Instrumental Ginecológico en el siglo IV d.C.

Instrumental Ginecológico en el siglo IV d.C.

El Instrumental Ginecológico en el siglo IV d.C. esta tomado de las referencias, menciones y descripciones de Oribasio de Pérgamo y provienen de su obra Colecciones Médicas (reorganizados y sintetizados también en el Libro IX de la Sinopsis para Eustacio y el Libro IV del Libro para Eunapio).

Instrumental de exploración y dilatación

Especulo vaginal (Dioptra / Speculum uteri): Dioptra (Especulo de tornillo. Instrumento metálico de bronce con dos o tres valvas articuladas accionadas por un tornillo sin fin (pēxidion).

Permitía ensanchar la vagina mediante presión mecánica controlada para inspeccionar el cuello uterino, evaluar laceraciones, detectar prolapsos o guiar la introducción de instrumentos en caso de fetos atravesados.

Espéculo vaginal griego (dioptra) del Museo Nacional de Atenas (Grecia)

Dilatadores de madera y estirax (Spathē / Pessoi):: Varillas cilíndricas o espátulas suavizadas recubiertas de aceites emolientes para dilatar gradualmente un cérvix rígido o espasmódico antes de intentar las maniobras manuales de versión podálica.

 

Instrumental de tracción y fijación (Embriotomía)

Cuando el feto había muerto en el claustro materno y no podía extraerse mediante versión podálica, Oribasio desaconsejaba la fuerza bruta e indicaba el uso de instrumental de fijación para evitar el colapso de la matriz.

 

Ganchos obstétricos ciegos y agudos (Ankistron / Uncus): Vástagos metálicos terminados en una curvatura o garfio, con la punta roma (para guiar) o afilada (para tracción).El cirujano introducía el gancho protegido por el dedo índice de una mano para no dañar las paredes vaginales. Se fijaba en puntos óseos sólidos del feto muerto (las cuencas de los ojos, la boca, detrás del oído o la clavícula) para ejercer una tracción continua y extraer el cuerpo.

 

Pinzas de tracción (Odonthagra / Tenacula).  Pinzas metálicas dentadas empleadas para sujetar partes blandas o fragmentos óseos durante el desmembramiento intrauterino.

 

Bisturí embrionario o anular (Spathion / Machairion): Cuchillo pequeño cuya hoja podía deslizarse o esconderse en un estuche para ser introducido de forma segura dentro del canal del parto. Utilizado para realizar la decapitació fetal (decapitatio), la evisceración del tórax/abdomen o la sección de extremidades cuando el feto impactado impedía el parto natural.

Perforador craneal (Spathē kinetē / Cranoclastes arcaico): Instrumento punzante diseñado para perforar la bóveda craneal del feto en presentaciones de cabeza encajadas e inamovibles. Al colapsar el cráneo y permitir la salida del contenido cerebral, disminuía el diámetro de la cabeza y facilitaba su extracción con el gancho.

 

Sonda uterina (Mēlotē) Varilla de plata o bronce de punta roma utilizada para explorar la cavidad uterina, verificar la presencia de fragmentos placentarios retenidos o guiar la evacuación de coágulos.

 

Jeringas y clísteres uterinos (Metrenchytes): Cánula hueca conectada a una vejiga de animal. Utilizado para inyectar infusiones tibias de malva, aceite de oliva o vino aromatizado directamente en el útero. Tenía una doble función: lubricar las vías en partos secos y lavar el interior de la matriz tras una intervención quirúrgica para prevenir la infección y expulsar los restos de secundinas.

 

La Ginecología de Oribasio de Pérgamo

La Ginecología de Oribasio de Pérgamo

Los aportes de Oribasio a la ginecología y la obstetricia provienen de las secciones especializadas de sus Colecciones Médicas (reorganizados y sintetizados también en el Libro IX de la Sinopsis para Eustacio y el Libro IV del Libro para Eunapio).

Portada de la obra de Oribasio. Editada en Venecia en 1554

Tras la época de Oribasio (siglo IV d. C.), la medicina bizantina desarrolló un sistema asistencial fuertemente institucionalizado e influido por el cristianismo. En este contexto, la atención médica femenina no desapareció ni quedó relegada al ámbito meramente doméstico, sino que se estructuró en dos figuras bien diferenciadas y legalmente reconocidas: la comadrona (maia o akestris) y la médica (iatreina o iatrina).

A partir de los siglos V y VI, el Imperio Bizantino creó una red de hospitales públicos y de beneficencia (xenones o nosokomeia). Esta profesionalización del espacio hospitalario otorgó a la mujer un rol asistencial formal: Los grandes hospitales bizantinos, como el célebre Hospital del Pantocrátor en Constantinopla (fundado en 1136 por el emperador Juan II Comneno), contaban con secciones exclusivas para mujeres.Los reglamentos hospitalarios (typika) estipulaban la contratación de médicas (iatreinas) y comadronas (maiai) en plantilla, con sueldos fijos, raciones de comida y sustitutas durante sus turnos de descanso. Su función principal era examinar y tratar a las pacientes para preservar el pudor femenino (aidos), un valor central en la sociedad bizantina.

Existía la “maia/akestris”, (la comadrona) que era la encargada de la asistencia al parto eutócico (normal), cuidados neonatales inmediatos y peritaje legal sobre virginidad o embrazo en tribunales. Y también existía la “Iatreina o iatrina” (Que era una médica) que atendía patologías ginecológicas, prescribía fármacos, realizaba diagnósticos clínicos y dirigía el tratamiento en los xenones

La Ginecología en los textos de Oribasio de Pérgamo muchas partes son las opiniones de Aecio de Amida (s. VI): En el libro XVI de su Tetrabiblos, dedicó una de las mayores síntesis de ginecología de la Antigüedad tardía, recopilando remedios específicos para enfermedades de la matriz que eran administrados directamente por iatreinas.

Aunque Oribasio sigue de cerca a Galeno en fisiología general, para el ámbito ginecológico recurre fundamentalmente a Sorano de Éfeso (el gran ginecólogo de la escuela metódica) y a Rufos de Éfeso, estructurando el saber de la época en cuatro bloques clave:

Describe el útero como un órgano bicorne o dividido en cavidades (según el pensamiento anatómico imperante) y analiza la menstruación como un mecanismo natural de depuración sanguínea en el cuerpo femenino.

Clasifica la amenorrea (ausencia de regla), la menorragia (sangrado excesivo) y la leucorrea (fluxus muliebris), atribuyéndolas a desequilibrios de los humores o a alteraciones en la porosidad y tono del tejido uterino.

Para los trastornos ginecológicos no obstétricos (afecciones del aparato reproductor fuera del parto), Oribasio combina la patología humoral galénica con la farmacología de Dioscórides y la terapéutica física de Sorano. Sus tratamientos estructuran intervenciones tópicas, farmacológicas y de estilo de vida para cada patología específica.

 

Las amenorreas refieren que son atribuidas al enfriamiento, la sangre espesa o la obstrucción de los vasos uterinos. Recomienda como tratamiento baños de asiento caliente (enkathismata), flebotomía (sangría) en los tobillos para redirigir el flujo (derivación), emenagogos orales (decocciones de ruda, eneldo, mirra y ajenjo) y pesarios irritantes suaves con miel y aceite de nardo para estimular la mucosa uterina.

Las menorragia y metrorragias (sangrado excesivo). Refiere que es producida por un exceso de calor humoral o de debilidad en los vasos. Tratamiento: Reposo absoluto con la pelvis elevada, ligaduras apretadas en las extremidades superiores para desviar el flujo sanguíneo, compresas frías con vinagre y jugo de llantén en el bajo vientre, y pesarios altamente astringentes a base de alumbre, agallas de roble (kykides) y cáscara de granada. Recomienda las aguas minerales para las irregularidades menstruales y para las propensas al aborto, mencionando a Antilo como su fuente de información. Para la menorragia recomienda entre otras cosas, vendaje de los miembros, aplicación al útero de ceniza de una esponja nueva empapada en pera, el empleo de ventosas en el hipocondrio para detener la hemorragia uterina. La introducción de pesarios de lana, el uso de irrigaciones mediante una pequeña jeringa o la aplicación de una tira de lino o una esponja en forma de mecha en el interior del cuello uterino

En caso de menstruación escasa y después de la menopausia Oribasio dice:

Cuando las mujeres han alcanzado ya una edad avanzada y cuyos periodos menstruales han cesado desde largo tiempo, experimentan algunas molestias corporales, empleo este mismo tratamiento para aliviarlas, pues es especialmente eficaz en tales casos, ya que imita la evacuación natural. Acostumbro a sangrar unas veces con ayuda de un cuchillo y otras aplicando sanguijuelas.”

Oribasio recomendaba el coito a posteriori en casos de esterilidad. En los casos de cuello estenosado indica la dilatación por medio de astringentes para inducir la concepción.

 

Las Inflamaciones e induraciones uterinas (Metritis y escirros). La inflamación aguda del útero (Metritis): Se manifestaba con fiebre, dolor pélvico agudo y endurecimiento a la palpación. Recomienda como tratamiento: Reposo absoluto, cataplasmas emolientes de harina de lino y malva sobre el hipogastrio, e irrigaciones uterinas entibiadas (metrenchytes) con aceite de oliva o de manzanilla. Dice que las inflamaciones de la vejiga o del útero debían tratarse con inyecciones de leche.  Dice que el utero tiene cierta afinidad a sufrir con el colon; así, pues, es natural suponer que si el útero está inflamado tiene que aliviarse inyectando medicamentos en el colón. Dice que el absceso de utero se abre con máxima frecuencia en el recto, aunque puede hacerlo también en la vejiga urinaria o en el orificio del útero.

Induraciones y tumores benignos (escirros/fibromas). Tratamiento: Baños prolongados en aguas termales sulfuradas, emplastos ablandadores a base de resina de pino, cera, grasa de pato o de ciervo y goma amoniacal aplicada en el vientre para «disolver» la dureza de los tejidos.

Para el cáncer del útero, estado que considera incurable, recomienda los pesarios de opio a fin de reducir el dolor y el sufrimiento.

«Sofocación de la matriz» (Hysterikē pnix). Cuadro caracterizado por ansiedad, desmayos, sensación de ahogo y contracciones abdominales, atribuido al desplazamiento de un útero seco o desnutrido hacia el diafragma. Tratamiento aromático de atracción/repulsión: Se aplicaban sustancias fétidas (asafétida, azufre, lana sucia quemada o mechas de queroseno) bajo las fosas nasales para hacer «descender» el útero, mientras que en la región vulvar se aplicaban bálsamos dulces y perfumados (aceite de lirio, nardo o mejorana). Tratamiento mecánico: Fricciones intensas con aceite en los muslos y piernas, e inmovilización con ligaduras compresivas en los miembros inferiores.

Prolapso uterino (Ptōsis mētras) Descenso total o parcial de la matriz a través del canal vaginal. Tratamiento: Reducción manual cuidadosa con los dedos lubricados tras haber lavado los tejidos prolapsados con decocción de agallas de roble o vino astringente. Posteriormente, se colocaba a la mujer en decúbito supino con las piernas cruzadas y juntas, manteniendo durante días un esponjamiento empapado en jugo de membrana de granada o solución de alumbre dentro de la vagina para sujetar el órgano

Oribasio dice que el útero prolapsado puede ser restituido fácilmente a su situación normal y mantenido durante varios días con el uso de un taponamiento vaginal de lana.

El útero considera que no es un órgano de importancia vital que puede ser extirpado y la paciente seguir viviendo.

Fármacos empleados por Oribasio.

Mechas de lana saturadas en resinas, aceites esenciales, alumbre o miel

Decocciones de malva, vino tinto o aceites administrados con cánula hueca

Vapor de sahumerios de mirra, azufre o gálbano aplicado bajo silla calada.

Agua tibia enriquecida con plantas emolientes (malva, manzanilla) o astringentes

 

 

En sus Colecciones Médicas (así como en la Sinopsis para Eustacio y el Libro para Eunapio), Oribasio de Pérgamo dedica capítulos enteros a la elaboración de pesarios (pessoi), una de las formas farmacéuticas galénicas más importantes para el tratamiento directo de la patología uterina y vaginal.

El pesario clásico se elaboraba envolviendo los principios activos farmacológicos en una mecha de lana limpia y peinada (erion), o moldeando la masa con cera y grasas animales hasta darle una forma cilíndrica o cónica fácil de introducir en el canal vaginal.

Clasificación y recetas de los pesarios en Oribasio

Oribasio clasifica los pesarios según su acción terapéutica dominante, adaptando las recetas de Dioscórides, Galeno y Sorano de Éfeso:

Pesarios Emenagogos y Provocadores (Pessoi emmenagōgoi). Diseñados para estimular el flujo menstrual en casos de amenorrea, ablandar el cérvix o favorecer la expulsión de loquios y secundinas retrasadas.

Fórmula con Mirra y Ajeno: Ingredientes: Mirra pulverizada, jugo de ajenjo (absinthium), ruda, miel silvestre y aceite de nardo. La mirra y el ajenjo actúan como irritantes locales suaves y   vasculares que hiperemiaban la mucosa uterina.

Fórmula con Gálbano y Eléboro: Ingredientes: Gálbano, resina de pino, eléboro negro y grasa de ganso. Empleado en amenorreas persistentes. Las resinas resinosas junto con la grasa servían de vehículo emoliente para disolver los principios fuertemente purgantes del eléboro.

Pesarios Astringentes y Hemostáticos (Pessoi styptekoi). Indicados para cohibir las menorragias, detener la metrorragia posparto, tratar la leucorrea (fluxus muliebris) o fijar los tejidos en caso de prolapso.

Fórmula con Alumbre y Granados: Ingredientes: Alumbre esquisto (stypteriā), cáscara de granada molida (rhoes kokkos), agallas de roble (kykides), zumo de acacia y vino tinto astringente. La altísima concentración de taninos y minerales metálicos producía una precipitación proteica inmediata en la mucosa, logrando una fuerte vasoconstricción local.

Fórmula hemostática con Sangre de Drago:        ingredientes: Sangre de drago (cinabrio vegetal), zumo de llantén y corteza de pino.

Pesarios Emolientes y Anodinos (Pessoi chalastikoi / prayntikoi). Destinados a calmar el dolor pélvico agudo, suavizar las induraciones uterinas (escirros), tratar la metritis aguda o aliviar el espasmo de la «sofocación de la matriz».

Fórmula con Cera y Médula de Ciervo: Ingredientes: Cera virgen fundida, médula de ciervo o grasa de pato, aceite de iris, mucílago de fenogreco y pulpa de malva. Carecía de irritantes. Se introducía tibio para relajar la musculatura lisa del cérvix e hidratar profundamente las mucosas inflamadas.

Fórmula sedante con Opio: Ingredientes: Opiáceo (ōpion), aceite de rosa y yema de huevo cocida. Se administraba exclusivamente para calmar dolores uterinos intratables.

Oribasio insiste en su obra que todo pesario envuelto en lana debía llevar un hilo largo y resistente de lino colgando fuera de la vulva para que la propia paciente o la comadrona pudieran retirarlo fácilmente. Los pesarios fuertemente irritantes o emenagogos no debían mantenerse más de 3 a 6 horas para evitar ulceraciones. Los emolientes y astringentes suaves podían dejarse colocados toda la noche. Antes de la inserción de un pesario, Oribasio recomendaba siempre realizar un baño de asiento (enkathisma) o una irrigación limpia para retirar exudados previos.

 

En las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.), las resinas aromáticas y gomorresinas traídas de Oriente a través de las rutas comerciales grecorromanas ocupan un lugar preferente en la materia médica ginecológica. Heredero directo de la farmacología de Dioscórides y Galeno, Oribasio atribuía a estas sustancias propiedades «cálidas», «desactivadoras de la humedad» y «calmantes del espasmo». Entre ellas destacan el gálbano (chalbanē), la mirra (smyrna) y el estoraque o estacté (la fracción líquida o resina aromática derivada de la mirra y el árbol del estoraque, a menudo citada de forma complementaria).

El Gálbano (Chalbanē) Extraído de plantas umbelíferas del género Ferula (como Ferula gummosa), el gálbano es una gomorresina viscosa y amarga de olor acre penetrante. Oribasio lo consideraba uno de los estimulantes uterinos más potentes. Se prescribía en pesarios y fumigaciones para provocar la menstruación retenida (amenorrea) y acelerar la expulsión de secundinas o loquios tras el parto. Debido a su fuerte aroma penetrante y propiedades termogénicas, era la piedra angular en el tratamiento aromático de la hysterikē pnix (histeria). Se aplicaba bajo la nariz para hacer descendiente la matriz, o en pesarios ablandadores. Combinado con cera de abejas y grasa de pato o ciervo, disolvía los «escirros» (durezas y tumores benignos) del cuello del útero. Disuelto en grasa animal o cera (cerato). Servía para amenorrea, retención de placenta y sofocación uterina

La Mirra (Smyrna). Gomorresina gomosa obtenida del árbol Commiphora myrrha. En la farmacia de Oribasio es el antiséptico y cicatrizante uterino por excelencia. Utilizada para tratar las úlceras de la matriz, laceraciones vaginales tras partos distócicos y leucorreas fétidas. La mirra coagulaba las secreciones y prevenía la putrefacción (sepsis) de los tejidos. Formaba parte de las recetas de pesarios diseñados para ablandar el orificio uterino rígido antes de las maniobras obstétricas o para favorecer el vaciado de la matriz.: Se trituraba finamente con miel o se quemaba en incensarios debajo de la silla de parto (diphros) para que el humo perfumado dilatara los conductos genitales. Pulverizada e incorporada en pesarios con miel o lana (oísypos).

 

El Estacté / Estoraque (Staktē / Styrax). Oribasio distingue entre la mirra seca en lágrimas y el estacté (staktē), que era la fracción líquida o aceite resinoso más puro y aromático que destilaba la mirra recién incidida o el árbol del estoraque (Styrax officinalis). Utilizado principalmente por su altísimo poder aromático en el tratamiento de los desplazamientos uterinos. Aplicado en la vulva, atraía la matriz hacia su posición fisiológica baja. Mezclado con aceite de rosa o lanolina (oísypos), calmaba las quemazones y el dolor agudo originado por las inflamaciones agudas de la vagina (colpitis) o la matriz. Aceite resinoso para impregnación o cataplasma vulvar para el dolor pélvico agudo y atracción aromática del útero

 

Asistencia al Parto y Distocias (Obstetricia)

Detalla los partos difíciles o distócicos, catalogando las posiciones anómalas del feto (de nalgas, atravesado o con extremidades prolapsadas).

Transmite las maniobras obstétricas de Sorano para girar manualmente al feto intrauterino y facilitar su salida por los pies (versión podálica), técnica decisiva para salvar vidas en la Antigüedad antes de la cesárea moderna.

Oribasio dice que el niño se engendra y ocupa el lado derecho del útero y la niña el izquierdo

Detalla protocolos mediante fumigaciones, supositorios y baños para la expulsión de la placenta retenida. En casos de muerte fetal intrauterina, describe el instrumental y procedimientos quirúrgicos de extracción (embriotomía y ganchos obstétricos).

Patología Ginecológica y la «Sofocación Uterina»

Sofocación de la matriz (hysterikē pnix): Trata ampliamente el cuadro conocido como «histeria» o sofocación uterina (crisis agudas de ansiedad, desmayos o convulsiones atribuidas al desplazamiento o contención del útero).

Terapéutica aromática: Recoge el tratamiento tradicional mediante olfacciones contrastadas: aplicación de olores fétidos en la nariz y aromas agradables y perfumados en la zona vulvar para «atraer» el útero de vuelta a su posición anatómica.

Afecciones orgánicas: Aborda el prolapso uterino, las inflamaciones (metritis), los endurecimientos y los tumores o úlceras del cuello del útero.

 

Puericultura y Salud del Recién Nacido. Recomienda la ligadura del cordón umbilical: Pautas exactas sobre cómo cortar, ligar y limpiar el ombligo del neonato.

Oribasio en su obra cita a Rufo de Éfeso describiendo los requisitos físicos, morales que debía cumplir una buena nodriza.

En sus Colecciones Médicas (así como en las secciones correspondientes de la Sinopsis y el Libro para Eunapio), Oribasio reúne la tradición quirúrgica y obstétrica de la Antigüedad clásica, basándose en las obras de Sorano de Éfeso, Antilo y Heliodoro.

Para la atención de los partos difíciles (distocias) y el manejo de complicaciones intrauterinas grave o fetos muertos, Oribasio clasifica el instrumental quirúrgico y obstétrico en herramientas manuales, cortantes, de tracción y de dilatación.

Instrumental de exploración y dilatación

Especulo vaginal (Dioptra / Speculum uteri): Dioptra (Especulo de tornillo. Instrumento metálico de bronce con dos o tres valvas articuladas accionadas por un tornillo sin fin (pēxidion).

Permitía ensanchar la vagina mediante presión mecánica controlada para inspeccionar el cuello uterino, evaluar laceraciones, detectar prolapsos o guiar la introducción de instrumentos en caso de fetos atravesados.

 

Dilatadores de madera y estirax (Spathē / Pessoi): Varillas cilíndricas o espátulas suavizadas recubiertas de aceites emolientes para dilatar gradualmente un cérvix rígido o espasmódico antes de intentar las maniobras manuales de versión podálica.

 

Instrumental de tracción y fijación (Embriotomía)

Cuando el feto había muerto en el claustro materno y no podía extraerse mediante versión podálica, Oribasio desaconsejaba la fuerza bruta e indicaba el uso de instrumental de fijación para evitar el colapso de la matriz:

Ganchos obstétricos ciegos y agudos (Ankistron / Uncus): Vástagos metálicos terminados en una curvatura o garfio, con la punta roma (para guiar) o afilada (para tracción).El cirujano introducía el gancho protegido por el dedo índice de una mano para no dañar las paredes vaginales. Se fijaba en puntos óseos sólidos del feto muerto (las cuencas de los ojos, la boca, detrás del oído o la clavícula) para ejercer una tracción continua y extraer el cuerpo.

 

Pinzas de tracción (Odonthagra / Tenacula).  Pinzas metálicas dentadas empleadas para sujetar partes blandas o fragmentos óseos durante el desmembramiento intrauterino.

 

Bisturí embrionario o anular (Spathion / Machairion): Cuchillo pequeño cuya hoja podía deslizarse o esconderse en un estuche para ser introducido de forma segura dentro del canal del parto. Utilizado para realizar la decapitació fetal (decapitatio), la evisceración del tórax/abdomen o la sección de extremidades cuando el feto impactado impedía el parto natural.

Perforador craneal (Spathē kinetē / Cranoclastes arcaico): Instrumento punzante diseñado para perforar la bóveda craneal del feto en presentaciones de cabeza encajadas e inamovibles. Al colapsar el cráneo y permitir la salida del contenido cerebral, disminuía el diámetro de la cabeza y facilitaba su extracción con el gancho.

Sonda uterina (Mēlotē) Varilla de plata o bronce de punta roma utilizada para explorar la cavidad uterina, verificar la presencia de fragmentos placentarios retenidos o guiar la evacuación de coágulos.

Jeringas y clísteres uterinos (Metrenchytes): Cánula hueca conectada a una vejiga de animal. Utilizado para inyectar infusiones tibias de malva, aceite de oliva o vino aromatizado directamente en el útero. Tenía una doble función: lubricar las vías en partos secos y lavar el interior de la matriz tras una intervención quirúrgica para prevenir la infección y expulsar los restos de secundinas.

 

El periodo del puerperio inmediato aborda las dos complicaciones más temidas del parto en la Antigüedad —la retención de secundinas (retentio placentae) y la hemorragia posparto—, recopila el saber de Sorano de Éfeso, Galeno y Rufos de Éfeso, estableciendo protocolos que combinan la intervención manual, la farmacología local y la terapia física. Oribasio advierte que si la placenta (deuteron o secundinae) no se expulsa espontáneamente tras el nacimiento, la descomposición de los tejidos intrauterinos puede provocar fiebres graves, inflamación de la matriz (metritis) o sepsis. Por ello, establece un protocolo escalonado. Se hacía inhalar a la mujer polvos estornutatorios (como el eléboro blanco o la pimienta) o se provocaba el reflejo de la tos. El aumento de la presión intraabdominal ayudaba a despegar y descender la placenta. Se colocaba a la paciente sentada en la silla de parto (diphros) o en posición semi incorporada para favorecer la expulsión por gravedad. Se aplicaba humo o vapor debajo de la silla de parto mediante sahumerios de sustancias aromáticas y resinas (como áloe, mirra, gálbano, azufre o comino). Se creía que el calor suave y las propiedades estimulantes del vapor dilataban el cuello uterino y relajaban los espasmos.

Si los métodos indirectos fallaban, se procedía a la extracción directa. Tracción suave del cordón: El obstetra o la comadrona sujetaba el cordón umbilical (que no debía cortarse demasiado cerca de la vulva) con los dedos enrollados en lana para evitar resbalar, aplicando una tracción ligera, constante y descendente mientras se ejercía una presión suave sobre el bajo vientre con la otra mano.  Si la placenta seguía adherida, el médico se untaba la mano con aceite tibio de malva o semillas de lino, introducía los dedos suavemente por el cuello uterino y, bordeando los límites de la masa placentaria, la despegaba gradualmente con las yemas de los dedos de la pared de la matriz antes de extraerla. Irrigaciones y lavado (Metrenchytes): Una vez extraída la placenta, se irrigaba la cavidad uterina con una jeringa o clister (metrenchytes) inyectando aceite tibio, vino aromatizado o decocciones de malva y manzanilla para limpiar los coágulos y fragmentos restantes.

La hemorragia posparto

Para detener el sangrado profuso (almo-rrhagia) tras el parto, Oribasio aplica los principios galénicos y astringentes de la materia médica, buscando contraer los vasos sanguíneos y favorecer la formación de coágulos. Se acostaba a la mujer en una cama dura, con la cabeza baja y la pelvis ligeramente elevada para reducir el flujo de sangre hacia la matriz. Se aplicaban esponjas empapadas en agua fría o vinagre diluido sobre el hipogastrio (bajo vientre), los muslos y la región lumbar. La aplicación externa de frío buscaba la vasoconstricción reflexiva de la zona pélvica.

Astringentes locales y taponamiento. Tapones vaginales astringentes (Pessoi): Oribasio prescribe la introducción de supositorios o tapones de lana empapados en sustancias altamente astringentes para coagular la sangre y cerrar los vasos sangrantes. Entre los ingredientes principales cita: Cáliz de granada (balaustium) y agallas de roble (kykides): Ricos en taninos. Alumbre (stypteriā): Conocido por sus potentes propiedades hemostáticas. Zumo de acacia, sangre de drago y jugo de llantén. Fumigaciones y polvos hemostáticos: Se espolvoreaban directamente en el canal vaginal o se aplicaban en forma de cataplasmas astringentes. Dieta y soporte sistémico. Se prohibían los alimentos calientes o sazonados y las bebidas alcohólicas, que se consideraba que «calentaban la sangre» y dilataban las arterias. Se daba a beber a la paciente agua fría con vinagre, zumo de membrillo o decocciones de corteza de granada en pequeñas dosis constantes.

 

La comparación entre el tratamiento de la retención de placenta (retentio placentae) en la Ginecología (Gynaekeia) de Sorano de Éfeso (s. II d. C.) y las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.) permite observar cómo se transmitió y adaptó el saber obstétrico de la escuela metódica en la enciclopedia médica tardo antigua.

Aunque Oribasio toma a Sorano como su fuente principal para este capítulo, existen matices doctrinales, organizativos y metodológicos significativos entre ambos textos.

Existen ciertas divergencias entre la medicina de Oribasio y la medicina de la época: Sorano (Escuela Metódica): Rechaza la teoría humoral galénica y la necesidad de «expulsar humores corruptos». Considera la retención de placenta como un estado de constricción o espasmo de la matriz (status strictus) o una falta de tono muscular. Su enfoque se centra en relajar, ablandar y calmar la matriz mediante calor, aceites y manipulaciones suaves. Y Oribasio (Síntesis Galénico-Ecléctica): Aunque copia los procedimientos prácticos de Sorano, enmarca la patología dentro del esquema humoral galénico. Oribasio pone mayor énfasis en el riesgo de putrefacción de la sangre y de los tejidos retenidos, lo que justifica una postura ligeramente más vigilante respecto a la necesidad de limpiar e irrigar la cavidad uterina para evitar fiebres y sepsis.

Sorano: Privilegia la paciencia y las maniobras suaves. Desaconseja tajantemente sacudir con violencia a la paciente o usar sustancias excesivamente irritantes. Se limita a provocaciones leves de tos, mantener a la mujer caliente y usar estornutatorios suaves. Y Oribasio: Conserva las medidas de Sorano (estornutatorios, posicionamiento en la silla de parto), pero añade una mayor variedad de fumigaciones vaginales de resinas aromáticas (áloe, gálbano, azufre) heredadas de la tradición farmacológica de Dioscórides y de la medicina neumática.

Sorano: Establece la regla de oro de la obstetricia clásica: la mano del profesional debe actuar como una cuña suave. Si la placenta no se desprende, el médico debe untarse los dedos con aceite tibio y separar las adherencias de la pared uterina poco a poco con la yema de los dedos, evitando a toda costa tirones bruscos del cordón umbilical que puedan provocar la inversión uterina o la ruptura del cordón. Y Oribasio: Mantiene la técnica paso a paso de Sorano, pero su redacción es más sintética y directiva. Mientras Sorano argumenta ampliamente el porqué de cada paso para educar a la comadrona, Oribasio redacta el pasaje con un estilo de manual de instrucciones para el médico, priorizando la secuencia precisa de la maniobra.

Sorano: Tras la extracción, aplica fomentos calientes, cataplasmas de linaza y aceite sobre el abdomen para prevenir la inflamación. Favorece los baños tibios y el reposo. Y Oribasio: Hace un uso mucho más sistemático y explícito de la jeringa uterina (metrenchytes). Para Oribasio, el lavado post intervención con vino aromatizado o decocciones astringentes y antisépticas es indispensable para garantizar que no queden fragmentos o coágulos en el interior de la matriz.

Oribasio actuó como el gran filtro de eficiencia de la obra de Sorano: eliminó los debates teóricos de la escuela metódica, conservó la extraordinaria técnica manual de Sorano para la extracción de la placenta y le añadió el rigor antiséptico e irrigador propio del marco galénico.

La visión sobre la figura y las competencias de la comadrona (maia / obstetrix) en la Ginecología de Sorano de Éfeso (s. II d. C.) y en las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.) refleja una transformación estructural profunda en la medicina clásica: el paso de una profesión obstétrica femenina autónoma y profesionalizada a la subordinación técnica bajo la supervisión del médico profesional (iatros).

  1. La comadrona en Sorano: Autonomía profesional y perfil ideal

Para Sorano, la comadrona no es una mera asistente, sino el agente principal y autónomo de la atención al parto y la salud de la mujer. Dedica los primeros capítulos de su obra a definir los requisitos indispensables que debe cumplir la «comadrona perfecta»:

  • Perfil técnico e intelectual: Debe saber leer y escribir para estudiar la teoría médica, poseer conocimientos de anatomía, farmacia y dietética, y demostrar una memoria excelente.
  • Cualidades físicas: Manos delgadas, de dedos largos y uñas cortas y bien limadas para no lastimar los tejidos internos de la paciente durante las exploraciones o la versión podálica.
  • Cualidades éticas y psicológicas: Incorruptible (Sorano le prohíbe taxativamente administrar abortivos por motivos pecuniarios o de adulterio), calmada, discreta y no supersticiosa (rechaza categóricamente las amuletos, incantaciones y prácticas mágicas populares en el paritorio).
  • Autonomía asistencial: Sorano concibe que la comadrona debe dirigir el parto normal y el parto difícil (distocia) por sí misma. El médico solo interviene como consultor de última instancia o para ejecutar intervenciones quirúrgicas extremas (como la embriotomía).
  1. La comadrona en Oribasio: Subordinación y manualización

Oribasio, al recopilar a Sorano dentro de un proyecto enciclopédico ordenado bajo la óptica galénica, altera sustancialmente la posición de la comadrona en el marco sanitario tardo antiguo:

  • El médico como centro del saber: Las Colecciones Médicas están dirigidas a médicos eruditos (iatroi). Por ello, Oribasio omite las extensas secciones de Sorano sobre las virtudes, educación y código deontológico de la comadrona.
  • Reducción a ejecuto de maniobras: La comadrona pasa de ser una profesional teórica autónoma a convertirse en la ejecutora técnica de las instrucciones del médico. Oribasio describe las maniobras de manipulación vaginal, el corte del cordón o el despegamiento de la placenta en tercera persona, dando por sentado que el médico dirige la escena o realiza él mismo la intervención.
  • Especialización quirúrgica masculina: Con la consolidación de la literatura médica bizantina que promueve Oribasio, la cirugía obstétrica, el uso del especulo (dioptra), las perforaciones craneales y la irrigación mediante metrenchytes quedan adscritas a la competencia directa del médico varón.

 

En sus Colecciones Médicas (y en sus epítomes prácticos Sinopsis para Eustacio y Libro para Eunapio), Oribasio de Pérgamo sintetiza la tradición obstétrica de Sorano de Éfeso. Sus recomendaciones abarcan desde la preparación previa hasta la dirección clínica de la fase de expulsión, priorizando siempre la protección física de la madre y la fluidez del parto.

  1. Preparación del entorno y acondicionamiento de la paciente
  • Ambiente cálido y tranquilo: El paritorio debía estar caldeado, en penumbra y libre de corrientes de aire o ruidos bruscos para evitar que el estrés causara espasmos en la matriz.
  • Preparación física: Antes de iniciar la fase activa, indicaba vaciar la vejiga y el recto mediante enemas suaves de aceite tibio, lo que dejaba espacio libre en el canal pélvico.
  • Ablandamiento de los tejidos: Prescribía aplicar fomentos calientes, compresas humedecidas en aceite de oliva o malva, y baños de asiento tibios (enkathismata) sobre el perineo, la vulva y el bajo vientre para flexibilizar el canal del parto.
  1. Postura durante la dilatación y el expulsivo

Oribasio no consideraba el parto como un proceso pasivo en cama, sino que adaptaba la postura de la gestante a la evolución clínica:

  • Silla de parto (Diphros): Recomendaba la silla de parir de tres aberturas (agujero central para el paso del feto y aberturas laterales para el trabajo de la comadrona) durante la fase activa de expulsión, aprovechando la fuerza de la gravedad.
  • Posturas de inclinación:
    • Si la mujer era obesa o el cuello uterino no dilataba bien, se la colocaba semisentada en la silla.
    • Si la paciente sufría desmayos o atonía, indicaba acostarla horizontalmente en un lecho blando.
    • Si el feto no descendía por falta de fuerza abdominal, recomendaba que la madre se pusiera en posición acuclillada o apoyada sobre sus rodillas.
  1. Manejo manual y protección del perineo
  • Protección tisular: Oribasio prohibía tajantemente la tracción forzada o apresurada. La comadrona debía lubricar continuamente el canal con aceite tibio de lino o malva y sostener los tejidos perineales con paños de lino para evitar desgarros vulvares.
  • Incentivo del pujo: Animaba a la madre a contener la respiración y pujar en el pico de las contracciones, relajando el cuerpo entre una y otra.
  • Manejo de partos difíciles (Distocias):
    • Versión podálica: En presentaciones anómalas (de nalgas, de hombro o atravesadas), instruía al profesional para introducir la mano lubricada, buscar los pies del feto, rotarlo con extrema suavidad dentro del útero y extraerlo por los pies.
    • Uso del especulo (Dioptra): Indicado solo si era necesario inspeccionar un cérvix rígido o verificar obstrucciones mecánicas.

 

Atención al recién nacido Recibir al bebé sobre un paño de lana suave, limpiar suavemente las mucosas de boca y nariz, e inspeccionar malformaciones visibles.

Corte del cordón umbilical Ligadura firme con hilo de lana a unos cuatro dedos del ombligo infantil antes de efectuar el corte con un bisturí afilado.

Atención a la madre Aplicación inmediata de compresas tibias en el bajo vientre, reposo absoluto e inmovilización en un lecho confortablemente abrigado

 

En la tradición obstétrica de la Antigüedad clásica, la silla de parto o silla de parir (diphros obstetrikos en griego o sella obstetricia en latín) constituía el elemento instrumental central del paritorio. Sorano de Éfeso diseñó y sistematizó su uso en el siglo II d. C., y Oribasio de Pérgamo preservó y difundió su descripción técnica en sus Colecciones Médicas y epítomes durante el siglo IV d. C.

Ambos autores la consideraban una herramienta ergonómica y biomecánica imprescindible para facilitar el trabajo del expulsivo, garantizando tanto el confort de la parturienta como la accesibilidad del profesional.

Diseño y estructura de la diphros

Se sentaba frente a la parturienta, en un taburete más bajo, colocándose a la altura justa del asiento de la diphros para recibir al feto. Una o dos ayudantes se colocaban detrás del respaldo de la silla, abrazando suavemente a la mujer por debajo de las axilas para sostenerla, darle firmeza y masajear el vientre durante las contracciones.

 

Tanto Sorano como Oribasio insisten en que la silla no debía ser un mueble común improvisado, sino un armazón construido con proporciones anatómicas precisas:

  • Asiento con hendidura en forma de medialuna (coiloma): El elemento distintivo era el corte central en el asiento, con forma de creciente o marco en «U». Esta abertura dejaba al descubierto la región pélvica y vulvar de la mujer, permitiendo la salida del recién nacido sin presión sobre el perineo. El asiento se cubría con paños de lino o lana suave para no lesionar la piel ni provocar enfriamiento en las nalgas y muslos.
  • Respaldo sólido y ajustable: Disponía de un respaldo firme contra el cual la mujer apoyaba la espalda. Sorano indicaba que debía tener una inclinación adecuada para permitir que la parturienta estuviera semisentada o erguida según las necesidades clínicas. Si la mujer era delgada o débil, se reclinaba el respaldo hacia atrás. Si era obesa el parto se volvía lento, se la erguía complementamente para maximizar la presión abdominal.
  • Apoyabrazos y asas laterales (cheires): Contaba con dos barras o agarraderas laterales firmes. Durante las contracciones y pujos, la mujer se sujetaba fuertemente a ellas para fijar la cintura escapular y ejercer una mayor presión intraabdominal.
  • Apoyapiés o peldaño escalonado (hypopodion): Incorporaba un escalón o soporte para los pies ajustado a la altura de la paciente. Esto permitía flexionar las rodillas y abducir las caderas en un ángulo óptimo para la apertura del canal del parto.
  • Laterales cerrados: La estructura inferior solía estar cubierta con paneles de madera para retener el calor de los sahumerios o fumigaciones aromáticas (hypokapnismoi) que se colocaban debajo para relajar el cérvix.
  1. Función biomecánica y médica

La elección de la diphros frente al parto en cama obedecía a razones fisiológicas fundamentales que Oribasio resalta en su recopilación:

  • Aprovechamiento de la gravedad: La posición erguida o semisentada favorecía el descenso natural del feto por el canal del parto gracias al peso corporal y la dirección del eje pélvico.
  • Eficiencia del pujo: Permitía a la madre coordinar la prensa abdominal apoyando la espalda y tirando de los agarraderos de los brazos, aumentando la eficacia del pujo espontáneo.
  • Visibilidad y acceso: Proporcionaba a la comadrona (maia) o al médico un acceso directo y limpio al perineo para controlar la dilatación, aplicar aceites emolientes, proteger los tejidos de desgarros o realizar maniobras de versión podálica.

 

Gracias a la conservación que hizo Oribasio de las fuentes de Sorano, el modelo de la diphros grecorromana se mantuvo como el estándar de la práctica obstétrica en el Imperio Bizantino y la medicina islámica medieval, extendiéndose su uso a través de la xilografía médica renacentista hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando fue paulatinamente reemplazada por la cama de parto y la posición de litotomía.

 

 

Oribasio de Pérgamo

Oribasio de Pérgamo

Nació en Pérgamo, (ciudad natal de Galeno) nació en el año 325 d.C. y muere en el año 403 d.C.  Pérgamo fue una ciudad de la Antigua Grecia, localizada al noroeste de Asia Menor (Actualmente Turquía),  sus ruinas rodean a la actual ciudad de Bergama. Fue sede de la biblioteca mas importante de la antigüedad, después de la de Alejandría.

Estudió medicina y filosofía en Alejandría, bajo la tutela de Zenón de Chipre que fue su maestro.

Zenón de Chipre (o Zenón de Alejandría, siglo IV d. C.) fue un eminente médico, iatrosophista y profesor de medicina en Alejandría, fue el maestro directo de Oribasio de Pérgamo y de Magnus de Nísibis. Impartió docencia en Alejandría, el mayor centro de saber médico del Imperio Romano Tardío, donde promovió el estudio riguroso del corpus galénico e hipocrático. Sufrió el exilio de Alejandría por tensiones políticas locales bajo el imperio de Constancio II. Tras la llegada al trono del emperador Juliano el Apóstata (361 d. C.), y gracias a la intercesión directa de su pupilo Oribasio (médico personal del emperador), Zenón fue restituido formalmente en su cátedra mediante una orden imperial. Aunque no han sobrevivido tratados completos escritos por Zenón, su influencia metodológica fue decisiva en Oribasio. Además de Oribasio, formó a figuras influyentes como Magnus de Nísibis (famoso por sus tratados sobre el pulso) y Jónico de Sardes.

Ejerció como médico personal, consejero y amigo íntimo del emperador Juliano el Apóstata.

Destacó como compilador ecléctico. Aunque veneraba la obra de Galeno, incorporó escritos de Hipócrates, Sorano, Dioscórides, Rufos de Éfeso y Antilo.

Antilo (Antyllos, siglo II d. C.) ejerció una influencia decisiva en Oribasio de Pérgamo, principalmente como su gran autoridad en técnica quirúrgica, biomecánica y medicina física. Aunque la inmensa mayoría de la obra original de Ántilo se perdió con el paso de los siglos, su pensamiento, métodos e innovaciones sobrevivieron para la posteridad casi exclusivamente gracias a que Oribasio los incorporó y conservó en sus Colecciones Médicas (Synagogai Iatrikai). Oribasio convirtió a Ántilo en su referente primario para las secciones quirúrgicas de sus Colecciones (especialmente en los libros XLIV y XLV), prefiriéndolo en muchos aspectos tácticos incluso sobre Galeno debido al carácter minuciosamente práctico de sus operaciones. Oribasio recoge el famoso método de Ántilo para operar aneurismas (que consistía en la ligadura doble de la arteria por encima y por debajo del saco aneurismático seguida de la incisión y evacuación del coágulo), considerado uno de los mayores hitos de la cirugía vascular antigua. Conservó la descripción detallada de Ántilo para realizar la apertura de la tráquea en casos de sofocación aguda (angina grave o cuerpos extraños), detallando el corte transversal entre el segundo y tercer anillo traqueal.: Oribasio adoptó los procedimientos de Ántilo para la corrección de defectos faciales (párpados, orejas y nariz) mediante colgajos cutáneos y amansamientos de piel, sentando precedentes de la cirugía reconstructiva. Además de la cirugía invasiva, Antilo era un experto en la «medicina del movimiento», campo en el que Oribasio  lo cita  profusamente en los libros dedicados a la higiene y la rehabilitación. Oribasio cita detalla en sus obras el impacto de la respiración controlada, la vocalización (ejercicios de voz o anapnesis) y los paseos en litera o barco como terapias para reactivar el pneuma y los fluidos corporales. : Oribasio recopiló los pasajes de Ántilo sobre las propiedades curativas de los baños de vapor, las arenas calientes y la aplicación de cataplasmas en contracturas y afecciones articulares. En definitiva, la figura de Ántilo representó para Oribasio el complemento práctico y quirúrgico perfecto a la teórica humoral galénica. Gracias a que Oribasio citó y reprodujo de forma textual extensos fragmentos de Antilo, los médicos bizantinos posteriores (como Pablo de Egina y Aecio de Amida) e islámicos (como Al-Razi y Abulcasis) pudieron heredar y aplicar las técnicas quirúrgicas más complejas del Imperio Romano.

 

Oribasio de Pérgamo estuvo al servicio del emperador Juliano, a quien acompañó en sus campañas bélicas. Tras la muerte del emperador en el 363 d. C., cayó temporalmente en desgracia y fue desterrado a cortes bárbaras, donde cobró gran prestigio antes de ser llamado de vuelta a Constantinopla.

Juliano II “El Apóstata”, (Flavius Claudius Iulianus, 331–363 d. C.), conocido históricamente como Juliano II o por el epíteto cristiano «el Apóstata», fue emperador romano desde el 361 hasta su muerte en el 363 d. C. Destacó por ser un notable erudito, filósofo neoplatónico, comandante militar y el último emperador pagano de la dinastía constantiniana. Nació en Constantinopla en 331 d. C., hijo de Julio Constancio (medio hermano de Constantino el Grande). Tras la muerte de Constantino I, la familia de Juliano fue víctima de una sangrienta purga dinástica instigada por sus primos (hijos de Constantino) para consolidar el poder. Juliano y su hermano Galo sobrevivieron por su corta edad. Vivió bajo estrecha vigilancia en Capadocia y Bitinia. Aunque recibió una educación cristiana bajo el obispo Eusebio de Nicomedia, se volcó en el estudio de los clásicos griegos y la filosofía neoplatónica en Atenas y Pérgamo, estudiando bajo la tutela de figuras como Libanio y el teúrgo Máximo de Éfeso. Entre los años 350 y 351 d. C. abandonó íntimamente el cristianismo para abrazar el helenismo tradicional. El emperador Constancio II, (que era su primo),lo nombró César en el año 361 d.C.  y lo envió a la Galia para contener las invasiones germánicas de francos y alamanes. Pese a su falta de formación militar previa, demostró un talento estratégico notable. Su hito principal fue la Batalla de Estrasburgo (357 d. C.), donde derrotó decisivamente a una confederación de alamanes numéricamente superior. Durante su breve reinado como único Augusto, Juliano emprendió una radical reestructuración del Imperio. Decretó la libertad de culto en el año 361 d.C.  para todas las sectas y religiones, revocó las exenciones fiscales del clero cristiano y reabrió los templos paganos. Prohibió a los maestros cristianos enseñar gramática y retórica clásicas, argumentando la incoherencia moral de enseñar mitos paganos en los que no creían.

La relación entre el emperador Juliano el Apóstata y su médico de cabecera Oribasio de Pérgamo (c. 325–403 d. C.) fue una de las alianzas intelectuales, políticas y humanas más estrechas de la Antigüedad tardía. Lejos de limitarse al vínculo habitual entre médico y paciente, Oribasio actuó como consejero de confianza, confidente político, agente diplomático y facilitador del proyecto cultural pagano de Juliano. Ambos se conocieron a mediados del siglo IV d. C. en Atenas, donde Juliano estudiaba filosofía y Oribasio perfeccionaba su formación tras haber sido alumno del renombrado médico Zenón de Alejandría. Compartían una profunda adhesión al paganismo filosófico (neoplatonismo) y una admiración por la cultura clásica griega (paideia) en un contexto sociopolítico crecientemente cristianizado. Esta etapa inicial fraguó una amistad personal basada en la confianza mutua, libre de las intrigas de la corte imperial de Constantinopla.

Cuando el emperador Constancio II nombró a Juliano César de las Galias en el 355 d. C. para contener las invasiones germánicas, Juliano exigió que Oribasio lo acompañara como su médico personal (archiatros). Oribasio supervisó la salud de Juliano durante las exigentes campañas militares en la frontera del Rin, adaptando la dietética galénica al clima frío de la Galia. Fue el propio Juliano quien encargó formalmente a Oribasio la elaboración de un corpus médico exhaustivo. Juliano consideraba que la literatura médica antigua de Galeno e Hipócrates estaba dispersa y corría el riesgo de perderse; le encomendó compilar y condensar todo el saber médico conocido en una sola obra de consulta fácil: las Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai), estructuradas originalmente en 70 libros. Cuando las legiones de la Galia se rebelaron contra Constancio II y proclamaron a Juliano Augusto en Lutecia (París), Oribasio estaba a su lado, actuando como consejero político clave y puente entre Juliano y los mandos militares. Tras la consolidación de Juliano como único emperador en el 361 d. C., Oribasio utilizó su influencia para interceder por intelectuales y maestros caídos en desgracia bajo el reinado anterior (como su antiguo profesor Zenón de Alejandría, cuya restitución en la cátedra gestionó directamente).

Oribasio de Pérgamo fue nombrado Quaestor (cuestor) de Constantinopla por parte del emperador Juliano el Apóstata en el 361 d. C. supuso su elevación directa a la cúpula de la administración política y civil del Imperio Romano, trascendiendo por completo su rol estricto como archiatros (médico jefe) de la corte. El cargo de “Quaestor de Contantinopla” era el Consejero legal y portavoz del Emperador: En la Antigüedad tardía, la figura del quaestor sacri palatii o cuestor urbano constituía uno de los cargos de mayor rango administrativo (dignitas). Era la persona encargada de redactar las leyes y decretos imperiales, responder a las peticiones oficiales dirigidas al augusto y actuar como la voz legislativa del propio Juliano ante el Senado de Constantinopla. Al situarlo al frente de la cuestura de la recién consolidada capital imperial, Juliano colocaba a su hombre de mayor confianza personal en una posición clave para supervisar la burocracia estatal y depurar el aparato administrativo tras el reinado de Constancio II. Como cuestor, Oribasio también asumía competencias en la administración del orden público, la fiscalización de las finanzas urbanas de Constantinopla y la gestión de nombramientos académicos y médicos en la ciudad. Este nombramiento convirtió a Oribasio en una de las figuras más influyentes del Imperio. Abarcaba desde la supervisión de la salud del soberano hasta la redacción de la política imperial, lo que explica la posterior ola de enemistades en la corte que culminaría en su exilio tras la muerte de Juliano.

 

Oribasio acompañó a Juliano en su ambiciosa expedición militar contra el Imperio Sasánida en el 363 d. C. En la Batalla de Samarra (junio de 363 d. C.), cuando Juliano fue herido de muerte por una lanza que le atravesó el hígado y los intestinos, Oribasio fue el encargado de asistirlo en su tienda de campaña, intentando taponar la hemorragia y aliviando sus últimas horas mientras el emperador debatía sobre la inmortalidad del alma con sus filósofos.

 

La caída de Juliano expuso a Oribasio a la venganza de los nuevos emperadores cristianos (Valentiniano I y Valente). Sus bienes fueron confiscados y fue desterrado a territorio godo o germánico. Sin embargo, su destreza médica fue tan extraordinaria que los líderes de los pueblos receptores lo veneraron casi como a una divinidad. Años más tarde, ante la necesidad de médicos de alto nivel en la corte, fue llamado de vuelta por el emperador Graciano, quien le devolvió sus propiedades y rango, permitiéndole continuar su labor editorial y médica hasta el final de sus días.

 

Oribasio fue objeto de un juicio político impulsado por cortesanos rivales que envidiaban su enorme influencia. Fue despojado de todos sus bienes, propiedades y cargos honoríficos (archiatros). A diferencia de otros filósofos de la corte de Juliano que fueron ejecutados (como Máximo de Éfeso), la condena de Oribasio se conmutó por el exilio fuera de las fronteras imperiales (limes), siendo enviado a residir entre las tribus «bárbaras» asentadas en la región del Danubio (predominantemente los godos).

Oribasio de Pérgamo durante el exilio transformó su destierro en un escenario de absoluto prestigio personal gracias a la efectividad de su praxis clínica. Aplicó las rigurosas técnicas quirúrgicas y farmacológicas de la tradición galénica entre los jefes, caudillos y población de las tribus godas, acostumbrados a una medicina empírica o mágica de menor eficacia.

En el exilio, Oribasio careció de acceso a los grandes rollos de papiro y a los centros de copia de Alejandría o Constantinopla. Tuvo que ejercer la medicina en condiciones de aislamiento geográfico y escasez de recursos farmacológicos sofisticados. Esta vivencia moldeó sus dos obras maduras de regreso a la corte- La reubicación forzada fuera de las rutas de comercio marítimo del Mediterráneo obligó a Oribasio a adaptar las fórmulas de Dioscórides y Galeno a la realidad de la Europa del Este.  Las resinas orientales caras (como la mirra o el estoraque) y las especias importadas de la India cedieron espacio en sus escritos a las hierbas autóctonas europeas, las grasas animales comunes, el vinagre, la miel y la cera virgen. Redujo la complejidad de los elaborados pesarios ginecológicos y ungüentos que requerían decenas de componentes a fórmulas sencillas (monopharmaka o combinaciones de dos o tres ingredientes) de fácil preparación.

 

El prestigio de Oribasio traspasó rápidamente las fronteras del Imperio. Ante la escasez de médicos de alto nivel capaces de atender a la familia real y reorganizar los servicios sanitarios públicos de las capitales imperiales, los propios emperadores que lo habían desterrado se vieron obligados a revocar el edicto de exilio y regreso a la corte en el año 370. Los emperadores (bajo la influencia de Valentiniano I o Graciano) llamaron formalmente a Oribasio de regreso al territorio imperial, emitiendo una restitución pública de su honor (restitutio in integrum). Le fue devuelto íntegramente su patrimonio confiscado y se le reembolsaron las pérdidas financieras sufridas durante los años de destierro a cargo de la hacienda público. Reorganizó su consulta clínica en Constantinopla y reasumió la máxima condición de médico de la élite imperial.

Tras su regreso, Oribasio dedicó sus últimos años a una intensa labor editorial y divulgativa, orientada a la utilidad práctica directa:Sinopsis para Eustacio (Synopsis ad Eustathium): Redactada en 9 libros para su hijo Eustacio (quien también estudiaba medicina), constituyó un compendio manejable de las magnas Colecciones Médicas, pensado como un libro de bolsillo para intervenciones de campo y el Libro para Eunapio (Libellus ad Eunapium): Dedicado a su gran amigo y biógrafo Eunapio de Sardes, este tratado en 4 volúmenes se concibió como un manual de medicina doméstica y primeros auxilios simplificado, destinado a laicos y viajeros que no contaban con un médico cerca, reflejando quizás la experiencia acumulada durante sus años de exilio.

Eustacio (o Eustathios),fue el hijo de Oribasio de Pérgamo, siguió la tradición familiar y se convirtió en un destacado médico e intelectual de la Antigüedad tardía durante la segunda mitad del siglo IV d. C. Aunque la sombra bibliográfica y política de su padre fue muy alargada, Eustacio dejó su propia huella en la historia de la medicina gracias a la gran obra que Oribasio le dedicó. Eustacio ejerció la medicina con alto reconocimiento, llegando a ocupar puestos de relevancia profesional en el Imperio de Oriente tras la rehabilitación de Oribasio.

Oribasio de Pérgamo escribió la obra Sinopsis (Synopsis ad Eustathium) para su hijo Eustacio, Obra médica en 9 libros redactado por Oribasio que concibió este texto como un regalo de formación para su hijo cuando este emprendió sus propios viajes y práctica clínica independiente. A diferencia de las exhaustivas Colecciones Médicas (de 70 volúmenes), la Sinopsis reducía el corpus a un manual de consulta rápido, claro y eminentemente práctico para que Eustacio pudiera llevarlo consigo y consultar diagnósticos, dietética y farmacología sin necesidad de cargar con una biblioteca entera. Gracias a esta dedicatoria y a la conservación del texto a través de la tradición manuscrita bizantina y sus posteriores traducciones latinas altomedievales (Synopsis Oribasii), el nombre de Eustacio quedó indisolublemente ligado a la transmisión del saber médico clásico.

 

 

Eunapio de Sardes (amigo y biógrafo) en su obra Vidas de filósofos y sofistas, escrita en el año 386 d.C. ilustra la rápida transición entre la persecución política y el reconocimiento de la irreemplazable valía técnica de la ciencia médica. Según el testimonio de Eunapio de Sardes, rivales políticos y médicos acusaron a Oribasio de Pérgamo de opulencia desmedida y malversación o abuso de poder. Se celebró juicio y se optó por la “deportatio”, el destierro fuera de las fronteras imperiales, con las tribus “bárbaras” asentadas a lo largo del Danubio, principalmente godos.  Años más tarde, los propios emperadores revocaron la condena y restituyeron sus bienes.

Eunapio de Sardes relata que la destreza médica de Oribasio impresionó de tal manera a los líderes locales que pasó de ser un cautivo en el exilio a ser considerado un ser casi divino o un enviado de los dioses, gozando de una absoluta libertad de movimientos y protección personal entre los estamentos dirigentes bárbaros.

En  la obra “las Vidas de filósofos y sofistas” (Bioi philosophōn kai sophistōn), redactadas hacia el año 396 d. C., el historiador y retórico neoplatónico Eunapio de Sardes dedica una semblanza fundamental a su amigo personal y médico Oribasio de Pérgamo. Este texto es la fuente biográfica primaria contemporánea más importante sobre Oribasio. Eunapio no escribe desde una neutralidad aséptica, sino desde la admiración militante de quien comparte la misma fe pagana, la misma formación intelectual (paideia) y la devastación emocional tras el fracaso del proyecto imperial de Juliano el Apóstata. Eunapio encuadra a Oribasio dentro del ideal neoplatónico del iatrosophistes (el médico que es a la vez sabio y filósofo). Desde las primeras líneas, el biógrafo enfatiza su maestría técnica e intelectual. Según el relato de Eunapio, durante la estancia en la Galia, Oribasio no solo velaba por la salud del joven César, sino que fue el principal artífice intelectual de la conspiración y la rebelión de las tropas en Lutecia (360 d. C.) que llevaron a Juliano a asumir el título de Augusto. Eunapio lo retrata como el consejero más íntimo del monarca, el único que compartía en secreto sus convicciones religiosas paganas antes de su manifestación pública y quien gestionaba los asuntos de mayor delicadeza en la corte.

Eunapio denuncia la envidia y ruindad de los nuevos gobernantes cristianos (Valentiniano I y Valente) que despojaron a Oribasio de su patrimonio. Destaca la entereza de Oribasio, quien afrontó la condena con la impasibilidad de un sabio estoico. El pasaje más célebre narra su vida entre las tribus godas del Danubio. Eunapio asegura que la destreza de Oribasio para curar enfermedades mortales y heridas desesperadas impresionó de tal modo a los reyes y caudillos «bárbaros» que «lo adoraron como a un dios» (hōs theon prosekynoun).

Eunapio concluye su semblanza relatando el inevitable retorno de Oribasio: Destaca la humillación implícita de los emperadores cristianos, quienes se vieron forzados a revocar el exilio, devolverle sus bienes confiscados de la hacienda pública y rogar su regreso ante la incapacidad de la medicina oficial de la corte para resolver los males de la familia real.

El texto adquiere una dimensión íntima al recordar que fue precisamente para Eunapio para quien Oribasio redactó su Libro para Eunapio (Libellus ad Eunapium), un manual de medicina práctica simplificado destinado a que su amigo pudiera tratar enfermedades sin necesidad de recurrir a facultativos.

 

 

 

Oribasio de Pérgamo escribió:

 

Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai / Collectiones Medicae. Magna enciclopedia médica encomendada por Juliano. Recopila extractos sistemáticos sobre anatomía, fisiología, dietética, terapéutica y cirugía. Es la fuente principal por la que conocemos fragmentos de autores clásicos hoy perdidos. Son 70 libros originales (se conservan 25)

Sinopsis para Eustacio (Synopsis ad Eustathium). Compendio abreviado de las Colecciones, dedicado a su hijo Eustacio como un manual práctico y manejable para estudiantes y médicos itinerantes. La obra son 9 libros

Libellus ad Eunapium / Euporista). Libro para Eunapio. Manual de medicina doméstica y remedios de fácil obtención (euporista), concebido para profanos y viajeros que no tenían acceso a un médico experto. La obra son 4 libros

Introducción a la anatomía

Comentario a los aforismos de Hipócrates.

 

Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai / Collectiones Medicae) de Oribasio de Pérgamo representan el primer proyecto enciclopédico monumental de la literatura médica tardo antigua y bizantina. Encomendada directamente por el emperador Juliano el Apóstata en el siglo IV d. C., la obra nació con el objetivo de reunir, seleccionar y clasificar lo más destacado del saber médico grecorromano previo.

Magna enciclopedia médica encomendada por Juliano. Recopila extractos sistemáticos sobre anatomía, fisiología, dietética, terapéutica y cirugía. Es la fuente principal por la que conocemos fragmentos de autores clásicos hoy perdidos.

El término griego utilizado por Oribasio para titular sus Colecciones Médicas es Synagogai Iatrikai (en griego, ΣυναγωγαἸατρικαί), que se tradujo al latín como Collectiones Medicae.

Portada de la obra de Oribasio. Editada en Venecia en 1554

La razón por la que aparece la palabra «sinagoga» es puramente etimológica y lingüística en el griego clásico y helenístico, totalmente independiente del uso religioso judeocristiano moderno: La palabra proviene del verbo griego synagō (συνάγω), compuesto por syn- («junto con» o «reunión») y agō («traer», «llevar» o «conducir»). Literalmente significa «acción de reunir», «compilación», «colección» o «ensamblaje».

En el mundo grecorromano del siglo IV d. C., una synagōgē era cualquier reunión o colección sistemática de cosas, textos o personas. Aplicado a la literatura, significaba una «antología» o «enciclopedia» donde se recopilaban extractos de diversos autores.

Por tanto, cuando Oribasio tituló su obra Synagogai Iatrikai por encargo del emperador Juliano, el nombre significaba sencillamente «Recopilaciones Médicas» o «Colecciones de la Medicina».

Collectiones medicae, es una especie de enciclopedia que recoge todos los conocimientos médicos anatómicos y fisiológicos de la época, así como las técnicas más eficaces en el campo de la terapia y la farmacología. Se trata de una vasta recopilación de extractos de Galeno y de los escritos de médicos de renombre desde la antigüedad hasta el siglo IV d.C., como Filagrio de Epiro (300-340 d.C.), alumno de un médico llamado Naumachius y autor de 70 volúmenes de los que solo se han conservado algunos fragmentos, y Adamantio de Alejandría (c. 412/415 d.C.), iatrosofista y autor de un tratado griego sobre la fisiognomíaEl término reflejaba con precisión el propósito de la obra: reunir, ordenar y sintetizar en 70 volúmenes todo el saber disperso de los médicos antiguos (especialmente Galeno e Hipócrates) dentro de un único gran cuerpo enciclopédico.

El prólogo general de las Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai) de Oribasio de Pérgamo constituye un documento político, literario y epistemológico fundamental de la Antigüedad tardía. Dirigido directamente al emperador Juliano el Apóstata, el texto no solo justifica la existencia de esta magna enciclopedia médica en 70 volúmenes, sino que refleja los ideales intelectuales de la restauración cultural pagana (paideia) promovida por el monarca. Oribasio comienza el prólogo haciendo explícito que la obra no nace de una iniciativa privada o una ambición personal, sino de un mandamiento directo (prostagma) del propio emperador Juliano.  Oribasio proclama abiertamente la superioridad teórica y práctica de Galeno de Pérgamo sobre el resto de las escuelas antiguas. Afirma que Galeno fue el único en perfeccionar las intuiciones de Hipócrates y dotar a la medicina de un método riguroso y coherente. A pesar de su devoción por Galeno, Oribasio aclara que su labor no fue un mero copia y pega, sino una cuidadosa labor de cotejo y ordenación (syntaxis), donde rescató pasajes de otros autores (como Dioscórides, Rufos de Éfeso o Sorano) solo cuando complementaban o aclaraban al maestro de Pérgamo. El prólogo transciende la mera introducción médica y se alinea con el proyecto ideológico de Juliano. Oribasio elogia a Juliano no solo como gobernante militar, sino como un rey filósofo dotado de una erudición universal. Al vincular el nombre del emperador con el proyecto enciclopédico, Oribasio proyecta la imagen de un gobernante protector de las ciencias clásicas grecorromanas. El texto refleja el espíritu cultural de la época, donde la conservación y la sistematización del saber antiguo se convirtieron en un bastión de la identidad pagana frente al avance del cristianismo.

 

Estructura general y estado de conservación de Las Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai / Collectiones Medicae) de Oribasio de Pérgamo, constaban de 70 libros o volúmenes. En la actualidad únicamente se conservan completos o fragmentados 25 libros en su texto griego original (principalmente los libros 1 a 15, 24 a 25 y 43 a 50, junto con extractos de los restantes preservados en antologías bizantinas y traducciones latinas e islámicas medievales).

Oribasio no resumió ni parafraseó arbitrariamente, sino que aplicó un criterio de ordenación temática por bloques funcionales, citando textualmente a los autores originales precedidos por un encabezado identificativo (lemmata).  A partir de los libros conservados y de las referencias indirectas de la Suda y de Focio, la obra articulaba el conocimiento médico en el siguiente orden lógico:

  1. Dietética e Higiene (Libros 1–5):
    • Propiedades de los alimentos, virtudes de los cereales, panificación, carnes, pescados, legumbres y hortalizas.
    • Calidad de las aguas, tipos de vinos, digestión y regímenes de salud según la edad, la estación del año y la constitución individual.
  2. Gimnasia, Baños y Medio Ambiente (Libros 6–8):
    • Ejercicios físicos, masajes, fricciones e higiene corporal.
    • Efectos del clima, los vientos y la geografía en la salud humana.
  3. Materia Médica y Farmacología (Libros 9–15):
    • Clasificación de los remedios simples (simplicia) vegetales, minerales y animales siguiendo la doctrina de los cuatro grados de Dioscórides y Galeno.
    • Virtudes curativas, recolección y métodos de conservación de plantas medicinales.
  4. Anatomía y Fisiología (Libros 24–25):
    • Anatomía descriptiva del sistema óseo, muscular, nervioso y vascular, basada casi íntegramente en las demostraciones de Galeno.
  5. Patología General y Terapéutica Especial:
    • Semiología, fiebres, enfermedades agudas y crónicas ordenadas a capite ad calcem (de la cabeza a los pies).
    • Puericultura, cuidados del recién nacido, lactancia y nodrizas (preservando pasajes de Rufus de Éfeso).
  6. Cirugía, Vendajes y Aparatos Reconstructivos (Libros 43–50):
    • Tratamiento quirúrgico de tumores, hernias, litiasis, varices, suturas y amputaciones.
    • Descripción de instrumental, vendajes complejos (fasciae) y máquinas o ingenios ortopédicos para la reducción de fracturas y luxaciones.

 

El valor filológico e histórico de las Colecciones Médicas reside en que conservó fragmentos extensos e inestimables de autores clásicos y helenísticos cuyas obras originales se perdieron en la Edad Media:

  • Galeno de Pérgamo: Es la columna vertebral teórica de toda la enciclopedia. Oribasio estructura el pensamiento galénico de forma sintética, facilitando su consulta sistemática.
  • Dioscórides: Su De Materia Medica sirve de base para casi todo el catálogo de botánica farmacéutica de la obra.
  • Antilo (siglo II d. C.): Cirujano helenístico del que apenas quedaría constancia sin Oribasio. Gracias a las Colecciones conservamos sus detallados procedimientos sobre traqueotomías, aneurismas, catarata, estrabismo y cirugía plástica facial.
  • Rufo de Éfeso (siglo I d. C.): Especialmente sus tratados sobre anatomía renal y urinaria, así como sus valiosos escritos sobre puericultura, baño de lactantes y la atención al desarrollo infantil.
  • Sorano de Éfeso (siglo II d. C.): Representante de la escuela metódica; sus aportaciones sobre ginecología, obstetricia, embriología y posicionamiento del feto se filtraron a través de la síntesis de Oribasio.
  • Hipócrates: Citado como autoridad ética e histórica suprema, especialmente sus aforismos y escritos dietéticos.
  • Athenaeo de Atalia y Heliodoro: Figuras clave de la escuela neumática y de la cirugía romana imperial, cuyas complejas maniobras de luxación y vendajes fueron preservadas en los libros quirúrgicos.

 

La transmisión de las Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai) desde la Constantinopla del siglo IV d. C. hasta el Renacimiento europeo es un itinerario complejo de epítomes, traducciones tempranas al latín, preservación en la medicina islámica y recuperación humanista. A pesar de que la monumentalidad de la obra original (70 libros) dificultó la copia íntegra de la enciclopedia, el texto sobrevivió fragmentado a través de varios canales complementarios.

Debido al elevadísimo coste de producción de un manuscrito de 70 volúmenes en pergamino, la obra completa comenzó a perderse en el propio ámbito bizantino durante la Alta Edad Media. El propio Oribasio facilitó este proceso al redactar la Sinopsis para Eustacio (9 libros) y el Libro para Eunapio (4 libros). Estas versiones abreviadas, mucho más manejables y económicas de copiar, circularon ampliamente por el Imperio Bizantino como manuales de campo para médicos e itinerantes.

Compiladores bizantinos posteriores como Aecio de Amida (s. VI), Alejandro de Trales (s. VI) y Pablo de Egina (s. VII) utilizaron masivamente las Colecciones como fuente primaria, reescribiendo o incorporando capítulos enteros de Oribasio dentro de sus propios tratados.

En el siglo IX, el patriarca Focio de Constantinopla dejó constancia en su Biblioteca (Códice 217) de haber leído los 70 libros originales de las Colecciones, lo que confirma que la obra completa aún existía íntegra en la capital imperial en esa época. No obstante, los incendios, el declive económico bizantino y el saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada (1204) fragmentaron definitivamente la tradición manuscrita griega.

A diferencia de otros autores griegos que tardaron siglos en ser traducidos a occidente, Oribasio fue vertido al latín muy pronto, en los siglos V y VI d. C., en la Rávena ostrogoda y el norte de Italia: Se realizaron versiones en un latín vulgar/tardo antiguo de la Sinopsis, del Libro para Eunapio y de varios libros de las Colecciones (especialmente sobre dietética y remedios simples).: Copias de estas traducciones arcaicas pasaron a los monasterios carolingios y monásticos del norte y centro de Europa (como la abadía de Sankt Gallen). Estos textos Oribasius latinus sirvieron como puente directo del saber galénico a la Europa altomedieval antes de las grandes traducciones del árabe.

En el marco del gran movimiento de traducción impulsado por la Casa de la Sabiduría (Bayt al-Hikma) en Bagdad durante el califato abasí, Oribasio desempeñó un papel destacado: Traducciones de Hunayn ibn Ishaq: El célebre médico y traductor nestoriano Hunayn ibn Ishaq (conocido en occidente como Johannitius) y sus discípulos tradujeron la obra de Oribasio al siríaco y al árabe (bajo el nombre de Urbasio). Influencia en la enciclopedia islámica: Médicos fundamentales como Rhazes (Al-Razi) e Ibn al-Nadim citan ampliamente las Colecciones. Rhazes incorporó pasajes enteros de Oribasio en su magna obra Al-Hawi (El Libro Continental), preservando capítulos quirúrgicos y terapéuticos que en griego ya se habían perdido.

 

Sinopsis (Synopsis ad Eustathium). Sipnosis para Eustacio.

Oribasio de Pérgamo escribió la obra Sinopsis (Synopsis ad Eustathium) para su hijo Eustacio, Obra médica en 9 libros redactado por Oribasio que concibió este texto como un regalo de formación para su hijo cuando este emprendió sus propios viajes y práctica clínica independiente. A diferencia de las exhaustivas Colecciones Médicas (de 70 volúmenes), la Sinopsis reducía el corpus a un manual de consulta rápido, claro y eminentemente práctico para que Eustacio pudiera llevarlo consigo y consultar diagnósticos, dietética y farmacología sin necesidad de cargar con una biblioteca entera. Gracias a esta dedicatoria y a la conservación del texto a través de la tradición manuscrita bizantina y sus posteriores traducciones latinas altomedievales (Synopsis Oribasii), el nombre de Eustacio quedó indisolublemente ligado a la transmisión del saber médico clásico.

 

Libellus ad Eunapium / Euporista). Libro para Eunapio

El Libro para Eunapio (conocido en la tradición latina como Libellus ad Eunapium o en la griega como Euporista, «Remedios fáciles de obtener») consta de cuatro libros diseñados como una guía médica práctica y de auxilio para personas cultas sin formación médica, pensada para viajes o situaciones de aislamiento.

Estructura general de la obra

Oribasio organiza el tratado de forma progresiva, desde la prevención general hasta la intervención sintomática específica:

  • Libro I (Dietética y preservación de la salud): Pautas sobre nutrición según la constitución física, virtudes de los alimentos, ejercicio, baños, regulación del sueño y medidas preventivas según la estación del año.
  • Libro II (Propiedades de los fármacos simples): Catálogo de plantas, minerales y productos animales de fácil acceso, clasificados según sus cualidades galénicas (cálido, frío, seco, húmedo) y sus efectos primarios.
  • Libro III (Afecciones de la cabeza a los pies – A capite ad calcem I): Diagnóstico y tratamiento simplificado para dolencias que afectan desde el cuero cabelludo hasta el tórax (cefalalgias, oftalmías, otitis, tos, dolor pleurítico).
  • Libro IV (Afecciones pélvicas, extremidades y urgencias – A capite ad calcem II): Trastornos digestivos, renales, patología ginecológica, afecciones articulares, picaduras de animales ponzoñosos, quemaduras y heridas.
  1. Remedios cotidianos (Euporista) destacados

Frente a la compleja polifarmacia de la corte, Oribasio recurre a ingredientes caseros y locales:

  • Dolor de cabeza (Cefalea): Compresas frías sobre la frente empapadas en una mezcla de vinagre diluido y aceite de rosas, o paños impregnados en decocción de manzanilla tibia si la causa se atribuía al frío.
  • Trastornos digestivos y vómitos: Infusiones de menta o pimienta molida en vino templado para reactivar la digestión lenta; cataplasmas de harina de cebada amasada con vinagre sobre el estómago para detener la emesis.
  • Quemaduras y escaldaduras: Aplicación inmediata de clara de huevo batida o mucílago de llantén para formar una película protectora, seguida de ungüentos de cera virgen fundida con aceite de oliva.
  • Afecciones de la garganta y tos: Gargarismos con agua tibia de miel (hydromeli) o decocciones de higos secos para suavizar la mucosa.
  • Picaduras de insectos o animales: Cataplasmas de ajo machacado o sal fina mezclada con vinagre aplicada directamente sobre la picadura para «extraer el veneno».
  1. Características farmacológicas del compendio

La obra representa el testimonio directo de cómo Oribasio adaptó el saber galénico a un manual de autotratamiento seguro, evitando el uso de fármacos peligrosos como el eléboro negro en manos de laicos.

 

Manuscritos claves de la obra de Oribasio de Pérgamo

Los textos de las Colecciones que hoy poseemos se articulan principalmente a partir de tres códices fundamentales:

  1. Codex Parisinus Graecus 2189 (s. X–XI): Conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, es una de las fuentes principales para los primeros 15 libros de las Colecciones.
  2. Codex Vaticanus Graecus 224 (s. X): Manuscrito crucial preservado en la Biblioteca Apostólica Vaticana que contiene gran parte de las secciones quirúrgicas, anatómicas y terapéuticas.
  3. Codex Laurentianus 74, 7 (s. IX–X): Conservado en la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia, fundamental para la transmisión de la cirugía, traumatología e ilustraciones de aparatos de reducción y vendajes de Heliodoro y Antilo recabados por Oribasio.

La tradición de los manuscritos e impresos ilustrados de cirugía que vincula las Colecciones Médicas de Oribasio con la labor del médico florentino Guido Guidi (Vidus Vidius, 1500–1569) constituye una de las cumbres iconográficas de la historia de la medicina.

Esta línea de transmisión visual no solo rescató textos olvidados, sino que transformó diagramas esquemáticos antiguos en obras maestras del manierismo italiano y de la xilografía renacentista.

El Codex Laurentianus 74, 7, Es el eslabón fundamental de esta saga iconográfica es el manuscrito Nicetas o Codex Laurentianus 74, 7 (copiado en Constantinopla en el siglo IX–X), actualmente custodiado en la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia.: Este códice recopiló la antología médica preparada por el médico bizantino Nicetas, que contenía los libros quirúrgicos de las Colecciones Médicas de Oribasio (libros 43 a 50), así como los tratados sobre articulaciones de Hipócrates y el célebre comentario de Apolonio de Citio (siglo I a. C.). El códice bizantino contenía ya una serie de miniatura a color fascinantes que mostraban: Técnicas de vendajes (Fasciae): Basadas en las descripciones de Sorano de Éfeso y Heliodoro recopiladas por Oribasio. Máquinas de reducción ortopédica (De Machinementis): Diseñadas por Antilo, Hipócrates y Arquímedes para extender miembros y reducir luxaciones severas mediante tornos, trócleas y palancas.

En el Renacimiento con la invención de la imprenta el rescate y fijación del texto definitivo de Oribasio se consolidó entre los siglos XV y XVI gracias a la llegada de eruditos bizantinos a Italia tras la caída de Constantinopla (1453) y al auge del humanismo médico.

Rasario Battista Giovanni, localizó valiosos manuscritos griegos fragmentarios y público en Venecia en los años 1557-1558 la traducción latina de las Colecciones Médicas, la Sinopsis y el Libro para Eunapio de Oribasio de Pérgamo.

Guido Guidi y Francisco I (París, 1544)

En la década de 1540, el médico florentino Guido Guidi fue invitado a París por el rey Francisco I de Francia para ocupar la cátedra de medicina en el recién fundado Collège de France. Guidi llevó consigo o tuvo acceso directo a copias del Codex Laurentianus.

Con el mecenazgo real, Guidi concibió un proyecto editorial único: traducir al latín los tratados de cirugía griega clásica preservados por Oribasio y editarlos en un volumen de lujo titulado Chirurgia e Graeco in Latinum conversa de Guido Guidi, (París, 1544).  Para trasladar las antiguas miniaturas bizantinas al lenguaje gráfico del Renacimiento, Guidi contó con la colaboración de grandes artistas del taller de la Escuela de Fontainebleau: Francesco Primaticcio y Benvenuto Cellini (quien compartía vivienda con Guidi en París) supervisaron o inspiraron el diseño de los dibujos. Santi di Tito y el grabador François Jollat ejecutaron las xilografías sobre madera. : Los artistas no se limitaron a copiar mecánicamente los esquemas bizantinos. Reinterpretaron las figuras humanas dotándolas de una potente anatomía manierista, representándolas como estatuas clásicas o héroes mitológicos en posturas contorsionadas sobre las complejas máquinas de madera.

La edición impreso-ilustrada de Guidi basada en Oribasio tuvo un impacto inmediato en la medicina del siglo XVI: Permitió a los cirujanos del Renacimiento (como Ambroise Paré) comprender exactamente cómo funcionaban los ingenios mecánicos de la Antigüedad que en el texto escrito resultaban incomprensibles. Junto con el De humani corporis fabrica de Andrés Vesalio (1543), la Chirurgia de Guidi fijó el estándar de que la ilustración médica no era un mero adorno, sino un instrumento de demostración científica e instrucción técnica insustituible.

Aunque en el siglo XVI circularon sobre todo las versiones latinas humanistas, el texto griego crítico no se editó de forma completa y moderna hasta los trabajos del filólogo Charles Daremberg y Émile Bussemaker (Oeuvres d’Oribase, París, 1851–1876), y posteriormente Johannes Raeder en el Corpus Medicorum Graecorum (Leipzig, 1928–1933).

Gardasil

Gardasil

Gestograma con publicidad del medicamento Gardasil. Merchandising del medicamento Gardasil.

Año 2010

El gestograma es un calendario obstétrico circular, también conocido como gestograma o rueda del embarazo, es una herramienta que ayuda a determinar la edad gestacional y la fecha probable de parto. Permite a las mujeres embarazadas conocer en qué semana de gestación se encuentran y estimar cuándo nacerá su bebé.

El calendario obstétrico circular es básicamente un disco que se puede girar para alinear la fecha ultima menstruación (FUM) con la semana actual de embarazo o con la fecha estimada de parto.

Calcula la semana de gestación, las medidas obstétricas del feto según la semana de gestación y la fecha probable de parto: Se calcula sumando 280 días (40 semanas) a la fecha del primer día de la última regla. La fecha del parto es solo una estimación, ya que el parto puede adelantarse o retrasarse.

Cromantonbic Ferro

Cromantonbic Ferro

Gestograma con publicidad del medicamento Cromantonbic Ferro. Merchandising del medicamento Cromantonbic Ferro

Año 1995.

El gestograma es un calendario obstétrico circular, también conocido como gestograma o rueda del embarazo, es una herramienta que ayuda a determinar la edad gestacional y la fecha probable de parto. Permite a las mujeres embarazadas conocer en qué semana de gestación se encuentran y estimar cuándo nacerá su bebé.

El calendario obstétrico circular es básicamente un disco que se puede girar para alinear la fecha ultima menstruación (FUM) con la semana actual de embarazo o con la fecha estimada de parto.

Calcula la semana de gestación, las medidas obstétricas del feto según la semana de gestación y la fecha probable de parto: Se calcula sumando 280 días (40 semanas) a la fecha del primer día de la última regla. La fecha del parto es solo una estimación, ya que el parto puede adelantarse o retrasarse.