir con una sonda la profundidad de la vagina de la mujer no sea que el priapiscus del especulo (dioptra) sea demasiado largo y suceda que se presione el útero. Si se determina que el tubo es más largo que la vagina de la mujer se deben colocar compresas dobladas sobre los labios para que se pueda colocar el especulo sobre ellos. El priapiscus debe introducirse mientras el tornillo está en la parte superior. El especulo debe ser sostenido por el operado. El tornillo debe ser girado por el asistente de modo que las palas del tubo al separarse la vagina puedan expandirse.”

El espéculo vaginal descrito por Pablo de Egina en el siglo VII d. C. (dioptra) y los espéculos metálicos hallados en los yacimientos de Pompeya y Herculano (siglo I d. C., conservados principalmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles) y otros espéculos similares encontrados en Atenas, Roma, Mérida (España) y Dión (Grecia), corresponden a la misma tradición instrumental del mundo grecorromano. A pesar de los seis siglos de diferencia entre la erupción del Vesubio (79 d. C.) y la época de Pablo de Egina (c. 642 d. C.), la comparación demuestra un diseño mecánico idéntico y plenamente estandarizado. Tanto las piezas arqueológicas de Pompeya como el texto de Pablo de Egina describen un espéculo de tres o cuatro valvas articuladas (trivalvo o tetra-valvo). El instrumento no se abría mediante presión manual como una pinza, sino mediante un eje roscado o husillo vertical que, al girarse, hacía abrir mecánicamente las palas expansoras de forma uniforme y progresiva. La descripción del procedimiento en el Epitomae medicae encaja perfectamente con el funcionamiento de los espéculos de Pompeya: el cirujano sostiene el instrumento alineado e introduce las valvas plegadas, mientras un ayudante gira la rosca para expandir el canal vaginal sin desviar el eje de inspección.

En el año 1993 en las excavaciones en Dion dirigidas por Dimitris Pandermalis se encontró un espéculo vaginal de bronce que es igual que los que se han encontrado en Pompeya, Mérida y Atenas. Es un espéculo vaginal trivalvo de bronce de 220 mms de longitud, similar a los descritos. El Espéculo vaginal romano de Dion se llama así por haber sido encontrado en la ciudad de Dion.  Ciudad griega antigua de Macedonia Central en la unidad de Pieria (Norte de Grecia) a 86 Kms de Tesalónica. Tiene un yacimiento arqueológico de la antigüedad que data del siglo VI a.C. y un Museo Arqueológico. Las excavaciones desde hace dos décadas han sido dirigidas por el arqueólogo Dimitris Pandermalis. Este espéculo es similar al descrito en sus textos Pablo de Egina y probablemente se utilizar uno similar porque Dion está situada también en Grecia y en Atenas se ha encontrado otro espéculo similar.

Espéculo de Dion (Grecia)

 

En el año 1993 en las excavaciones en Dion dirigidas por Dimitris Pandermalis se encontró un espéculo vaginal de bronce que es igual que los que se han encontrado en Pompeya, Mérida y Atenas. Es un espéculo vaginal trivalvo de bronce de 220 mm de longitud.

 

Pablo de Egina también describe otros instrumentos como son: El trocar, la sonda, cánulas, un instrumento triturador para las hemorroides, el cauterio y el empleo “juicioso” de las ligaduras.

Describe el absceso de útero, dice: “el phimus se observa en torno a la boca del útero, a continuación de la ulceración, o de inflamación que termina en escirro”.

“A veces hay hinchazón en la región del pubis y una sensación como de fluctuación, cuando el absceso es grande en las partes más expuestas se descubre por medio del instrumento quirúrgico llamado dioptra o toque del dedo y siendo los dolores más violentos por la naturaleza nerviosa de la vagina.”

 

Descripción del texto donde Pablo de Egina describe como se tratan las intervenciones en el peritoneo y la pared abdominal.

Se considera a continuación como deben tratarse las heridas del peritoneo. Si la herida es pequeña, de suerte que el intestino prolapsado y distendido por el aire no puede ser reintegrado a su lugar, será necesario evacuar el flato o agrandar la herida. La primera medida es la mejor con tal de que sea posible. Pero puede hacerse esto con mayores probabilidades eliminando la causa que mantiene la inflación de los intestinos. La causa es la congelación del aire circundante, y así la cura debe hacerse por calentamiento. Por ello deberá empaparse una esponja en agua caliente, y después de exprimida se aplicará como fomento al intestino. Entre tanto se pone a calentar vino agrio, pues produce más calor que el agua y comunica fuerza a los intestinos. Si después de haber recurrido a todo esto el intestino sigue inflado, hemos de seccionar tanto peritoneo como requiera el intestino prolapsado.

El instrumento recto llamado siringótomo, usado para operar las fístulas, es muy adecuado para esta incisión.

La mejor posición del paciente es la echada cuando la herida está en la parte baja; cuando esté en la parte derecha puede echarse sobre el lado izquierdo y viceversa; esto es común en las heridas grandes y en las pequeñas.

Pero en la reposición del intestino en su lugar cuando la herida es extensa, requiere un ayudante hábil, pues debe hacer presa de la herida internamente con sus manos y contraerla y comprimirla un poco a fin de exponer siempre una pequeña porción al que le cose; además, debe comprimir con moderación lo que está cosido hasta que todo lo esté.

A continuación debemos explicar el modo más conveniente de practicar la operación llamada gastrorrafia. Puesto que el abdomen debe estar unido al peritoneo, hemos de comenzar pasando una aguja a través de la piel desde fuera a dentro; pero cuando se ha atravesado la piel y todo el músculo recto, pasando por el peritoneo adyacente, debemos empujar la aguja desde dentro a través de la otra parte del peritoneo y así desde dentro y hacia fuera a través de esta parte del abdomen y, pasando por la porción adyacente del peritoneo, empezar de nuevo desde el lado opuesta de esta membrana, perforarla de dentro a fuera y al mismo tiempo todas las demás partes del abdomen; luego, empezando de nuevo des aquí, se cose con la membrana opuesta y después se transmite desde la piel vecina hacia fuera; esto se hace repetidamente hasta que toda la herida ha sido suturada.

El espacio que se requiere entre las suturas para mantener juntas las partes subyacentes tiene que ser muy pequeño, pero el intervalo entre los puntos que sujetan la piel no necesita ser tan pequeño.  Esto mismo hay que observar con respecto a la consistencia del hilo, pues el que es demasiado fuerte rompe la piel blanda y el que es demasiado blando se rompe por sí mismo. De la misma forma, si pasa la aguja demasiado cerca de los labios de la herida ocasiona a menudo la rotura del resto, que es demasiado estrecho. Pero si pasa muy lejos gran parte de la piel queda sin unir.

Estas observaciones se aplican al tratamiento de todas las úlceras, pero deben observarse más especialmente en la gastrorrafia, y, como ya se ha dicho, debemos actuar formando una conjetura respecto a la adhesión del peritoneo con el abdomen, por la circunstancia de que el último, por ser membranoso, rara vez que se adhiere; o bien, como hacen algunos, reuniendo las partes que son de la misma clase, es decir, peritoneo con peritoneo y abdomen con abdomen, o también puede hacerse así: de la misma manera que antes, hemos de pasar una aguja desde el lado del abdomen más cercano a nosotros de fuera a dentro; luego, pasando ambos labios del peritoneo, hemos de girar otra vez la aguja de fuera a dentro a través de ellos y luego otra vez de dentro a fuera por la parte opuesta del abdomen. Este modo difiere del corriente y vulgar en que la aguja pasa a través de los cuatro labios de una sola vez y oculta exactamente el peritoneo dentro del abdomen.

 A fin de que ninguna parte vital pueda afectarse por simpatía, hay que empapar en aceite moderadamente caliente un poco de lana blanda y envolver con ella todo el espacio comprendido entre las ingles y las axilas. También será mejor evacuar los intestinos con una enema de aceite caliente. Pero si el intestino ha sido herido hay que inyectar algo de vino austero tinto en estado tibio, en especial si se ha perforado completo.

 

En el Libro VII. Pablo de Egina describe el empleo de los pesarios, Pablo de Egina, dice en su obra:

“Los pesarios son de tres clases diferentes: unos emolientes, otros astringentes y algunos anastomativos, es decir, que abren la boca del útero.

Los pesarios emolientes  que se usan en las inflamaciones y ulceraciones de la matriz, así como en las desviaciones, se preparan con cera toscana, esencia de alheña y de lirios, grasa de ganso y de aves de corral, manteca sin salar, resina quemda, medula ósea de cierva, fenogreco, etc.

Los pesarios anastomativos se usan en la amenorrea o contracción del útero. Estos se preparan con miel, artemisa, marrubio, jugo de zanahoria, regaliz, ruda, escamonea, etc.

Los pesarios astringentes se emplean para casos opuestos a aquellos en que se aplican los anastomativos; para reprimir la menstruación, para contraer el útero y para reponerlo cuando se ha prolapsado.

El pesario se hace de lana, como una mecha estrecha, se dobla, se empapa con el medicamento y se aplica al orificio del útero atado con un hilo largo, oesipo, miel, azafrán y esencia de rosas. E

El pesario de azafrán para inflamaciones, inversiones, dureza e hinchazones de la matriz está compuesto de cera blanca, medula ósea de ternero y de ciervo, grasa de ganso, masilla, oesipo, miel, azafrán y esencia de rosas. El azafrán se tritura con leche de mujer.

El pesario dorado, excelente emoliente, está hecho de azafrán, lana sin lavar (oesipo), medula ósea de ciervo, trementina, cera, grasa de ganso, las yemas de dieciséis huevos asados, esencia de lirios y de rosas.

El pesario libaniano, es emenagogo, se usa para las afecciones del útero y se hace de ungüento de nardo, cera toscana, ungüento de lirios, lardo fresco de cerdo, grasa de ganso, medula ósea de ciervo, ungüento de mejorana, sebo de toro, trementina y oesipo.

El pesario eneafármaco se compone de ungüento de rosas, ricino, trementina, cera, miel, grasa de ganso y de buey, medula ósea de ciervo y manteca, en partes iguales.

El pesario emoliente ticiano se hace con cera, resina de colofonia, sebo de toro y perfume amoníaco.

El pesario egipcio consta de miel, trementina, manteca, esencia de rosas o de lirios y azafrán, y cuando no hay inflamación y las partes son fétidas, cardenillo.

El pesario llamado genitura, para la concepción, está hecho de manteca, oesipo, medula ósea de ciervo, grasa de ganso y de aves domésticas, trementina, áloe, cera de toscana, esencia de rosas, mirra, casia, espinacardo y miel.

Los pesarios de los antiguos no se parecían en nada a los instrumentos de madera de boj y otros materiales sólidos empleados para prevenir el prolapso uterino. Los de los antiguos eran ungüentos o linimentos medicamentosos que por lo general se aplicaban a las partes naturales con lana, la mayoría de las veces con el fin de corregir el flujo menstrual

Un autor moderno describe los pesarios en los siguientes términos: Los pesarios se hacen en forma de dedo a base de medicamentos para la matriz contenidos en un largo saco de lino, bien encerado, o incorporados en miel, láudano, gálbano, cera y jugos. Tienen la forma de un supositorio pero son más largos y gruesos. Con frecuencia se recurría también a ellos con el malvado propósito de producir el aborto. Hipócrates, en su juramento, obliga al aprendiz de médico a no dar tales pesarios a las mujeres. Estos pesarios están constituidos por estimulantes fuertes, como cantáridas, elaterio y coloquíntida.

Los pesarios emenagogos se componían de ingredientes parecidos, pero más débiles por su mezcla con otros menos activos.

 

El término oesipo o oísypos (del que deriva el latín oesypum) designaba a la lana virgen recién esquilada de la oveja, concretamente la extraída de la zona del cuello y los muslos del animal, la cual no había sido sometida a ningún lavado o desengrasado. Esta lana conservaba intacta la suarda, una mezcla rica en ceras naturales, ésteres de ácidos grasos, colesterol y sales minerales secretadas por las glándulas sebáceas de la oveja. Para extraer la materia grasa pura (el oisypos extraído), Galeno y Oribasio describen el proceso de hervir la lana cruda en agua tibia, agitar la espuma grasa flotante y dejarla enfriar para decantar una pomada untuosa de color amarillento y olor característico.

La lana cruda o no lavada, llamada en los textos médicos clásicos oesipo (oísypos / oisypos, en griego) y su extracto graso —lo que hoy conocemos como lanolina— constituían uno de los excipientes y agentes terapéuticos más importantes para las preparaciones ginecológicas. Su uso no era puramente mecánico (sirviendo de soporte para los pesarios), sino profundamente farmacológico, gracias a sus propiedades emolientes, adherentes y reguladoras del calor corporal. A diferencia de los aceites vegetales líquidos (como el de oliva o sésamo), que se escurrían rápidamente fuera de la vagina por gravedad, la consistencia cerosa de la lanolina permitía adherirse firmemente a las paredes de la mucosa vaginal y al cérvix. El oísopos permitía absorber y retener los principios activos solubles (como el opio, la mirra, las resinas o la pulpa de malva), liberándolos de forma gradual durante horas dentro de la cavidad vaginal sin causar irritación súbita. El oísopos era una grasa que podía emulsionar grandes cantidades de agua e infusiones acuosas. Esto permitía a los preparadores incorporar decocciones herbales de plantas como el zumo de llantén o la decocción de manzanilla o miel dentro de una base grasa homogénea para los pesarios.

 

La cera de abejas (Kyros)actuaba como el principal agente de soporte estructural en los pesarios sólidos y semisólidos, permitiendo moldear mezclas grasas o resinosas. La cera funde a una temperatura cercana a los . Esto permitía confeccionar pesarios firmes a temperatura ambiente —fáciles de manipular e introducir por el canal vaginal— que se reblandecían y fundían gradualmente al contacto con el calor corporal del interior de la pelvis. Al formar una matriz lipídica estable combinada con grasas animales (médula de ciervo, grasa de ganso) o lana no lavada (oísypos), la cera impedía que los principios activos volátiles o líquidos se disolvieran de golpe. La disolución lenta aseguraba una acción tópica prolongada durante horas sobre el cérvix. La cera se clasificaba como un agente templado de primer grado, capaz de ablandar los tejidos duros (escirros) y formar una película protectora que aislaba la mucosa vaginal inflamada de la acidez o agresividad de ciertos minerales como el alumbre o las agallas de roble.

 

La miel (Meli era un vehículo hidrófilo y antiséptico servía para incorporar extractos vegetales acuosos, polvos minerales y resinas en una masa homogénea. La elevada viscosidad de la miel otorgaba una fuerte adherencia (adhesividad higroscópica) a las paredes de la mucosa vaginal, evitando que el pesario fuera expulsado prematuramente por los movimientos de la paciente o las secreciones uterinas. Debido a su alta osmolaridad y bajo contenido de agua, la miel actuaba como un potente conservante natural que evitaba la corrupción o putrefacción de las preparaciones herbales dentro de la cavidad vaginal.  Se calentaba la cera a fuego lento junto con los aceites medicinales (de iris, nardo o manzanilla) o grasas animales hasta lograr su licuefacción. Se retiraba del fuego y se añadía la miel templada mezclada previamente con los principios activos en polvo (agallas, alumbre, eléboro o mirra), removiendo continuamente para evitar que los minerales decantaran al fondo. Una vez tibia la masa, o bien se impregnaba en un copo de lana virgen (oísypos) provisto de un hilo de lino para su posterior extracción, o bien se le daba forma manual de supositorio alargado para dejarlo solidificar antes de la aplicación.

 

Pablo de Egina

 

Pablo de Egina (en griego: Παύλος ο Αιγίνης o Paulos Aiginētēs) nació en la isla de Egina (Grecia) hacia el año 625 d. C. y falleció en Alejandría alrededor del 690 d. C. Desarrolló su actividad en el siglo VII, en un periodo convulso marcado por el declive de la civilización clásica y la transición hacia el mundo medieval. Considerado el último gran compilador de la medicina de la Antigüedad y una figura clave en la transición del saber clásico hacia el mundo islámico y medieval.

Se trasladó a Alejandría (Egipto) en el año 641, que aún conservaba su prestigiosa escuela médica. Allí estudió la tradición grecorromana y practicó tanto la medicina general como la cirugía y la obstetricia. Estudia textos de Hipócrates, Sorano de Éfeso, Galeno, Celso, Oribasio, Aecio de Amida y Alejandro de Tralles.

En el año 642 d. C., Alejandría fue tomada por los ejércitos árabes bajo el mando de Amr ibn al-As. A diferencia de otros sabios griegos que huyeron, Pablo permaneció en la ciudad ejercitando la medicina bajo el nuevo dominio omeya.

Estuvo en Egipto y en Asia Menor como médico y profesor ambulante. A veces se le llama Iatrosophistes y Periodeutes, palabra que significa “ el viajero”, o “el errante” o “el itinerante”, médico que viajaba de un lugar a otro en el ejercicio de su profesión. En textos traducidos al árabe muchas veces se le cita como “El Egineta”,  por haber nacido en Egina

 

Escribió:

Epitomae medicae libri septem (Compendio médico en siete libros), también llamada “Libri Septem”, EpitomeHypomnema o Memorandum o en algunos sitios también se denomina “De Re medica” de Pablo de Egina, una enciclopedia que resumía todo el saber médico grecorromano, basándose ampliamente en Galeno, Celso, Alejandro de Tralles, Oribasio y Aecio de Amida.

Según el análisis de la obra parece ser que existen mucha similitud en las descripciones de las enfermedades y en la larga lista de prescripciones que realiza a los textos de Aecio de Amida.

Esta obra fue traducida al árabe por Hunayn ibn Ishaq, influyendo profundamente en médicos como Albucasis, Avicena y Rhazes, los médicos más influyentes en el mundo islámico.

 

  • Libro I: Higiene, nutrición y régimen de vida.
  • Libro II: Fiebres y sintomatología general.
  • Libro III: Enfermedades por regiones anatómicas (de la cabeza a los pies).
  • Libro IV: Afecciones cutáneas y parasitosis.
  • Libro V: Venenos, mordeduras y ponzoñas.
  • Libro VI: Cirugía (el más famoso e innovador). Describe técnicas de traqueotomía, litotomía renal y vesical, reparación de hernias, mastectomías, paracentesis y reducción de fracturas.
  • Libro VII: Materia médica y farmacología.

 

Sobre Ginecología y Obstetricia no tiene una obra especifica sino que  dedicó parte de sus escritos a la atención del parto y patologías uterinas en los siguientes libros o capítulos:

En Libro I. En la parte final del primer libro, se centra en la ginecología clínica y la obstetricia médica no invasiva:

Recomienda cuidados de la mujer gestante, nutrición y prevención de abortos.

Describe el parto natural, distocias leves y los primeros cuidados del recién nacido (corte del cordón umbilical, lactancia y fajado).

Refiere trastornos menstruales (amenorrea, menorragia), inflamación uterina y flujo vaginal.

 

En el libro III describe enfermedades de la mujer en los capítulos 60 a 76.

 

Libro VI que trata de cirugía describe intervenciones ginecológicas en los capítulos 60 a 75. En su célebre libro quirúrgico, describe con detalle las intervenciones instrumentalizadas y quirúrgicas del aparato reproductor femenino:

Aconseja el uso del dioptra o especulo vaginal (dioptra gynekeia) para la exploración y tratamiento del cérvix.

Describe la embriotomía (extracción destructiva del feto en partos obstruidos con resultado de muerte fetal) y la versión podálica.

Relata Intervenciones como la extirpación de pólipos uterinos, extirpación de carúnculas y el tratamiento del prolapso uterino, abscesos del cérvix y suturas perineales

Tuvo un enorme prestigio entre los médicos musulmanes, quienes lo llamaron Al-Kawabini o Al-Kawabeli («el partero»), debido a sus estudios sobre ginecología y partos. Se le atribuyó a Pablo de Egina en el mundo islámico medieval por varias razones históricas y pedagógicas fundamentales: A diferencia de otros médicos grecorromanos que trataban la ginecología como un apéndice menor, Pablo dedicó secciones enteras de su obra (el Libro I para la vertiente médica y el Libro VI para la quirúrgica) a detallar el embarazo, el parto normal, el manejo de partos difíciles (distocias) y la atención al recién nacido.

En la Alejandría del siglo VII y posteriormente en el mundo árabe, los tratados de Pablo de Egina se convirtieron en el manual práctico de consulta por excelencia no solo para los cirujanos, sino para la formación de las matronas (kawabil, en plural).

Cuando los médicos árabes traducían y estudiaban su compendio a partir del siglo IX, su autoridad en materia de obstetricia era tan incuestionable que el epíteto Al-Kawabeli pasó a ser su nombre distintivo en los tratados de figuras como Rhazes, Avicena y Albucasis.

En la antigüedad tardía y la Edad Media, la atención al parto era una disciplina casi exclusivamente femenina, dominada por las matronas (kawābil, en plural; qābla, en singular). Sin embargo, el saber técnico y anatómico solía transmitirse de forma oral e empírica de generación en generación.

Hunayn ibn Ishaq (808 – 873 d. C.), Nació en Al-Hirah (actual Irak) en el seno de una familia cristiana nestoriana, conocido en Occidente por su nombre latinizado Johannitius, fue un célebre médico, filósofo y lingüista asirio cristiano. Es considerado el traductor más importante de la Edad Media y una figura central en la Edad de Oro del Islam, responsable de salvar, traducir y transmitir gran parte de la ciencia grecorromana al árabe.

Formado en medicina en Bagdad con el insigne doctor Yuhanna ibn Masawayh. Fue un políglota brillante con dominio fluido del árabe, siríaco, griego y persa. Los manuscritos conservados más antiguos de Pablo de Egina no son autóctonos de su época (siglo VII), sino copias bizantinas medievales en griego (siglos IX-XI) y traducciones árabes tempranas de la escuela de traducción de Bagdad.

Tradujo al árabe fue realizada en el siglo IX por Hunayn ibn Ishaq bajo el título Kunnāsh fi al-Ṭibb (كُنّاش في الطِّبّ), término de origen siríaco utilizado en la literatura médica árabe para referirse a una enciclopedia, manual o compendio médico. Cuando Hunayn ibn Ishaq tradujo el Epitome al árabe en el siglo IX, el texto de Pablo de Egina encontró un entorno social donde la presencia del médico varón en el aposento del parto estaba sumamente restringida por razones de pudor (ḥiyā’) y normas sociales. Doctores como Rhazes o Avicena no asistían partos rutinarios; en su lugar, instruían a las kawābil basándose en las doctrinas de Pablo de Egina. Si surgía una complicación grave, la matrona actuaba como las «manos» del médico tras la cortina o siguiendo las directrices del manual.

La vinculación del nombre de Pablo con el gremio de las matronas fue tan estrecha que en la literatura médica árabe (como el Kitab al-Hawi de Rhazes) sus pasajes ginecológicos se citaban directamente como «dijo Al-Kawābilī», es decir, «el maestro de las parteras».

Tras la traducción del Epitome al árabe por Hunayn ibn Ishaq (siglo IX), las secciones obstétricas de Pablo se extractaron en opúsculos y manuales prácticos conocidos genéricamente como «Libros para matronas» (Kitāb al-Kawābil).

Rhazes (Al-Razi) en su enciclopedia Al-Hawi adaptaron capítulos enteros de Pablo de Egina diseñados específicamente para guiar el trabajo de campo de las matronas en los nacimientos complejos. Rhazes no citaba de memoria, sino trabajando directamente con la traducción al árabe realizada por Hunayn ibn Ishaq del Epitome. Se refería a él habitualmente como Būlus (la arabización de Paulos / Pablo) o acompañándolo de su título honorífico Al-Kawābilī («el Partero» o «el maestro de las matronas»).  Los extractos solían comenzar con la expresión Qāla Būlus («Dijo Pablo…»), a la que seguía la reproducción casi literal del pasaje del Epitome. Cuando citaba pasajes específicos de obstetricia, toxicología o cirugía, a menudo especificaba la fuente como Fī Kunnāshihi («En su Compendio / Kunnāsh»).

Rhazes utilizaba las prescripciones de Pablo de Egina como el estándar para describir la posición del feto en distocias, el manejo de la retención placentaria y los preparados farmacológicos (óvulos vaginales y supositorios). La autoridad de Pablo en esta sección era tal que Rhazes a menudo abría los capítulos ginecológicos transcribiendo sus pasajes antes que los de Galeno. Si la técnica manual o el fármaco propuesto por Pablo no funcionaba en la práctica hospitalaria de Rhazes en Bagdad o Rayy, este escribía al final del capítulo: «Dijo Pablo [método], pero en mi experiencia (Lī) ha resultado más eficaz [su propuesta alternativa]».

Albucasis (siglo X), en su Al-Tasrif cita repetidamente a Pablo de Egina.

 

 

 

Manuscritos griegos medievales (Biblioteca Nacional de Francia – París)

  • La colección fundamental de códices bizantinos con el texto original en griego (Epitomae medicae) se custodiaba en Constantinopla y pasó a Europa tras la caída del Imperio Bizantino. La Bibliothèque nationale de France (BnF) en París alberga los testimonios manuscritos griegos más antiguos y completos:
  • Parisinus graecus 2205 (Siglo X): Es considerado por los filólogos clásicos (como Johan Ludvig Heiberg) el códice arquetípico más importante para fijar la edición crítica moderna de la obra.
  • Parisinus graecus 2206, 2207 y 2208 (Siglos XI-XII): Copias minuciosas en pergamino escritas en letra minúscula bizantina que recogen los siete libros.
  • Parisinus 2216 y 2292.
  • Los Códice Patmiacu o Patmiaco manuscritos griegos antiguos conservados en la biblioteca del Monasterio de San Juan el Teólogo en la isla de Patmos, Grecia.
  • Manuscritos en las Bibliotecas de Italia
  • Biblioteca Apostólica Vaticana (Ciudad del Vaticano): Conserva códices bizantinos clave como el Vaticanus graecus 278 (siglo XI) y el Vaticanus graecus 279, indispensables para la transmisión del texto quirúrgico (Libro VI).
  • Biblioteca Marciana (Venecia): Destaca el Codex Marcianus graecus 269 (siglos XI-XII), traído desde Constantinopla por el cardenal Besarión en el siglo XV. Sirvió de base para la famosa primera edición impresa (editio princeps) publicada por la imprenta de Aldo Manuzio en Venecia en 1528.
  • Manuscritos en traducción árabe (Kunnāsh)
  • Los manuscritos más antiguos de la traducción árabe realizada por Hunayn ibn Ishaq (siglo IX) y los extractos utilizados por médicos islámicos se encuentran dispersos en tres fondos principales:
  • Biblioteca del Monasterio de El Escorial (Madrid, España): Conserva una importante colección de manuscritos médicos árabes medievales que contienen secciones del Kunnāsh atribuidas a Būlus al-Kawābilī.
  • Biblioteca Bodleiana (Universidad de Oxford, Reino Unido): Custodia copias manuscritas en árabe de los siglos XI al XIII derivadas de la tradición de Bagdad.
  • Biblioteca Süleymaniye y Topkapı (Estambul, Turquía): Albergan los códices árabes más antiguos copiados directamente en los hospitales (bimaristanes) del califato abasí y del Imperio otomano.

 

 

 

 

El primer manual impreso dedicado a las matronas que absorbió e internacionalizó la doctrina obstétrica de Pablo de Egina fue Der Rosengarten (El jardín de rosas para mujeres embarazadas y matronas), escrito por el médico alemán Eucharius Rösslin en 1513. Rösslin compiló la doctrina obstétrica clásica transmitida a través de las traducciones latinas y medievales. Los capítulos dedicados a las distocias, la tracción en partos difíciles y el manejo de fetos muertos se basan directamente en las enseñanzas del Libro I y VI de Pablo de Egina y en Sorano de Éfeso. Se tradujo a casi todas las lenguas europeas. En inglés se publicó bajo el título The Byrth of Mankynde (1540), convirtiéndose en el estándar de formación de matronas en el norte de Europa durante más de un siglo.

La obra completa original de Pablo de Egina fue publicada en griego en  Venecia en el año 1528 por el impresor Aldino, que realiza otra edición posterior en 1553.  También se editó en Basilea en 1538.

La obra de Pablo de Egina fue traducida al inglés por el médico escocés Francis Adamas como “The Seven Books of Paulus Aegineta” (Los siete libros de Pablo de Egina, 1844 – 1847.

 

Johan Ludvig Heiberg (1854–1928) El filólogo clásico danés fijó el texto definitivo de los siete libros de Pablo de Egina en la prestigiosa colección Corpus Medicorum Graecorum (CMG), publicada en dos volúmenes entre 1921 y 1924 en Leipzig y Berlín. Para lograrlo, aplicó el método científico de crítica textual (método de Lachmann), reconstruyendo la versión original en griego del siglo VII mediante la colación sistemática de los manuscritos medievales.

Heiberg examinó los códices conservados en las bibliotecas de París, la Vaticana, Venecia, Oxford y Florencia. En lugar de aceptar lecturas de ediciones renacentistas anteriores (como la Aldina de 1528 o la de Basilea de 1538), examinó directamente los pergaminos manuscritos para rastrear errores de copia pasados. Identificó las relaciones filiales entre los códices sobrevivientes. Clasificó las copias medievales en familias y demostró que el Parisinus graecus 2205 (Siglo X) representaba la rama más pura e independiente del texto, utilizándolo como el códice guía (codex optimus) para la mayor parte de la obra. Comparó las distintas familias manuscritas para detectar y eliminar estas adiciones espurias (delendo), aislando la redacción original del siglo VII de los agregados posteriores. En el margen inferior de su edición en griego, Heiberg documentó cada variante de lectura encontrada en los manuscritos analizados. De este modo, cualquier investigador moderno puede comprobar qué palabra exacta figuraba en el Parisinus 2205, en el Vaticanus 278 o en el Marcianus 269, y juzgar por qué decisión léxica optó el editor. Aunque se centró en la recensión griega, Heiberg tuvo en cuenta las citas de Pablo que aparecían en compiladores bizantinos posteriores (como Aecio de Amida u Oribasio) y las referencias del Kunnāsh árabe traducido por Hunayn ibn Ishaq, lo que le permitió resolver pasajes oscuros o dañados en la tradición manuscrita griega.

La edición crítica de Heiberg (Paulus Aegineta, CMG IX.1 y IX.2), publicada en dos volúmenes en la emblemática colección Corpus Medicorum Graecorum, entre 1921 y 1924 (Leipzig y Berlín por Teubner), constituye el texto definitivo e imprescindible de la filología médica grecorromana del siglo XX, sustituyó a todas las impresiones anteriores y continúa siendo, un siglo después, el texto griego de referencia internacional utilizado por filólogos, historiadores de la medicina y traductores modernos para estudiar la obra de Pablo de Egina.

El proyecto del CMG fue concebido a principios del siglo XX por la Academia de las Ciencias de Berlín-Brandenburgo (con la colaboración de las academias de Copenhague y Leipzig) para publicar ediciones científicas rigurosas de la totalidad del corpus médico griego antiguo (Hipócrates, Galeno, Oribasio, Aecio de Amida, Pablo de Egina, entre otros). Dentro de esta magna empresa, encomendar los dos volúmenes de Pablo de Egina (volúmenes IX.1 y IX.2) a Heiberg garantizó la máxima calidad filológica posible.

La edición de Heiberg recoge íntegramente los siete libros del Epitomae medicae libri septem en su lengua original (griego bizantino), acompañados de su aparato crítico fundamental: El Volumen CMG IX.1 (1921): Contiene la introducción filológica (prolegomena), el conspectus de los manuscritos estudiados y los Libros I a IV del Epitome (centrados en la higiene, régimen, sintomatología general, afecciones por regiones anatómicas y dermatología/parasitosis). El Volumen CMG IX.2 (1924): Contiene los Libros V a VII, abarcando la toxicología (Libro V), el famosísimo y trascendental Libro VI de Cirugía (con las técnicas de litotomía, espéculo vaginal, herniotomía y embriotomía) y la farmacopea/materia médica (Libro VII). Incluye además los índices de autores, nombres y vocabulario técnico.

Heiberg demostró científicamente que el códice Parisinus graecus 2205 del siglo X conservado en la Biblioteca Nacional de Francia era la cima de la tradición manuscrita, utilizándolo como columna vertebral de su edición. Cada página presenta el texto griego en la parte superior y en el tercio inferior un riguroso registro de las variantes textuales (variantes lectiones), permitiendo al erudito ver las divergencias entre los códices de París, el Vaticano o Venecia.

 

Traducciones modernas a otras lenguas europeas

Las principales lenguas de la historiografía médica cuentan con versiones directly derivadas del texto crítico de 1921-1924:

Francés (Francia):Destaca la traducción del Libro VI realizada por Jean Berendes e investigaciones posteriores bajo el sello de la Association Guillaume Budé / Les Belles Lettres, que progresivamente revisan e integran textos médicos bizantinos apoyándose estrictamente en el Corpus Medicorum Graecorum.

Alemán (Alemania):el CMG fue una iniciativa académica germano-danesa, la literatura médica en alemán cuenta con un análisis exhaustivo de los siete libros. La labor de traductores como Jutta Kollesch y Diethard Nickel dentro de la propia estructura del CMG ha generado versiones comentadas y traducciones de secciones completas del texto griego de Heiberg.

Inglés (Reino Unido / EE. UU.):la traducción completa más famosa al inglés sigue siendo la obra del médico escocés Francis Adams (The Seven Books of Paulus Aegineta, 1844–1847.

 

Traducción al español de la obra de Pablo de Egina

La vía principal de penetración del Libro VI en la Península Ibérica fue la obra de Albucasis (Al-Zahrawi). Albucasis adoptó la práctica totalidad del catálogo quirúrgico de Pablo de Egina en su Al-Tasrif (siglo X), ilustrándolo y adaptándolo a la medicina andalusí.

Gerardo de Cremona tradujo este tratado al latín en la Escuela de Traductores de Toledo (siglo XII), la técnica quirúrgica de Pablo de Egina se convirtió en la espina dorsal de la cirugía práctica en los reinos hispánicos medievales y del primer Renacimiento.

La traducción al latín de la obra de Pablo de Egina por el humanista Janus Cornarius (Basilea, 1538) circuló ampliamente en las facultades de medicina y universidades de España.

 

 

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