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Cesárea en España en una mujer viva. Año 1839

Una Cesárea en España en mujer viva. Año 1839

Una Cesárea en España en una mujer viva. Año 1839. Fue el caso de una cesárea en España con mujer viva en Salamanca (España). Fue un fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz consiste es un caso de embarazo en un útero herniado. Realizada la cesárea por el cirujano D. Julián Ledesma y le sucede a una paciente Elena Ramos de Salamanca en el año 1839.

La primera operación cesárea documentada en España realizada en una mujer viva con supervivencia tanto de la madre como del recién nacido tuvo lugar en 1804, en la localidad de Torre de Miguel Sesmero (Badajoz).: Fue ejecutada por el cirujano de campaña José Serra, facultativo militar destinado en la zona. La intervención se practicó a María de la Cruz, una mujer joven que presentaba una distocia pélvica grave que impedía el parto por vía vaginal. Tanto la madre como el niño sobrevivieron a la operación, lo que supuso un hito sin precedentes en la historiografía médica hispana, donde hasta la fecha la cesárea se practicaba casi exclusivamente post mortem por mandato canónico para bautizar al feto. La relación circunstanciada e informe médico: Enviado por el propio cirujano a la junta directiva y al cuerpo docente del Real Colegio de Cirugía de San Carlos en Madrid para certificar y validar el procedimiento. La documentación histórica sobre este expediente y la actas de la época se conservan en el fondo documental del antiguo Colegio de San Carlos, integrado actualmente en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid (Marqués de Valdecilla) y en el Archivo General de la Administración (AGA) en Alcalá de Henares. Y está  recogida en obras de referencia médica como la Historia de la Obstetricia y Ginecología Española (publicada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia – SEGO, 2006).

Durante casi todo el siglo XIX, la cesárea hospitalaria era extremadamente rara y peligrosa debido a las infecciones nosocomiales y a la falta de asepsia: Los hospitales y las maternidades de la época acumulaban una alta tasa de fiebre puerperal. Por ello, las raras intervenciones cesáreas se realizaban preferentemente en el domicilio de la paciente antes que en el hospital. A partir de mediados del siglo XIX, cirujanos y catedráticos de obstetricia en hospitales vinculados a las facultades de medicina (como el Hospital de San Carlos de Madrid o la Maternidad de Barcelona) comenzaron a realizar cesáreas de forma excepcional ante distocias infranqueables, casi siempre como último recurso desesperado.

La cesárea realizada por el Profesor D. Julián Ledesma en el año 1839 era muy arriesgada por la gran mortalidad que sucedía al practicar esta intervención, prácticamente solo se hacía en una mujer embarazada muerta.  En este año aún no había publicado la técnica de Porro (1876-1880) que consistía prácticamente una histerectomía cesárea (extirpación del útero tras extraer el recién nacido) redujo drásticamente las hemorragias. Posteriormente se introduce la sutura uterina de Saemisch/Sänger (1882),

El hecho médico de “Una Cesárea en España con mujer viva. Año 1839″

Historia Clínica de la paciente:

Paciente Elena Ramos. Mujer de 42 años vecina de Salamanca. Había tenido 6 partos naturales normales.

El médico de cabecera, Dn. Gumersindo Gándara, de la paciente Elena Ramos le consulta al cirujano D. Julián Ledesma el caso, comunicándole que le paciente presenta “un preñado extrauterino” y se realiza consulta en el domicilio de la paciente D. Gumersindo Gándara y D. Julián Ledesma el día 26 de enero de 1839

Refiere la paciente que tiene una hernia inguinal derecha desde soltera, que le comenzó a molestar después del primer parto, pero no  le había impedido tener 6 hijos y que se incorporaba al trabajo y tareas de la casa después de los partos por obligación y necesidad.  Manifestó que ella sola se reducía la hernia sin auxilio de mano ajena.

También dijo que desde hacía 4 meses le faltaba la menstruación y que sentía los mismos síntomas que en sus seis embarazos anteriores y notó que desde hacia 1 mes la hernia crecía un bulto. La paciente intentó la reducción, refiere que no fue capaz y que refiere que si es un embarazo tiene dudas de que el feto pudiera estar vivo por la gran cantidad de maniobras que ha realizado para reducir la hernia.

Exploración de la paciente:

D. Julián Ledesma el día 26 de enero de 1839 explora la paciente y  observa lo siguiente:

“La paciente estaba en su lecho y el vientre se hallaba natural y flojo. Presentaba a la vista un tumor grande anormal, o sea un saco preternatural y muy voluminoso en la parte inferior del hipogastrio, el que descasaba sobre los dos mulos apoyándose con  preferencia el del lado derecho. La base, salida o principio de este saco, tenía su origen exterior desde la parte alta y derecha del monte de Vénus, se extendía sobre la parte superior del pubis, comprendiendo los tegumentos del bajo vientre del mismo lado, descendiendo y prolongándose hasta comprender el gran labio de la vulva, poniéndola en estado tirante y de gran violencia. ”

El diagnostico de D. Julián Ledesma fue: “una hernia de la matriz, habiendo salido esta víscera por el anillo inguinal derecho con el producto de la concepción”. El caso era una hernia de la matriz, que había salido del vientre por el anillo inguinal derecho, llevando en sí e producto de la concepción, y constituyendo una hernia secundaria.”

Auscultación fetal:

Fue realizada a partir de mayo por el profesor D. Julián Ledesma con el estetoscopio de Piorry. Describe que el feto tiene entre 130 y 150 latidos por minuto y trata de localizar la placenta mediante el sonido de “pulsación placentaria” según las descripciones de Kergaradec.

 

Controles y observadores del caso:

El caso de la paciente Elena Ramos es inspeccionado y consultado con:

Gumersindo Gándara (médico de cabecera). D. Juan Sánchez, (cirujano de Valladolid de Beneficiencia) y D. Cristobal Rodriguez Solano, (profesor de la Facultad de Medicina de Salamanca)

Se informa al Ayuntamiento de Salamanca y este se lo comunica al subdelegado de medicina D. Ignacio Montes y  al delegado de cirugía D. Justo de la Riba.  Consultaron con los profesores de la Facultad de Medicina y se nombro una Comisión de seguimiento del caso formada por tres médicos y cuatro cirujanos que fueron: D. Francisco Rodríguez, D. Juan González Giménez y D. Gumersindo Gándara los médicos.  Los cirujanos de la comisión fueron: D. Pedro Velasco, D. Julián Ledesma, D. Facundo Gómez y D. Juan Sánchez.  Esta comisión se reunión en el domicilio de la paciente el día 2 de marzo de 1839.

D. J. Ledesma  dice en la primera consulta,(el día 26 de enero de 1839,) si el preñado llegaba a su termino, había de sufrir la paciente, Elena Ramos, para terminarlo la histerotomía, o sea la operación cesárea en el saco que formaba la hernia, porque no sería posible la reducción de esta al vientre; que el resultado de la operación era temible y fatal para la madre, aunque fuera muy feliz para el feto, por la hemorragia que aquella había de sufrir, y por la inflamación que indudablemente resultaría en el útero y peritoneo.

D. J. Ledesma en su artículo dice que Ambroise Paré respecto a la cesárea dijo: “Id curationis genus quod periculi et despe rationis plenum est, minime usurpandum esse.” (Este tipo de tratamiento, que está lleno de peligro y desesperación, no debería utilizarse en absoluto.)

Esta Comisión realizó consulta del caso a la Academia Médico-Quirúrgica del distrito que examinaron el caso y consideraron acertado el juicio y diagnostico del Dr. Julián Ledesma y dictaron contestación de aprobación el 7 de mayo de 1839.

La Comisión quedó encargada de observar los progresos y lo demás que ocurriera, y de socorrer y auxiliar a la paciente en caso necesario

La Operación Cesarea:

D. Julián Ledesma, médico cirujano del Hospital Municipal de Salamanca, es quien realiza la cesárea a Dñ. Elena Ramos.

Realiza una consulta de emergencia el día 7 de junio de 1839 a las 4 y media de la mañana. La paciente le comunica que ha “vertido aguas” y tiene molestias de parto.

Comprueba que se ha roto la bolsa amniótica, dice que comprobó que “se vertieron aguas, comprobando que eran similar a un parto normal, que salían por la vulva” y decide que se debe realizar una cesárea.”

La cesarea comienza a realizarse el día 7 de junio de 1839 a las 12 y media de la mañana en el domicilio de la paciente.

El D. J. Ledesma realiza la primera incisión que corta los tegumentos que cubrían el saco y el peritoneo, quedando la matriz descubierta. “hice una abertura longitu­dinal , que me pareció más conveniente que el método trans­versal de Loverjat, con un bisturí convexo”

Después de haber examinado que la trompa de Falopio y ovario no se presentaban, ni habían sido interesadas estas partes

Segunda incisión: Abertura del útero, con el mayor cuidado para no herir a la criatura.

Se presento una abundante hemorragia

Lámina de litografía de la operación cesárea del cirujano D. Julián Ledesma.  Está lámina es del ejemplar de la Biblioteca Nacional de España.  Publicado año 1840

La criatura estaba con las piernas dobladas hacia el vientre, la cabeza tocando a la parte del cuello que formaba el útero con el anillo inguinal.

Extraje la niña por los pies, aunque tuve que dilatar la abertura

La niña peso 6 libras y media (2944 grs) y de longitud medía 22 pulgadas (55,8 cms). Bien nutrida y sin lesión alguna exterior. Salió asfítica, dio pronto señales de vivir, sin que pueda temerse por su vida.

Extracción manual de la placenta antes de que el útero acabase de contraerse.

Después estuve expectante para que el útero se contrajera, aunque había preparada alguna nieve, el aspecto respetable y particular de la herida de la matriz me hizo varias la idea, y prescribí un baño de agua templada sobre la herida. La hemorragia cesó por el baño local templado

En principio descartó a reducir el utero a su sitio porque aunque estaba muy aumentado, decidió esperar hasta que estuviera más pequeño.

Aplico planchuelas,(compresas), de hilo delgado de aproximación y comprensivas.

El postoperatorio tuvo algunos días de fiebre y sangrando, pero con el tiempo la paciente se recuperó y al mes pudo incorporarse a su vida normal. La paciente y la niña se encontraban bien, vivas y sanas.

Comentarios de Tomás Cabacas sobre la cesárea de Elena Ramos.

D. Julián Ledesma visita a la paciente en su domicilio el día 6 de junio de 1839 y esta le comenta que tiene molestias moderadas en el vientre.  Esa noche a las 4 y media de la madrugada avisan al D. J. Ledesma de nuevo porque aumentan las molestias de la embarazada y ha roto aguas.   Acude al domicilio el D. J. Ledesma y la Comisión y subdelegados que están presentes.

Comprueba que el liquido que ha expulsado la paciente es similar al percibido en otros partos.  Intenta dilatar el utero y comprueba que no es posible,  y a las 6 de la mañana propone a la comisión y subdelegados practicar una cesárea.  Se decide que la cesárea se realice a las 9 de la mañana.

Durante tode la mañana de este día existe una larga discusión sobre si de debe realizar la cesárea o no.  Los miembros de la comisión exponen sus razones citando diversos casos de casos de otras autoridades médicas.

A las 12 y media de la mañana la paciente presenta mas molestias y abatida. D. Julián Ledesma indica que no se puede demorar más el tiempo de realizar la cesárea y con el consentimiento de la paciente y el marido y los doctores comenzó a practicar la cesárea.

Comenta D. J. Ledesma que nunca ha realizado una cesárea en mujer viva, ni visto hacerla, pero que tiene abundante experiencia en haberla realizado en mujer embarazada muerta. También comenta que nunca ha visto un embarazo en una hernia.  Cita la mala experiencia de grandes profesores como Levret que indica se practique solo en mujer muerta. Ambroise Paré respecto a la cesárea dijo: “Id curationis genus quod periculi et despe rationis plenum est, minime usurpandum esse.” (Este tipo de tratamiento, que está lleno de peligro y desesperación, no debería utilizarse en absoluto.). Mauriceau creía que siempre seria mortal el resultado de la operación cesárea, y que si alguna se ha curado, que habría sido por milagro.

La cesárea comienza a realizarse el día 7 de junio de 1839 a las 12 y media de la mañana.

El D. J. Ledesma realiza la primera incisión que corta los tegumentos que cubrían el saco y el peritoneo, quedando la matriz descubierta. “hice una abertura longitu­dinal , que me pareció más conveniente que el método trans­versal de Loverjat, con un bisturí convexo”

La incisión de Loverjat, a veces citada como la operación de Loverjat es una variante técnica histórica de la cesárea atribuida al cirujano francés Guillaume-Jean Loverjat quien publicó en 1777 su célebre tratado Nouvelle méthode de faire l’opération césarienne. La incisión clásica era la longitudinal/vertical sobre la línea alba. Loverjat propuso realiza una incisión lateral u oblicua en la pared abdominal inferior, frecuentemente en la fosa ilíaca o el flanco, buscando evitar la línea blanca cetral y minimizando la dehiscencia directa en la zona umbilical. En el siglo XVIII, antes del advenimiento de la anestesia y la asepsia, uno de los mayores peligros era la inflamación peritoneal, la hemorragia descontrolada y la evisceración. Loverjat sostenía que al incidir lateralmente y de forma oblicua a través de la masa muscular de los oblicuos y el recto anterior, se lograba un mejor afrontamiento natural de los bordes al relajarse la musculatura tras el parto.

Después de haber examinado que la trompa de Falopio y ovario no se presentaban, ni habían sido interesadas estas partes

Segunda incisión: Abertura del útero, con el mayor cuidado para no herir a la criatura.

Se presentó una abundante hemorragia

La criatura estaba con las piernas dobladas hacia el vientre, la cabeza tocando a la parte del cuello que formaba el útero con el anillo inguinal.

Extrajo la niña por los pies, aunque tuve que dilatar la abertura

La niña peso 6 libras y media (2944 grs) y de longitud medía 22 pulgadas (55,8 cms). Bien nutrida y sin lesión alguna exterior. Salió asfítica, dio pronto señales de vivir, sin que pueda temerse por su vida.

Extracción manual de la placenta antes de que el útero acabase de contraerse.

Después estuvo expectante para que el útero se contrajera, aunque había preparado alguna nieve, el aspecto respetable y particular de la herida de la matriz hizo variar la idea, y prescribió un baño de agua templada sobre la herida. La hemorragia cesó por el baño local templado

En principio descartó a reducir el utero a su sitio porque aunque estaba muy aumentado, decidió esperar hasta que estuviera más pequeño.

D. Julián Ledesma no sutura la incisión, ni refiere que realizara ligaduras.

Aplicó planchuelas,(compresas), de hilo delgado de aproximación y comprensivas.

El postoperatorio tuvo algunos días de fiebre y sangrando, pero con el tiempo la paciente se recuperó y al mes pudo incorporarse a su vida normal. La paciente y la niña se encontraban bien, vivas y sanas.

El día 8 de agosto de 1839 fue visitada la paciente por el Catedrático del Colegio de San Carlos de Madrid, el Dr. Callejo.  Inspeccionó a la madre y a la niña, celebrando el resultado de una operación importante y arriesgada.

El Dr. Juan Callejo o  Profesor Callejo.  Desempeñó su labor como catedrático de cirugía en el Colegio de San Carlos, participando activamente en la docencia de anatomía, operaciones e instrumentos quirúrgicos en una época de transición donde la cirugía comenzó a unificarse formalmente con la medicina. El Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, institución clave fundada por Carlos III para la modernización de la enseñanza médico-quirúrgica en España. Desempeñó su labor como catedrático de cirugía en el Colegio de San Carlos, participando activamente en la docencia de anatomía, operaciones e instrumentos quirúrgicos en una época de transición donde la cirugía comenzó a unificarse formalmente con la medicina. Publicó diversos discursos académicos, memorias y lecciones magistrales dirigidos a la formación de los estudiantes del colegio, abordando técnicas operatorias, vendajes y la práctica clínica basada en la observación metódica.

El día 11 de agosto de 1839 salió de su casa la paciente Elena Ramos con su hija.  La hernia quedo muy reducida, formando un histerocele en el anillo inguinal por las adherencias.

El D. J. Ledesma afirma que la paciente continuara con su fecundidad y afirma que las trompas y los ovarios no han sido destruidas y que el estado de estas partes no se opondrán a una nueva concepción

La introducción del lavado antiséptico y la sutura adecuada de la pared uterina permitió realizar la cesárea conservadora sin necesidad de extirpar el útero, comenzando a realizarse en los quirófanos hospitalarios de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla.

La técnica de Porro (1876-1880s): La introducción de la histerectomía cesárea (extirpación del útero tras extraer al bebé) redujo drásticamente las hemorragias y la sepsis. fijando el muñón en la pared abdominal. Al eliminar la principal fuente de infección y sangrado, se convirtió en la primera técnica de cesárea de uso regular en España.

Tras la publicación del método de Porro en 1876, las primeras intervenciones de este tipo en España se practicaron a partir de 1878-1880 en las Maternidades y pabellones quirúrgicos de las Facultades de Medicina (principalmente en Madrid, Barcelona y Sevilla). : Fue la técnica predominante durante las décadas de 1880 y 1890 en entornos hospitalarios, reservada para casos extremos de estrechez pélvica o tras partos muy prolongados con riesgo de corioamnionitis (infección intrauterina).

En 1882, Max Sänger y Ferdinand Adolf Kehrer revolucionaron la obstetricia al demostrar que era posible cerrar adecuadamente la incisión uterina mediante suturas por capas (utilizando seda o plata) e higienizar la cavidad con principios antisépticos. Esto evitaba tener que mutilar a la mujer extirpándole el útero.

Llegada a España: Los ginecólogos y catedráticos españoles adoptaron la sutura de Sänger entre 1883 y 1890. Destacadas maternidades hospitalarias, como la del Hospital de San Carlos de Madrid y la Maternidad Provincial de Barcelona, comenzaron a reportar cesáreas conservadoras con éxito materno y fetal bajo estrictos protocolos de antisepsia listeriana.

A comienzos del siglo XX, la cesárea dejó progresivamente de ser una medida quirúrgica desesperada de última hora para convertirse en un acto programado e higiénico en los quirófanos hospitalarios españoles.

Durante esta década, un reducido grupo de cirujanos y ginecólogos pioneros impulsó la práctica de la cesárea en España desde la universidad y el ámbito privado, convirtiéndola en una intervención quirúrgica regulada y de mayor supervivencia:

Manuel Candela y Pla (1847–1919) — Valencia

Catedrático de Obstetricia y Enfermedades de la Mujer en Valencia y pionero de la ginecología moderna en la Comunidad Valenciana.  Fue un firme defensor de la asepsia en los partos y promovió activamente la cesárea limpia en entorno quirúrgico ante estrecheces pélvicas graves o distocias insuperables. Fundó en Valencia el Instituto Ginecológico Candela y la revista El Progreso Ginecológico y Pediatría, donde divulgó los casos clínicos de cesáreas realizados bajo los nuevos preceptos antisépticos en los años ochenta del siglo XIX.

Federico Rubio y Galí (1827–1902) y la Escuela del Instituto de Terapéutica Operatoria — Madrid. Instituto de Salud Carlos III.

Fundador del Instituto de Terapéutica Operatoria en el Hospital de la Princesa de Madrid (1880), fue una de las figuras clave de la cirugía española de la época. Rubio y Galí y su equipo de cirujanos introdujeron de forma sistemática la antisepsia en las intervenciones abdominales e histerectomías en Madrid. Su escuela fue pionera en la aplicación práctica de la técnica de Porro y en la adopción paulatina de la cesárea conservadora de Sänger en la capital a lo largo de los años 80.

Eugenio Gutiérrez González (1851–1914) — Madrid

Distinguido ginecólogo y obstetra (posteriormente nombrado Conde de San Diego), formado en el círculo del Instituto de Terapéutica Operatoria de Rubio y Galí. Gutiérrez González se especializó en la patología pélvica y en la cirugía uterina, figurando entre los primeros especialistas en publicar y realizar intervenciones quirúrgicas de cesárea e histerectomía total/subtotal obstétrica por complicaciones tumorales (miomas) o distocias graves en el último tercio del siglo XIX.

Maternidad Provincial de Barcelona y la escuela catalana

En Barcelona, el ámbito de la Maternidad Provincial y la Facultad de Medicina fue otro de los epicentros de la renovación obstétrica durante la década de 1880. Toco ginecólogos y cirujanos adscritos a las maternidades públicas de la ciudad comenzaron a publicar en revistas académicas (como la Gaceta Médica Catalana) comunicaciones clínicas sobre la aplicación de las suturas de Sänger para evitar la extirpación del útero, reduciendo gradualmente la abrumadora mortalidad maternal que registraban las cesáreas decimonónicas.

El caso atribuido a Julián Ledesma, profesor de Cirugía de Salamanca, ocupa un lugar muy peculiar y debatido en la historiografía médica española de la primera mitad del siglo XIX (hacia 1840), debido a la singularidad del diagnóstico y si se trató de una cesárea verdadera

Diversos autores e historiadores de la cirugía del siglo XIX y XX citan la intervención de D. Julián Ledesma como una de las primeras «operaciones cesáreas» (o histerotomías) practicadas con éxito en el ámbito universitario salmantino.: Otros historiadores de la medicina sostienen que no se trató estrictamente de una cesárea clásica, incisión directa sobre el útero en su posición pélvica anatómica habitual, sino de una laparo-histerotomía o laparotomía por hernia uterina, sería un histerocele gestacional.

Incluso algunos autores han llegado a dudar del caso, pero tenemos como datos irrebatibles:

  1. D. Julián Ledesma describe y publica el caso al año seguiente del hecho y acompañó la descripción con láminas de litografías de la anatomía de la hernia y del procedimiento,

Lámina del artículo del cirujano D. Julián Ledesma sobre el embarazo en la hernia antes de la cesárea que realizó en el año 1839. Esta lámina es del ejemplar de la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Madrid.

Lámina del artículo de D. Julián Ledesma sobre la cesárea que realizó en el año 1839. Esta lámina es  del ejemplar de la Biblioteca de la Biblioteca Nacional de España.

Fue publicado en folleto independiente titulado: “ Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz” es un estudio de D. Julián Ledesma. Profesor de Cirugía en el Hospital Municipal de Salamanca en el año 1839.

Portada del artículo de la cesárea realizada por el cirujano D. Julián Ledesma.

Publicado también en el Boletín de Medicina el número 211 de 10 de mayo de 1840.

2. El caso: “ Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz” es controlado por Comisiones de médicos de Beneficiencia de Salamanca y por una Comisión de la Facultad de Medicina. Inspeccionado por la Academia Médico Quirúrgica del distrito y observadores del caso:

El caso de la paciente Elena Ramos es inspeccionado y consultado con:

Gumersindo Gándara (médico de cabecera). Dr. Sánchez, (cirujano de Salamanca de Beneficiencia).

Se informa al Ayuntamiento de Salamanca y este se lo comunica al subdelegado de medicina D. Ignacio Montes y  al delegado de cirugía D. Justo de la Riba.  Consultaron con los profesores de la Facultad de Medicina y se nombró una Comisión de seguimiento del caso formada por tres médicos y cuatro cirujanos que fueron: D. Francisco Rodríguez, D. Juan González Giménez y D. Gumersindo Gándara los médicos.  Los cirujanos de la comisión fueron: D. Pedro Velasco, D. Julián Ledesma, D. Facundo Gómez y D. Juan Sánchez.  Esta comisión se reunión en el domicilio de la paciente el día 2 de marzo de 1839.

Esta Comisión realizó consulta del caso a la Academia Médico-Quirúrgica del distrito que examinaron el caso y consideraron acertado el juicio y diagnóstico del Dr. Julián Ledesma y dictaron contestación de aprobación el 7 de mayo de 1839.

La Comisión quedó encargada de observar los progresos y lo demás que ocurriera, y de socorrer y auxiliar a la paciente en caso necesario.

En el post operatorio realiza inspección de la paciente Elena Ramos el Profesor Dr. D. Juan Callejo. Catedrático de cirugía en el Colegio de San Carlos de Madrid.

 

 

Comentarios y observaciones del caso del “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”. Año 1839.

Comentarios y observaciones realizadas por Tomás Cabacas del caso del “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz” de Dr. D. Julián Ledesma.  Año 1839.

Comentarios de Tomás Cabacas sobre del caso de un “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz” es un estudio de un caso clínico de D. Julián Ledesma. Profesor de Cirugía en el Hospital Municipal de Salamanca en el año 1839.

El título completo del artículo es: Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz en estado de gestación, terminada felizmente por la operación cesárea, con la extracción de una niña viva, sana y de todo tiempo sin ulterior lesión de la madre, con observaciones curiosas de auscultación y percusión sobre el seno materna de la misma.

Publicado y Editado en la Imprenta Boix de Madrid en el año 1840.

Publicado también en el Boletín de Medicina el número 211 de 10 de mayo de 1840.

Es el relato de un fenómeno raro de embarazo en un útero herniado en un hernia inguinal, que trata y describe D. Julián Ledesma. Le sucede a la paciente Elena Ramos de Salamanca en el año 1839. Se describe la historia clínica, exploración y tratamiento quirúrgico del caso que realiza una cesárea.

D. Julián Ledesma era médico cirujano del Hospital Municipal de Salamanca

El folleto o articulo tiene 23 páginas y dos láminas de litografías en color.

Comentarios y observaciones sobre las cuestiones médicas del caso

Sucede en Salamanca en el año 1839.

La paciente, Elena Ramos, tenía 42 años.  Habita tenido 6 partos naturales y tenía 6 hijos.

Era una familia de escasos medios económicos, que era asistida por la beneficiencia municipal.

Presentaba una hernia inguinal derecha después del primer parto y que ella sola se la reducía.

Se queda embarazada finales del año 1838.

Acude a su médico de cabecera D. Gumersindo Gándara y le comenta su situación.

La paciente debería ser muy trabajadora, tenía una hernia desde muy joven, ella le comenta a su médico que tenía mucho trabajo por obligación y por necesidad. También era valiente, porque ella sola se reducía la hernia, durante muchos años.

Paciente con experiencia y observadora, ella le comenta a su médico de cabecera que le parece que está embarazada y que nota un bulto que crece en la hernia.

El médico de cabecera desde el primer momento consulta con su cirujano de consulta de Beneficiencia, D. Juan Sánchez, y los dos  diagnostican “preñado extrauterino” , deciden consultarle el caso que le parece raro al profesor de cirugía de la Facultad de Medicina de Salamanca, Dr. D. Julián Ledesma.

La consulta se realiza el 25 de enero del año 1839 y la paciente probablemente se encuentra ya embarazada de 3 a 4 meses de gestación y el Dr. J. Ledesma decide visitar la paciente al día siguiente. Le acompañan en esta visita D. Gumersindo Gándara, médico de cabecera de la paciente, el cirujano de beneficiencia D. Juan Sánchez y D. Cristóbal Rodríguez Solano, profesor de la Facultad de Medicina de Salamanca. Los médicos desde el primer momento de la consulta diagnostican probable embarazo por los síntomas que tiene la paciente. En esta época no hay análisis de test de gestación.

El caso ya era conocido en muchos lugares de la ciudad, se comentaba que una mujer tenía un embarazo en el muslo. Esta noticia que corría por la ciudad despertó también el interés de los médicos de la época, por ello probablemente la consulta despertara curiosidad y tuvo tantos médicos en la consulta de la paciente.

La paciente era tan observadora que les comenta a los médicos en sus primeras consultas que ella tiene dudas de que el embrión pudiera estar vivo por la cantidad de maniobras, presión y empuje que ella había realizado en la hernia tratándola de reducirla.

La descripción minuciosa que realiza el Dr. Julián Ledesma ese día comprende más de dos páginas de datos que refleja en su artículo.

Ese día, el día 26 de enero, la paciente les refiere a los médicos que nota movimientos de criatura que le son parecidos a otros embarazos que ha tenido, por lo cual el embarazo podría ser de 4 meses (20 semanas).  Ella misma les dijo a los médicos que creía que su embarazo terminaría a finales de mayor o comienzos de junio. La paciente también relata cómo se notó el bulto y pensó en embarazo a los 3 meses, relata que ya le fue imposible reducir la hernia con el bulto.

El diagnostico de D. Juan Ledesma el día 26 de enero fue: “una hernia de la matriz, habiendo salido esta víscera por el anillo inguinal derecho con el producto de la concepción”. El caso era una hernia de la matriz, que había salido del vientre por el anillo inguinal derecho, llevando en sí e producto de la concepción, y constituyendo una hernia secundaria.”

Y Dr. J. Ledesma  dice en la primera consulta,(el día 26 de enero de 1839,) si el preñado llegaba a su término, había de sufrir la paciente, Elena Ramos, para terminarlo la histerotomía, o sea la operación cesárea en el saco que formaba la hernia, porque no sería posible la reducción de esta al vientre; que el resultado de la operación era temible y fatal para la madre, aunque fuera muy feliz para el feto, por la hemorragia que aquella había de sufrir, y por la inflamación que indudablemente resultaría en el útero y peritoneo.

El caso de la paciente Elena Ramos es inspeccionado y consultado con:

Gumersindo Gándara (médico de cabecera). D. Juan Sánchez, (cirujano de Salamanca de Beneficiencia) y D. Cristóbal Rodríguez Solano, (Profesor de la Facultad de Medicina de Salamanca)

Se informa al Ayuntamiento de Salamanca y este se lo comunica al subdelegado de medicina D. Ignacio Montes y  al delegado de cirugía D. Justo de la Riba.  Consultaron con los profesores de la Facultad de Medicina y se nombró una Comisión de seguimiento del caso formada por tres médicos y cuatro cirujanos que fueron: D. Francisco Rodríguez, D. Juan González Giménez y D. Gumersindo Gándara los médicos.  Los cirujanos de la comisión fueron: D. Pedro Velasco, D. Julián Ledesma, D. Facundo Gómez y D. Juan Sánchez.  Esta comisión se reunión en el domicilio de la paciente el día 2 de marzo de 1839.

Esta Comisión realizó consulta del caso a la Academia Médico-Quirúrgica del distrito que examinaron el caso y consideraron acertado el juicio y diagnóstico del Dr. Julián Ledesma y dictaron contestación de aprobación el 7 de mayo de 1839.

El 8 de mayo comienza el Dr. D. Julián Ledesma la auscultación fetal del caso que utilizó un estetoscopio de Pierre Adolphe Piorry, quien creó, en 1828, un fonendoscopio de madera y marfil, con acabado en forma de trompeta, más corto y mejor adaptado al oído.

Estetoscopio de Piorry

El estetoscopio fue inventado por René Théophile-Hyacinthe Laennec (1781-1826), en 1816. El estetoscopio es un instrumento cilindrico de madera o metal descubierto por Laennec para facilitar la auscultación mono auricular de los sonidos cardiacos y respiratorios, posteriormente utilizado también para la auscultación de los sonidos en otras partes del cuerpo. Consta de un cilindro o tronco de cono hueco, que se apoya en la superficie corporal, unido a un disco circular, sobre el que el explorador apoya la oreja para practicar la auscultación directa. Fue el precedente histórico de los modernos fonendoscopios biauriculares. El estetoscopio es el precursor del fonendoscopio y este es el instrumento más común de los médicos, el más utilizado. Es casi un símbolo del médico después del caduceo de medicina. (la vara y la serpiente). La precursora de la auscultación fue la percusión que fue inventada por Auenbrugger Leopold en 1744 que fue un médico vienés que observando a su padre que era posadero percutía los toneles para saber si estaban vacíos o llenos y llegaba a saber el nivel del vino por la percusión con los dedos de la mano. Auenbrugger aplicó su talento para la percusión en tórax y averiguar el aire y las secreciones pulmonares. Posteriormente se desarrolló la auscultación. Primero la auscultación directa y posteriormente la indirecta con el estetoscopio. Pierre Adolphe Piorry, quien creó, en 1828, un fonendoscopio de madera y marfil, con acabado en forma de trompeta, más corto y mejor adaptado al oído.

El profesor D. Julián Ledesma con el estetoscopio de Piorry. Describe que el feto tiene entre 130 y 150 latidos por minuto y trata de localizar la placenta mediante el sonido de “pulsación placentaria” según las descripciones de Kergaradec, refiere que la localización de la placenta es muy importante para determinar el lugar de la incisión de la cesarea y para ello se detiene mucho tiempo tratando de precisar el lugar de inserción de la placenta en el embarazo de la paciente Elena Ramos.

Jean Alexandre Le Jumeau de Kergaradec (1787–1877) fue un médico francés pionero en el campo de la obstetricia y la auscultación médica. Fue amigo y discípulo de René Laennec (inventor del estetoscopio) y ayudó a documentar y difundir cómo se originó el invento a partir de observaciones cotidianas. Su aportación fundamental a la medicina fue el descubrimiento de la auscultación fetal mediante el estetoscopio, instrumento que había sido inventado poco antes por René Laennec en 1816.

En 1821 Kergaradec tratando de escuchar los ruidos del líquido amniótico en mujeres embarazadas utilizando el estetoscopio de madera de Laennec, Kergaradec percibió dos sonidos distintos e inesperados. El latido cardíaco fetal, una pulsación rápida (alrededor de 140 latidos por minuto) que confirmó la vida y el bienestar del feto. Demostró que escuchar los latidos del corazón del feto era posible y útil, convirtiéndose en el primer signo seguro para diagnosticar el embarazo y evaluar la salud del feto.  Y el soplo placentario (o uterino), correspondiente al flujo sanguíneo en los vasos de la placenta. Presentó sus hallazgos ante la Académie Royale de Médecine de París y publicó su famosa memoria: Mémoire sur l’auscultation appliquée à l’étude de la grossesse (Memoria sobre la auscultación aplicada al estudio del embarazo).en 1822.  René Laennec reconoció y elogió públicamente el trabajo de Kergaradec, incorporando sus descubrimientos en la segunda edición de su tratado sobre auscultación (Traité de l’auscultation médiate, 1826).

En su obra de 1822 (Mémoire sur l’auscultation appliquée à l’étude de la grossesse), Jean Alexandre Le Jumeau de Kergaradec describió la técnica original para localizar e identificar el soplo placentario (también denominado soplo uterino o bruit placentaire).  Esta obra es citada en el pie de la página 8 por Dr. D. Julián Ledesma en su articulo

Kergaradec empleó el estetoscopio cilíndrico de madera monoaural diseñado por René Laennec. El soplo placentario está situado en el centro de la placenta y es un ruido soplante, suave, isócrono o jadeante, semejante al silbido del aire en una tubería. La intensidad del soplo varía según la localización del estetoscopio: alcanza su volumen máximo justo sobre el sitio de inserción placentaria y en las áreas de mayor engrosamiento vascular del miometrio.

 

Comentarios y observaciones sobre la cesárea de Elena Ramos.

Dr. D. Julián Ledesma visita a la paciente en su domicilio el día 6 de junio de 1839 y esta le comenta que tiene molestias moderadas en el vientre.  Esa noche a las 4 y media de la madrugada avisan al Dr. J. Ledesma de nuevo porque aumentan las molestias de la embarazada y ha roto aguas.   Acude al domicilio el Dr. J. Ledesma y la Comisión y subdelegados que están presentes.

Comprueba que el liquido que ha expulsado la paciente es similar al percibido en otros partos.  Intenta dilatar el utero y comprueba que no es posible,  y a las 6 de la mañana propone a la comisión y subdelegados practicar una cesárea.  Se decide que la cesárea se realice a las 9 de la mañana.

Durante toda la mañana de este día existe una larga discusión sobre si de debe realizar la cesárea o no.  Los miembros de la comisión exponen sus razones citando diversos casos de casos de otras autoridades médicas.

A las 12 y media de la mañana la paciente presenta mas molestias y abatida. El profesor D. Julián Ledesma indica que no se puede demorar más el tiempo de realizar la cesárea y con el consentimiento de la paciente y el marido y los doctores comenzó a practicar la cesárea.

Comenta D. J. Ledesma que nunca ha realizado una cesárea en mujer viva, ni visto hacerla, pero que tiene abundante experiencia en haberla realizado en mujer embarazada muerta. También comenta que nunca ha visto un embarazo en una hernia.  Cita la mala experiencia de grandes profesores como Levret que indica se practique solo en mujer muerta. Ambroise Paré respecto a la cesárea dijo: “Id curationis genus quod periculi et despe rationis plenum est, minime usurpandum esse.” (Este tipo de tratamiento, que está lleno de peligro y desesperación, no debería utilizarse en absoluto.). Mauriceau creía que siempre seria mortal el resultado de la operación cesárea, y que si alguna se ha curado, que habría sido por milagro.

La cesárea comienza a realizarse el día 7 de junio de 1839 a las 12 y media de la mañana.

El Dr. J. Ledesma realiza la primera incisión que corta los tegumentos que cubrían el saco y el peritoneo, quedando la matriz descubierta. “hice una abertura longitu­dinal , que me pareció más conveniente que el método trans­versal de Loverjat, con un bisturí convexo”

La incisión de Loverjat, a veces citada como la operación de Loverjat es una variante técnica histórica de la cesárea atribuida al cirujano francés Guillaume-Jean Loverjat quien publicó en 1777 su célebre tratado Nouvelle méthode de faire l’opération césarienne. La incisión clásica era la longitudinal/vertical sobre la línea alba. Loverjat propuso realiza una incisión lateral u oblicua en la pared abdominal inferior, frecuentemente en la fosa ilíaca o el flanco, buscando evitar la línea blanca cetral y minimizando la dehiscencia directa en la zona umbilical. En el siglo XVIII, antes del advenimiento de la anestesia y la asepsia, uno de los mayores peligros era la inflamación peritoneal, la hemorragia descontrolada y la evisceración. Loverjat sostenía que al incidir lateralmente y de forma oblicua a través de la masa muscular de los oblicuos y el recto anterior, se lograba un mejor afrontamiento natural de los bordes al relajarse la musculatura tras el parto.

Lámina de litografia de la operación de la paciente.  (Del ejemplar de la Biblioteca Nacional de España)

Después de haber examinado que la trompa de Falopio y ovario no se presentaban, ni habían sido interesadas estas partes

Segunda incisión: Abertura del útero, con el mayor cuidado para no herir a la criatura.

Se presentó una abundante hemorragia

La criatura estaba con las piernas dobladas hacia el vientre, la cabeza tocando a la parte del cuello que formaba el útero con el anillo inguinal.

Extrajo la niña por los pies, aunque tuve que dilatar la abertura

La niña peso 6 libras y media (2944 grs) y de longitud medía 22 pulgadas (55,8 cms). Bien nutrida y sin lesión alguna exterior. Salió asfítica, dio pronto señales de vivir, sin que pueda temerse por su vida.

Extracción manual de la placenta antes de que el útero acabase de contraerse.

Después estuvo expectante para que el útero se contrajera, aunque había preparado alguna nieve, el aspecto respetable y particular de la herida de la matriz hizo variar la idea, y prescribió un baño de agua templada sobre la herida. La hemorragia cesó por el baño local templado

El cirujano Dr. D. Julián Ledesma no realizo sutura de la incisión del útero. No refiere que realizara ligadura de ningún vaso.

En principio descartó a reducir el utero a su sitio porque aunque estaba muy aumentado, decidió esperar hasta que estuviera más pequeño.

Aplicó planchuelas,(compresas), de hilo delgado de aproximación y comprensivas.

El postoperatorio tuvo algunos días de fiebre y sangrando, pero con el tiempo la paciente se recuperó y al mes pudo incorporarse a su vida normal. La paciente y la niña se encontraban bien, vivas y sanas.

El día 8 de agosto de 1839 fue visitada la paciente por el Catedrático del Colegio de San Carlos de Madrid, el Dr. Callejo.  Inspeccionó a la madre y a la niña, celebrando el resultado de una operación importante y arriesgada.

El Dr. Juan Callejo o  Profesor Callejo.  Desempeñó su labor como catedrático de cirugía en el Colegio de San Carlos, participando activamente en la docencia de anatomía, operaciones e instrumentos quirúrgicos en una época de transición donde la cirugía comenzó a unificarse formalmente con la medicina. El Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, institución clave fundada por Carlos III para la modernización de la enseñanza médico-quirúrgica en España. Desempeñó su labor como catedrático de cirugía en el Colegio de San Carlos, participando activamente en la docencia de anatomía, operaciones e instrumentos quirúrgicos en una época de transición donde la cirugía comenzó a unificarse formalmente con la medicina. Publicó diversos discursos académicos, memorias y lecciones magistrales dirigidos a la formación de los estudiantes del colegio, abordando técnicas operatorias, vendajes y la práctica clínica basada en la observación metódica.

El día 11 de agosto de 1839 salió de su casa la paciente Elena Ramos con su hija.  La hernia quedo muy reducida, formando un histerocele en el anillo inguinal por las adherencias.

El Dr. Ledesma afirma que la paciente continuara con su fecundidad y afirma que las trompas y los ovarios no han sido destruidas y que el estado de estas partes no se opondrán a una nueva concepción

 

Comentarios y Observaciones a la publicación del «Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz» de D. Julián Ledesma. Año 1840

La publicación » El fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz es un estudio de D. Julián Ledesma. Profesor de Cirugía en el Hospital Municipal de Salamanca en el año 1839.

El título completo del artículo es: Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz en estado de gestación, terminada felizmente por la operación cesárea, con la extracción de una niña viva, sana y de todo tiempo sin ulterior lesión de la madre, con observaciones curiosas de auscultación y percusión sobre el seno materna de la misma.

Publicado y Editado en la Imprenta Boix de Madrid en el año 1840.

Publicado también en el Boletín de Medicina el número 211 de 10 de mayo de 1840.

Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz consiste en un caso de embarazo en un útero herniado que trata y describe en un folleto y articulo realizado por el Dr. D. Julián Ledesma lo que le sucede a una paciente Elena Ramos de Salamanca en el año 1939.

La publicación tiene 23 hojas y dos láminas con litografías

Editadas por su autor

Existen tres ejemplares de la obra del Dr. Julián Ledesma.

  1. En la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Madrid.

Tiene una encuadernación de pastas duras y el título en una pegatina central.

Portada de la encuadernación del ejemplar de la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Madrid

Portada del artículo

Lámina 1ª: Representa el saco formado por el útero en estado de gestación a los seis meses del embarazo.  Tiene mejor cromolitografía este ejemplar que los restantes.

  1. En la Biblioteca Nacional de España (A este ejemplar le faltan algunas hojas de la descripción de la cesárea.)

Portada del ejemplar de la Biblioteca Nacional de España en Madrid.

Lámina 1ª: Representa el saco formado por el útero en estado de gestación a los seis meses del embarazo

Lámina 2ª: Representa la salida de la niña por la abertura de seis pulgadas hecha en el útero, y los dos vasos sanguíneos que arrojaron mayor cantidad de sangre.

  1. En la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Valencia. Procede de la biblioteca de D. León Sánchez-Quintanar (1801-1877), fue catedrático de Patología Quirúrgica en la Universidad de Valencia, donado por sus hijos en 1893 a la Facultad de Medicina de Valencia.

 

El artículo “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”, consta de las siguientes partes:

  1. Carta Preámbulo del autor: D. Julián Ledesma. Tiene fecha de 9 de septiembre de 1839.
  2. Historia: Es la historia clínica de la paciente Elena Ramos de Salamanca (España)
  3. Auscultación: Aplicada a la preñez de Elena Ramos.
  4. De la Operación: Cesarea.
  5. Lámina 1ª: Representa el saco formado por el útero en estado de gestación a los seis meses del embarazo
  6. Lámina 2ª: Representa la salida de la niña por la abertura de seis pulgadas hecha en el útero, y los dos vasos sanguíneos que arrojaron mayor cantidad de sangre.

 

El folleto o artículo “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”, fue impreso en la Imprenta de Boix, frecuentemente figurada en las portadas como Imprenta de Boix  o Librería de Ignacio Boix o Imprenta de D. Ignacio Boix,  fue uno de los talleres tipográficos y establecimientos editoriales más activos y dinámicos del Madrid del segundo tercio del siglo XIX. Fundada y dirigida por el librero, impresor y editor Ignacio Boix y Blay, la imprenta estuvo ubicada principalmente en la céntrica calle de Carretas (con talleres y librerías en números como Carretas 8 y Carretas 27).

Durante las décadas de 1830 y 1840, coincidiendo con el florecimiento de la prensa periódica, el auge del Romanticismo y el proceso de modernización de la industria del libro en España, la imprenta de Boix se posicionó como un referente en la producción y distribución comercial de impresos. Publicó una amplísima variedad de narrativa, ensayo y teatro de la época. Editó importantes colecciones literarias en formato folletín o por entregas, un modelo comercial emergente que abarataba los costes y popularizaba la lectura entre las clases medias. Imprimió traducciones de tratados internacionales, manuales académicos, recopilaciones legislativas y obras médicas de referencia para médicos y cirujanos de la capital. También llevó a cabo impresiones por encargo para instituciones y publicaciones religiosas o de etiqueta, como devocionarios regios-

Editado por su autor D. Julián Ledesma que se reserva los derechos de autor.

Las láminas del “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”, Fueron realizadas por el dibujante José Juan Camarón Meliá (1870-1819), pintor y grabador nacido en la ciudad de Segorbe, fue hijo de un artista clave del siglo XVIII valenciano, José Camarón Bonanat (1731-1803), y hermano del también pintor Manuel Camarón (1763-1806).  José Juan se formó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. En 1778 se presentó al concurso convocado por la Academia de San Fernando y obtuvo la plaza de pensionado en Roma, beca que le permitió estudiar en la capital italiana durante seis años. En abril de 1786 fue nombrado académico de mérito por la academia madrileña, meses más tarde recibió el mismo reconocimiento de la Academia de San Carlos. A partir de 1797 los títulos se sucedieron; este mismo año logró convertirse en vicedirector de pintura en la academia madrileña y en 1800 en director de pintura en la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro. Cinco años más tarde obtuvo la distinción de pintor de cámara. En 1816 recibió la dirección honoraria de la Real Academia de San Fernando y el rectorado de la nueva Escuela de Dibujo de la Merced. Falleció en Madrid en 1819.

Las Litografías son de Faure. Empresa de litografías que estuvo ubicada en el centro de Madrid, en la calle Postigo de San Martín, números 11 y 13. Desarrolló una intensa producción aproximadamente entre las décadas de 1820 y 1860. Imprimieron retratos de personalidades militares, políticos y nobles de la época (como los conservados en la Biblioteca Nacional de España). Fueron destacados productores de láminas populares compuestas por viñetas con pareados, destinadas a la divulgación de historias, biografías o sucesos. Realizaban trabajos de estampación por encargo para diversas publicaciones, prospectos y libros ilustrados en Madrid.

 

Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz. Año 1839

Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz. Año 1839.

Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz consiste en un caso de embarazo de un útero herniado que le sucede a la paciente Elena Ramos, vecina de Salamanca (España) en el año 1839,  que trata y le realiza una cesárea el médico cirujano  D. Julián Ledesma.

El título completo del artículo es: Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz en estado de gestación, terminada felizmente por la operación cesárea, con la extracción de una niña viva, sana y de todo tiempo sin ulterior lesión de la madre, con observaciones curiosas de auscultación y percusión sobre el seno materna de la misma.

«Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz»  Es un artículo escrito y publicado por D. Julián Ledesma que describe el caso que ha tratado en Salamanca de la paciente Elena Ramos en el año 1839.

Publicado y Editado en la Imprenta Boix de Madrid en el año 1840.

Publicado también en el Boletín de Medicina el número 211 de 10 de mayo de 1840.

Portada del artículo Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz. Año 1840.  (Este ejemplar es de la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Madrid)

 

El artículo “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”, consta de las siguientes partes:

  1. Carta Preámbulo del autor: D. Julián Ledesma. Fecha de la carta el 9 de septiembre de 1839.
  2. Historia: Es la historia clínica de la paciente Elena Ramos de Salamanca (España)
  3. Auscultación: Aplicada a la preñez de Elena Ramos.
  4. De la Operación: Cesarea.
  5. Lámina 1ª: Representa el saco formado por el útero en estado de gestación a los seis meses del embarazo
  6. Lámina 2ª: Representa la salida de la niña por la abertura de seis pulgadas hecha en el útero, y los dos vasos sanguíneos que arrojaron mayor cantidad de sangre.

Historia Clínica de la paciente:

Paciente Elena Ramos. Mujer de 42 años vecina de Salamanca. Había tenido 6 partos naturales normales.

El médico de cabecera, Dn. Gumersindo Gándara, de la paciente Elena Ramos le consulta al profesor Julián Ledesma el caso, comunicándole que le paciente presenta “un preñado extrauterino” y se realiza consulta en el domicilio de la paciente D. Gumersindo Gándara y D. Julián Ledesma el día 26 de enero de 1839

Refiere la paciente que tiene una hernia inguinal derecha desde soltera, que le comenzó a molestar después del primer parto, pero no  le había impedido tener 6 hijos y que se incorporaba al trabajo y tareas de la casa después de los partos por obligación y necesidad.  Manifestó que ella sola se reducía la hernia sin auxilio de mano ajena.

También dijo que desde hacía 4 meses le faltaba la menstruación y que sentía los mismos síntomas que en sus seis embarazos anteriores,  notó que desde hacia 1 mes la hernia crecía como un bulto. La paciente intentó la reducción de la hernia, refiere que no fue capaz y que si es un embarazo, tiene dudas de que el feto pudiera estar vivo por la gran cantidad de maniobras que ha realizado para reducir la hernia.

Exploración de la paciente:

Dr. Julián Ledesma el día 26 de enero de 1839 explora la paciente y  observa lo siguiente:

“La paciente estaba en su lecho y el vientre se hallaba natural y flojo. Presentaba a la vista un tumor grande anormal, o sea un saco preternatural y muy voluminoso en la parte inferior del hipogastrio, el que descasaba sobre los dos mulos apoyándose con  preferencia el del lado derecho. La base, salida o principio de este saco, tenía su origen exterior desde la parte alta y derecha del monte de Vénus, se extendía sobre la parte superior del pubis, comprendiendo los tegumentos del bajo vientre del mismo lado, descendiendo y prolongándose hasta comprender el gran labio de la vulva, poniéndola en estado tirante y de gran violencia. ”

El diagnostico de D. Juan Ledesma fue: “una hernia de la matriz, habiendo salido esta víscera por el anillo inguinal derecho con el producto de la concepción”. El caso era una hernia de la matriz, que había salido del vientre por el anillo inguinal derecho, llevando en sí e producto de la concepción, y constituyendo una hernia secundaria.”

 

Auscultación fetal:

Fue realizada a partir de mayo por el profesor D. Juan Ledesma con el estetoscopio de Piorry. Describe que el feto tiene entre 130 y 150 latidos por minuto y trata de localizar la placenta mediante el sonido de “pulsación placentaria” según las descripciones de Kergaradec.

Controles y observadores del caso:

El caso de la paciente Elena Ramos es inspeccionado y consultado con:

Gumersindo Gándara (médico de cabecera). Dr. Sánchez, (cirujano de Salamanca de Beneficiencia).

Se informa al Ayuntamiento de Salamanca y este se lo comunica al subdelegado de medicina D. Ignacio Montes y  al delegado de cirugía D. Justo de la Riba.  Consultaron con los profesores de la Facultad de Medicina y se nombró una Comisión de seguimiento del caso formada por tres médicos y cuatro cirujanos que fueron: Los médicos fueron, D. Francisco Rodríguez, D. Juan González Giménez y D. Gumersindo Gándara.  Los cirujanos de la comisión fueron: D. Pedro Velasco, D. Julián Ledesma, D. Facundo Gómez y D. Juan Sánchez.  Esta comisión se reunión en el domicilio de la paciente el día 2 de marzo de 1839.

Dr. J. Ledesma  dice en la primera consulta,(el día 26 de enero de 1839,) si el preñado llegaba a su termino, había de sufrir la paciente, Elena Ramos, para terminarlo la histerotomía, o sea la operación cesárea en el saco que formaba la hernia, porque no sería posible la reducción de esta al vientre; que el resultado de la operación era temible y fatal para la madre, aunque fuera muy feliz para el feto, por la hemorragia que aquella había de sufrir, y por la inflamación que indudablemente resultaría en el útero y peritoneo.

Ledesma en su artículo dice que Ambroise Paré respecto a la cesárea dijo: “Id curationis genus quod periculi et despe rationis plenum est, minime usurpandum esse.” (Este tipo de tratamiento, que está lleno de peligro y desesperación, no debería utilizarse en absoluto.)

La Comisión de la Facultad de Medicina de Salamanca realizó consulta del caso a la Academia Médico-Quirúrgica del distrito que examinaron el caso y consideraron acertado el juicio y diagnostico del Dr. Julián Ledesma y dictaron contestación de aprobación el 7 de mayo de 1839.

La Comisión de la Facultad de Medicina quedó encargada de observar los progresos y lo demás que ocurriera, socorrer y auxiliar a la paciente en caso necesario

Operación Cesarea:

Dr. J. Ledesma realiza consulta de emergencia el día 7 de junio de 1839 a las 4 y media de la mañana. La paciente le comunica que ha “vertido aguas” y tiene molestias de parto.

Comprueba que se ha roto la bolsa amniótica, dice que comprobó que “se vertieron aguas, comprobando que eran similar a un parto normal, que salían por la vulva” y decide que se debe realizar una cesárea.”

La cesarea comienza a realizarse el día 7 de junio de 1839 a las 12 y media de la mañana.

El Dr. J. Ledesma realiza la primera incisión que corta los tegumentos que cubrían el saco y el peritoneo, quedando la matriz descubierta. “hice una abertura longitu­dinal , que me pareció más conveniente que el método trans­versal de Loverjat, con un bisturí convexo”

Después de haber examinado que la trompa de Falopio y ovario no se presentaban, ni habían sido interesadas estas partes

Segunda incisión: Abertura del útero, con el mayor cuidado para no herir a la criatura.

Se presentó una abundante hemorragia

La criatura estaba con las piernas dobladas hacia el vientre, la cabeza tocando a la parte del cuello que formaba el útero con el anillo inguinal.

Extraje la niña por los pies, aunque tuve que dilatar la abertura

La niña peso 6 libras y media (2944 grs) y de longitud medía 22 pulgadas (55,8 cms). Bien nutrida y sin lesión alguna exterior. Salió asfítica, dio pronto señales de vivir, sin que pueda temerse por su vida.

Extracción manual de la placenta antes de que el útero acabase de contraerse.

Después estuve expectante para que el útero se contrajera, aunque había preparada alguna nieve, el aspecto respetable y particular de la herida de la matriz me hizo variar la idea, y prescribí un baño de agua templada sobre la herida. La hemorragia cesó por el baño local templado

En principio descartó a reducir el utero a su sitio porque aunque estaba muy aumentado, decidió esperar hasta que estuviera más pequeño.

Aplico planchuelas,(compresas), de hilo delgado de aproximación y comprensivas.

El postoperatorio tuvo algunos días de fiebre y sangrando, pero con el tiempo la paciente se recuperó y al mes pudo incorporarse a su vida normal. La paciente y la niña se encontraban bien, vivas y sanas.

El día 8 de agosto de 1839 fue visitada la paciente por el Catedrático del Colegio de San Carlos de Madrid, el Dr. Callejo.  Inspeccionó a la madre y a la niña, celebrando el resultado de una operación importante y arriesgada.

El día 11 de agosto de 1839 salió de su casa la paciente Elena Ramos con su hija.  La hernia quedo muy reducida, formando un histerocele en el anillo inguinal por las adherencias.

El Dr. Ledesma afirma que la paciente continuara con su fecundidad y afirma que las trompas y los ovarios no han sido destruidas y que el estado de estas partes no se opondrán a una nueva concepción.

Lámina 1ª: Representa el saco formado por el útero en estado de gestación a los seis meses del embarazo. Del ejemplar de la Biblioteca Nacional de España

Lámina 2ª: Representa la salida de la niña por la abertura de seis pulgadas hecha en el útero, y los dos vasos sanguíneos que arrojaron mayor cantidad de sangre. Del ejemplar de la Biblioteca Nacional de España

 

Comentarios de Tomás Cabacas al  “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz” de Dr. D. Julián Ledesma. Profesor de Cirugía en el Hospital Municipal de Salamanca.  Año 1839.

Publicado y Editado en la Imprenta Boix de Madrid en el año 1840.

Publicado también en el Boletín de Medicina el número 211 de 10 de mayo de 1840.

Es el relato de un fenómeno raro de embarazo en un útero herniado en un hernia inguinal, que trata y describe el Dr. D. Julián Ledesma. Le sucede a la paciente Elena Ramos de Salamanca en el año 1939. Se describe la historia clínica, exploración y tratamiento quirúrgico del caso que realiza una cesárea.

El folleto o articulo tiene 23 páginas y dos láminas de litografías en color.

Comentarios sobre las cuestiones médicas del caso:

Sucede en Salamanca en el año 1839.

La paciente, Elena Ramos, tenía 42 años.  Habita tenido 6 partos naturales y tenía 6 hijos.

Era una familia de escasos medios económicos, que era asistida por la beneficiencia municipal.

Presentaba una hernia inguinal derecha después del primer parto y que ella sola se la reducía.

Se queda embarazada finales del año 1838.

Acude a su médico de cabecera D. Gumersindo Gándara y le comenta su situación.

La paciente debería ser muy trabajadora, tenía una hernia desde muy joven, ella le comenta a su médico que tenía mucho trabajo por obligación y por necesidad. También era valiente, porque ella sola se reducía la hernia, durante muchos años.

Paciente con experiencia y observadora, ella le comenta a su médico de cabecera que le parece que está embarazada y que nota un bulto que crece en la hernia.

El médico de cabecera desde el primer momento consulta con su cirujano de consulta de Beneficiencia, D. Juan Sánchez, y los dos  diagnostican “preñado extrauterino” , deciden consultarle el caso que le parece raro al profesor de cirugía de la Facultad de Medicina de Salamanca, Dr. D. Julián Ledesma.

La consulta se realiza el 25 de enero del año 1839 y la paciente probablemente se encuentra ya embarazada de 3 a 4 meses de gestación y el Dr. J. Ledesma decide visitar la paciente al día siguiente. Le acompañan en esta visita D. Gumersindo Gándara, médico de cabecera de la paciente, el cirujano de beneficiencia D. Juan Sánchez y D. Cristóbal Rodríguez Solano, profesor de la Facultad de Medicina de Salamanca. Los médicos desde el primer momento de la consulta diagnostican probable embarazo por los síntomas que tiene la paciente. En esta época no hay análisis de test de gestación.

 

El caso ya era conocido en muchos lugares de la ciudad, se comentaba que una mujer tenía un embarazo en el muslo. Esta noticia que corría por la ciudad despertó también el interés de los médicos de la época, por ello probablemente la consulta despertara curiosidad y tuvo tantos médicos en la consulta de la paciente.

La paciente era tan observadora que les comenta a los médicos en sus primeras consultas que ella tiene dudas de que el embrión pudiera estar vivo por la cantidad de maniobras, presión y empuje que ella había realizado en la hernia tratándola de reducirla.

La descripción minuciosa que realiza el Dr. Julián Ledesma ese día comprende más de dos páginas de datos que refleja en su artículo.

Ese día, el día 26 de enero, la paciente les refiere a los médicos que nota movimientos de criatura que le son parecidos a otros embarazos que ha tenido, por lo cual el embarazo podría ser de 4 meses (20 semanas).  Ella misma les dijo a los médicos que creía que su embarazo terminaría a finales de mayor o comienzos de junio. La paciente también relata cómo se notó el bulto y pensó en embarazo a los 3 meses, relata que ya le fue imposible reducir la hernia con el bulto.

El diagnostico de D. Juan Ledesma el día 26 de enero fue: “una hernia de la matriz, habiendo salido esta víscera por el anillo inguinal derecho con el producto de la concepción”. El caso era una hernia de la matriz, que había salido del vientre por el anillo inguinal derecho, llevando en sí e producto de la concepción, y constituyendo una hernia secundaria.”

Y Dr. J. Ledesma  dice en la primera consulta,(el día 26 de enero de 1839,) si el preñado llegaba a su término, había de sufrir la paciente, Elena Ramos, para terminarlo la histerotomía, o sea la operación cesárea en el saco que formaba la hernia, porque no sería posible la reducción de esta al vientre; que el resultado de la operación era temible y fatal para la madre, aunque fuera muy feliz para el feto, por la hemorragia que aquella había de sufrir, y por la inflamación que indudablemente resultaría en el útero y peritoneo.

El caso de la paciente Elena Ramos es inspeccionado y consultado con:

Gumersindo Gándara (médico de cabecera). D. Juan Sánchez, (cirujano de Salamanca de Beneficiencia) y D. Cristóbal Rodríguez Solano, (Profesor de la Facultad de Medicina de Salamanca)

Se informa al Ayuntamiento de Salamanca y este se lo comunica al subdelegado de medicina D. Ignacio Montes y  al delegado de cirugía D. Justo de la Riba.  Consultaron con los profesores de la Facultad de Medicina y se nombró una Comisión de seguimiento del caso formada por tres médicos y cuatro cirujanos que fueron: D. Francisco Rodríguez, D. Juan González Giménez y D. Gumersindo Gándara los médicos.  Los cirujanos de la comisión fueron: D. Pedro Velasco, D. Julián Ledesma, D. Facundo Gómez y D. Juan Sánchez.  Esta comisión se reunión en el domicilio de la paciente el día 2 de marzo de 1839.

Esta Comisión realizó consulta del caso a la Academia Médico-Quirúrgica del distrito que examinaron el caso y consideraron acertado el juicio y diagnóstico del Dr. Julián Ledesma y dictaron contestación de aprobación el 7 de mayo de 1839.

El 8 de mayo comienza el Dr. D. Julián Ledesma la auscultación fetal del caso que utilizó un estetoscopio de Pierre Adolphe Piorry, quien creó, en 1828, un fonendoscopio de madera y marfil, con acabado en forma de trompeta, más corto y mejor adaptado al oído.

El estetoscopio fue inventado por René Théophile-Hyacinthe Laennec (1781-1826), en 1816. El estetoscopio es un instrumento cilindrico de madera o metal descubierto por Laennec para facilitar la auscultación mono auricular de los sonidos cardiacos y respiratorios, posteriormente utilizado también para la auscultación de los sonidos en otras partes del cuerpo. Consta de un cilindro o tronco de cono hueco, que se apoya en la superficie corporal, unido a un disco circular, sobre el que el explorador apoya la oreja para practicar la auscultación directa. Fue el precedente histórico de los modernos fonendoscopios biauriculares. El estetoscopio es el precursor del fonendoscopio y este es el instrumento más común de los médicos, el más utilizado. Es casi un símbolo del médico después del caduceo de medicina. (la vara y la serpiente). La precursora de la auscultación fue la percusión que fue inventada por Auenbrugger Leopold en 1744 que fue un médico vienés que observando a su padre que era posadero percutía los toneles para saber si estaban vacíos o llenos y llegaba a saber el nivel del vino por la percusión con los dedos de la mano. Auenbrugger aplicó su talento para la percusión en tórax y averiguar el aire y las secreciones pulmonares. Posteriormente se desarrolló la auscultación. Primero la auscultación directa y posteriormente la indirecta con el estetoscopio. Pierre Adolphe Piorry, quien creó, en 1828, un fonendoscopio de madera y marfil, con acabado en forma de trompeta, más corto y mejor adaptado al oído.

El profesor D. Julián Ledesma con el estetoscopio de Piorry. Describe que el feto tiene entre 130 y 150 latidos por minuto y trata de localizar la placenta mediante el sonido de “pulsación placentaria” según las descripciones de Kergaradec, refiere que la localización de la placenta es muy importante para determinar el lugar de la incisión de la cesarea y para ello se detiene mucho tiempo tratando de precisar el lugar de inserción de la placenta en el embarazo de la paciente Elena Ramos.

Estetoscopio de Piorry

Jean Alexandre Le Jumeau de Kergaradec (1787–1877) fue un médico francés pionero en el campo de la obstetricia y la auscultación médica. Fue amigo y discípulo de René Laennec (inventor del estetoscopio) y ayudó a documentar y difundir cómo se originó el invento a partir de observaciones cotidianas. Su aportación fundamental a la medicina fue el descubrimiento de la auscultación fetal mediante el estetoscopio, instrumento que había sido inventado poco antes por René Laennec en 1816.

En 1821 Kergaradec tratando de escuchar los ruidos del líquido amniótico en mujeres embarazadas utilizando el estetoscopio de madera de Laennec, Kergaradec percibió dos sonidos distintos e inesperados. El latido cardíaco fetal, una pulsación rápida (alrededor de 140 latidos por minuto) que confirmó la vida y el bienestar del feto. Demostró que escuchar los latidos del corazón del feto era posible y útil, convirtiéndose en el primer signo seguro para diagnosticar el embarazo y evaluar la salud del feto.  Y el soplo placentario (o uterino), correspondiente al flujo sanguíneo en los vasos de la placenta. Presentó sus hallazgos ante la Académie Royale de Médecine de París y publicó su famosa memoria: Mémoire sur l’auscultation appliquée à l’étude de la grossesse (Memoria sobre la auscultación aplicada al estudio del embarazo).en 1822.  René Laennec reconoció y elogió públicamente el trabajo de Kergaradec, incorporando sus descubrimientos en la segunda edición de su tratado sobre auscultación (Traité de l’auscultation médiate, 1826).

En su obra de 1822 (Mémoire sur l’auscultation appliquée à l’étude de la grossesse), Jean Alexandre Le Jumeau de Kergaradec describió la técnica original para localizar e identificar el soplo placentario (también denominado soplo uterino o bruit placentaire).  Esta obra es citada en el pie de la página 8 por Dr. D. Julián Ledesma en su articulo

Kergaradec empleó el estetoscopio cilíndrico de madera monoaural diseñado por René Laennec. El soplo placentario está situado en el centro de la placenta y es un ruido soplante, suave, isócrono o jadeante, semejante al silbido del aire en una tubería. La intensidad del soplo varía según la localización del estetoscopio: alcanza su volumen máximo justo sobre el sitio de inserción placentaria y en las áreas de mayor engrosamiento vascular del miometrio.

 

Comentarios sobre la cesárea de Elena Ramos.

Dr. D. Julián Ledesma visita a la paciente en su domicilio el día 6 de junio de 1839 y esta le comenta que tiene molestias moderadas en el vientre.  Esa noche a las 4 y media de la madrugada avisan al Dr. J. Ledesma de nuevo porque aumentan las molestias de la embarazada y ha roto aguas.   Acude al domicilio el Dr. J. Ledesma y la Comisión y subdelegados que están presentes.

Comprueba que el liquido que ha expulsado la paciente es similar al percibido en otros partos.  Intenta dilatar el utero y comprueba que no es posible,  y a las 6 de la mañana propone a la comisión y subdelegados practicar una cesárea.  Se decide que la cesárea se realice a las 9 de la mañana.

Durante tode la mañana de este día existe una larga discusión sobre si de debe realizar la cesárea o no.  Los miembros de la comisión exponen sus razones citando diversos casos de casos de otras autoridades médicas.

A las 12 y media de la mañana la paciente presenta mas molestias y abatida. El profesor D. Julián Ledesma indica que no se puede demorar más el tiempo de realizar la cesárea y con el consentimiento de la paciente y el marido y los doctores comenzó a practicar la cesárea.

Comenta D. J. Ledesma que nunca ha realizado una cesárea en mujer viva, ni visto hacerla, pero que tiene abundante experiencia en haberla realizado en mujer embarazada muerta. También comenta que nunca ha visto un embarazo en una hernia.  Cita la mala experiencia de grandes profesores como Levret que indica se practique solo en mujer muerta. Ambroise Paré respecto a la cesárea dijo: “Id curationis genus quod periculi et despe rationis plenum est, minime usurpandum esse.” (Este tipo de tratamiento, que está lleno de peligro y desesperación, no debería utilizarse en absoluto.). Mauriceau creía que siempre seria mortal el resultado de la operación cesárea, y que si alguna se ha curado, que habría sido por milagro.

La cesárea comienza a realizarse el día 7 de junio de 1839 a las 12 y media de la mañana.

El Dr. J. Ledesma realiza la primera incisión que corta los tegumentos que cubrían el saco y el peritoneo, quedando la matriz descubierta. “hice una abertura longitu­dinal , que me pareció más conveniente que el método trans­versal de Loverjat, con un bisturí convexo”

La incisión de Loverjat, a veces citada como la operación de Loverjat es una variante técnica histórica de la cesárea atribuida al cirujano francés Guillaume-Jean Loverjat quien publicó en 1777 su célebre tratado Nouvelle méthode de faire l’opération césarienne. La incisión clásica era la longitudinal/vertical sobre la línea alba. Loverjat propuso realiza una incisión lateral u oblicua en la pared abdominal inferior, frecuentemente en la fosa ilíaca o el flanco, buscando evitar la línea blanca cetral y minimizando la dehiscencia directa en la zona umbilical. En el siglo XVIII, antes del advenimiento de la anestesia y la asepsia, uno de los mayores peligros era la inflamación peritoneal, la hemorragia descontrolada y la evisceración. Loverjat sostenía que al incidir lateralmente y de forma oblicua a través de la masa muscular de los oblicuos y el recto anterior, se lograba un mejor afrontamiento natural de los bordes al relajarse la musculatura tras el parto.

Después de haber examinado que la trompa de Falopio y ovario no se presentaban, ni habían sido interesadas estas partes

Segunda incisión: Abertura del útero, con el mayor cuidado para no herir a la criatura.

Se presentó una abundante hemorragia

La criatura estaba con las piernas dobladas hacia el vientre, la cabeza tocando a la parte del cuello que formaba el útero con el anillo inguinal.

Extrajo la niña por los pies, aunque tuve que dilatar la abertura

La niña peso 6 libras y media (2944 grs) y de longitud medía 22 pulgadas (55,8 cms). Bien nutrida y sin lesión alguna exterior. Salió asfítica, dio pronto señales de vivir, sin que pueda temerse por su vida.

Extracción manual de la placenta antes de que el útero acabase de contraerse.

Después estuvo expectante para que el útero se contrajera, aunque había preparado alguna nieve, el aspecto respetable y particular de la herida de la matriz hizo variar la idea, y prescribió un baño de agua templada sobre la herida. La hemorragia cesó por el baño local templado.

No realiza sutura de la incisión del útero, no menciona que realizara ninguna sutura, ni ligadura

En principio descartó a reducir el utero a su sitio porque aunque estaba muy aumentado, decidió esperar hasta que estuviera más pequeño.

Aplicó planchuelas,(compresas), de hilo delgado de aproximación y comprensivas.

El postoperatorio tuvo algunos días de fiebre y sangrando, pero con el tiempo la paciente se recuperó y al mes pudo incorporarse a su vida normal. La paciente y la niña se encontraban bien, vivas y sanas.

En el año 1839 no existían antibioticos. No se habían descubierto.

El día 8 de agosto de 1839 fue visitada la paciente por el Catedrático del Colegio de San Carlos de Madrid, el Dr. Callejo.  Inspeccionó a la madre y a la niña, celebrando el resultado de una operación importante y arriesgada.

El Dr. Juan Callejo o  Profesor Callejo.  Desempeñó su labor como catedrático de cirugía en el Colegio de San Carlos, participando activamente en la docencia de anatomía, operaciones e instrumentos quirúrgicos en una época de transición donde la cirugía comenzó a unificarse formalmente con la medicina. El Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, institución clave fundada por Carlos III para la modernización de la enseñanza médico-quirúrgica en España. Desempeñó su labor como catedrático de cirugía en el Colegio de San Carlos, participando activamente en la docencia de anatomía, operaciones e instrumentos quirúrgicos en una época de transición donde la cirugía comenzó a unificarse formalmente con la medicina. Publicó diversos discursos académicos, memorias y lecciones magistrales dirigidos a la formación de los estudiantes del colegio, abordando técnicas operatorias, vendajes y la práctica clínica basada en la observación metódica.

El día 11 de agosto de 1839 salió de su casa la paciente Elena Ramos con su hija.  La hernia quedo muy reducida, formando un histerocele en el anillo inguinal por las adherencias.

El Dr. Ledesma afirma que la paciente continuara con su fecundidad y afirma que las trompas y los ovarios no han sido destruidas y que el estado de estas partes no se opondrán a una nueva concepción.

Comentarios de Tomás Cabacas al folleto/ artículo “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz” de D. Julián Ledesma. Profesor de Cirugía en el Hospital Municipal de Salamanca en el año 1839.

El título completo del artículo es: Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz en estado de gestación, terminada felizmente por la operación cesárea, con la extracción de una niña viva, sana y de todo tiempo sin ulterior lesión de la madre, con observaciones curiosas de auscultación y percusión sobre el seno materna de la misma.

Publicado y Editado en la Imprenta Boix de Madrid en el año 1840.

Publicado también en el Boletín de Medicina el número 211 de 10 de mayo de 1840.

Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz consiste en un caso de embarazo en un útero herniado que trata y describe en un folleto y articulo realizado por el Dr. D. Julián Ledesma lo que le sucede a una paciente Elena Ramos de Salamanca en el año 1939.

La publicación tiene 23 hojas y dos láminas con litografías

Editadas por su autor

Existen tres ejemplares de la obra del Dr. Julián Ledesma.

  1. En la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Madrid.

Tiene una encuadernación de pastas duras y el título en una pegatina central.

Portada del ejemplar de la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Madrid

Lámina 1ª: Representa el saco formado por el útero en estado de gestación a los seis meses del embarazo.  Tiene mejor calografía que las restantes. Los colores están mas resaltados.

 

  1. En la Biblioteca Nacional de España de Madrid.

Este ejemplar le faltan algunas hojas de la descripción de la cesárea.

Portada del ejemplar de la Biblioteca Nacional de España en Madrid.

Lámina 1ª: Representa el saco formado por el útero en estado de gestación a los seis meses del embarazo

Lámina 2ª: Representa la salida de la niña por la abertura de seis pulgadas hecha en el útero, y los dos vasos sanguíneos que arrojaron mayor cantidad de sangre.

  1. En la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Valencia. Procede de la biblioteca de D. León Sánchez-Quintanar (1801-1877), fue catedrático de Patología Quirúrgica en la Universidad de Valencia, donado por sus hijos en 1893 a la Facultad de Medicina de Valencia.

 

El artículo “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”, consta de las siguientes partes:

  1. Carta Preámbulo del autor: D. Julián Ledesma. Tiene fecha de 9 de septiembre de 1839.
  2. Historia: Es la historia clínica de la paciente Elena Ramos de Salamanca (España)
  3. Auscultación: Aplicada a la preñez de Elena Ramos.
  4. De la Operación: Cesarea.
  5. Lámina 1ª: Representa el saco formado por el útero en estado de gestación a los seis meses del embarazo
  6. Lámina 2ª: Representa la salida de la niña por la abertura de seis pulgadas hecha en el útero, y los dos vasos sanguíneos que arrojaron mayor cantidad de sangre.

 

El folleto o artículo “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”, fue impreso en la Imprenta de Boix, frecuentemente figurada en las portadas como Imprenta de Boix  o Librería de Ignacio Boix o Imprenta de D. Ignacio Boix,  fue uno de los talleres tipográficos y establecimientos editoriales más activos y dinámicos del Madrid del segundo tercio del siglo XIX. Fundada y dirigida por el librero, impresor y editor Ignacio Boix y Blay, la imprenta estuvo ubicada principalmente en la céntrica calle de Carretas (con talleres y librerías en números como Carretas 8 y Carretas 27).

Durante las décadas de 1830 y 1840, coincidiendo con el florecimiento de la prensa periódica, el auge del Romanticismo y el proceso de modernización de la industria del libro en España, la imprenta de Boix se posicionó como un referente en la producción y distribución comercial de impresos. Publicó una amplísima variedad de narrativa, ensayo y teatro de la época. Editó importantes colecciones literarias en formato folletín o por entregas, un modelo comercial emergente que abarataba los costes y popularizaba la lectura entre las clases medias. Imprimió traducciones de tratados internacionales, manuales académicos, recopilaciones legislativas y obras médicas de referencia para médicos y cirujanos de la capital. También llevó a cabo impresiones por encargo para instituciones y publicaciones religiosas o de etiqueta, como devocionarios regios-

Editado por su autor D. Julián Ledesma que se reserva los derechos de autor.

Primera hoja del artículo “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”. Es del ejemplar de la Biblioteca Nacional de España

 

Las láminas del “Fenómeno raro de preñez o historia de una hernia de la matriz”. Fueron realizadas por el dibujante José Juan Camarón Meliá (1870-1819), pintor y grabador nacido en la ciudad de Segorbe, fue hijo de un artista clave del siglo XVIII valenciano, José Camarón Bonanat (1731-1803), y hermano del también pintor Manuel Camarón (1763-1806).  José Juan se formó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. En 1778 se presentó al concurso convocado por la Academia de San Fernando y obtuvo la plaza de pensionado en Roma, beca que le permitió estudiar en la capital italiana durante seis años. En abril de 1786 fue nombrado académico de mérito por la academia madrileña, meses más tarde recibió el mismo reconocimiento de la Academia de San Carlos. A partir de 1797 los títulos se sucedieron; este mismo año logró convertirse en vicedirector de pintura en la academia madrileña y en 1800 en director de pintura en la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro. Cinco años más tarde obtuvo la distinción de pintor de cámara. En 1816 recibió la dirección honoraria de la Real Academia de San Fernando y el rectorado de la nueva Escuela de Dibujo de la Merced. Falleció en Madrid en 1819.

 

Las Litografías son de Faure. Empresa de litografías que estuvo ubicada en el centro de Madrid, en la calle Postigo de San Martín, números 11 y 13. Desarrolló una intensa producción aproximadamente entre las décadas de 1820 y 1860. Imprimieron retratos de personalidades militares, políticos y nobles de la época (como los conservados en la Biblioteca Nacional de España). Fueron destacados productores de láminas populares compuestas por viñetas con pareados, destinadas a la divulgación de historias, biografías o sucesos. Realizaban trabajos de estampación por encargo para diversas publicaciones, prospectos y libros ilustrados en Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Corpus Medicorum Graecorum (CMG)

Corpus Medicorum Graecorum (CMG)

El Corpus Medicorum Graecorum (CMG) es la magna colección editorial concebida a principios del siglo XX por la Academia de las Ciencias de Berlín-Brandenburgo (junto con Copenhague y Leipzig) para publicar ediciones críticas estandarizadas de todos los autores médicos grecorromanos y bizantinos.

Su estructura se organiza en una jerarquía estricta por números romanos (autores), subnúmeros (obras/volúmenes) y secciones complementarias (traducciones y comentarios orientales).

El Corpus Medicorum Graecorum (CMG) es una de las empresas filológicas más ambiciosas de la historia de los estudios clásicos. Su trayectoria abarca más de un siglo de transformaciones políticas, académicas y tecnológicas.

El Corpus Medicorum Graecorum (CMG) fue concebido e impulsado a principios del siglo XX por el filólogo clásico alemán Hermann Diels junto con el filólogo danés Johan Ludvig Heiberg. En el año 1901, durante la primera reunión general de la Asociación Internacional de Academias en París, Heiberg le propuso a Diels crear una colección crítica de los textos médicos griegos de la antigüedad

En 1901, Diels impulsó la idea ante la Real Academia Prusiana de las Ciencias (Preußische Akademie der Wissenschaften). Para lograr una cobertura global de los manuscritos repartidos por Europa y Oriente Medio, en 1907-1908 fundó el proyecto formalmente dentro de la Asociación Internacional de Academias (International Association of Academies), uniendo los esfuerzos de las academias de Berlín, Leipzig, Copenhague y Viena.

El proyecto del Corpus Medicorum Graecorum se instituyó bajo el amparo de la Academia de Ciencias de Berlín (actual Berlin-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften, BBAW), en cooperación internacional con las academias de Copenhague y Leipzig. Actualmente, la BBAW continúa custodiando y editando tanto el Corpus Medicorum Graecorum como el Corpus Medicorum Latinorum.

 

 

Johan Ludvig Heiberg (1854–1928) fue un filólogo clásico e historiador de la ciencia danés, considerado una de las máximas autoridades mundiales en la recuperación y edición crítica de textos matemáticos, científicos y médicos de la antigüedad griega.

Nació en Dinamarca el 27 de noviembre de 1854. Estudió filología clásica en la Universidad de Copenhague, obteniendo el doctorado en 1879 con una tesis sobre las fuentes de Arquímedes. Tras unos años dedicados a la docencia secundaria, fue nombrado catedrático de Filología Clásica en la Universidad de Copenhague en 1896, cargo que ostentó hasta 1924.

Johan Ludvig Heiberg

Durante un viaje a Estambul en 1906, Heiberg examinó un manuscrito litúrgico en el monasterio del Santo Sepulcro y descubrió que debajo del texto religioso se ocultaba un palimpsesto con obras desconocidas de Arquímedes, entre ellas El Método de los Teoremas Mecánicos y el texto griego de Sobre los Cuerpos Flotantes.

Publicó las ediciones críticas definitivas en griego de Euclides (Elementos), Arquímedes, Apolonio de Perga, Ptolomeo y el matemático bizantino Hero de Alejandría.

Además de impulsar en 1901 la creación del Corpus Medicorum Graecorum (CMG) junto a Hermann Diels, realizó ediciones críticas cruciales de tratados de Galeno, Paulus Aegineta (Pablo de Egina) y Sorano de Éfeso.

Heiberg examinó los códices conservados en las bibliotecas de París, la Vaticana, Venecia, Oxford y Florencia. En lugar de aceptar lecturas de ediciones renacentistas anteriores (como la Aldina de 1528 o la de Basilea de 1538), examinó directamente los pergaminos manuscritos para rastrear errores de copia pasados. Identificó las relaciones filiales entre los códices sobrevivientes. Clasificó las copias medievales en familias y demostró que el Parisinus graecus 2205 (Siglo X) representaba la rama más pura e independiente del texto, utilizándolo como el códice guía (codex optimus) para la mayor parte de la obra.

Heiberg comparó las distintas familias manuscritas para detectar y eliminar estas adiciones espurias (delendo), aislando la redacción original del siglo VII de los agregados posteriores. En el margen inferior de su edición en griego, Heiberg documentó cada variante de lectura encontrada en los manuscritos analizados. De este modo, cualquier investigador moderno puede comprobar qué palabra exacta figuraba en el Parisinus 2205, en el Vaticanus 278 o en el Marcianus 269, y juzgar por qué decisión léxica optó el editor. Aunque se centró en la recensión griega, Heiberg tuvo en cuenta las citas de Pablo que aparecían en compiladores bizantinos posteriores (como Aecio de Amida u Oribasio) y las referencias del Kunnāsh árabe traducido por Hunayn ibn Ishaq, lo que le permitió resolver pasajes oscuros o dañados en la tradición manuscrita griega.

La edición crítica de Heiberg (Paulus Aegineta, CMG IX.1 y IX.2) sustituyó a todas las impresiones anteriores y continúa siendo, un siglo después, el texto griego de referencia internacional estándar utilizado por filólogos, historiadores de la medicina y traductores modernos para estudiar la obra de Pablo de Egina.

Falleció el 4 de enero de 1928 en Copenhague, dejando un legado filológico que fijó el canon moderno de la ciencia helenística.

 

Hermann Alexander Diels (1848–1922) fue un erudito, filólogo e historiador de la filosofía alemán. Es recordado como una de las figuras más influyentes en la historia de la filología clásica por sistematizar la doxografía antigua y por recopilar los fragmentos de los filósofos presocráticos.

Nació en Biebrich (Wiesbaden) el 18 de mayo de 1848. Estudió filología clásica en las universidades de Bonn y Berlín, formándose bajo la tutela de figuras eminentes como Hermann Usener. Tras trabajar unos años en la enseñanza secundaria, en 1882 fue nombrado profesor extraordinario de la Universidad de Berlín, donde ocupó la cátedra de Filología Clásica desde 1886 hasta su jubilación en 1921. Fue también un influyente secretario de la Real Academia Prusiana de las Ciencias.

Hermann Alexander Diels

Analizó metódicamente las fuentes de las que procede el conocimiento sobre los filósofos antiguos, reconstruyendo la tradición doxográfica que se remonta a Teofrasto.

Su obra más célebre Die Fragmente der Vorsokratiker (1903):  (Los fragmentos de los presocráticos). Estableció la metodología estándar de catalogación (conocida como numeración Diels-Kranz, tras las revisiones posteriores de Walther Kranz) dividida en testimonios sobre la vida y pensamiento (A) y fragmentos directos (B).

Organizador y gestor científico, promovió activamente en la Academia Prusiana la creación de grandes recopilaciones de textos antiguos, impulsando la edición de comentarios a Aristóteles (Commentaria in Aristotelem Graeca) y el proyecto del Corpus Medicorum Graecorum CMG junto a Johan Ludvig Heiberg.

Publicó estudios pioneros sobre la tecnología y la ciencia en la antigüedad clásica, como Antike Technik (1914).

Falleció el 4 de junio de 1922 en Dahlem, Berlín, habiendo sentado las bases metodológicas con las que hoy se sigue estudiando el pensamiento griego arcaico.

 

Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff (1848–1931)

Enno Friedrich Wichard Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff (1848–1931). Fue un filólogo clásico y profesor alemán, ampliamente reconocido como la figura académica más influyente de las ciencias de la antigüedad (Altertumswissenschaft) de finales del siglo XIX y principios del XX.

Nació el 22 de diciembre de 1848 en Markowitz (Posen, actual Polonia) en el seno de una familia aristocrática prusiana. Se educó en la célebre escuela de Schulpforta y estudió Filología Clásica en las universidades de Bonn y Berlín, donde entabló una estrecha amistad con Hermann Diels. Tras participar en la guerra franco-prusiana (1870-1871) y realizar un periplo de estudio por Italia y Grecia, obtuvo su habilitación académica en Berlín en 1874.

Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff

Siendo un joven doctor, Wilamowitz publicó el panfleto Zukunftsphilologie! («¡Filología del futuro!»), donde criticó duramente El nacimiento de la tragedia de Friedrich Nietzsche. Defendió el rigor histórico-filológico frente a las intuiciones metafísicas de Nietzsche y Erwin Rohde, en una de las controversias académicas más famosas del siglo XIX.

Fue profesor ordinario en Gryfino (Greifswald, 1876), Gotinga (1883) y finalmente en la Universidad de Berlín (1897-1921), donde sucedió a Ernst Curtius y se consolidó como el patriarca indiscutible de la filología alemana.

Realizó ediciones críticas, comentarios y traducciones monumentales de Esquilo, Sófocles, Eurípides (Heracles) y Píndaro, redefiniendo la metodología de la métrica y la historia del teatro griego.

Publicó Aristóteles y Atenas (1893), estudio clave tras el descubrimiento de la Constitución de los atenienses

Como figura influyente de la Real Academia Prusiana de las Ciencias, promovió las Inscriptiones Graecae y apoyó decididamente proyectos multidisciplinares como el Corpus Medicorum Graecorum (CMG).

Tuvo una relación fundamental con el Corpus Medicorum Graecorum (CMG) en calidad de organizador, promotor institucional y supervisor académico dentro de la Real Academia Prusiana de las Ciencias. Como figura académica más dominante de la filología clásica en Alemania y máximo responsable de proyectos de la Academia Prusiana de Berlín, Wilamowitz impulsó las grandes empresas editoriales científicas de su época (entre las que destacaban el CMG y las Inscriptiones Graecae).

Fue amigo íntimo y colega de Hermann Diels desde sus años de formación universitaria en Bonn. Cuando Diels presentó y comenzó a coordinar el proyecto del CMG a partir de 1901 en Berlín, Wilamowitz formó parte de la comisión directiva de la Academia que respaldó, financió y supervisó el proyecto.

Falleció el 25 de septiembre de 1931 en Berlín, dejando una vasta producción bibliográfica que marcó la filología clásica moderna.

Tras el fallecimiento de Diels en 1922, Wilamowitz continuó apoyando la preservación y continuidad del proyecto en la Academia de Berlín.

 

 

Etapas del Corpus Medicorum Graecorum (CMG)

 

Primera Etapa del Corpus Medicorum Graecorum (CMG) del año 1901 al 1908.

En 1901, Diels impulsó la idea ante la Real Academia Prusiana de las Ciencias (Preußische Akademie der Wissenschaften). Para lograr una cobertura global de los manuscritos repartidos por Europa y Oriente Medio, en 1907-1908 fundó el proyecto formalmente dentro de la Asociación Internacional de Academias (International Association of Academies), uniendo los esfuerzos de las academias de Berlín, Leipzig, Copenhague y Viena.

La primera fase metodológica bajo la dirección de Diels consistió en censar los manuscritos de medicina griega conservados en bibliotecas de todo el mundo. Fruto de ello fue el catálogo provisional * Die Handschriften der antiken Ärzte* (1905–1907), que sentó las bases para los futuros aparatos críticos.

 

Periodo y Crecimiento del Corpus Medicorum Graecorum (CMG) y reestructuración de entreguerras (1908–1945)

En 1908 se estableció la sede definitiva de la redacción en Berlín bajo la dirección de la Academia Prusiana.

Primeros volúmenes: Los primeros tomos editados abarcaban autores fundamentales de la Antigüedad y de la Antigüedad Tardía (como Areteo de Capadocia o Galeno).

Incorporación del Corpus Medicorum Latinorum (CML): Poco después se amplió el programa para incluir a los autores médicos latinos (como Celso, Scribonius Largus o Vindiciano) bajo la serie paralela CML.

Impacto geopolítico: La Primera Guerra Mundial y la fragmentación geopolítica posterior destruyeron el marco de cooperación académica internacional, por lo que la Academia de Berlín asumió la gestión y financiación casi en exclusiva.

 

La etapa de la RDA y la Guerra Fría del del Corpus Medicorum Graecorum (CMG)  (1946–1989)

Tras la Segunda Guerra Mundial, la sede del proyecto quedó en el sector oriental de Berlín, dentro de la Deutsche Akademie der Wissenschaften zu Berlin (renombrada en 1972 como Academia de Ciencias de la RDA).

A pesar del aislamiento político de la Alemania Oriental y los escasos recursos, el centro mantuvo una rigurosidad científica ejemplar. Destacan dos importantes avances de esta época:

Atención a la tradición oriental: Se consolidó el CMG Supplementum Orientale, centrado en la edición de textos médicos griegos conservados únicamente en traducciones medievales al árabe o siríaco (una vía crítica indispensable para la reconstrucción de pasajes perdidos de Galeno u Oribasio).

Internalización de colaboradores: Se recurrió a especialistas internacionales de Europa Occidental y Norteamérica para mantener el ritmo de publicación sin ceder a sesgos ideológicos.

 

 

Reunificación y la era digital (1990–Presente) del del Corpus Medicorum Graecorum (CMG)

 

Tras la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana, el proyecto pasó a integrarse en la Academia de Ciencias de Berlín-Brandenburgo (Berlin-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften, BBAW).

Acceso Abierto (Open Access): El CMG fue pionero en la digitalización sistemática de su fondo científico. La BBAW puso a disposición del público en formato digital la práctica totalidad de sus volúmenes impresos fuera de copyright comercial, facilitando el acceso a facsímiles, catálogos e índices terminológicos.

Proyectos de investigación vinculados: En las últimas décadas, el equipo ha desarrollado líneas de investigación paralelas de gran calado, como el proyecto centrado en la transmisión e interpretación de Galeno de Pérgamo (Galen of Pergamum: The Transmission, Interpretation and Completion of Ancient Medicine).

Edición crítica continua: El proyecto sigue publicando volúmenes críticos con traducciones modernas (en alemán, inglés u otras lenguas modernas) y amplios comentarios filológicos e históricos. Volúmenes recientes dedicados a tratados del Corpus Hippocraticum o al De locis affectis y Methodus medendi de Galeno demuestran que el CMG continúa siendo el estándar filológico internacional indiscutible para el estudio de la ciencia médica clásica.

 

La Serie Principal del Corpus Medicorum Graecorum (CMG). (Números Romanos por Autor).

 

La colección asigna un número romano fijo a cada gran médico o periodo dentro de la literatura médica griega:

 

Serie CMG Autor / Período Teórico Contenido / Obras Representativas
CMG I Corpus Hippocraticum Hipócrates y los tratados anónimos de la escuela de Cos y Cnido (Aforismos, Sobre el aire, aguas y lugares, Epidemiología).
CMG II Autores Menores y Helenísticos Antilo, Filumenos, Apolonio de Kitión y fragmentos de Herófilo y Erasístrato.
CMG III Sorano de Éfeso Gynaekeia (Ginecología) y tratados de vendajes y fracturas.
CMG IV Arecio de Capadocia Tratados sobre las causas y síntomas de las enfermedades agudas y crónicas.
CMG V Galeno de Pérgamo La sección más extensa del corpus: comprende los volúmenes para sus tratados anatómicos, fisiológicos, terapéuticos y sus comentarios a Hipócrates.
CMG VI Oribasio de Pérgamo Collectiones medicae (Compilación médica del médico del emperador Juliano el Apóstata).
CMG VII Aecio de Amida Libri medicinales (Enciclopedia médica bizantina en 16 libros).
CMG VIII Alejandro de Tralles Tratados sobre patología interna, fiebres y vermes.
CMG IX Pablo de Egina CMG IX.1: Libros I-IV; CMG IX.2: Libros V-VII (edición de J. L. Heiberg).
CMG X Autores Bizantinos Tardíos Teófilo Protospatario, Esteban de Alejandría, Juan Actuario y tratados de orinas/pulsos.

 

 

Series Complementarias y Colecciones Paralelas

Dado que muchos textos griegos originales se perdieron pero sobrevivieron en Oriente, la institución estructuró dos series paralelas fundamentales:

CMO (Corpus Medicorum Latinorum / CML): Colección dedicada a los autores médicos que escribieron originalmente en latín (Caelio Aureliano, Celso, Marcelo Empírico, Scribonius Largus).

CMG Supplementum: Dedicado a monografías, estudios filológicos específicos e índices lexicográficos.

CMG Supplementum Orientale: Reservado a las traducciones árabes, siríacas y armenias de textos griegos cuya versión original en griego se ha perdido (como varios tratados perdidos de Galeno conservados solo en las traducciones de Hunayn ibn Ishaq).

 

 

Estructura Interna de una Página del Corpus Medicorum Graecorum (CMG)

 

Cada volumen publicado bajo las siglas CMG sigue un esquema tipográfico y filológico tripartito idéntico:

  1. Texto Griego Restablecido (Parte Superior): El texto limpio fijado por el editor filólogo mediante la colación de manuscritos, con la numeración estandarizada de páginas y líneas en el margen externo.
  2. Testimonia (Franja Intermedia): Registro de referencias cruzadas que indica en qué otros autores antiguos o árabes (como Rhazes, Avicena u Oribasio) se cita o menciona ese pasaje exacto.
  3. Apparatus Criticus (Aparato Crítico en la Base): Registro detallado donde se desglosan las variantes de lectura, errores de copistas y correcciones (coniecturae) de todos los manuscritos medievales examinados (p. ej., Parisinus 2205, Vaticanus 278).

 

 

 

Autores de época helenística y altoimperial

Médico / Autor Cronología Obras destacadas en el CMG Interés e importancia histórica
Sorano de Éfeso s. I–II d.C. Gynaecologia (CMG IV) Principal representante de la escuela metódica. Su manual de ginecología, obstetricia y neonatología fue la referencia absoluta hasta la Edad Moderna.
Rufos de Éfeso s. I–II d.C. De anatomia partium hominis, Quaestiones medicinales (CMG III) Anatomista brillante pre-galénico. Destaca por sus descripciones del ojo, el sistema urinario y la importancia del interrogatorio clínico al paciente.
Areteo de Capadocia s. II d.C. De causis et signis morborum, De curatione morborum (CMG II) Afín a la escuela pneumática. Famoso por sus descripciones clínicas incisivas de patologías como la diabetes, la celiaquía, la epilepsia y los trastornos afectivos.
Antilo s. II d.C. Fragmentos conservados en compilaciones (CMG Supplementum) Cirujano de primer orden. Pionero en la técnica de traqueotomía y en la cirugía del aneurisma mediante doble ligadura.

 

 

Heliodoro (s. I–II d.C.): Cirujano metódico cuyas técnicas quirúrgicas (como la ligadura de vasos, el tratamiento de hernia, amputaciones y traumatología craneal) influyeron directamente en Oribasio. Sus pasajes clave se encuentran editados dentro del CMG Supplementum.

 

Enciclopedistas y médicos de la Antigüedad Tardía y Bizancio en el Corpus Medicorum Graecorum (CMG)

 

A partir del siglo IV d.C., la medicina griega se volcó en la sistematización, compilación y comentario del legado hipocrático y galénico. El CMG ha dedicado volúmenes clave a estos autores:

  • Oribasio de Pérgamo (c. 325–403 d.C.) — CMG VI, 1-3
    • Médico personal del emperador Juliano el Apóstata. Compiló las Collectiones medicae en 70 libros (de los que se conservan 25), salvaguardando numerosos fragmentos de autores helenísticos cuyos textos originales se perdieron.
  • Aecio de Amida (s. VI d.C.) — CMG VIII
    • Médico en la corte de Constantinopla. Su trabajo (Tetrabiblon) destaca por sus detallados tratados sobre oftalmología, toxicología y ginecología, incorporando remedios mágicos y fórmulas farmacológicas complejas.
  • Pablo de Egina (s. VII d.C.) — CMG IX, 1-2
    • Autor del Epitome, una enciclopedia médica en 7 libros. Su Libro VI sobre cirugía fue el manual de referencia en todo el Mediterráneo y ejerció una influencia decisiva en la cirugía islámica posterior (especialmente en Abulcasis).
  • Teófilo Protospatario (s. VII d.C.) — CMG Supplementum
    • Figura clave de la medicina protobizantina. Destaca por su tratado sobre la orina (De urinis) y sobre las heces, sentando las bases de la uroscopia medieval.

 

Comentadores y traductores alejandrinos

El Corpus Medicorum Graecorum (CMG) incluye también ediciones de los comentarios elaborados en la escuela de Alejandría durante los siglos VI y VII d.C.:

Esteban de Alejandría y Juan de Alejandría (CMG XI): Comentarios áulicos a los Aforismos y al Prognóstico de Hipócrates, así como al De sectis de Galeno, indispensables para comprender la enseñanza médica universitaria tardoantigua.

 

 

La Ginecología de Pablo de Egina

La Ginecología de Pablo de Egina

La Ginecología de Pablo de Egina esta descrita en su obra Epitomae medicae libri septem (Compendio médico en siete libros), también llamada “Libri Septem” o en algunos sitios también se denomina “De Re medica” de Pablo de Egina, una enciclopedia que resumía todo el saber médico grecorromano, basándose ampliamente en Hipócrates,  Galeno, Sorano de Éfeso, Celso, Alejandro de Tralles, Oribasio y Aecio de Amida. Según el análisis de la obra parece ser que existen mucha similitud en la descripciones de la enfermedad y en la larga lista de prescripciones que realiza que se asemeja a los textos de Aecio de Amida.

Esta obra fue traducida al árabe por Hunayn ibn Ishaq, influyendo profundamente en médicos como Albucasis, Avicena y Rhazes influyentes en el mundo islámico.

Portada de la obra de Pablo de Egina. Edición del año 1528

 

Epitomae medicae libri septem está dividida en 6 libros:

  • Libro I: Higiene, nutrición y régimen de vida.
  • Libro II: Fiebres y sintomatología general.
  • Libro III: Enfermedades por regiones anatómicas (de la cabeza a los pies).
  • Libro IV: Afecciones cutáneas y parasitosis.
  • Libro V: Venenos, mordeduras y ponzoñas.
  • Libro VI: Cirugía (el más famoso e innovador). Describe técnicas de traqueotomía, litotomía renal y vesical, reparación de hernias, mastectomías, paracentesis y reducción de fracturas.
  • Libro VII: Materia médica y farmacología.

 

Sobre Ginecología y Obstetricia no tiene una obra especifica sino  que  dedicó parte de sus escritos a la atención del parto y patologías uterinas.

Pablo de Egina no menciona ni describe la anatomía de los órganos generativos de la mujer. Tampoco describe las desviaciones uterinas.

No menciona la versión podálica.

En Libro I. En la parte final del primer libro, se centra en la ginecología clínica y la obstetricia médica no invasiva:

La obra Epitomae medicae libri septem, de Pablo de Egina está escrita en griego, en este trozo de texto se refiere al tratamiento de las convulsiones de una embarazada.

Pablo de Egina dice:

“χρὴ δὲ καὶ τοῖς ὀσφραντοῖς τὴν αἴσθησιν ἐρεθίζειν, οἷον πευκεδάνῳ, Κυρη-

ναϊκῷ ὀπῷ, ἀσφάλτῳ, κεδρίᾳ, πίσσῃ· μετὰ δὲ τοὺς παροξυσμούς, εἰ μηδὲν

κωλύοι, φλεβοτομίᾳ χρηστέον ἀπ’ ἀγκῶνος. μηδὲν δὲ ὑπείκοντος τοῦ

παροξυσμοῦ τὰ μὲν ἄκρα σιναπισμῷ καταληπτέον, σικύαν δὲ κολλητέον

τοῖς ὑποχονδρίοις. μὴ γενομένης δὲ πρὸς ταῦτα ἀνοχῆς ὀλίγη μὲν ἐλπίς,

ὅμως δὲ θαρσαλέως ὁ ἰατρὸς καστόριον βιαζόμενος ἐγχείτω τῷ στόματι καὶ

ὀπὸν Κυρηναϊκὸν μετὰ μέλιτος καὶ ὄξους καὶ δι’ ἕδρας ἐνιέτω κενταυρίου

ἀφέψημα ἢ κολοκυνθίδος. τοὺς δὲ διαναστάντας ἐκ τῆς ἐπιληψίας μετὰ

τὴν ἀνάληψιν τῇ διὰ τῆς ἱερᾶς καθάρσει κενωτέον”

 

Traducción del texto anterior sobre el tratamiento de las convulsiones en el embarazo

“También es útil estimular el sentido del olfato con pino, aceite de Cirenaica, asfalto, cedro y alquitrán; y después de los paroxismos, si no hay obstrucción, se practica la flebotomía por el codo. Si no hay paroxismos, se cubren las extremidades con emplasto de mostaza y se colocan higos secos en el hipocondrio. Pero al no poder tolerar esto, con un poco de esperanza,pero no sin valor, el médico, apresurado a tomar aceite de ricino, lo vertía en la boca, y ungüento de Cirenaica con miel y vinagre, e inyectaba por la silla una decocción de centaurea o calabaza. Y a quienes se recuperaban de la epilepsia, tras la ascensión de los santos, purificaba al paciente.”

 

La matrona debe introducir la mano previamente untada en aceite, disponiendo los dedos en forma de cono, formando una figura de punta de lanza o brote de mirto,  para atravesar el cérvix con la menor resistencia posible

Recomienda cuidados de la mujer gestante, nutrición y prevención de abortos.

Describe el parto natural, distocias leves y los primeros cuidados del recién nacido, corte del cordón umbilical, lactancia y fajado.

Considera normales o naturales las posiciones cefálicas y de pie. Cuando el feto adopta una posición anormal debe conseguirse la normal. Si sobresalen las manos o los pies, no se debe tirar de ellos, pues entonces aún se hacen más procidentes y pueden luxarse o arrancarse Es preferible reponerlos, procurando reconstituir la presentación natural.

No menciona la versión podálica ni maniobras para esta posición.

Refiere trastornos menstruales (amenorrea, menorragia), inflamación uterina y flujo vaginal.

Recomienda los baños de asiento para provocar la menstruación. También pueden servir los emenagogos y los cocimientos de ciertas substancias, incluso los supositorios pueden determinar la menstruación.

En las ulceraciones del útero dice “cuando la boca del útero se abre” se debe realizar dieta y los fomentos que se usen sean de carácter desecante y astringente.

 

 

En el libro III describe enfermedades de la mujer en los capítulos 60 a 76. Describe lo  siguiente:

Llama “mola” al fibroma uterino, dice:

“La mola es también un tumor escirroso, que se forma unas veces en la boca y otras en el cuerpo de la matriz, que da al tacto una sensación pétrea y va acompañado de la retracción de las partes situadas por encima, con emaciación, palidez, pérdida de apetito, retención de las reglas y tumefacción de las mamas, de suerte que en ciertos casos despierta al principio sospechas de concepción.”

En las amenorreas dice:

“En casos de supresión de la regla, si ésta es debida a afección primaria de las partes internas, debemos primero dirigir nuestra atención en particular a la curación de la parte originalmente afecta y luego pensar en el útero. Cuando no exista parte alguna afecta, significa que el útero es el asiento primario de la dolencia y hemos de recurrir a la flebotomía, pero no antes del periodo regular de la menstruación, sino diez días después.”

 

 

Libro VI que trata de cirugía describe intervenciones ginecológicas en los capítulos 60 a 75. En su célebre libro quirúrgico, describe con detalle las intervenciones instrumentalizadas y quirúrgicas del aparato reproductor femenino.

Describe la embriotomía (extracción destructiva del feto en partos obstruidos con resultado de muerte fetal) y la versión podálica.

Relata Intervenciones como la extirpación de pólipos uterinos, extirpación de carúnculas y el tratamiento del prolapso uterino, abscesos del cérvix y suturas perineales

En el Libro VI, en capítulo 73. Está dedicado a la inspección del útero y las afecciones de la matriz, Pablo de Egina aconseja el uso del dioptra o especulo vaginal (dioptra gynekeia) para la exploración y tratamiento del cérvix. Expone de forma metódica el uso de la dioptra o espéculo vaginal. Su descripción destaca por la selección rigurosa del instrumento, la posición anatómica de la paciente y la técnica de dilatación mecánica mediante tornillo.

Pablo de Egina en este capítulo dice:

“El cirujano debe adecuar el tamaño del espéculo a la anatomía y edad de la paciente

Para facilitar la visualización del cuello uterino y del canal vaginal, la mujer debe estar sentada sobre una silla alta y se levanta sus muslos sujetándose las rodillas con sus propias manos. Debajo de los pies se colocaba un soporte para disminuir el esfuerzo. Las piernas deben mantenerse flexionados hacia el abdomen y las rodillas separadas. La pelvis debe estar elevada para permitir que la luz natural penetrase adecuadamente en la cavidad.

La introducción de la dioptra (espéculo) se realizará entre el cirujano y un ayudante.  El cirujano lubrica la dioptra con aceite de oliva tibio e introduce las valvas cerradas en el conducto vaginal con extrema delicadeza. Una vez insertado, el operador sostiene firmemente el instrumento mientras el asistente gira el tornillo roscado (strophylos) situado en el mango. Al girar el mecanismo, las valvas o palas se separan mecánicamente, expandiendo las paredes vaginales sin deslizar el instrumento. Una vez dilatado el canal, el cirujano inspecciona directamente el cérvix y las paredes en busca de úlceras, pólipos, abscesos, fisuras o inflamaciones.”

La traducción realizada por Francis Adams de Londres  sobre Pablo de Egina y Publicado en 1844 dice en la página 623 que Pablo de Egineta dice en su Libro VI

“El operador debe hacer el examen con un especulo (dioptra) proporcionado a la edad de la paciente. La persona que usa el especulo debe medir con una sonda la profundidad de la vagina de la mujer no sea que el priapiscus del especulo (dioptra) sea demasiado largo y suceda que se presione el útero. Si se determina que el tubo es más largo que la vagina de la mujer se deben colocar compresas dobladas sobre los labios para que se pueda colocar el especulo sobre ellos. El priapiscus debe introducirse mientras el tornillo está en la parte superior. El especulo debe ser sostenido por el operado. El tornillo debe ser girado por el asistente de modo que las palas del tubo al separarse la vagina puedan expandirse.”

El espéculo vaginal descrito por Pablo de Egina en el siglo VII d. C. (dioptra) y los espéculos metálicos hallados en los yacimientos de Pompeya y Herculano (siglo I d. C., conservados principalmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles) y otros espéculos similares encontrados en Atenas, Roma, Mérida (España) y Dión (Grecia), corresponden a la misma tradición instrumental del mundo grecorromano. A pesar de los seis siglos de diferencia entre la erupción del Vesubio (79 d. C.) y la época de Pablo de Egina (c. 642 d. C.), la comparación demuestra un diseño mecánico idéntico y plenamente estandarizado. Tanto las piezas arqueológicas de Pompeya como el texto de Pablo de Egina describen un espéculo de tres o cuatro valvas articuladas (trivalvo o tetra-valvo). El instrumento no se abría mediante presión manual como una pinza, sino mediante un eje roscado o husillo vertical que, al girarse, hacía abrir mecánicamente las palas expansoras de forma uniforme y progresiva. La descripción del procedimiento en el Epitomae medicae encaja perfectamente con el funcionamiento de los espéculos de Pompeya: el cirujano sostiene el instrumento alineado e introduce las valvas plegadas, mientras un ayudante gira la rosca para expandir el canal vaginal sin desviar el eje de inspección.

En el año 1993 en las excavaciones en Dion dirigidas por Dimitris Pandermalis se encontró un espéculo vaginal de bronce que es igual que los que se han encontrado en Pompeya, Mérida y Atenas. Es un espéculo vaginal trivalvo de bronce de 220 mms de longitud, similar a los descritos. El Espéculo vaginal romano de Dion se llama así por haber sido encontrado en la ciudad de Dion.  Ciudad griega antigua de Macedonia Central en la unidad de Pieria (Norte de Grecia) a 86 Kms de Tesalónica. Tiene un yacimiento arqueológico de la antigüedad que data del siglo VI a.C. y un Museo Arqueológico. Las excavaciones desde hace dos décadas han sido dirigidas por el arqueólogo Dimitris Pandermalis. Este espéculo es similar al descrito en sus textos Pablo de Egina y probablemente se utilizar uno similar porque Dion está situada también en Grecia y en Atenas se ha encontrado otro espéculo similar.

Espéculo de Dion (Grecia)

 

En el año 1993 en las excavaciones en Dion dirigidas por Dimitris Pandermalis se encontró un espéculo vaginal de bronce que es igual que los que se han encontrado en Pompeya, Mérida y Atenas. Es un espéculo vaginal trivalvo de bronce de 220 mm de longitud.

 

Pablo de Egina también describe otros instrumentos como son: El trocar, la sonda, cánulas, un instrumento triturador para las hemorroides, el cauterio y el empleo “juicioso” de las ligaduras.

Describe el absceso de útero, dice: “el phimus se observa en torno a la boca del útero, a continuación de la ulceración, o de inflamación que termina en escirro”.

“A veces hay hinchazón en la región del pubis y una sensación como de fluctuación, cuando el absceso es grande en las partes más expuestas se descubre por medio del instrumento quirúrgico llamado dioptra o toque del dedo y siendo los dolores más violentos por la naturaleza nerviosa de la vagina.”

 

Descripción del texto donde Pablo de Egina describe como se tratan las intervenciones en el peritoneo y la pared abdominal.

“Se considera a continuación como deben tratarse las heridas del peritoneo. Si la herida es pequeña, de suerte que el intestino prolapsado y distendido por el aire no puede ser reintegrado a su lugar, será necesario evacuar el flato o agrandar la herida. La primera medida es la mejor con tal de que sea posible. Pero puede hacerse esto con mayores probabilidades eliminando la causa que mantiene la inflación de los intestinos. La causa es la congelación del aire circundante, y así la cura debe hacerse por calentamiento. Por ello deberá empaparse una esponja en agua caliente, y después de exprimida se aplicará como fomento al intestino. Entre tanto se pone a calentar vino agrio, pues produce más calor que el agua y comunica fuerza a los intestinos. Si después de haber recurrido a todo esto el intestino sigue inflado, hemos de seccionar tanto peritoneo como requiera el intestino prolapsado.

El instrumento recto llamado siringótomo, usado para operar las fístulas, es muy adecuado para esta incisión.

La mejor posición del paciente es la echada cuando la herida está en la parte baja; cuando esté en la parte derecha puede echarse sobre el lado izquierdo y viceversa; esto es común en las heridas grandes y en las pequeñas.

Pero en la reposición del intestino en su lugar cuando la herida es extensa, requiere un ayudante hábil, pues debe hacer presa de la herida internamente con sus manos y contraerla y comprimirla un poco a fin de exponer siempre una pequeña porción al que le cose; además, debe comprimir con moderación lo que está cosido hasta que todo lo esté.

A continuación debemos explicar el modo más conveniente de practicar la operación llamada gastrorrafia. Puesto que el abdomen debe estar unido al peritoneo, hemos de comenzar pasando una aguja a través de la piel desde fuera a dentro; pero cuando se ha atravesado la piel y todo el músculo recto, pasando por el peritoneo adyacente, debemos empujar la aguja desde dentro a través de la otra parte del peritoneo y así desde dentro y hacia fuera a través de esta parte del abdomen y, pasando por la porción adyacente del peritoneo, empezar de nuevo desde el lado opuesta de esta membrana, perforarla de dentro a fuera y al mismo tiempo todas las demás partes del abdomen; luego, empezando de nuevo des aquí, se cose con la membrana opuesta y después se transmite desde la piel vecina hacia fuera; esto se hace repetidamente hasta que toda la herida ha sido suturada.

El espacio que se requiere entre las suturas para mantener juntas las partes subyacentes tiene que ser muy pequeño, pero el intervalo entre los puntos que sujetan la piel no necesita ser tan pequeño.  Esto mismo hay que observar con respecto a la consistencia del hilo, pues el que es demasiado fuerte rompe la piel blanda y el que es demasiado blando se rompe por sí mismo. De la misma forma, si pasa la aguja demasiado cerca de los labios de la herida ocasiona a menudo la rotura del resto, que es demasiado estrecho. Pero si pasa muy lejos gran parte de la piel queda sin unir.

Estas observaciones se aplican al tratamiento de todas las úlceras, pero deben observarse más especialmente en la gastrorrafia, y, como ya se ha dicho, debemos actuar formando una conjetura respecto a la adhesión del peritoneo con el abdomen, por la circunstancia de que el último, por ser membranoso, rara vez que se adhiere; o bien, como hacen algunos, reuniendo las partes que son de la misma clase, es decir, peritoneo con peritoneo y abdomen con abdomen, o también puede hacerse así: de la misma manera que antes, hemos de pasar una aguja desde el lado del abdomen más cercano a nosotros de fuera a dentro; luego, pasando ambos labios del peritoneo, hemos de girar otra vez la aguja de fuera a dentro a través de ellos y luego otra vez de dentro a fuera por la parte opuesta del abdomen. Este modo difiere del corriente y vulgar en que la aguja pasa a través de los cuatro labios de una sola vez y oculta exactamente el peritoneo dentro del abdomen.

 A fin de que ninguna parte vital pueda afectarse por simpatía, hay que empapar en aceite moderadamente caliente un poco de lana blanda y envolver con ella todo el espacio comprendido entre las ingles y las axilas. También será mejor evacuar los intestinos con una enema de aceite caliente. Pero si el intestino ha sido herido hay que inyectar algo de vino austero tinto en estado tibio, en especial si se ha perforado completo.

 

En el Libro VII. Pablo de Egina describe el empleo de los pesarios, Pablo de Egina, dice en su obra:

“Los pesarios son de tres clases diferentes: unos emolientes, otros astringentes y algunos anastomativos, es decir, que abren la boca del útero.

Los pesarios emolientes  que se usan en las inflamaciones y ulceraciones de la matriz, así como en las desviaciones, se preparan con cera toscana, esencia de alheña y de lirios, grasa de ganso y de aves de corral, manteca sin salar, resina quemda, medula ósea de cierva, fenogreco, etc.

Los pesarios anastomativos se usan en la amenorrea o contracción del útero. Estos se preparan con miel, artemisa, marrubio, jugo de zanahoria, regaliz, ruda, escamonea, etc.

Los pesarios astringentes se emplean para casos opuestos a aquellos en que se aplican los anastomativos; para reprimir la menstruación, para contraer el útero y para reponerlo cuando se ha prolapsado.

El pesario se hace de lana, como una mecha estrecha, se dobla, se empapa con el medicamento y se aplica al orificio del útero atado con un hilo largo, oesipo, miel, azafrán y esencia de rosas. E

El pesario de azafrán para inflamaciones, inversiones, dureza e hinchazones de la matriz está compuesto de cera blanca, medula ósea de ternero y de ciervo, grasa de ganso, masilla, oesipo, miel, azafrán y esencia de rosas. El azafrán se tritura con leche de mujer.

El pesario dorado, excelente emoliente, está hecho de azafrán, lana sin lavar (oesipo), medula ósea de ciervo, trementina, cera, grasa de ganso, las yemas de dieciséis huevos asados, esencia de lirios y de rosas.

El pesario libaniano, es emenagogo, se usa para las afecciones del útero y se hace de ungüento de nardo, cera toscana, ungüento de lirios, lardo fresco de cerdo, grasa de ganso, medula ósea de ciervo, ungüento de mejorana, sebo de toro, trementina y oesipo.

El pesario eneafármaco se compone de ungüento de rosas, ricino, trementina, cera, miel, grasa de ganso y de buey, medula ósea de ciervo y manteca, en partes iguales.

El pesario emoliente ticiano se hace con cera, resina de colofonia, sebo de toro y perfume amoníaco.

El pesario egipcio consta de miel, trementina, manteca, esencia de rosas o de lirios y azafrán, y cuando no hay inflamación y las partes son fétidas, cardenillo.

El pesario llamado genitura, para la concepción, está hecho de manteca, oesipo, medula ósea de ciervo, grasa de ganso y de aves domésticas, trementina, áloe, cera de toscana, esencia de rosas, mirra, casia, espinacardo y miel.

Los pesarios de los antiguos no se parecían en nada a los instrumentos de madera de boj y otros materiales sólidos empleados para prevenir el prolapso uterino. Los de los antiguos eran ungüentos o linimentos medicamentosos que por lo general se aplicaban a las partes naturales con lana, la mayoría de las veces con el fin de corregir el flujo menstrual

Un autor moderno describe los pesarios en los siguientes términos: Los pesarios se hacen en forma de dedo a base de medicamentos para la matriz contenidos en un largo saco de lino, bien encerado, o incorporados en miel, láudano, gálbano, cera y jugos. Tienen la forma de un supositorio pero son más largos y gruesos. Con frecuencia se recurría también a ellos con el malvado propósito de producir el aborto. Hipócrates, en su juramento, obliga al aprendiz de médico a no dar tales pesarios a las mujeres. Estos pesarios están constituidos por estimulantes fuertes, como cantáridas, elaterio y coloquíntida.

Los pesarios emenagogos se componían de ingredientes parecidos, pero más débiles por su mezcla con otros menos activos.

 

El término oesipo o oísypos (del que deriva el latín oesypum) designaba a la lana virgen recién esquilada de la oveja, concretamente la extraída de la zona del cuello y los muslos del animal, la cual no había sido sometida a ningún lavado o desengrasado. Esta lana conservaba intacta la suarda, una mezcla rica en ceras naturales, ésteres de ácidos grasos, colesterol y sales minerales secretadas por las glándulas sebáceas de la oveja. Para extraer la materia grasa pura (el oisypos extraído), Galeno y Oribasio describen el proceso de hervir la lana cruda en agua tibia, agitar la espuma grasa flotante y dejarla enfriar para decantar una pomada untuosa de color amarillento y olor característico.

La lana cruda o no lavada, llamada en los textos médicos clásicos oesipo (oísypos / oisypos, en griego) y su extracto graso —lo que hoy conocemos como lanolina— constituían uno de los excipientes y agentes terapéuticos más importantes para las preparaciones ginecológicas. Su uso no era puramente mecánico (sirviendo de soporte para los pesarios), sino profundamente farmacológico, gracias a sus propiedades emolientes, adherentes y reguladoras del calor corporal. A diferencia de los aceites vegetales líquidos (como el de oliva o sésamo), que se escurrían rápidamente fuera de la vagina por gravedad, la consistencia cerosa de la lanolina permitía adherirse firmemente a las paredes de la mucosa vaginal y al cérvix. El oísopos permitía absorber y retener los principios activos solubles (como el opio, la mirra, las resinas o la pulpa de malva), liberándolos de forma gradual durante horas dentro de la cavidad vaginal sin causar irritación súbita. El oísopos era una grasa que podía emulsionar grandes cantidades de agua e infusiones acuosas. Esto permitía a los preparadores incorporar decocciones herbales de plantas como el zumo de llantén o la decocción de manzanilla o miel dentro de una base grasa homogénea para los pesarios.

 

La cera de abejas (Kyros)actuaba como el principal agente de soporte estructural en los pesarios sólidos y semisólidos, permitiendo moldear mezclas grasas o resinosas. La cera funde a una temperatura cercana a los . Esto permitía confeccionar pesarios firmes a temperatura ambiente —fáciles de manipular e introducir por el canal vaginal— que se reblandecían y fundían gradualmente al contacto con el calor corporal del interior de la pelvis. Al formar una matriz lipídica estable combinada con grasas animales (médula de ciervo, grasa de ganso) o lana no lavada (oísypos), la cera impedía que los principios activos volátiles o líquidos se disolvieran de golpe. La disolución lenta aseguraba una acción tópica prolongada durante horas sobre el cérvix. La cera se clasificaba como un agente templado de primer grado, capaz de ablandar los tejidos duros (escirros) y formar una película protectora que aislaba la mucosa vaginal inflamada de la acidez o agresividad de ciertos minerales como el alumbre o las agallas de roble.

 

La miel (Meli era un vehículo hidrófilo y antiséptico servía para incorporar extractos vegetales acuosos, polvos minerales y resinas en una masa homogénea. La elevada viscosidad de la miel otorgaba una fuerte adherencia (adhesividad higroscópica) a las paredes de la mucosa vaginal, evitando que el pesario fuera expulsado prematuramente por los movimientos de la paciente o las secreciones uterinas. Debido a su alta osmolaridad y bajo contenido de agua, la miel actuaba como un potente conservante natural que evitaba la corrupción o putrefacción de las preparaciones herbales dentro de la cavidad vaginal.  Se calentaba la cera a fuego lento junto con los aceites medicinales (de iris, nardo o manzanilla) o grasas animales hasta lograr su licuefacción. Se retiraba del fuego y se añadía la miel templada mezclada previamente con los principios activos en polvo (agallas, alumbre, eléboro o mirra), removiendo continuamente para evitar que los minerales decantaran al fondo. Una vez tibia la masa, o bien se impregnaba en un copo de lana virgen (oísypos) provisto de un hilo de lino para su posterior extracción, o bien se le daba forma manual de supositorio alargado para dejarlo solidificar antes de la aplicación.

 

Pablo de Egina

 

Pablo de Egina (en griego: Παύλος ο Αιγίνης o Paulos Aiginētēs) nació en la isla de Egina (Grecia) hacia el año 625 d. C. y falleció en Alejandría alrededor del 690 d. C. Desarrolló su actividad en el siglo VII, en un periodo convulso marcado por el declive de la civilización clásica y la transición hacia el mundo medieval. Considerado el último gran compilador de la medicina de la Antigüedad y una figura clave en la transición del saber clásico hacia el mundo islámico y medieval.

Se trasladó a Alejandría (Egipto) en el año 641, que aún conservaba su prestigiosa escuela médica. Allí estudió la tradición grecorromana y practicó tanto la medicina general como la cirugía y la obstetricia. Estudia textos de Hipócrates, Sorano de Éfeso, Galeno, Celso, Oribasio, Aecio de Amida y Alejandro de Tralles.

En el año 642 d. C., Alejandría fue tomada por los ejércitos árabes bajo el mando de Amr ibn al-As. A diferencia de otros sabios griegos que huyeron, Pablo permaneció en la ciudad ejercitando la medicina bajo el nuevo dominio omeya.

Estuvo en Egipto y en Asia Menor como médico y profesor ambulante. A veces se le llama Iatrosophistes y Periodeutes, palabra que significa “ el viajero”, o “el errante” o “el itinerante”, médico que viajaba de un lugar a otro en el ejercicio de su profesión. En textos traducidos al árabe muchas veces se le cita como “El Egineta”,  por haber nacido en Egina

 

Escribió:

Epitomae medicae libri septem (Compendio médico en siete libros), también llamada “Libri Septem”, Epitome, Hypomnema o Memorandum o en algunos sitios también se denomina “De Re medica” de Pablo de Egina, una enciclopedia que resumía todo el saber médico grecorromano, basándose ampliamente en Galeno, Celso, Alejandro de Tralles, Oribasio y Aecio de Amida.

Según el análisis de la obra parece ser que existen mucha similitud en las descripciones de las enfermedades y en la larga lista de prescripciones que realiza a los textos de Aecio de Amida.

Esta obra fue traducida al árabe por Hunayn ibn Ishaq, influyendo profundamente en médicos como Albucasis, Avicena y Rhazes, los médicos más influyentes en el mundo islámico.

 

  • Libro I: Higiene, nutrición y régimen de vida.
  • Libro II: Fiebres y sintomatología general.
  • Libro III: Enfermedades por regiones anatómicas (de la cabeza a los pies).
  • Libro IV: Afecciones cutáneas y parasitosis.
  • Libro V: Venenos, mordeduras y ponzoñas.
  • Libro VI: Cirugía (el más famoso e innovador). Describe técnicas de traqueotomía, litotomía renal y vesical, reparación de hernias, mastectomías, paracentesis y reducción de fracturas.
  • Libro VII: Materia médica y farmacología.

 

Sobre Ginecología y Obstetricia no tiene una obra especifica sino que  dedicó parte de sus escritos a la atención del parto y patologías uterinas en los siguientes libros o capítulos:

En Libro I. En la parte final del primer libro, se centra en la ginecología clínica y la obstetricia médica no invasiva:

Recomienda cuidados de la mujer gestante, nutrición y prevención de abortos.

Describe el parto natural, distocias leves y los primeros cuidados del recién nacido (corte del cordón umbilical, lactancia y fajado).

Refiere trastornos menstruales (amenorrea, menorragia), inflamación uterina y flujo vaginal.

 

En el libro III describe enfermedades de la mujer en los capítulos 60 a 76.

 

Libro VI que trata de cirugía describe intervenciones ginecológicas en los capítulos 60 a 75. En su célebre libro quirúrgico, describe con detalle las intervenciones instrumentalizadas y quirúrgicas del aparato reproductor femenino:

Aconseja el uso del dioptra o especulo vaginal (dioptra gynekeia) para la exploración y tratamiento del cérvix.

Describe la embriotomía (extracción destructiva del feto en partos obstruidos con resultado de muerte fetal) y la versión podálica.

Relata Intervenciones como la extirpación de pólipos uterinos, extirpación de carúnculas y el tratamiento del prolapso uterino, abscesos del cérvix y suturas perineales

Tuvo un enorme prestigio entre los médicos musulmanes, quienes lo llamaron Al-Kawabini o Al-Kawabeli («el partero»), debido a sus estudios sobre ginecología y partos. Se le atribuyó a Pablo de Egina en el mundo islámico medieval por varias razones históricas y pedagógicas fundamentales: A diferencia de otros médicos grecorromanos que trataban la ginecología como un apéndice menor, Pablo dedicó secciones enteras de su obra (el Libro I para la vertiente médica y el Libro VI para la quirúrgica) a detallar el embarazo, el parto normal, el manejo de partos difíciles (distocias) y la atención al recién nacido.

En la Alejandría del siglo VII y posteriormente en el mundo árabe, los tratados de Pablo de Egina se convirtieron en el manual práctico de consulta por excelencia no solo para los cirujanos, sino para la formación de las matronas (kawabil, en plural).

Cuando los médicos árabes traducían y estudiaban su compendio a partir del siglo IX, su autoridad en materia de obstetricia era tan incuestionable que el epíteto Al-Kawabeli pasó a ser su nombre distintivo en los tratados de figuras como Rhazes, Avicena y Albucasis.

En la antigüedad tardía y la Edad Media, la atención al parto era una disciplina casi exclusivamente femenina, dominada por las matronas (kawābil, en plural; qābla, en singular). Sin embargo, el saber técnico y anatómico solía transmitirse de forma oral e empírica de generación en generación.

Hunayn ibn Ishaq (808 – 873 d. C.), Nació en Al-Hirah (actual Irak) en el seno de una familia cristiana nestoriana, conocido en Occidente por su nombre latinizado Johannitius, fue un célebre médico, filósofo y lingüista asirio cristiano. Es considerado el traductor más importante de la Edad Media y una figura central en la Edad de Oro del Islam, responsable de salvar, traducir y transmitir gran parte de la ciencia grecorromana al árabe.

Formado en medicina en Bagdad con el insigne doctor Yuhanna ibn Masawayh. Fue un políglota brillante con dominio fluido del árabe, siríaco, griego y persa. Los manuscritos conservados más antiguos de Pablo de Egina no son autóctonos de su época (siglo VII), sino copias bizantinas medievales en griego (siglos IX-XI) y traducciones árabes tempranas de la escuela de traducción de Bagdad.

Tradujo al árabe fue realizada en el siglo IX por Hunayn ibn Ishaq bajo el título Kunnāsh fi al-Ṭibb (كُنّاش في الطِّبّ), término de origen siríaco utilizado en la literatura médica árabe para referirse a una enciclopedia, manual o compendio médico. Cuando Hunayn ibn Ishaq tradujo el Epitome al árabe en el siglo IX, el texto de Pablo de Egina encontró un entorno social donde la presencia del médico varón en el aposento del parto estaba sumamente restringida por razones de pudor (ḥiyā’) y normas sociales. Doctores como Rhazes o Avicena no asistían partos rutinarios; en su lugar, instruían a las kawābil basándose en las doctrinas de Pablo de Egina. Si surgía una complicación grave, la matrona actuaba como las «manos» del médico tras la cortina o siguiendo las directrices del manual.

La vinculación del nombre de Pablo con el gremio de las matronas fue tan estrecha que en la literatura médica árabe (como el Kitab al-Hawi de Rhazes) sus pasajes ginecológicos se citaban directamente como «dijo Al-Kawābilī», es decir, «el maestro de las parteras».

Tras la traducción del Epitome al árabe por Hunayn ibn Ishaq (siglo IX), las secciones obstétricas de Pablo se extractaron en opúsculos y manuales prácticos conocidos genéricamente como «Libros para matronas» (Kitāb al-Kawābil).

Rhazes (Al-Razi) en su enciclopedia Al-Hawi adaptaron capítulos enteros de Pablo de Egina diseñados específicamente para guiar el trabajo de campo de las matronas en los nacimientos complejos. Rhazes no citaba de memoria, sino trabajando directamente con la traducción al árabe realizada por Hunayn ibn Ishaq del Epitome. Se refería a él habitualmente como Būlus (la arabización de Paulos / Pablo) o acompañándolo de su título honorífico Al-Kawābilī («el Partero» o «el maestro de las matronas»).  Los extractos solían comenzar con la expresión Qāla Būlus («Dijo Pablo…»), a la que seguía la reproducción casi literal del pasaje del Epitome. Cuando citaba pasajes específicos de obstetricia, toxicología o cirugía, a menudo especificaba la fuente como Fī Kunnāshihi («En su Compendio / Kunnāsh»).

Rhazes utilizaba las prescripciones de Pablo de Egina como el estándar para describir la posición del feto en distocias, el manejo de la retención placentaria y los preparados farmacológicos (óvulos vaginales y supositorios). La autoridad de Pablo en esta sección era tal que Rhazes a menudo abría los capítulos ginecológicos transcribiendo sus pasajes antes que los de Galeno. Si la técnica manual o el fármaco propuesto por Pablo no funcionaba en la práctica hospitalaria de Rhazes en Bagdad o Rayy, este escribía al final del capítulo: «Dijo Pablo [método], pero en mi experiencia (Lī) ha resultado más eficaz [su propuesta alternativa]».

Albucasis (siglo X), en su Al-Tasrif cita repetidamente a Pablo de Egina.

 

 

 

Manuscritos griegos medievales (Biblioteca Nacional de Francia – París)

  • La colección fundamental de códices bizantinos con el texto original en griego (Epitomae medicae) se custodiaba en Constantinopla y pasó a Europa tras la caída del Imperio Bizantino. La Bibliothèque nationale de France (BnF) en París alberga los testimonios manuscritos griegos más antiguos y completos:
  • Parisinus graecus 2205 (Siglo X): Es considerado por los filólogos clásicos (como Johan Ludvig Heiberg) el códice arquetípico más importante para fijar la edición crítica moderna de la obra.
  • Parisinus graecus 2206, 2207 y 2208 (Siglos XI-XII): Copias minuciosas en pergamino escritas en letra minúscula bizantina que recogen los siete libros.
  • Parisinus 2216 y 2292.
  • Los Códice Patmiacu o Patmiaco manuscritos griegos antiguos conservados en la biblioteca del Monasterio de San Juan el Teólogo en la isla de Patmos, Grecia.
  • Manuscritos en las Bibliotecas de Italia
  • Biblioteca Apostólica Vaticana (Ciudad del Vaticano): Conserva códices bizantinos clave como el Vaticanus graecus 278 (siglo XI) y el Vaticanus graecus 279, indispensables para la transmisión del texto quirúrgico (Libro VI).
  • Biblioteca Marciana (Venecia): Destaca el Codex Marcianus graecus 269 (siglos XI-XII), traído desde Constantinopla por el cardenal Besarión en el siglo XV. Sirvió de base para la famosa primera edición impresa (editio princeps) publicada por la imprenta de Aldo Manuzio en Venecia en 1528.
  • Manuscritos en traducción árabe (Kunnāsh)
  • Los manuscritos más antiguos de la traducción árabe realizada por Hunayn ibn Ishaq (siglo IX) y los extractos utilizados por médicos islámicos se encuentran dispersos en tres fondos principales:
  • Biblioteca del Monasterio de El Escorial (Madrid, España): Conserva una importante colección de manuscritos médicos árabes medievales que contienen secciones del Kunnāsh atribuidas a Būlus al-Kawābilī.
  • Biblioteca Bodleiana (Universidad de Oxford, Reino Unido): Custodia copias manuscritas en árabe de los siglos XI al XIII derivadas de la tradición de Bagdad.
  • Biblioteca Süleymaniye y Topkapı (Estambul, Turquía): Albergan los códices árabes más antiguos copiados directamente en los hospitales (bimaristanes) del califato abasí y del Imperio otomano.

 

 

 

 

El primer manual impreso dedicado a las matronas que absorbió e internacionalizó la doctrina obstétrica de Pablo de Egina fue Der Rosengarten (El jardín de rosas para mujeres embarazadas y matronas), escrito por el médico alemán Eucharius Rösslin en 1513. Rösslin compiló la doctrina obstétrica clásica transmitida a través de las traducciones latinas y medievales. Los capítulos dedicados a las distocias, la tracción en partos difíciles y el manejo de fetos muertos se basan directamente en las enseñanzas del Libro I y VI de Pablo de Egina y en Sorano de Éfeso. Se tradujo a casi todas las lenguas europeas. En inglés se publicó bajo el título The Byrth of Mankynde (1540), convirtiéndose en el estándar de formación de matronas en el norte de Europa durante más de un siglo.

La obra completa original de Pablo de Egina fue publicada en griego en  Venecia en el año 1528 por el impresor Aldino, que realiza otra edición posterior en 1553.  También se editó en Basilea en 1538.

La obra de Pablo de Egina fue traducida al inglés por el médico escocés Francis Adamas como “The Seven Books of Paulus Aegineta” (Los siete libros de Pablo de Egina, 1844 – 1847.

 

Johan Ludvig Heiberg (1854–1928) El filólogo clásico danés fijó el texto definitivo de los siete libros de Pablo de Egina en la prestigiosa colección Corpus Medicorum Graecorum (CMG), publicada en dos volúmenes entre 1921 y 1924 en Leipzig y Berlín. Para lograrlo, aplicó el método científico de crítica textual (método de Lachmann), reconstruyendo la versión original en griego del siglo VII mediante la colación sistemática de los manuscritos medievales.

Johan Ludvig Heiberg

Heiberg examinó los códices conservados en las bibliotecas de París, la Vaticana, Venecia, Oxford y Florencia. En lugar de aceptar lecturas de ediciones renacentistas anteriores (como la Aldina de 1528 o la de Basilea de 1538), examinó directamente los pergaminos manuscritos para rastrear errores de copia pasados. Identificó las relaciones filiales entre los códices sobrevivientes. Clasificó las copias medievales en familias y demostró que el Parisinus graecus 2205 (Siglo X) representaba la rama más pura e independiente del texto, utilizándolo como el códice guía (codex optimus) para la mayor parte de la obra. Comparó las distintas familias manuscritas para detectar y eliminar estas adiciones espurias (delendo), aislando la redacción original del siglo VII de los agregados posteriores. En el margen inferior de su edición en griego, Heiberg documentó cada variante de lectura encontrada en los manuscritos analizados. De este modo, cualquier investigador moderno puede comprobar qué palabra exacta figuraba en el Parisinus 2205, en el Vaticanus 278 o en el Marcianus 269, y juzgar por qué decisión léxica optó el editor. Aunque se centró en la recensión griega, Heiberg tuvo en cuenta las citas de Pablo que aparecían en compiladores bizantinos posteriores (como Aecio de Amida u Oribasio) y las referencias del Kunnāsh árabe traducido por Hunayn ibn Ishaq, lo que le permitió resolver pasajes oscuros o dañados en la tradición manuscrita griega.

La edición crítica de Heiberg (Paulus Aegineta, CMG IX.1 y IX.2), publicada en dos volúmenes en la emblemática colección Corpus Medicorum Graecorum, entre 1921 y 1924 (Leipzig y Berlín por Teubner), constituye el texto definitivo e imprescindible de la filología médica grecorromana del siglo XX, sustituyó a todas las impresiones anteriores y continúa siendo, un siglo después, el texto griego de referencia internacional utilizado por filólogos, historiadores de la medicina y traductores modernos para estudiar la obra de Pablo de Egina.

edición crítica de Heiberg (Paulus Aegineta, CMG IX.1 y IX.2),

El proyecto del CMG fue concebido a principios del siglo XX por la Academia de las Ciencias de Berlín-Brandenburgo (con la colaboración de las academias de Copenhague y Leipzig) para publicar ediciones científicas rigurosas de la totalidad del corpus médico griego antiguo (Hipócrates, Galeno, Oribasio, Aecio de Amida, Pablo de Egina, entre otros). Dentro de esta magna empresa, encomendar los dos volúmenes de Pablo de Egina (volúmenes IX.1 y IX.2) a Heiberg garantizó la máxima calidad filológica posible.

La edición de Heiberg recoge íntegramente los siete libros del Epitomae medicae libri septem en su lengua original (griego bizantino), acompañados de su aparato crítico fundamental: El Volumen CMG IX.1 (1921): Contiene la introducción filológica (prolegomena), el conspectus de los manuscritos estudiados y los Libros I a IV del Epitome (centrados en la higiene, régimen, sintomatología general, afecciones por regiones anatómicas y dermatología/parasitosis). El Volumen CMG IX.2 (1924): Contiene los Libros V a VII, abarcando la toxicología (Libro V), el famosísimo y trascendental Libro VI de Cirugía (con las técnicas de litotomía, espéculo vaginal, herniotomía y embriotomía) y la farmacopea/materia médica (Libro VII). Incluye además los índices de autores, nombres y vocabulario técnico.

Heiberg demostró científicamente que el códice Parisinus graecus 2205 del siglo X conservado en la Biblioteca Nacional de Francia era la cima de la tradición manuscrita, utilizándolo como columna vertebral de su edición. Cada página presenta el texto griego en la parte superior y en el tercio inferior un riguroso registro de las variantes textuales (variantes lectiones), permitiendo al erudito ver las divergencias entre los códices de París, el Vaticano o Venecia.

 

Traducciones modernas a otras lenguas europeas

Las principales lenguas de la historiografía médica cuentan con versiones directly derivadas del texto crítico de 1921-1924:

Francés (Francia):Destaca la traducción del Libro VI realizada por Jean Berendes e investigaciones posteriores bajo el sello de la Association Guillaume Budé / Les Belles Lettres, que progresivamente revisan e integran textos médicos bizantinos apoyándose estrictamente en el Corpus Medicorum Graecorum.

Alemán (Alemania):el CMG fue una iniciativa académica germano-danesa, la literatura médica en alemán cuenta con un análisis exhaustivo de los siete libros. La labor de traductores como Jutta Kollesch y Diethard Nickel dentro de la propia estructura del CMG ha generado versiones comentadas y traducciones de secciones completas del texto griego de Heiberg.

Inglés (Reino Unido / EE. UU.):la traducción completa más famosa al inglés sigue siendo la obra del médico escocés Francis Adams (The Seven Books of Paulus Aegineta, 1844–1847.

 

Traducción al español de la obra de Pablo de Egina

La vía principal de penetración del Libro VI en la Península Ibérica fue la obra de Albucasis (Al-Zahrawi). Albucasis adoptó la práctica totalidad del catálogo quirúrgico de Pablo de Egina en su Al-Tasrif (siglo X), ilustrándolo y adaptándolo a la medicina andalusí.

Gerardo de Cremona tradujo este tratado al latín en la Escuela de Traductores de Toledo (siglo XII), la técnica quirúrgica de Pablo de Egina se convirtió en la espina dorsal de la cirugía práctica en los reinos hispánicos medievales y del primer Renacimiento.

La traducción al latín de la obra de Pablo de Egina por el humanista Janus Cornarius (Basilea, 1538) circuló ampliamente en las facultades de medicina y universidades de España.

 

 

Pablo de Egina

Pablo de Egina

Pablo de Egina (en griego: Παύλος ο Αιγίνης o Paulos Aiginētēs) nació en la isla de Egina (Grecia) hacia el año 625 d. C. y falleció en Alejandría alrededor del 690 d. C. Desarrolló su actividad en el siglo VII, en un periodo convulso marcado por el declive de la civilización clásica y la transición hacia el mundo medieval. Considerado el último gran compilador de la medicina de la Antigüedad y una figura clave en la transición del saber clásico hacia el mundo islámico y medieval.

Grabado de Pablo de Egina

Se trasladó a Alejandría (Egipto) en el año 641, que aún conservaba su prestigiosa escuela médica. Allí estudió la tradición grecorromana y practicó tanto la medicina general como la cirugía y la obstetricia. Estudia textos de Hipócrates, Sorano de Éfeso, Galeno, Celso, Oribasio, Aecio de Amida y Alejandro de Tralles.

En el año 642 d. C., Alejandría fue tomada por los ejércitos árabes bajo el mando de Amr ibn al-As. A diferencia de otros sabios griegos que huyeron, Pablo permaneció en la ciudad ejercitando la medicina bajo el nuevo dominio omeya.

Estuvo en Egipto y en Asia Menor como médico y profesor ambulante. A veces se le llama Iatrosophistes y Periodeutes, palabra que significa “ el viajero”, o “el errante” o “el itinerante”, médico que viajaba de un lugar a otro en el ejercicio de su profesión. En textos traducidos al árabe muchas veces se le cita como “El Egineta”,  por haber nacido en Egina

 

Escribió:

Epitomae medicae libri septem (Compendio médico en siete libros), también llamada “Libri Septem”, Epitome, Hypomnema o Memorandum o en algunos sitios también se denomina “De Re medica” de Pablo de Egina, una enciclopedia que resumía todo el saber médico grecorromano, basándose ampliamente en Galeno, Celso, Alejandro de Tralles, Oribasio y Aecio de Amida.

Según el análisis de la obra parece ser que existen mucha similitud en las descripciones de las enfermedades y en la larga lista de prescripciones que realiza a los textos de Aecio de Amida.

Esta obra fue traducida al árabe por Hunayn ibn Ishaq, influyendo profundamente en médicos como Albucasis, Avicena y Rhazes, los médicos más influyentes en el mundo islámico.

 

  • Libro I: Higiene, nutrición y régimen de vida.
  • Libro II: Fiebres y sintomatología general.
  • Libro III: Enfermedades por regiones anatómicas (de la cabeza a los pies).
  • Libro IV: Afecciones cutáneas y parasitosis.
  • Libro V: Venenos, mordeduras y ponzoñas.
  • Libro VI: Cirugía (el más famoso e innovador). Describe técnicas de traqueotomía, litotomía renal y vesical, reparación de hernias, mastectomías, paracentesis y reducción de fracturas.
  • Libro VII: Materia médica y farmacología.

 

Sobre Ginecología y Obstetricia no tiene una obra especifica sino que  dedicó parte de sus escritos a la atención del parto y patologías uterinas en los siguientes libros o capítulos:

En Libro I. En la parte final del primer libro, se centra en la ginecología clínica y la obstetricia médica no invasiva:

Recomienda cuidados de la mujer gestante, nutrición y prevención de abortos.

Describe el parto natural, distocias leves y los primeros cuidados del recién nacido (corte del cordón umbilical, lactancia y fajado).

Refiere trastornos menstruales (amenorrea, menorragia), inflamación uterina y flujo vaginal.

 

En el libro III describe enfermedades de la mujer en los capítulos 60 a 76.

 

Libro VI que trata de cirugía describe intervenciones ginecológicas en los capítulos 60 a 75. En su célebre libro quirúrgico, describe con detalle las intervenciones instrumentalizadas y quirúrgicas del aparato reproductor femenino:

Aconseja el uso del dioptra o especulo vaginal (dioptra gynekeia) para la exploración y tratamiento del cérvix.

Describe la embriotomía (extracción destructiva del feto en partos obstruidos con resultado de muerte fetal) y la versión podálica.

Relata Intervenciones como la extirpación de pólipos uterinos, extirpación de carúnculas y el tratamiento del prolapso uterino, abscesos del cérvix y suturas perineales

Tuvo un enorme prestigio entre los médicos musulmanes, quienes lo llamaron Al-Kawabini o Al-Kawabeli («el partero»), debido a sus estudios sobre ginecología y partos. Se le atribuyó a Pablo de Egina en el mundo islámico medieval por varias razones históricas y pedagógicas fundamentales: A diferencia de otros médicos grecorromanos que trataban la ginecología como un apéndice menor, Pablo dedicó secciones enteras de su obra (el Libro I para la vertiente médica y el Libro VI para la quirúrgica) a detallar el embarazo, el parto normal, el manejo de partos difíciles (distocias) y la atención al recién nacido.

En la Alejandría del siglo VII y posteriormente en el mundo árabe, los tratados de Pablo de Egina se convirtieron en el manual práctico de consulta por excelencia no solo para los cirujanos, sino para la formación de las matronas (kawabil, en plural).

Cuando los médicos árabes traducían y estudiaban su compendio a partir del siglo IX, su autoridad en materia de obstetricia era tan incuestionable que el epíteto Al-Kawabeli pasó a ser su nombre distintivo en los tratados de figuras como Rhazes, Avicena y Albucasis.

En la antigüedad tardía y la Edad Media, la atención al parto era una disciplina casi exclusivamente femenina, dominada por las matronas (kawābil, en plural; qābla, en singular). Sin embargo, el saber técnico y anatómico solía transmitirse de forma oral e empírica de generación en generación.

Hunayn ibn Ishaq (808 – 873 d. C.), Nació en Al-Hirah (actual Irak) en el seno de una familia cristiana nestoriana, conocido en Occidente por su nombre latinizado Johannitius, fue un célebre médico, filósofo y lingüista asirio cristiano. Es considerado el traductor más importante de la Edad Media y una figura central en la Edad de Oro del Islam, responsable de salvar, traducir y transmitir gran parte de la ciencia grecorromana al árabe.

Formado en medicina en Bagdad con el insigne doctor Yuhanna ibn Masawayh. Fue un políglota brillante con dominio fluido del árabe, siríaco, griego y persa. Los manuscritos conservados más antiguos de Pablo de Egina no son autóctonos de su época (siglo VII), sino copias bizantinas medievales en griego (siglos IX-XI) y traducciones árabes tempranas de la escuela de traducción de Bagdad.

Tradujo al árabe fue realizada en el siglo IX por Hunayn ibn Ishaq bajo el título Kunnāsh fi al-Ṭibb (كُنّاش في الطِّبّ), término de origen siríaco utilizado en la literatura médica árabe para referirse a una enciclopedia, manual o compendio médico. Cuando Hunayn ibn Ishaq tradujo el Epitome al árabe en el siglo IX, el texto de Pablo de Egina encontró un entorno social donde la presencia del médico varón en el aposento del parto estaba sumamente restringida por razones de pudor (ḥiyā’) y normas sociales. Doctores como Rhazes o Avicena no asistían partos rutinarios; en su lugar, instruían a las kawābil basándose en las doctrinas de Pablo de Egina. Si surgía una complicación grave, la matrona actuaba como las «manos» del médico tras la cortina o siguiendo las directrices del manual.

La vinculación del nombre de Pablo con el gremio de las matronas fue tan estrecha que en la literatura médica árabe (como el Kitab al-Hawi de Rhazes) sus pasajes ginecológicos se citaban directamente como «dijo Al-Kawābilī», es decir, «el maestro de las parteras».

Tras la traducción del Epitome al árabe por Hunayn ibn Ishaq (siglo IX), las secciones obstétricas de Pablo se extractaron en opúsculos y manuales prácticos conocidos genéricamente como «Libros para matronas» (Kitāb al-Kawābil).

Rhazes (Al-Razi) en su enciclopedia Al-Hawi adaptaron capítulos enteros de Pablo de Egina diseñados específicamente para guiar el trabajo de campo de las matronas en los nacimientos complejos. Rhazes no citaba de memoria, sino trabajando directamente con la traducción al árabe realizada por Hunayn ibn Ishaq del Epitome. Se refería a él habitualmente como Būlus (la arabización de Paulos / Pablo) o acompañándolo de su título honorífico Al-Kawābilī («el Partero» o «el maestro de las matronas»).  Los extractos solían comenzar con la expresión Qāla Būlus («Dijo Pablo…»), a la que seguía la reproducción casi literal del pasaje del Epitome. Cuando citaba pasajes específicos de obstetricia, toxicología o cirugía, a menudo especificaba la fuente como Fī Kunnāshihi («En su Compendio / Kunnāsh»).

Rhazes utilizaba las prescripciones de Pablo de Egina como el estándar para describir la posición del feto en distocias, el manejo de la retención placentaria y los preparados farmacológicos (óvulos vaginales y supositorios). La autoridad de Pablo en esta sección era tal que Rhazes a menudo abría los capítulos ginecológicos transcribiendo sus pasajes antes que los de Galeno. Si la técnica manual o el fármaco propuesto por Pablo no funcionaba en la práctica hospitalaria de Rhazes en Bagdad o Rayy, este escribía al final del capítulo: «Dijo Pablo [método], pero en mi experiencia (Lī) ha resultado más eficaz [su propuesta alternativa]».

Albucasis (siglo X), en su Al-Tasrif cita repetidamente a Pablo de Egina.

 

 

 

Manuscritos griegos medievales (Biblioteca Nacional de Francia – París)

  • La colección fundamental de códices bizantinos con el texto original en griego (Epitomae medicae) se custodiaba en Constantinopla y pasó a Europa tras la caída del Imperio Bizantino. La Bibliothèque nationale de France (BnF) en París alberga los testimonios manuscritos griegos más antiguos y completos:
  • Parisinus graecus 2205 (Siglo X): Es considerado por los filólogos clásicos (como Johan Ludvig Heiberg) el códice arquetípico más importante para fijar la edición crítica moderna de la obra.
  • Parisinus graecus 2206, 2207 y 2208 (Siglos XI-XII): Copias minuciosas en pergamino escritas en letra minúscula bizantina que recogen los siete libros.
  • Parisinus 2216 y 2292.
  • Los Códice Patmiacu o Patmiaco manuscritos griegos antiguos conservados en la biblioteca del Monasterio de San Juan el Teólogo en la isla de Patmos, Grecia.
  • Manuscritos en las Bibliotecas de Italia
  • Biblioteca Apostólica Vaticana (Ciudad del Vaticano): Conserva códices bizantinos clave como el Vaticanus graecus 278 (siglo XI) y el Vaticanus graecus 279, indispensables para la transmisión del texto quirúrgico (Libro VI).
  • Biblioteca Marciana (Venecia): Destaca el Codex Marcianus graecus 269 (siglos XI-XII), traído desde Constantinopla por el cardenal Besarión en el siglo XV. Sirvió de base para la famosa primera edición impresa (editio princeps) publicada por la imprenta de Aldo Manuzio en Venecia en 1528.
  • Manuscritos en traducción árabe (Kunnāsh)
  • Los manuscritos más antiguos de la traducción árabe realizada por Hunayn ibn Ishaq (siglo IX) y los extractos utilizados por médicos islámicos se encuentran dispersos en tres fondos principales:
  • Biblioteca del Monasterio de El Escorial (Madrid, España): Conserva una importante colección de manuscritos médicos árabes medievales que contienen secciones del Kunnāsh atribuidas a Būlus al-Kawābilī.
  • Biblioteca Bodleiana (Universidad de Oxford, Reino Unido): Custodia copias manuscritas en árabe de los siglos XI al XIII derivadas de la tradición de Bagdad.
  • Biblioteca Süleymaniye y Topkapı (Estambul, Turquía): Albergan los códices árabes más antiguos copiados directamente en los hospitales (bimaristanes) del califato abasí y del Imperio otomano.

 

 

 

 

El primer manual impreso dedicado a las matronas que absorbió e internacionalizó la doctrina obstétrica de Pablo de Egina fue Der Rosengarten (El jardín de rosas para mujeres embarazadas y matronas), escrito por el médico alemán Eucharius Rösslin en 1513. Rösslin compiló la doctrina obstétrica clásica transmitida a través de las traducciones latinas y medievales. Los capítulos dedicados a las distocias, la tracción en partos difíciles y el manejo de fetos muertos se basan directamente en las enseñanzas del Libro I y VI de Pablo de Egina y en Sorano de Éfeso. Se tradujo a casi todas las lenguas europeas. En inglés se publicó bajo el título The Byrth of Mankynde (1540), convirtiéndose en el estándar de formación de matronas en el norte de Europa durante más de un siglo.

La obra completa original de Pablo de Egina fue publicada en griego en  Venecia en el año 1528 por el impresor Aldino, que realiza otra edición posterior en 1553.  También se editó en Basilea en 1538.

La obra de Pablo de Egina fue traducida al inglés por el médico escocés Francis Adamas como “The Seven Books of Paulus Aegineta” (Los siete libros de Pablo de Egina, 1844 – 1847.

 

Johan Ludvig Heiberg (1854–1928) El filólogo clásico danés fijó el texto definitivo de los siete libros de Pablo de Egina en la prestigiosa colección Corpus Medicorum Graecorum (CMG), publicada en dos volúmenes entre 1921 y 1924 en Leipzig y Berlín. Para lograrlo, aplicó el método científico de crítica textual (método de Lachmann), reconstruyendo la versión original en griego del siglo VII mediante la colación sistemática de los manuscritos medievales.

Johan Ludvig Heiberg

Heiberg examinó los códices conservados en las bibliotecas de París, la Vaticana, Venecia, Oxford y Florencia. En lugar de aceptar lecturas de ediciones renacentistas anteriores (como la Aldina de 1528 o la de Basilea de 1538), examinó directamente los pergaminos manuscritos para rastrear errores de copia pasados. Identificó las relaciones filiales entre los códices sobrevivientes. Clasificó las copias medievales en familias y demostró que el Parisinus graecus 2205 (Siglo X) representaba la rama más pura e independiente del texto, utilizándolo como el códice guía (codex optimus) para la mayor parte de la obra. Comparó las distintas familias manuscritas para detectar y eliminar estas adiciones espurias (delendo), aislando la redacción original del siglo VII de los agregados posteriores. En el margen inferior de su edición en griego, Heiberg documentó cada variante de lectura encontrada en los manuscritos analizados. De este modo, cualquier investigador moderno puede comprobar qué palabra exacta figuraba en el Parisinus 2205, en el Vaticanus 278 o en el Marcianus 269, y juzgar por qué decisión léxica optó el editor. Aunque se centró en la recensión griega, Heiberg tuvo en cuenta las citas de Pablo que aparecían en compiladores bizantinos posteriores (como Aecio de Amida u Oribasio) y las referencias del Kunnāsh árabe traducido por Hunayn ibn Ishaq, lo que le permitió resolver pasajes oscuros o dañados en la tradición manuscrita griega.

La edición crítica de Heiberg (Paulus Aegineta, CMG IX.1 y IX.2), publicada en dos volúmenes en la emblemática colección Corpus Medicorum Graecorum, entre 1921 y 1924 (Leipzig y Berlín por Teubner), constituye el texto definitivo e imprescindible de la filología médica grecorromana del siglo XX, sustituyó a todas las impresiones anteriores y continúa siendo, un siglo después, el texto griego de referencia internacional utilizado por filólogos, historiadores de la medicina y traductores modernos para estudiar la obra de Pablo de Egina.

Portadas de la edición crítica de Heiberg (Paulus Aegineta, CMG IX.1 y IX.2), publicada en dos volúmenes en la emblemática colección Corpus Medicorum Graecorum, entre 1921 y 1924 (Leipzig y Berlín

El proyecto del del Corpus Medicorum Graecorum (CMG), fue concebido a principios del siglo XX por la Academia de las Ciencias de Berlín-Brandenburgo (con la colaboración de las academias de Copenhague y Leipzig) para publicar ediciones científicas rigurosas de la totalidad del corpus médico griego antiguo (Hipócrates, Galeno, Oribasio, Aecio de Amida, Pablo de Egina, entre otros). Dentro de esta magna empresa, encomendar los dos volúmenes de Pablo de Egina (volúmenes IX.1 y IX.2) a Heiberg garantizó la máxima calidad filológica posible.

La edición de Heiberg recoge íntegramente los siete libros del Epitomae medicae libri septem en su lengua original (griego bizantino), acompañados de su aparato crítico fundamental: El Volumen CMG IX.1 (1921): Contiene la introducción filológica (prolegomena), el conspectus de los manuscritos estudiados y los Libros I a IV del Epitome (centrados en la higiene, régimen, sintomatología general, afecciones por regiones anatómicas y dermatología/parasitosis). El Volumen CMG IX.2 (1924): Contiene los Libros V a VII, abarcando la toxicología (Libro V), el famosísimo y trascendental Libro VI de Cirugía (con las técnicas de litotomía, espéculo vaginal, herniotomía y embriotomía) y la farmacopea/materia médica (Libro VII). Incluye además los índices de autores, nombres y vocabulario técnico.

Heiberg demostró científicamente que el códice Parisinus graecus 2205 del siglo X conservado en la Biblioteca Nacional de Francia era la cima de la tradición manuscrita, utilizándolo como columna vertebral de su edición. Cada página presenta el texto griego en la parte superior y en el tercio inferior un riguroso registro de las variantes textuales (variantes lectiones), permitiendo al erudito ver las divergencias entre los códices de París, el Vaticano o Venecia.

 

Traducciones modernas a otras lenguas europeas

Las principales lenguas de la historiografía médica cuentan con versiones directly derivadas del texto crítico de 1921-1924:

Francés (Francia):Destaca la traducción del Libro VI realizada por Jean Berendes e investigaciones posteriores bajo el sello de la Association Guillaume Budé / Les Belles Lettres, que progresivamente revisan e integran textos médicos bizantinos apoyándose estrictamente en el Corpus Medicorum Graecorum.

Alemán (Alemania):el CMG fue una iniciativa académica germano-danesa, la literatura médica en alemán cuenta con un análisis exhaustivo de los siete libros. La labor de traductores como Jutta Kollesch y Diethard Nickel dentro de la propia estructura del CMG ha generado versiones comentadas y traducciones de secciones completas del texto griego de Heiberg.

Inglés (Reino Unido / EE. UU.):la traducción completa más famosa al inglés sigue siendo la obra del médico escocés Francis Adams (The Seven Books of Paulus Aegineta, 1844–1847.

 

Traducción al español de la obra de Pablo de Egina

La vía principal de penetración del Libro VI en la Península Ibérica fue la obra de Albucasis (Al-Zahrawi). Albucasis adoptó la práctica totalidad del catálogo quirúrgico de Pablo de Egina en su Al-Tasrif (siglo X), ilustrándolo y adaptándolo a la medicina andalusí.

Gerardo de Cremona tradujo este tratado al latín en la Escuela de Traductores de Toledo (siglo XII), la técnica quirúrgica de Pablo de Egina se convirtió en la espina dorsal de la cirugía práctica en los reinos hispánicos medievales y del primer Renacimiento.

La traducción al latín de la obra de Pablo de Egina por el humanista Janus Cornarius (Basilea, 1538) circuló ampliamente en las facultades de medicina y universidades de

La Ginecología de Aecio de Amida

La Ginecología de Aecio de Amida

La Ginecología de Aecio de Amida está contenida en el Libro XVI su obra Libri Medicinales o Tetrabiblon)

Comprende un conjunto estructurado en 114 capítulos donde Aecio sintetizó de manera sistemática los saberes ginecológicos de autores clásicos como Sorano de Éfeso, Galeno, Philoumenos, Rufo de Éfeso, Leónidas y Antilo, añadiendo sus propias observaciones y remedios contemporáneos bizantinos.

Portada de la obra de Aecio de Amida. Edición en Basilea del año 1535

El libro XVI de Aecio de Amida contiene 114 capítulos dedicados a la Ginecología que tratan de: Higiene de la Mujer. Enfermedades Ginecológicas. Embarazo, parto y Enfermedades de la mama.

Describe la matriz (hystera o metra), el cuello uterino (bythos), la vagina (kolpos) y las partes externas.

Describe también unas estructuras anatómicas por donde transcurre la semilla del ovario que posteriormente se denominaron las Trompas de Falopio.

Aecio dice:

“Durante el coito el útero atrae la semilla del ovario a través de los lomos retorcidos”

“El semen está ya preparado a los catorce años “

“Cuando la concepción es peligrosa para la mujer, para evitar la concepción puede untarse la boca de la matriz con diversas substancias, como miel u opobálsamos.”

“Las menorragias y las amenorreas son producida por los desequilibrios de los humores y por los cambios de temperatura.

“La menstruación comienza a los catorce años”

“Las estériles y las embarazadas, las cantantes y las danzarinas no menstrúan, en estas el ejercicio consume la sangre y las mujeres flacas y las gordas raramente conciben, si las obesas conciben, su descendencia es enfermen, y por regla general pierden poca sangre, ya que las obesas tienen poca sangre en sus venas, pues la consumen para formar grasa.”

“Los abortos debe evitarse en los meses segundo y cuarto, siendo únicamente el tercero el propio para ellos. Si sucede la paciente debe ayunar, tomar baños de asiento, aplicarse taponamientos empapados en vino y sangrarse, si es necesario, se emplearán pesarios de lirio, gálbano y trementina. Como dice Aspasia para la prevención de los abortos es necesario que la paciente evite los ejercicios violentos, las caídas, los alimentos indigestos y el estreñimiento. Aspasia recomienda los laxantes como el ruibarbo, la lechuga, la romaza y las malvas”.

“Para provocar el aborto se debe realizar al décimotercio día después de la falta de la menstruación. La paciente debe ser zarandeada por varias personas o levantar cargas pesadas, darse duchas de hierbas fuertes, tomar baños de asiento calientes y beber una infusión hecha de raíces de ruda, artemisia, bilis de buey, elaterio, ajenjo y raíces de violeta. Tiene que aplicarse cataplasmas en el abdomen. Al cuarto mes el fruto de la concepción ha perecido y se produce el aborto, tras el cual hay que sangrar abundantemente a la mujer. “

“La exploración vaginal debe realizarse con dos dedos de la mano izquierda, en tanto que la mano derecha palpa la parte inferior del abdomen, para la retroversión uterina la comadrona debe introducir el dedo en el recto y lleve el útero a su sitio”

 

“En los partos difíciles y cuando el introito es estrecho Aspasia dice que el tratamiento consiste en la aplicación a la vulva de lociones calientes de aceite de oliva, malvas, semilla de lino, grasa de un nido de golondrinas y hierbas. Si la placenta esta adherida, la paciente debe cerrar la boca y las fosas nasales y expulsarla.

“Las hemorragias después del parto o aborto, o ser producidas por una erosión del cuello, pueden ser tratadas con pesarios vaginales con medicamentos astringentes y aplicación de ventosas. En casos muy graves se trata con vendajes en torno a las axilas e ingles“

“Las ulceraciones del cuello de la matriz se pueden observar con la “dioptra” (espéculo vaginal) como dice Arquígenes Es necesario insertar las hojas de modo que el tornillo (del especulo) mire hacia arriba y es igualmente necesario que el cirujano sostenga la dioptra mientras el asistente gira el dornillo de modo que las paredes de la vagina se separen con como las hojas del instrumento por separado, después de lo cual el absceso debe palparse ligera y suavemente… “Puede verse la verruga en la vagina, roja y sanguinolenta. Se diagnostica por inspección a veces sin medios artificiales y a veces con el uso de la dioptra”

“La parametritis que las denomina “αποστήματα μήτρας o De uteri abscessu” afirma que son inflamaciones de la matriz pueden ser agudas y crónicas y producen signos de fiebre, dolor pélvico localizado y secreciones vaginales. Primero se produce la inflamación y mas tarde se produce el absceso en el útero. De ahí que al principio haya solo signos de inflamación, pero a medida que se va desarrollando el absceso el dolor aumenta, con fiebres y escalofríos. Si la orina empieza a mostrar pus, el absceso se ha abierto en la vejiga y se le debe dar a la paciente leche y semillas de calabaza, baños de asiento y otras medicaciones. Si el pus invade la vagina deben usarse diversas irrigaciones, pero si se abre en el recto hay que inyectar directamente en él un cocimiento hecho con corteza de granada. Pero si el absceso se abre en la cavidad uterina, el dolor disminuye y el orificio del útero se reblandece. Entonces hay que dirigir al pus para que alcance la superficie, y cuando la piel se ha adelgazado lo suficiente se practica una abertura con una sonda en la parte mas prominente de la tumefacción, parte por la cual puede esperarse obtener la evacuación mas perfecta. Si la tumefacción es debida a un derrame de sangre, en lugar de la sonda aguda o del escalpelo debemos aplicar directamente el cauterio al vértice de la tumefacción y por este medio evacuar el pus. Sorano dice que cuando todo el utero era pútrido extirpa el útero y la mujer ha seguido viviendo.”

“En el absceso que está situado alrededor de la boca de la matriz, no debemos apresurarnos a recurrir a la incisión, sino esperar que la afección haya madurado y la inflamación haya alcanzado su mayor grado y estén adelgazadas la s parques que se hallan sobre el pus. Se coloca a la mujer en decúbito supino con las piernas flexionadas sobre el abdomen y los muslos separados uno de oro. Los brazos se hacen pasar por debajo de las piernas y se fijan con ligaduras adecuadas que pasen por su cuello. Colocada la paciente frente a una luz clara, el operador se sienta a su derecha y hace un examen con una “dioptra” proporcionada a la edad de la mujer. La profundidad de la vagina debe medirse con una sonda, no sea que el tallo de la dioptra sea demasiado largo y comprima el útero. Si se encuentra que la dioptra es más larga que la vagina, deben colocarse compresas plegadas en los labios o lados del pudendo de modo que la dioptra pueda apoyarse firmemente en ellas. Entonces se introduce, estando el tornillo en la parte superior; y la dioptra debe sostenerla el cirujano, pero el tornillo lo hará girar el ayudante, para que al separarse las valvas de la dioptra la vagina pueda distenderse. Si al quedar al descubierto, el absceso se encuentra blando, se divide su vértice con el escalpelo o con la sonda aguda, y después de evacuado el pus se coloca en la incisión unas muchas muy blandas empapadas en esencia de rosas, o mas bien lejos de la abertura en la vagina de la paciente, a fin de no producir compresión. “

“En las estenosis y rigidez del cuello de la matriz, requiere tratamiento, ya que la mujer puede hacerse estéril o experimentar dificultades en el parto.  Se deberá dilatar el cuello con baños calientes y pesario, y luego con trozos de esponja seca de diferentes tamaños, con hilos atados a los mismos para tirar de ellos y dilatar el cuello.

“Las ulceraciones según Arquígenes dice que son a menudo debidas a flujo corrosivo, a lesiones consecutivas debidas al empleo de drogas acres, a la abertura de un absceso, a la distocia que requiere la extracción forzada de la cabeza y a otras corrupciones semejantes.”

“Los prolapsos del útero como dice Aspasia son debidas a que las venas procedentes del hígado se hallan tan llenas que el peso de los intestinos y el flato desplaza al útero de su situación normal, se recomienda el taponamiento de alquitrán, betún o aceite caliente y reponer el utero con los dedos.”

 

“En los cálculos de la vejiga urinaria femenina no son frecuentes porque la vía de la orina de la mujer es amplia y recta. Pero si existe calculo se introduce en la vagina dos dedos de la mano izquierda, la derecha comprime la vejiga a través del abdomen y empuja el cálculo, al que hace pasar a través del esfínter del cuello de la vejiga, y así luego puede incidir sobre el cálculo palpable inmediatamente por encía de los labios y extraerlo con pinzas.

 

“El karkino de la mama puede estar ulcerado o no, pero en todos los casos la masa mamaria es desigual y resistente a la presión, pues posee raíces extensas y va acompañado de venas varicosas, variando su color gris ceniza al rojo, púrpura y has negro. El dolor es difuso y penetrante. Hay con frecuencias tumefacción e inflamación simpáticas de la axila, que se extienden incluso a la clavícula y omóplato. Las cabezas de amapola alivian el dolor. En los casos operables se utilizará el cauterio que mata la enfermedad y detiene así mismo la hemorragia. Leonidas y Antilo realizan la extirpación de la mama en los casos más leves. “

 

“La ninfa (clítoris) es un cuerpo muscular o dermoide situado por encima de las comisuras de los labios y exactamente donde está el meato urinario. En algunos casos es tan grande que ofrece una deformidad vergonzosa y al ser irritado por el contacto de las ropas de la mujer se excita para el amor. La costumbre egipcia es amputarlo antes de que crezca, especialmente en la época en que la mujer es núbil. La operación se practica así: Se sienta a la niña con la espalada apoyada en una silla, y el ayudante, un adulto fuerte sentado junto a ella, coloca sus brazos bajo la región poplítea de la paciente para dominar sus piernas y el resto de su cuerpo. Entonces el cirujano, en pie frente al ayudante, hace presa en el clítoris con unas pinzas grandes y tira de él sosteniendo las pinzas con la mano izquierda, mientras que con la derecha secciona el órgano cerca de los dientes de la pinza. Es necesario señalar bien la longitud del órgano que pretendemos extirpara fin de no arrancar el clítoris por sus mismas raíces, sino quitar solamente la parte superflua. Para ello debe resecarse junto a los dientes de la pinza, pues el órgano que operamos tiene una consistencia parecida a la de la piel y puede estirarse mucho hacia fuera, y a menos que se observe muy cuidadosamente este punto es muy fácil realizar la sección mas allá de los límites convenientes, a lo que sigue una retracción de la parte, que los griegos han denominado “ροές o rhoeas”.

 

Aecio de Amida

Aecio de Amida (en latín Aëtius Amidenus)

Nació en el año 502 d. C., en Amida (actual Diyarbakır, Turquía), en la región de Mesopotamia. Muere en Alejandria en el año 575 d.C.

Fue un destacado médico griego bizantino y uno de los principales compiladores de la medicina de la Antigüedad Tardía. Se formó en la célebre escuela médica de Alejandría, el centro de conocimiento más importante de la época.

Durante su estancia o viajes por esta región, también visitó zonas cercanas como las minas de cobre de Soli en Chipre, Jericó y el Mar Muerto.

Ejerció la medicina en Constantinopla. Fue médico del emperador Justiniano I.  En los manuscritos históricos de Focio se le atribuye en Constantinopla el título oficial de komēs opsikiou (en latín, comes obsequii), que lo acreditaba como jefe o alto oficial del séquito y la guardia del emperador.

Se le considera uno de los primeros médicos griegos de fe cristiana de los que se tiene registro formal. Su actividad se sitúa entre finales del siglo V y principios del VI, dado que menciona en sus obras al patriarca Cirilo de Alejandría (fallecido en 444) y a Alejandro de Trales, quien lo citó a mediados del siglo VI.

Escribió:

Libri Medicinales (Tetrabiblon): es una especie de enciclopedia de la medicina de su época.  Es un tratado en 16 libros (dividido posteriormente en cuatro partes o tetrabiblos) que recopila de manera sistemática el saber médico clásico de autores como Galeno, Sorano de Éfeso, Oribasio, Dioscórides y Antilo, conservando fragmentos de obras antiguas hoy perdidas.

El Libro XVI está dedicado íntegramente a las enfermedades de la mujer, la concepción, el parto y los remedios ginecológicos, constituyendo una de las fuentes antiguas más completas sobre el tema.

Detalló con precisión patologías oculares (Libro VII) y técnicas quirúrgicas como el tratamiento de los aneurismas y la extracción de cuerpos extraños

A la par de remedios farmacológicos rigurosos, incorporó fórmulas y amuletos populares o cristianos (como plegarias para atragantamientos), reflejo de las costumbres mixtas de la medicina bizantina temprana.

 

La obra de Aecio de Amida es fundamentalmente una enciclopedia sintética de la medicina greco-romana. Su valor radica no solo en el ordenamiento de los conocimientos de su época, sino en que actuó como un filtro conservador que rescató pasajes enteros de tratados antiguos hoy desaparecidos.

Principales Autores Clásicos y su Impacto

  • Galeno de Pérgamo (Siglo II d. C.): Es la columna vertebral de la patología, la fisiología humoral y la terapéutica en el Tetrabiblon. Aecio adopta la teoría galénica de los cuatro humores y la doctrina clínica del médico de Pérgamo como marco doctrinal absoluto.
  • Sorano de Éfeso (Siglo II d. C.): Representa la fuente primordial para la sección de ginecología, obstetricia y neonatología (especialmente en el Libro XVI). Aecio preservó la metodología anatómica y clínica de Sorano, máxima autoridad de la escuela metódica.
  • Pedanio Dioscórides (Siglo I d. C.): Es el modelo de los primeros libros del Tetrabiblon dedicados a la materia médica. Aecio extrae de su obra De Materia Medica las propiedades de las plantas, minerales y sustancias animales, reorganizándolas con un criterio más sistemático y práctico para la confección de recetas.
  • Oribasio de Pérgamo (Siglo IV d. C.): Constituye el precedente directo de Aecio como compilador bizantino. Aecio utilizó las Colecciones Médicas de Oribasio como guía estructural, aunque simplificando el texto para hacerlo más accesible al médico práctico.
  • Antilo y Leonidas (Siglos II y III d. C.): Dos de los más notables cirujanos del Imperio Romano. Gracias a Aecio se conservan las descripciones quirúrgicas de Antilo sobre el tratamiento de aneurismas, traqueotomías y cataratas, así como las técnicas de mastectomía descritas por Leonidas.
  • Rufus de Éfeso, Filúmeno y Arquígenes: Aecio cita ampliamente sus tratados sobre enfermedades renales, de la vejiga y patologías digestivas, preservando pasajes clave que de otro modo se habrían perdido.

 

Solía encabezar o cerrar los capítulos citando textualmente el nombre del autor original del que extraía la doctrina (ej. «De las enseñanzas de Sorano», «Según Galeno»). Depuró las discusiones teóricas o filosóficas prolongadas de Galeno, centrándose en el diagnóstico clínico, la sintomatología y la formulación farmacológica directa. Aunque respetó la tradición clásica, integró por primera vez fármacos y remedios exóticos procedentes de Oriente (como el alcanfor o el clavo) que empezaban a llegar a la Constantinopla bizantina.

Aecio como era un médico cristiano en algunos aspectos de su obra introduce algunas oraciones invocando a Dios y en algunas partes de su obra dice que cuando se prepare un emplasto debe repetirse varias veces la siguiente oración: “El Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob den virtud a este medicamento”. Para extraer un trozo de hueso de la garganta recomendaba gritar en alta voz la siguiente oración: “Como Jesucristo levantó a Lázaro de la tumba, y Jonás salió de la ballena, así Blas, el mártir y servidor de Dios, manda: Hueso sal fuera y veta abajo”

La transmisión de la obra de Aecio de Amida (Libri Medicinales (16 libros) se esctruturaron habitualmente en 4 libros o Tetrabiblon) está escrita en griego antiguo, transmitida a través de importantes manuscritos bizantinos y traducciones posteriores al latín. Los Libri Medicinales (16 libros) se estructuraron habitualmente en cuatro tetrabiblos (grupos de cuatro libros).

 

Principales Manuscritos:

 

Biblioteca Apostólica Vaticana: Conserva algunos de los testimonios más valiosos del texto griego, como el Vaticanus Graecus 288 (contiene los Libros I-VIII) y otros códices vaticanos que preservan los tratados dedicados a la oftamología y la ginecología.

Biblioteca Médicis Laurenciana (Florencia): Posee varios manuscritos clave (Codex Laurentianus 75.11 y 75.19), redactados en los siglos XII y XIII, esenciales para la fijación del texto de los Libros IX al XVI.

Biblioteca Nacional de Francia (París): Conserva varios códices grecolatinos (como el Parisinus Graecus 2185 y 2188), fundamentales para el estudio del texto griego original.

 

Primeras Ediciones Impresas en Griego (Editio Princeps)

A diferencia de otros médicos de la Antigüedad, la edición en su lengua original (griego) se publicó de forma incompleta en el siglo XVI:

Aëtii Amideni Quemada medicinalis tetrabiblos, hoc est quadruplicis libri . Primera edición en griego (Libros I a VIII). Imprenta / Editor: Imprenta Aldina (herederos de Aldo Manuzio) en Venecia. Año 1534.

 

Las Primeras Ediciones y Traductores al Latín

Dado que la edición griega estaba incompleta, la medicina renacentista conoció y estudió a Aecio fundamentalmente a través de traducciones latinas humanistas, que se anticiparon y completaron a las ediciones en griego:

Aëtii Amideni Medici Clarissimi Contractae ex Veteribus Medicinae Sermones XVI…, publicada en Basilea por Hieronymus Froben en 1542 (reeditada posteriormente en Venecia y París). Es la primera versión completa al latín de los 16 libros.

Giovanni Battista Montano (Montanus): Tradujo varias secciones de los Libri Medicinales en Venecia (década de 1530).

En Lyon (Lugduni) se imprimieron varias de sus ediciones más importantes. LVGDVNI en su grafía latina original con u/v) es el topónimo latino impreso en las portadas renacentistas para la ciudad de Lyon (Lugdunum).

  • 1504 (Edición Príncipe Latina): Impresa en Lyon por François Fradin (Lugduni : impr. per Franciscum Fradin) bajo el título Alexandri Tralliani… Libri duodecim, editada por el médico francés Jacques Despart (Jacobus de Partibus).
  • 1575 / 1576: Edición muy difundida en octavo y sextodecimo impresa por Antoine de Harsy en Lyon (Lugduni : apud Antonium de Harsy) con la traducción latina corregida de Johann Günther von Andernach.

 

 

Ediciones críticas modernas en griego:

No fue hasta el siglo XX cuando se realizó una edición crítica del texto griego completo en el Corpus Medicorum Graecorum (CMG VIII, 1-2), coordinada por el filólogo Alexander Olivieri (publicada entre 1935 y 1950 en Berlín

 

Aecio de Amida

Aecio de Amida

Aecio de Amida (en latín Aëtius Amidenus)

Nació en el año 502 d. C., en Amida (actual Diyarbakır, Turquía), en la región de Mesopotamia. Muere en Alejandria en el año 575 d.C.

Fue un destacado médico griego bizantino y uno de los principales compiladores de la medicina de la Antigüedad Tardía. Se formó en la célebre escuela médica de Alejandría, el centro de conocimiento más importante de la época.

Durante su estancia o viajes por esta región, también visitó zonas cercanas como las minas de cobre de Soli en Chipre, Jericó y el Mar Muerto.

Ejerció la medicina en Constantinopla. Fue médico del emperador Justiniano I.  En los manuscritos históricos de Focio se le atribuye en Constantinopla el título oficial de komēs opsikiou (en latín, comes obsequii), que lo acreditaba como jefe o alto oficial del séquito y la guardia del emperador.

Se le considera uno de los primeros médicos griegos de fe cristiana de los que se tiene registro formal. Su actividad se sitúa entre finales del siglo V y principios del VI, dado que menciona en sus obras al patriarca Cirilo de Alejandría (fallecido en 444) y a Alejandro de Trales, quien lo citó a mediados del siglo VI.

Escribió:

Libri Medicinales (Tetrabiblon): es una especie de enciclopedia de la medicina de su época.  Es un tratado en 16 libros (dividido posteriormente en cuatro partes o tetrabiblos) que recopila de manera sistemática el saber médico clásico de autores como Galeno, Sorano de Éfeso, Oribasio, Dioscórides y Antilo, conservando fragmentos de obras antiguas hoy perdidas.

El Libro XVI está dedicado íntegramente a las enfermedades de la mujer, la concepción, el parto y los remedios ginecológicos, constituyendo una de las fuentes antiguas más completas sobre el tema.

En Lyon (Lugduni) se imprimieron varias de sus ediciones más importantes. LVGDVNI en su grafía latina original con u/v) es el topónimo latino impreso en las portadas renacentistas para la ciudad de Lyon (Lugdunum).

En 1504 se imprimió la edición Príncipes Latina.  Impresa en Lyon por François Fradin (Lugduni : impr. per Franciscum Fradin) bajo el título Alexandri Tralliani… Libri duodecim, editada por el médico francés Jacques Despart (Jacobus de Partibus).

En 1575 / 1576 se edito la más difundida en octavo y sextodecimo impresa por Antoine de Harsy en Lyon (Lugduni : apud Antonium de Harsy) con la traducción latina corregida de Johann Günther von Andernach.

Portada de la edición de la obra de Aecio de Amida en Lyon (en latín Lvgdvni o Lugduni) del año 1549.

Detalló con precisión patologías oculares (Libro VII) y técnicas quirúrgicas como el tratamiento de los aneurismas y la extracción de cuerpos extraños

A la par de remedios farmacológicos rigurosos, incorporó fórmulas y amuletos populares o cristianos (como plegarias para atragantamientos), reflejo de las costumbres mixtas de la medicina bizantina temprana.

 

La obra de Aecio de Amida es fundamentalmente una enciclopedia sintética de la medicina greco-romana. Su valor radica no solo en el ordenamiento de los conocimientos de su época, sino en que actuó como un filtro conservador que rescató pasajes enteros de tratados antiguos hoy desaparecidos.

Principales Autores Clásicos y su Impacto

  • Galeno de Pérgamo (Siglo II d. C.): Es la columna vertebral de la patología, la fisiología humoral y la terapéutica en el Tetrabiblon. Aecio adopta la teoría galénica de los cuatro humores y la doctrina clínica del médico de Pérgamo como marco doctrinal absoluto.
  • Sorano de Éfeso (Siglo II d. C.): Representa la fuente primordial para la sección de ginecología, obstetricia y neonatología (especialmente en el Libro XVI). Aecio preservó la metodología anatómica y clínica de Sorano, máxima autoridad de la escuela metódica.
  • Pedanio Dioscórides (Siglo I d. C.): Es el modelo de los primeros libros del Tetrabiblon dedicados a la materia médica. Aecio extrae de su obra De Materia Medica las propiedades de las plantas, minerales y sustancias animales, reorganizándolas con un criterio más sistemático y práctico para la confección de recetas.
  • Oribasio de Pérgamo (Siglo IV d. C.): Constituye el precedente directo de Aecio como compilador bizantino. Aecio utilizó las Colecciones Médicas de Oribasio como guía estructural, aunque simplificando el texto para hacerlo más accesible al médico práctico.
  • Antilo y Leonidas (Siglos II y III d. C.): Dos de los más notables cirujanos del Imperio Romano. Gracias a Aecio se conservan las descripciones quirúrgicas de Antilo sobre el tratamiento de aneurismas, traqueotomías y cataratas, así como las técnicas de mastectomía descritas por Leonidas.
  • Rufus de Éfeso, Filúmeno y Arquígenes: Aecio cita ampliamente sus tratados sobre enfermedades renales, de la vejiga y patologías digestivas, preservando pasajes clave que de otro modo se habrían perdido.

 

Solía encabezar o cerrar los capítulos citando textualmente el nombre del autor original del que extraía la doctrina (ej. «De las enseñanzas de Sorano», «Según Galeno»). Depuró las discusiones teóricas o filosóficas prolongadas de Galeno, centrándose en el diagnóstico clínico, la sintomatología y la formulación farmacológica directa. Aunque respetó la tradición clásica, integró por primera vez fármacos y remedios exóticos procedentes de Oriente (como el alcanfor o el clavo) que empezaban a llegar a la Constantinopla bizantina.

Aecio como era un médico cristiano en algunos aspectos de su obra introduce algunas oraciones invocando a Dios y en algunas partes de su obra dice que cuando se prepare un emplasto debe repetirse varias veces la siguiente oración: “El Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob den virtud a este medicamento”. Para extraer un trozo de hueso de la garganta recomendaba gritar en alta voz la siguiente oración: “Como Jesucristo levantó a Lázaro de la tumba, y Jonás salió de la ballena, así Blas, el mártir y servidor de Dios, manda: Hueso sal fuera y veta abajo”

La transmisión de la obra de Aecio de Amida (Libri Medicinales (16 libros) se esctruturaron habitualmente en 4 libros o Tetrabiblon) está escrita en griego antiguo, transmitida a través de importantes manuscritos bizantinos y traducciones posteriores al latín. Los Libri Medicinales (16 libros) se estructuraron habitualmente en cuatro tetrabiblos (grupos de cuatro libros).

 

Principales Manuscritos:

 

Biblioteca Apostólica Vaticana: Conserva algunos de los testimonios más valiosos del texto griego, como el Vaticanus Graecus 288 (contiene los Libros I-VIII) y otros códices vaticanos que preservan los tratados dedicados a la oftamología y la ginecología.

Biblioteca Médicis Laurenciana (Florencia): Posee varios manuscritos clave (Codex Laurentianus 75.11 y 75.19), redactados en los siglos XII y XIII, esenciales para la fijación del texto de los Libros IX al XVI.

Biblioteca Nacional de Francia (París): Conserva varios códices grecolatinos (como el Parisinus Graecus 2185 y 2188), fundamentales para el estudio del texto griego original.

 

Primeras Ediciones Impresas en Griego (Editio Princeps)

A diferencia de otros médicos de la Antigüedad, la edición en su lengua original (griego) se publicó de forma incompleta en el siglo XVI:

Aëtii Amideni Quemada medicinalis tetrabiblos, hoc est quadruplicis libri . Primera edición en griego (Libros I a VIII). Imprenta / Editor: Imprenta Aldina (herederos de Aldo Manuzio) en Venecia. Año 1534.

 

Las Primeras Ediciones y Traductores al Latín

Dado que la edición griega estaba incompleta, la medicina renacentista conoció y estudió a Aecio fundamentalmente a través de traducciones latinas humanistas, que se anticiparon y completaron a las ediciones en griego:

Aëtii Amideni Medici Clarissimi Contractae ex Veteribus Medicinae Sermones XVI…, publicada en Basilea por Hieronymus Froben en 1542 (reeditada posteriormente en Venecia y París). Es la primera versión completa al latín de los 16 libros.

Giovanni Battista Montano (Montanus): Tradujo varias secciones de los Libri Medicinales en Venecia (década de 1530).

 

Ediciones críticas modernas en griego:

No fue hasta el siglo XX cuando se realizó una edición crítica del texto griego completo en el Corpus Medicorum Graecorum (CMG VIII, 1-2), coordinada por el filólogo Alexander Olivieri (publicada entre 1935 y 1950 en Berlín

 

Instrumental Ginecológico en el siglo IV d.C.

Instrumental Ginecológico en el siglo IV d.C.

El Instrumental Ginecológico en el siglo IV d.C. esta tomado de las referencias, menciones y descripciones de Oribasio de Pérgamo y provienen de su obra Colecciones Médicas (reorganizados y sintetizados también en el Libro IX de la Sinopsis para Eustacio y el Libro IV del Libro para Eunapio).

Instrumental de exploración y dilatación

Especulo vaginal (Dioptra / Speculum uteri): Dioptra (Especulo de tornillo. Instrumento metálico de bronce con dos o tres valvas articuladas accionadas por un tornillo sin fin (pēxidion).

Permitía ensanchar la vagina mediante presión mecánica controlada para inspeccionar el cuello uterino, evaluar laceraciones, detectar prolapsos o guiar la introducción de instrumentos en caso de fetos atravesados.

Espéculo vaginal griego (dioptra) del Museo Nacional de Atenas (Grecia)

Dilatadores de madera y estirax (Spathē / Pessoi):: Varillas cilíndricas o espátulas suavizadas recubiertas de aceites emolientes para dilatar gradualmente un cérvix rígido o espasmódico antes de intentar las maniobras manuales de versión podálica.

 

Instrumental de tracción y fijación (Embriotomía)

Cuando el feto había muerto en el claustro materno y no podía extraerse mediante versión podálica, Oribasio desaconsejaba la fuerza bruta e indicaba el uso de instrumental de fijación para evitar el colapso de la matriz.

 

Ganchos obstétricos ciegos y agudos (Ankistron / Uncus): Vástagos metálicos terminados en una curvatura o garfio, con la punta roma (para guiar) o afilada (para tracción).El cirujano introducía el gancho protegido por el dedo índice de una mano para no dañar las paredes vaginales. Se fijaba en puntos óseos sólidos del feto muerto (las cuencas de los ojos, la boca, detrás del oído o la clavícula) para ejercer una tracción continua y extraer el cuerpo.

 

Pinzas de tracción (Odonthagra / Tenacula).  Pinzas metálicas dentadas empleadas para sujetar partes blandas o fragmentos óseos durante el desmembramiento intrauterino.

 

Bisturí embrionario o anular (Spathion / Machairion): Cuchillo pequeño cuya hoja podía deslizarse o esconderse en un estuche para ser introducido de forma segura dentro del canal del parto. Utilizado para realizar la decapitació fetal (decapitatio), la evisceración del tórax/abdomen o la sección de extremidades cuando el feto impactado impedía el parto natural.

Perforador craneal (Spathē kinetē / Cranoclastes arcaico): Instrumento punzante diseñado para perforar la bóveda craneal del feto en presentaciones de cabeza encajadas e inamovibles. Al colapsar el cráneo y permitir la salida del contenido cerebral, disminuía el diámetro de la cabeza y facilitaba su extracción con el gancho.

 

Sonda uterina (Mēlotē) Varilla de plata o bronce de punta roma utilizada para explorar la cavidad uterina, verificar la presencia de fragmentos placentarios retenidos o guiar la evacuación de coágulos.

 

Jeringas y clísteres uterinos (Metrenchytes): Cánula hueca conectada a una vejiga de animal. Utilizado para inyectar infusiones tibias de malva, aceite de oliva o vino aromatizado directamente en el útero. Tenía una doble función: lubricar las vías en partos secos y lavar el interior de la matriz tras una intervención quirúrgica para prevenir la infección y expulsar los restos de secundinas.

 

La Ginecología de Oribasio de Pérgamo

La Ginecología de Oribasio de Pérgamo

Los aportes de Oribasio a la ginecología y la obstetricia provienen de las secciones especializadas de sus Colecciones Médicas (reorganizados y sintetizados también en el Libro IX de la Sinopsis para Eustacio y el Libro IV del Libro para Eunapio).

Portada de la obra de Oribasio. Editada en Venecia en 1554

Tras la época de Oribasio (siglo IV d. C.), la medicina bizantina desarrolló un sistema asistencial fuertemente institucionalizado e influido por el cristianismo. En este contexto, la atención médica femenina no desapareció ni quedó relegada al ámbito meramente doméstico, sino que se estructuró en dos figuras bien diferenciadas y legalmente reconocidas: la comadrona (maia o akestris) y la médica (iatreina o iatrina).

A partir de los siglos V y VI, el Imperio Bizantino creó una red de hospitales públicos y de beneficencia (xenones o nosokomeia). Esta profesionalización del espacio hospitalario otorgó a la mujer un rol asistencial formal: Los grandes hospitales bizantinos, como el célebre Hospital del Pantocrátor en Constantinopla (fundado en 1136 por el emperador Juan II Comneno), contaban con secciones exclusivas para mujeres.Los reglamentos hospitalarios (typika) estipulaban la contratación de médicas (iatreinas) y comadronas (maiai) en plantilla, con sueldos fijos, raciones de comida y sustitutas durante sus turnos de descanso. Su función principal era examinar y tratar a las pacientes para preservar el pudor femenino (aidos), un valor central en la sociedad bizantina.

Existía la “maia/akestris”, (la comadrona) que era la encargada de la asistencia al parto eutócico (normal), cuidados neonatales inmediatos y peritaje legal sobre virginidad o embrazo en tribunales. Y también existía la “Iatreina o iatrina” (Que era una médica) que atendía patologías ginecológicas, prescribía fármacos, realizaba diagnósticos clínicos y dirigía el tratamiento en los xenones

La Ginecología en los textos de Oribasio de Pérgamo muchas partes son las opiniones de Aecio de Amida (s. VI): En el libro XVI de su Tetrabiblos, dedicó una de las mayores síntesis de ginecología de la Antigüedad tardía, recopilando remedios específicos para enfermedades de la matriz que eran administrados directamente por iatreinas.

Aunque Oribasio sigue de cerca a Galeno en fisiología general, para el ámbito ginecológico recurre fundamentalmente a Sorano de Éfeso (el gran ginecólogo de la escuela metódica) y a Rufos de Éfeso, estructurando el saber de la época en cuatro bloques clave:

Describe el útero como un órgano bicorne o dividido en cavidades (según el pensamiento anatómico imperante) y analiza la menstruación como un mecanismo natural de depuración sanguínea en el cuerpo femenino.

Clasifica la amenorrea (ausencia de regla), la menorragia (sangrado excesivo) y la leucorrea (fluxus muliebris), atribuyéndolas a desequilibrios de los humores o a alteraciones en la porosidad y tono del tejido uterino.

Para los trastornos ginecológicos no obstétricos (afecciones del aparato reproductor fuera del parto), Oribasio combina la patología humoral galénica con la farmacología de Dioscórides y la terapéutica física de Sorano. Sus tratamientos estructuran intervenciones tópicas, farmacológicas y de estilo de vida para cada patología específica.

 

Las amenorreas refieren que son atribuidas al enfriamiento, la sangre espesa o la obstrucción de los vasos uterinos. Recomienda como tratamiento baños de asiento caliente (enkathismata), flebotomía (sangría) en los tobillos para redirigir el flujo (derivación), emenagogos orales (decocciones de ruda, eneldo, mirra y ajenjo) y pesarios irritantes suaves con miel y aceite de nardo para estimular la mucosa uterina.

Las menorragia y metrorragias (sangrado excesivo). Refiere que es producida por un exceso de calor humoral o de debilidad en los vasos. Tratamiento: Reposo absoluto con la pelvis elevada, ligaduras apretadas en las extremidades superiores para desviar el flujo sanguíneo, compresas frías con vinagre y jugo de llantén en el bajo vientre, y pesarios altamente astringentes a base de alumbre, agallas de roble (kykides) y cáscara de granada. Recomienda las aguas minerales para las irregularidades menstruales y para las propensas al aborto, mencionando a Antilo como su fuente de información. Para la menorragia recomienda entre otras cosas, vendaje de los miembros, aplicación al útero de ceniza de una esponja nueva empapada en pera, el empleo de ventosas en el hipocondrio para detener la hemorragia uterina. La introducción de pesarios de lana, el uso de irrigaciones mediante una pequeña jeringa o la aplicación de una tira de lino o una esponja en forma de mecha en el interior del cuello uterino

En caso de menstruación escasa y después de la menopausia Oribasio dice:

“Cuando las mujeres han alcanzado ya una edad avanzada y cuyos periodos menstruales han cesado desde largo tiempo, experimentan algunas molestias corporales, empleo este mismo tratamiento para aliviarlas, pues es especialmente eficaz en tales casos, ya que imita la evacuación natural. Acostumbro a sangrar unas veces con ayuda de un cuchillo y otras aplicando sanguijuelas.”

Oribasio recomendaba el coito a posteriori en casos de esterilidad. En los casos de cuello estenosado indica la dilatación por medio de astringentes para inducir la concepción.

 

Las Inflamaciones e induraciones uterinas (Metritis y escirros). La inflamación aguda del útero (Metritis): Se manifestaba con fiebre, dolor pélvico agudo y endurecimiento a la palpación. Recomienda como tratamiento: Reposo absoluto, cataplasmas emolientes de harina de lino y malva sobre el hipogastrio, e irrigaciones uterinas entibiadas (metrenchytes) con aceite de oliva o de manzanilla. Dice que las inflamaciones de la vejiga o del útero debían tratarse con inyecciones de leche.  Dice que el utero tiene cierta afinidad a sufrir con el colon; así, pues, es natural suponer que si el útero está inflamado tiene que aliviarse inyectando medicamentos en el colón. Dice que el absceso de utero se abre con máxima frecuencia en el recto, aunque puede hacerlo también en la vejiga urinaria o en el orificio del útero.

Induraciones y tumores benignos (escirros/fibromas). Tratamiento: Baños prolongados en aguas termales sulfuradas, emplastos ablandadores a base de resina de pino, cera, grasa de pato o de ciervo y goma amoniacal aplicada en el vientre para «disolver» la dureza de los tejidos.

Para el cáncer del útero, estado que considera incurable, recomienda los pesarios de opio a fin de reducir el dolor y el sufrimiento.

«Sofocación de la matriz» (Hysterikē pnix). Cuadro caracterizado por ansiedad, desmayos, sensación de ahogo y contracciones abdominales, atribuido al desplazamiento de un útero seco o desnutrido hacia el diafragma. Tratamiento aromático de atracción/repulsión: Se aplicaban sustancias fétidas (asafétida, azufre, lana sucia quemada o mechas de queroseno) bajo las fosas nasales para hacer «descender» el útero, mientras que en la región vulvar se aplicaban bálsamos dulces y perfumados (aceite de lirio, nardo o mejorana). Tratamiento mecánico: Fricciones intensas con aceite en los muslos y piernas, e inmovilización con ligaduras compresivas en los miembros inferiores.

Prolapso uterino (Ptōsis mētras) Descenso total o parcial de la matriz a través del canal vaginal. Tratamiento: Reducción manual cuidadosa con los dedos lubricados tras haber lavado los tejidos prolapsados con decocción de agallas de roble o vino astringente. Posteriormente, se colocaba a la mujer en decúbito supino con las piernas cruzadas y juntas, manteniendo durante días un esponjamiento empapado en jugo de membrana de granada o solución de alumbre dentro de la vagina para sujetar el órgano

Oribasio dice que el útero prolapsado puede ser restituido fácilmente a su situación normal y mantenido durante varios días con el uso de un taponamiento vaginal de lana.

El útero considera que no es un órgano de importancia vital que puede ser extirpado y la paciente seguir viviendo.

Fármacos empleados por Oribasio.

Mechas de lana saturadas en resinas, aceites esenciales, alumbre o miel

Decocciones de malva, vino tinto o aceites administrados con cánula hueca

Vapor de sahumerios de mirra, azufre o gálbano aplicado bajo silla calada.

Agua tibia enriquecida con plantas emolientes (malva, manzanilla) o astringentes

 

 

En sus Colecciones Médicas (así como en la Sinopsis para Eustacio y el Libro para Eunapio), Oribasio de Pérgamo dedica capítulos enteros a la elaboración de pesarios (pessoi), una de las formas farmacéuticas galénicas más importantes para el tratamiento directo de la patología uterina y vaginal.

El pesario clásico se elaboraba envolviendo los principios activos farmacológicos en una mecha de lana limpia y peinada (erion), o moldeando la masa con cera y grasas animales hasta darle una forma cilíndrica o cónica fácil de introducir en el canal vaginal.

Clasificación y recetas de los pesarios en Oribasio

Oribasio clasifica los pesarios según su acción terapéutica dominante, adaptando las recetas de Dioscórides, Galeno y Sorano de Éfeso:

Pesarios Emenagogos y Provocadores (Pessoi emmenagōgoi). Diseñados para estimular el flujo menstrual en casos de amenorrea, ablandar el cérvix o favorecer la expulsión de loquios y secundinas retrasadas.

Fórmula con Mirra y Ajeno: Ingredientes: Mirra pulverizada, jugo de ajenjo (absinthium), ruda, miel silvestre y aceite de nardo. La mirra y el ajenjo actúan como irritantes locales suaves y   vasculares que hiperemiaban la mucosa uterina.

Fórmula con Gálbano y Eléboro: Ingredientes: Gálbano, resina de pino, eléboro negro y grasa de ganso. Empleado en amenorreas persistentes. Las resinas resinosas junto con la grasa servían de vehículo emoliente para disolver los principios fuertemente purgantes del eléboro.

Pesarios Astringentes y Hemostáticos (Pessoi styptekoi). Indicados para cohibir las menorragias, detener la metrorragia posparto, tratar la leucorrea (fluxus muliebris) o fijar los tejidos en caso de prolapso.

Fórmula con Alumbre y Granados: Ingredientes: Alumbre esquisto (stypteriā), cáscara de granada molida (rhoes kokkos), agallas de roble (kykides), zumo de acacia y vino tinto astringente. La altísima concentración de taninos y minerales metálicos producía una precipitación proteica inmediata en la mucosa, logrando una fuerte vasoconstricción local.

Fórmula hemostática con Sangre de Drago:        ingredientes: Sangre de drago (cinabrio vegetal), zumo de llantén y corteza de pino.

Pesarios Emolientes y Anodinos (Pessoi chalastikoi / prayntikoi). Destinados a calmar el dolor pélvico agudo, suavizar las induraciones uterinas (escirros), tratar la metritis aguda o aliviar el espasmo de la «sofocación de la matriz».

Fórmula con Cera y Médula de Ciervo: Ingredientes: Cera virgen fundida, médula de ciervo o grasa de pato, aceite de iris, mucílago de fenogreco y pulpa de malva. Carecía de irritantes. Se introducía tibio para relajar la musculatura lisa del cérvix e hidratar profundamente las mucosas inflamadas.

Fórmula sedante con Opio: Ingredientes: Opiáceo (ōpion), aceite de rosa y yema de huevo cocida. Se administraba exclusivamente para calmar dolores uterinos intratables.

Oribasio insiste en su obra que todo pesario envuelto en lana debía llevar un hilo largo y resistente de lino colgando fuera de la vulva para que la propia paciente o la comadrona pudieran retirarlo fácilmente. Los pesarios fuertemente irritantes o emenagogos no debían mantenerse más de 3 a 6 horas para evitar ulceraciones. Los emolientes y astringentes suaves podían dejarse colocados toda la noche. Antes de la inserción de un pesario, Oribasio recomendaba siempre realizar un baño de asiento (enkathisma) o una irrigación limpia para retirar exudados previos.

 

En las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.), las resinas aromáticas y gomorresinas traídas de Oriente a través de las rutas comerciales grecorromanas ocupan un lugar preferente en la materia médica ginecológica. Heredero directo de la farmacología de Dioscórides y Galeno, Oribasio atribuía a estas sustancias propiedades «cálidas», «desactivadoras de la humedad» y «calmantes del espasmo». Entre ellas destacan el gálbano (chalbanē), la mirra (smyrna) y el estoraque o estacté (la fracción líquida o resina aromática derivada de la mirra y el árbol del estoraque, a menudo citada de forma complementaria).

El Gálbano (Chalbanē) Extraído de plantas umbelíferas del género Ferula (como Ferula gummosa), el gálbano es una gomorresina viscosa y amarga de olor acre penetrante. Oribasio lo consideraba uno de los estimulantes uterinos más potentes. Se prescribía en pesarios y fumigaciones para provocar la menstruación retenida (amenorrea) y acelerar la expulsión de secundinas o loquios tras el parto. Debido a su fuerte aroma penetrante y propiedades termogénicas, era la piedra angular en el tratamiento aromático de la hysterikē pnix (histeria). Se aplicaba bajo la nariz para hacer descendiente la matriz, o en pesarios ablandadores. Combinado con cera de abejas y grasa de pato o ciervo, disolvía los «escirros» (durezas y tumores benignos) del cuello del útero. Disuelto en grasa animal o cera (cerato). Servía para amenorrea, retención de placenta y sofocación uterina

La Mirra (Smyrna). Gomorresina gomosa obtenida del árbol Commiphora myrrha. En la farmacia de Oribasio es el antiséptico y cicatrizante uterino por excelencia. Utilizada para tratar las úlceras de la matriz, laceraciones vaginales tras partos distócicos y leucorreas fétidas. La mirra coagulaba las secreciones y prevenía la putrefacción (sepsis) de los tejidos. Formaba parte de las recetas de pesarios diseñados para ablandar el orificio uterino rígido antes de las maniobras obstétricas o para favorecer el vaciado de la matriz.: Se trituraba finamente con miel o se quemaba en incensarios debajo de la silla de parto (diphros) para que el humo perfumado dilatara los conductos genitales. Pulverizada e incorporada en pesarios con miel o lana (oísypos).

 

El Estacté / Estoraque (Staktē / Styrax). Oribasio distingue entre la mirra seca en lágrimas y el estacté (staktē), que era la fracción líquida o aceite resinoso más puro y aromático que destilaba la mirra recién incidida o el árbol del estoraque (Styrax officinalis). Utilizado principalmente por su altísimo poder aromático en el tratamiento de los desplazamientos uterinos. Aplicado en la vulva, atraía la matriz hacia su posición fisiológica baja. Mezclado con aceite de rosa o lanolina (oísypos), calmaba las quemazones y el dolor agudo originado por las inflamaciones agudas de la vagina (colpitis) o la matriz. Aceite resinoso para impregnación o cataplasma vulvar para el dolor pélvico agudo y atracción aromática del útero

 

Asistencia al Parto y Distocias (Obstetricia)

Detalla los partos difíciles o distócicos, catalogando las posiciones anómalas del feto (de nalgas, atravesado o con extremidades prolapsadas).

Transmite las maniobras obstétricas de Sorano para girar manualmente al feto intrauterino y facilitar su salida por los pies (versión podálica), técnica decisiva para salvar vidas en la Antigüedad antes de la cesárea moderna.

Oribasio dice que el niño se engendra y ocupa el lado derecho del útero y la niña el izquierdo

Detalla protocolos mediante fumigaciones, supositorios y baños para la expulsión de la placenta retenida. En casos de muerte fetal intrauterina, describe el instrumental y procedimientos quirúrgicos de extracción (embriotomía y ganchos obstétricos).

Patología Ginecológica y la «Sofocación Uterina»

Sofocación de la matriz (hysterikē pnix): Trata ampliamente el cuadro conocido como «histeria» o sofocación uterina (crisis agudas de ansiedad, desmayos o convulsiones atribuidas al desplazamiento o contención del útero).

Terapéutica aromática: Recoge el tratamiento tradicional mediante olfacciones contrastadas: aplicación de olores fétidos en la nariz y aromas agradables y perfumados en la zona vulvar para «atraer» el útero de vuelta a su posición anatómica.

Afecciones orgánicas: Aborda el prolapso uterino, las inflamaciones (metritis), los endurecimientos y los tumores o úlceras del cuello del útero.

 

Puericultura y Salud del Recién Nacido. Recomienda la ligadura del cordón umbilical: Pautas exactas sobre cómo cortar, ligar y limpiar el ombligo del neonato.

Oribasio en su obra cita a Rufo de Éfeso describiendo los requisitos físicos, morales que debía cumplir una buena nodriza.

En sus Colecciones Médicas (así como en las secciones correspondientes de la Sinopsis y el Libro para Eunapio), Oribasio reúne la tradición quirúrgica y obstétrica de la Antigüedad clásica, basándose en las obras de Sorano de Éfeso, Antilo y Heliodoro.

Para la atención de los partos difíciles (distocias) y el manejo de complicaciones intrauterinas grave o fetos muertos, Oribasio clasifica el instrumental quirúrgico y obstétrico en herramientas manuales, cortantes, de tracción y de dilatación.

Instrumental de exploración y dilatación

Especulo vaginal (Dioptra / Speculum uteri): Dioptra (Especulo de tornillo. Instrumento metálico de bronce con dos o tres valvas articuladas accionadas por un tornillo sin fin (pēxidion).

Permitía ensanchar la vagina mediante presión mecánica controlada para inspeccionar el cuello uterino, evaluar laceraciones, detectar prolapsos o guiar la introducción de instrumentos en caso de fetos atravesados.

 

Dilatadores de madera y estirax (Spathē / Pessoi): Varillas cilíndricas o espátulas suavizadas recubiertas de aceites emolientes para dilatar gradualmente un cérvix rígido o espasmódico antes de intentar las maniobras manuales de versión podálica.

 

Instrumental de tracción y fijación (Embriotomía)

Cuando el feto había muerto en el claustro materno y no podía extraerse mediante versión podálica, Oribasio desaconsejaba la fuerza bruta e indicaba el uso de instrumental de fijación para evitar el colapso de la matriz:

Ganchos obstétricos ciegos y agudos (Ankistron / Uncus): Vástagos metálicos terminados en una curvatura o garfio, con la punta roma (para guiar) o afilada (para tracción).El cirujano introducía el gancho protegido por el dedo índice de una mano para no dañar las paredes vaginales. Se fijaba en puntos óseos sólidos del feto muerto (las cuencas de los ojos, la boca, detrás del oído o la clavícula) para ejercer una tracción continua y extraer el cuerpo.

 

Pinzas de tracción (Odonthagra / Tenacula).  Pinzas metálicas dentadas empleadas para sujetar partes blandas o fragmentos óseos durante el desmembramiento intrauterino.

 

Bisturí embrionario o anular (Spathion / Machairion): Cuchillo pequeño cuya hoja podía deslizarse o esconderse en un estuche para ser introducido de forma segura dentro del canal del parto. Utilizado para realizar la decapitació fetal (decapitatio), la evisceración del tórax/abdomen o la sección de extremidades cuando el feto impactado impedía el parto natural.

Perforador craneal (Spathē kinetē / Cranoclastes arcaico): Instrumento punzante diseñado para perforar la bóveda craneal del feto en presentaciones de cabeza encajadas e inamovibles. Al colapsar el cráneo y permitir la salida del contenido cerebral, disminuía el diámetro de la cabeza y facilitaba su extracción con el gancho.

Sonda uterina (Mēlotē) Varilla de plata o bronce de punta roma utilizada para explorar la cavidad uterina, verificar la presencia de fragmentos placentarios retenidos o guiar la evacuación de coágulos.

Jeringas y clísteres uterinos (Metrenchytes): Cánula hueca conectada a una vejiga de animal. Utilizado para inyectar infusiones tibias de malva, aceite de oliva o vino aromatizado directamente en el útero. Tenía una doble función: lubricar las vías en partos secos y lavar el interior de la matriz tras una intervención quirúrgica para prevenir la infección y expulsar los restos de secundinas.

 

El periodo del puerperio inmediato aborda las dos complicaciones más temidas del parto en la Antigüedad —la retención de secundinas (retentio placentae) y la hemorragia posparto—, recopila el saber de Sorano de Éfeso, Galeno y Rufos de Éfeso, estableciendo protocolos que combinan la intervención manual, la farmacología local y la terapia física. Oribasio advierte que si la placenta (deuteron o secundinae) no se expulsa espontáneamente tras el nacimiento, la descomposición de los tejidos intrauterinos puede provocar fiebres graves, inflamación de la matriz (metritis) o sepsis. Por ello, establece un protocolo escalonado. Se hacía inhalar a la mujer polvos estornutatorios (como el eléboro blanco o la pimienta) o se provocaba el reflejo de la tos. El aumento de la presión intraabdominal ayudaba a despegar y descender la placenta. Se colocaba a la paciente sentada en la silla de parto (diphros) o en posición semi incorporada para favorecer la expulsión por gravedad. Se aplicaba humo o vapor debajo de la silla de parto mediante sahumerios de sustancias aromáticas y resinas (como áloe, mirra, gálbano, azufre o comino). Se creía que el calor suave y las propiedades estimulantes del vapor dilataban el cuello uterino y relajaban los espasmos.

Si los métodos indirectos fallaban, se procedía a la extracción directa. Tracción suave del cordón: El obstetra o la comadrona sujetaba el cordón umbilical (que no debía cortarse demasiado cerca de la vulva) con los dedos enrollados en lana para evitar resbalar, aplicando una tracción ligera, constante y descendente mientras se ejercía una presión suave sobre el bajo vientre con la otra mano.  Si la placenta seguía adherida, el médico se untaba la mano con aceite tibio de malva o semillas de lino, introducía los dedos suavemente por el cuello uterino y, bordeando los límites de la masa placentaria, la despegaba gradualmente con las yemas de los dedos de la pared de la matriz antes de extraerla. Irrigaciones y lavado (Metrenchytes): Una vez extraída la placenta, se irrigaba la cavidad uterina con una jeringa o clister (metrenchytes) inyectando aceite tibio, vino aromatizado o decocciones de malva y manzanilla para limpiar los coágulos y fragmentos restantes.

La hemorragia posparto

Para detener el sangrado profuso (almo-rrhagia) tras el parto, Oribasio aplica los principios galénicos y astringentes de la materia médica, buscando contraer los vasos sanguíneos y favorecer la formación de coágulos. Se acostaba a la mujer en una cama dura, con la cabeza baja y la pelvis ligeramente elevada para reducir el flujo de sangre hacia la matriz. Se aplicaban esponjas empapadas en agua fría o vinagre diluido sobre el hipogastrio (bajo vientre), los muslos y la región lumbar. La aplicación externa de frío buscaba la vasoconstricción reflexiva de la zona pélvica.

Astringentes locales y taponamiento. Tapones vaginales astringentes (Pessoi): Oribasio prescribe la introducción de supositorios o tapones de lana empapados en sustancias altamente astringentes para coagular la sangre y cerrar los vasos sangrantes. Entre los ingredientes principales cita: Cáliz de granada (balaustium) y agallas de roble (kykides): Ricos en taninos. Alumbre (stypteriā): Conocido por sus potentes propiedades hemostáticas. Zumo de acacia, sangre de drago y jugo de llantén. Fumigaciones y polvos hemostáticos: Se espolvoreaban directamente en el canal vaginal o se aplicaban en forma de cataplasmas astringentes. Dieta y soporte sistémico. Se prohibían los alimentos calientes o sazonados y las bebidas alcohólicas, que se consideraba que «calentaban la sangre» y dilataban las arterias. Se daba a beber a la paciente agua fría con vinagre, zumo de membrillo o decocciones de corteza de granada en pequeñas dosis constantes.

 

La comparación entre el tratamiento de la retención de placenta (retentio placentae) en la Ginecología (Gynaekeia) de Sorano de Éfeso (s. II d. C.) y las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.) permite observar cómo se transmitió y adaptó el saber obstétrico de la escuela metódica en la enciclopedia médica tardo antigua.

Aunque Oribasio toma a Sorano como su fuente principal para este capítulo, existen matices doctrinales, organizativos y metodológicos significativos entre ambos textos.

Existen ciertas divergencias entre la medicina de Oribasio y la medicina de la época: Sorano (Escuela Metódica): Rechaza la teoría humoral galénica y la necesidad de «expulsar humores corruptos». Considera la retención de placenta como un estado de constricción o espasmo de la matriz (status strictus) o una falta de tono muscular. Su enfoque se centra en relajar, ablandar y calmar la matriz mediante calor, aceites y manipulaciones suaves. Y Oribasio (Síntesis Galénico-Ecléctica): Aunque copia los procedimientos prácticos de Sorano, enmarca la patología dentro del esquema humoral galénico. Oribasio pone mayor énfasis en el riesgo de putrefacción de la sangre y de los tejidos retenidos, lo que justifica una postura ligeramente más vigilante respecto a la necesidad de limpiar e irrigar la cavidad uterina para evitar fiebres y sepsis.

Sorano: Privilegia la paciencia y las maniobras suaves. Desaconseja tajantemente sacudir con violencia a la paciente o usar sustancias excesivamente irritantes. Se limita a provocaciones leves de tos, mantener a la mujer caliente y usar estornutatorios suaves. Y Oribasio: Conserva las medidas de Sorano (estornutatorios, posicionamiento en la silla de parto), pero añade una mayor variedad de fumigaciones vaginales de resinas aromáticas (áloe, gálbano, azufre) heredadas de la tradición farmacológica de Dioscórides y de la medicina neumática.

Sorano: Establece la regla de oro de la obstetricia clásica: la mano del profesional debe actuar como una cuña suave. Si la placenta no se desprende, el médico debe untarse los dedos con aceite tibio y separar las adherencias de la pared uterina poco a poco con la yema de los dedos, evitando a toda costa tirones bruscos del cordón umbilical que puedan provocar la inversión uterina o la ruptura del cordón. Y Oribasio: Mantiene la técnica paso a paso de Sorano, pero su redacción es más sintética y directiva. Mientras Sorano argumenta ampliamente el porqué de cada paso para educar a la comadrona, Oribasio redacta el pasaje con un estilo de manual de instrucciones para el médico, priorizando la secuencia precisa de la maniobra.

Sorano: Tras la extracción, aplica fomentos calientes, cataplasmas de linaza y aceite sobre el abdomen para prevenir la inflamación. Favorece los baños tibios y el reposo. Y Oribasio: Hace un uso mucho más sistemático y explícito de la jeringa uterina (metrenchytes). Para Oribasio, el lavado post intervención con vino aromatizado o decocciones astringentes y antisépticas es indispensable para garantizar que no queden fragmentos o coágulos en el interior de la matriz.

Oribasio actuó como el gran filtro de eficiencia de la obra de Sorano: eliminó los debates teóricos de la escuela metódica, conservó la extraordinaria técnica manual de Sorano para la extracción de la placenta y le añadió el rigor antiséptico e irrigador propio del marco galénico.

La visión sobre la figura y las competencias de la comadrona (maia / obstetrix) en la Ginecología de Sorano de Éfeso (s. II d. C.) y en las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.) refleja una transformación estructural profunda en la medicina clásica: el paso de una profesión obstétrica femenina autónoma y profesionalizada a la subordinación técnica bajo la supervisión del médico profesional (iatros).

  1. La comadrona en Sorano: Autonomía profesional y perfil ideal

Para Sorano, la comadrona no es una mera asistente, sino el agente principal y autónomo de la atención al parto y la salud de la mujer. Dedica los primeros capítulos de su obra a definir los requisitos indispensables que debe cumplir la «comadrona perfecta»:

  • Perfil técnico e intelectual: Debe saber leer y escribir para estudiar la teoría médica, poseer conocimientos de anatomía, farmacia y dietética, y demostrar una memoria excelente.
  • Cualidades físicas: Manos delgadas, de dedos largos y uñas cortas y bien limadas para no lastimar los tejidos internos de la paciente durante las exploraciones o la versión podálica.
  • Cualidades éticas y psicológicas: Incorruptible (Sorano le prohíbe taxativamente administrar abortivos por motivos pecuniarios o de adulterio), calmada, discreta y no supersticiosa (rechaza categóricamente las amuletos, incantaciones y prácticas mágicas populares en el paritorio).
  • Autonomía asistencial: Sorano concibe que la comadrona debe dirigir el parto normal y el parto difícil (distocia) por sí misma. El médico solo interviene como consultor de última instancia o para ejecutar intervenciones quirúrgicas extremas (como la embriotomía).
  1. La comadrona en Oribasio: Subordinación y manualización

Oribasio, al recopilar a Sorano dentro de un proyecto enciclopédico ordenado bajo la óptica galénica, altera sustancialmente la posición de la comadrona en el marco sanitario tardo antiguo:

  • El médico como centro del saber: Las Colecciones Médicas están dirigidas a médicos eruditos (iatroi). Por ello, Oribasio omite las extensas secciones de Sorano sobre las virtudes, educación y código deontológico de la comadrona.
  • Reducción a ejecuto de maniobras: La comadrona pasa de ser una profesional teórica autónoma a convertirse en la ejecutora técnica de las instrucciones del médico. Oribasio describe las maniobras de manipulación vaginal, el corte del cordón o el despegamiento de la placenta en tercera persona, dando por sentado que el médico dirige la escena o realiza él mismo la intervención.
  • Especialización quirúrgica masculina: Con la consolidación de la literatura médica bizantina que promueve Oribasio, la cirugía obstétrica, el uso del especulo (dioptra), las perforaciones craneales y la irrigación mediante metrenchytes quedan adscritas a la competencia directa del médico varón.

 

En sus Colecciones Médicas (y en sus epítomes prácticos Sinopsis para Eustacio y Libro para Eunapio), Oribasio de Pérgamo sintetiza la tradición obstétrica de Sorano de Éfeso. Sus recomendaciones abarcan desde la preparación previa hasta la dirección clínica de la fase de expulsión, priorizando siempre la protección física de la madre y la fluidez del parto.

  1. Preparación del entorno y acondicionamiento de la paciente
  • Ambiente cálido y tranquilo: El paritorio debía estar caldeado, en penumbra y libre de corrientes de aire o ruidos bruscos para evitar que el estrés causara espasmos en la matriz.
  • Preparación física: Antes de iniciar la fase activa, indicaba vaciar la vejiga y el recto mediante enemas suaves de aceite tibio, lo que dejaba espacio libre en el canal pélvico.
  • Ablandamiento de los tejidos: Prescribía aplicar fomentos calientes, compresas humedecidas en aceite de oliva o malva, y baños de asiento tibios (enkathismata) sobre el perineo, la vulva y el bajo vientre para flexibilizar el canal del parto.
  1. Postura durante la dilatación y el expulsivo

Oribasio no consideraba el parto como un proceso pasivo en cama, sino que adaptaba la postura de la gestante a la evolución clínica:

  • Silla de parto (Diphros): Recomendaba la silla de parir de tres aberturas (agujero central para el paso del feto y aberturas laterales para el trabajo de la comadrona) durante la fase activa de expulsión, aprovechando la fuerza de la gravedad.
  • Posturas de inclinación:
    • Si la mujer era obesa o el cuello uterino no dilataba bien, se la colocaba semisentada en la silla.
    • Si la paciente sufría desmayos o atonía, indicaba acostarla horizontalmente en un lecho blando.
    • Si el feto no descendía por falta de fuerza abdominal, recomendaba que la madre se pusiera en posición acuclillada o apoyada sobre sus rodillas.
  1. Manejo manual y protección del perineo
  • Protección tisular: Oribasio prohibía tajantemente la tracción forzada o apresurada. La comadrona debía lubricar continuamente el canal con aceite tibio de lino o malva y sostener los tejidos perineales con paños de lino para evitar desgarros vulvares.
  • Incentivo del pujo: Animaba a la madre a contener la respiración y pujar en el pico de las contracciones, relajando el cuerpo entre una y otra.
  • Manejo de partos difíciles (Distocias):
    • Versión podálica: En presentaciones anómalas (de nalgas, de hombro o atravesadas), instruía al profesional para introducir la mano lubricada, buscar los pies del feto, rotarlo con extrema suavidad dentro del útero y extraerlo por los pies.
    • Uso del especulo (Dioptra): Indicado solo si era necesario inspeccionar un cérvix rígido o verificar obstrucciones mecánicas.

 

Atención al recién nacido Recibir al bebé sobre un paño de lana suave, limpiar suavemente las mucosas de boca y nariz, e inspeccionar malformaciones visibles.

Corte del cordón umbilical Ligadura firme con hilo de lana a unos cuatro dedos del ombligo infantil antes de efectuar el corte con un bisturí afilado.

Atención a la madre Aplicación inmediata de compresas tibias en el bajo vientre, reposo absoluto e inmovilización en un lecho confortablemente abrigado

 

En la tradición obstétrica de la Antigüedad clásica, la silla de parto o silla de parir (diphros obstetrikos en griego o sella obstetricia en latín) constituía el elemento instrumental central del paritorio. Sorano de Éfeso diseñó y sistematizó su uso en el siglo II d. C., y Oribasio de Pérgamo preservó y difundió su descripción técnica en sus Colecciones Médicas y epítomes durante el siglo IV d. C.

Ambos autores la consideraban una herramienta ergonómica y biomecánica imprescindible para facilitar el trabajo del expulsivo, garantizando tanto el confort de la parturienta como la accesibilidad del profesional.

Diseño y estructura de la diphros

Se sentaba frente a la parturienta, en un taburete más bajo, colocándose a la altura justa del asiento de la diphros para recibir al feto. Una o dos ayudantes se colocaban detrás del respaldo de la silla, abrazando suavemente a la mujer por debajo de las axilas para sostenerla, darle firmeza y masajear el vientre durante las contracciones.

 

Tanto Sorano como Oribasio insisten en que la silla no debía ser un mueble común improvisado, sino un armazón construido con proporciones anatómicas precisas:

  • Asiento con hendidura en forma de medialuna (coiloma): El elemento distintivo era el corte central en el asiento, con forma de creciente o marco en «U». Esta abertura dejaba al descubierto la región pélvica y vulvar de la mujer, permitiendo la salida del recién nacido sin presión sobre el perineo. El asiento se cubría con paños de lino o lana suave para no lesionar la piel ni provocar enfriamiento en las nalgas y muslos.
  • Respaldo sólido y ajustable: Disponía de un respaldo firme contra el cual la mujer apoyaba la espalda. Sorano indicaba que debía tener una inclinación adecuada para permitir que la parturienta estuviera semisentada o erguida según las necesidades clínicas. Si la mujer era delgada o débil, se reclinaba el respaldo hacia atrás. Si era obesa el parto se volvía lento, se la erguía complementamente para maximizar la presión abdominal.
  • Apoyabrazos y asas laterales (cheires): Contaba con dos barras o agarraderas laterales firmes. Durante las contracciones y pujos, la mujer se sujetaba fuertemente a ellas para fijar la cintura escapular y ejercer una mayor presión intraabdominal.
  • Apoyapiés o peldaño escalonado (hypopodion): Incorporaba un escalón o soporte para los pies ajustado a la altura de la paciente. Esto permitía flexionar las rodillas y abducir las caderas en un ángulo óptimo para la apertura del canal del parto.
  • Laterales cerrados: La estructura inferior solía estar cubierta con paneles de madera para retener el calor de los sahumerios o fumigaciones aromáticas (hypokapnismoi) que se colocaban debajo para relajar el cérvix.
  1. Función biomecánica y médica

La elección de la diphros frente al parto en cama obedecía a razones fisiológicas fundamentales que Oribasio resalta en su recopilación:

  • Aprovechamiento de la gravedad: La posición erguida o semisentada favorecía el descenso natural del feto por el canal del parto gracias al peso corporal y la dirección del eje pélvico.
  • Eficiencia del pujo: Permitía a la madre coordinar la prensa abdominal apoyando la espalda y tirando de los agarraderos de los brazos, aumentando la eficacia del pujo espontáneo.
  • Visibilidad y acceso: Proporcionaba a la comadrona (maia) o al médico un acceso directo y limpio al perineo para controlar la dilatación, aplicar aceites emolientes, proteger los tejidos de desgarros o realizar maniobras de versión podálica.

 

Gracias a la conservación que hizo Oribasio de las fuentes de Sorano, el modelo de la diphros grecorromana se mantuvo como el estándar de la práctica obstétrica en el Imperio Bizantino y la medicina islámica medieval, extendiéndose su uso a través de la xilografía médica renacentista hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando fue paulatinamente reemplazada por la cama de parto y la posición de litotomía.