El parto por cesárea en el siglo XVII
El parto por cesárea en el siglo XVII descrito por Johann Schultes en su obra “Armamentarium Chirurgicum” , escrita antes de su muerte. Fue completada y editada por su sobrino Johannes Scultetus el joven y se imprime por primera vez en Ulm (Alemania) en el año 1653.
La obra consiste en la descripción y utilización de los instrumentos quirúrgicos de la época. Tiene numerosas y excelentes ilustraciones. Algunos instrumentos inventados y diseñados por J. Schultes. Es un auténtico catálogo de los instrumentos quirúrgicos de su época.
Texto de la obra «Armamentarium Chirugicum» publicada en 1653. Traducido por T. Cabacas
“Cuando una mujer embarazada esta efectivamente de parto, es muy raro que un cirujano experto no pueda extraer al niño, ya sea vivo o muerto, entero o en partes y que no pueda lograr sacarlo procediendo con el mismo cuidado.
El método de extracción que se acaba de enseñar respecto a cada tipo de parto no natural, sin necesidad de recurrir, con excesiva inhumanidad y crueldad a la cesárea mientras la madre está viva, como François Rousset y otros a veces ordenaban e incluso practicaban y como siguen haciendo a diario en el campo varias personas ignorantes mediante un abuso bárbaro y pernicioso que los magistrados deberían castigar con severas penas, las cuales merecen por hacer morir como mártires a mujeres pobres.
De hecho, todas mueren, si creemos a autores como Guillemau, quien, para disuadir al público de tan execrable práctica. Dice, arrepentido, que él mismo practicó la cesárea dos veces a dos mujeres vivas en presencia de Ambroise Paré, y la vio realizarse otras tres veces por tres cirujanos muy hábiles, quienes no omitieron ninguna de las circunstancias necesarias para su éxito, de la cual todas las mujeres fallecieron
Más bien digo, que F. Rousset y otros imprudentes que se empeñan en afirmar que no es imposible que la mujer se recupere.
Finalmente el ejemplo de Escipión el Africano, tan valorado por estos bárbaros, nos enseña que esta operación jamás debe realizarse sino inmediatamente después de la muerte de la madre, momento en el que el cirujano debe estar presente para practicarla con la esperanza de encontrar al niño aún con vida, como sucedió con Escipión el Africano, quien nació de una mujer fuerte, según Plinio, quien afirma categóricamente que fue en esta madre después de la muerte de su madre, a quien se le practicó la sección cesariana , para cumplir con la ley, que prohíbe expresamente enterrar a una mujer embarazada sin haberle extraído el niño.
Para realizar esta operación correctamente, cuan el cirujano vea a la mujer cerca de la muerte, preparará todo lo necesario para no perder tiempo, ya que la demora podría resultar en encontrar al feto muerto, cuando podría haber sido rescatado con vida instantes antes.
Tan pronto como la mujer fallezca, el cirujano la colocará en posición con el abdomen ligeramente elevado y tomará un bisturí afilado, de buena calidad y resistente, con el que realizará, lo más rápido posible, de una sola vez, o como máximo en dos o tres incisiones, no al lado, sino en el centro del abdomen, sobre la línea alba, entre los dos músculos rectos abdominales, hasta el peritoneo, abarcándola la longitud y extensión del útero o sus incisiones cercanas. A continuación, perforará el peritoneo con la punta del instrumento para crear una abertura la suficientemente grande como para introducir uno o dos dedos de la mano izquierda, levantar el peritoneo y guiar el instrumento, evitando así perforar los intestinos. Realizará una incisión proporcional a la de la piel. Tras realizar esto, verá aparecer el útero, que procederá a abrir. De la misma manera que con el peritoneo, con sumo cuidado de no introducir el instrumento demasiado profundamente, creyendo encontrar el útero con un grosor de uno o dos dedos, como afirman erróneamente la mayoría de los autores, pues es cierto que en el momento del parto no tiene más de una línea de grosor, como una moneda blanca
Tras igualar el tamaño de las otras dos aberturas del utero, incidirá de forma similar las membranas del feto, procurando no lastimarlo; luego. al verlo aparecer, lo extraerá lo más rápidamente posible junto con la placenta, separándola inmediatamente del fondo uterino, y si aún está vivo, el cirujano dará gracias a Dios por haber bendecido”
Grabado de la operación cesárea. Es de la Tabla 40 de la obra “Armementarium Chirurgicum” de Johann Schultes. Año 1653

Consideraban tres casos de indicación de cesarea: 1. Feto muerto y madre vivía. 2. Madre muerta y feto vivo. 3. Madre muerta e hijo muerto.
Se plantaban el dilema ¿Cuándo se separa el alma del cuerpo? Se llegaba a pensar que el niño moría cuando la madre moría. Muchos médicos ya estaban opinando que esto era falso.
Charles Etienne aconsejaba si la madre moría mantenerle la boca abierta y que la partera tuviera la mano en la vagina abierta y las piernas separados hasta que se realizar la cesarea.
François Rousset escribió un libro titulado “Traite noveau de l´hysterotomokie ou enfentement cesarien”. (Publicado en 1581)
El libro se titulaba
“Nouveau traité de VHysterotomotokie ou Enfantement Caesarien, qui est extraction de l’enfant par incision latérale du ventre et matrice de la femme grosse ne pouvant autrement accoucher, et ce sans préjudice à la vie de l’un ny de Vautre, ny empescher lafaecondité maternelle par après,” 1581
La traducción del titulo de la obra anterior es:
*Nuevo tratado sobre la histerotomía o parto por cesárea, que consiste en la extracción del niño mediante una incisión lateral del abdomen y el útero de una mujer embarazada que no puede dar a luz de otra manera, y esto sin perjudicar la vida de ninguno de los dos ni obstaculizar la fertilidad materna.”
François Rousset cuenta en el libro relatos o historias clínica para demostrar la viabilidad de la operación cesarea.
La primera era una mujer dice que le hicieron la cesarea y después tuvo 10 hijos vivos, pero que en el séptimo parto falleció porque había muerto el cirujano que le había realizado las 10 primeras intervenciones. Y en este ultimo parto murió la madre y el niño
La segunda es de una mujer a la le extrajeron tres niños vivos por el costado
La tercera es de Jean Maras, medico cirujano, que extrajo un niño del costado de la mujer tras abrirla.
La cuarta describe un caso similar.
Después comprobó varias casos más de cesáreas.
Comprobó que una mujer que tenía una cicatriz en su abdomen, pero esta mujer no tuvo más hijos después de la operación a pesar de que ella y su marido eran jóvenes.
La segunda historia que recoge es de una mujer a quien él mismo le recomendó y estuvo presente en la operación. Después concibió y dio a luz de una forma natural, aunque le quedo una hernia.
La tercera se le extrajo un feto muerto y que dio a luz varias veces mas
La cuarta dio a luz otro feto
La quinta se le extrajo feto muerto y tuvo la menstruación a las 5 semanas y posteriormente concebido y dio a luz
En la segunda parte demuestra que ya se sabía que se podía abrir el utero sin peligro para la vida de la madre
Se cuenta la historia de Jacob Nufer
En el año 1500. Elisabeth Alice Pachin, esposa de Jacob Nufer del castillo de la aldea de Siegershausen,(Suiza) parroquia de Hauthuville de Turgavia. Embarazada de su primer hijo, lleva varios días teniendo dolores de parto, pero sin poder dar a luz. Además, atormentada por la presencia de cálculos renales, consultó a trece parteras y algunos litotomistas sin obtener ayuda alguna. No solo no podía dar a luz, sino que seguía llorando y con dolores continuos, sin que se le vislumbrara ningún alivio. El esposo decidió confiarle sus sentimientos diciéndole con ternura que, si confiaba en él, pondría a prueba su habilidad con ella y que, si lo deseaba, esperaba que Dios le concediera la gracia de responder.
Tras el consentimiento de la mujer enferma, el esposo acudió al primer presidente de Fravenselden y le explicó la situación declarando su intención y rogándole con insistencia le permitiera llevara a cabo. El presidente dudo en principio, pero al conocer la sinceridad y las buenas intenciones del marido, lo concedió. Regresando rápidamente a la casa con este permiso les dijo a las parteras que las más valientes estarían encantadas de entrar en la sala de pato para ayudarlo a el y a su esposa, pero que las más tímidas podían acompañarlo, pues quería arriesgar algo, con la ayuda de Dios por el bien de su esposa
Las parteras al oír al marido con gran asombro, once de ellas salieron de la habitación, quedándose únicamente las dos mas osadas con los litotomistas para atender a la paciente.
El marido implorando la ayuda de Dios y cerrando la puerta, colocó a la esposa sobre una mesa y le practicó una incisión en el abdomen como si fuera una cerda.
Se hace orinar a la paciente
Con el primer golpe, logró abrirle el vientre de inmediato, dando a luz al niño sin sufrir daño alguno.
Las once parteras que estaban en la puerta al oír el llanto del niño pidieron entrar, pero no se les permitió el acceso hasta que el niño fue limpiado y la herida de la madre suturada como si fuera un animal
La herida cicatrizó muy bien durante el proceso, sin mayores complicaciones.
La mujer tras esta incisión dio a luz por segunda vez gemelos uno de los cuales llamado Jean Nuffer fue juez de la ciudad de Siegershausen en el año 1683 aún vivía y tenía 60 años.
Después de estos gemelos tuvo 4 hijos más, al mayor de los cuales, fortalecido por la incisión falleció en 1571.
Los instrumentos fueron. Una navaja, una aguja y una esponja
