Oribasio de Pérgamo
Nació en Pérgamo, (ciudad natal de Galeno) nació en el año 325 d.C. y muere en el año 403 d.C. Pérgamo fue una ciudad de la Antigua Grecia, localizada al noroeste de Asia Menor (Actualmente Turquía), sus ruinas rodean a la actual ciudad de Bergama. Fue sede de la biblioteca mas importante de la antigüedad, después de la de Alejandría.
Estudió medicina y filosofía en Alejandría, bajo la tutela de Zenón de Chipre que fue su maestro.
Zenón de Chipre (o Zenón de Alejandría, siglo IV d. C.) fue un eminente médico, iatrosophista y profesor de medicina en Alejandría, fue el maestro directo de Oribasio de Pérgamo y de Magnus de Nísibis. Impartió docencia en Alejandría, el mayor centro de saber médico del Imperio Romano Tardío, donde promovió el estudio riguroso del corpus galénico e hipocrático. Sufrió el exilio de Alejandría por tensiones políticas locales bajo el imperio de Constancio II. Tras la llegada al trono del emperador Juliano el Apóstata (361 d. C.), y gracias a la intercesión directa de su pupilo Oribasio (médico personal del emperador), Zenón fue restituido formalmente en su cátedra mediante una orden imperial. Aunque no han sobrevivido tratados completos escritos por Zenón, su influencia metodológica fue decisiva en Oribasio. Además de Oribasio, formó a figuras influyentes como Magnus de Nísibis (famoso por sus tratados sobre el pulso) y Jónico de Sardes.
Ejerció como médico personal, consejero y amigo íntimo del emperador Juliano el Apóstata.
Destacó como compilador ecléctico. Aunque veneraba la obra de Galeno, incorporó escritos de Hipócrates, Sorano, Dioscórides, Rufos de Éfeso y Antilo.
Antilo (Antyllos, siglo II d. C.) ejerció una influencia decisiva en Oribasio de Pérgamo, principalmente como su gran autoridad en técnica quirúrgica, biomecánica y medicina física. Aunque la inmensa mayoría de la obra original de Ántilo se perdió con el paso de los siglos, su pensamiento, métodos e innovaciones sobrevivieron para la posteridad casi exclusivamente gracias a que Oribasio los incorporó y conservó en sus Colecciones Médicas (Synagogai Iatrikai). Oribasio convirtió a Ántilo en su referente primario para las secciones quirúrgicas de sus Colecciones (especialmente en los libros XLIV y XLV), prefiriéndolo en muchos aspectos tácticos incluso sobre Galeno debido al carácter minuciosamente práctico de sus operaciones. Oribasio recoge el famoso método de Ántilo para operar aneurismas (que consistía en la ligadura doble de la arteria por encima y por debajo del saco aneurismático seguida de la incisión y evacuación del coágulo), considerado uno de los mayores hitos de la cirugía vascular antigua. Conservó la descripción detallada de Ántilo para realizar la apertura de la tráquea en casos de sofocación aguda (angina grave o cuerpos extraños), detallando el corte transversal entre el segundo y tercer anillo traqueal.: Oribasio adoptó los procedimientos de Ántilo para la corrección de defectos faciales (párpados, orejas y nariz) mediante colgajos cutáneos y amansamientos de piel, sentando precedentes de la cirugía reconstructiva. Además de la cirugía invasiva, Antilo era un experto en la «medicina del movimiento», campo en el que Oribasio lo cita profusamente en los libros dedicados a la higiene y la rehabilitación. Oribasio cita detalla en sus obras el impacto de la respiración controlada, la vocalización (ejercicios de voz o anapnesis) y los paseos en litera o barco como terapias para reactivar el pneuma y los fluidos corporales. : Oribasio recopiló los pasajes de Ántilo sobre las propiedades curativas de los baños de vapor, las arenas calientes y la aplicación de cataplasmas en contracturas y afecciones articulares. En definitiva, la figura de Ántilo representó para Oribasio el complemento práctico y quirúrgico perfecto a la teórica humoral galénica. Gracias a que Oribasio citó y reprodujo de forma textual extensos fragmentos de Antilo, los médicos bizantinos posteriores (como Pablo de Egina y Aecio de Amida) e islámicos (como Al-Razi y Abulcasis) pudieron heredar y aplicar las técnicas quirúrgicas más complejas del Imperio Romano.
Oribasio de Pérgamo estuvo al servicio del emperador Juliano, a quien acompañó en sus campañas bélicas. Tras la muerte del emperador en el 363 d. C., cayó temporalmente en desgracia y fue desterrado a cortes bárbaras, donde cobró gran prestigio antes de ser llamado de vuelta a Constantinopla.
Juliano II “El Apóstata”, (Flavius Claudius Iulianus, 331–363 d. C.), conocido históricamente como Juliano II o por el epíteto cristiano «el Apóstata», fue emperador romano desde el 361 hasta su muerte en el 363 d. C. Destacó por ser un notable erudito, filósofo neoplatónico, comandante militar y el último emperador pagano de la dinastía constantiniana. Nació en Constantinopla en 331 d. C., hijo de Julio Constancio (medio hermano de Constantino el Grande). Tras la muerte de Constantino I, la familia de Juliano fue víctima de una sangrienta purga dinástica instigada por sus primos (hijos de Constantino) para consolidar el poder. Juliano y su hermano Galo sobrevivieron por su corta edad. Vivió bajo estrecha vigilancia en Capadocia y Bitinia. Aunque recibió una educación cristiana bajo el obispo Eusebio de Nicomedia, se volcó en el estudio de los clásicos griegos y la filosofía neoplatónica en Atenas y Pérgamo, estudiando bajo la tutela de figuras como Libanio y el teúrgo Máximo de Éfeso. Entre los años 350 y 351 d. C. abandonó íntimamente el cristianismo para abrazar el helenismo tradicional. El emperador Constancio II, (que era su primo),lo nombró César en el año 361 d.C. y lo envió a la Galia para contener las invasiones germánicas de francos y alamanes. Pese a su falta de formación militar previa, demostró un talento estratégico notable. Su hito principal fue la Batalla de Estrasburgo (357 d. C.), donde derrotó decisivamente a una confederación de alamanes numéricamente superior. Durante su breve reinado como único Augusto, Juliano emprendió una radical reestructuración del Imperio. Decretó la libertad de culto en el año 361 d.C. para todas las sectas y religiones, revocó las exenciones fiscales del clero cristiano y reabrió los templos paganos. Prohibió a los maestros cristianos enseñar gramática y retórica clásicas, argumentando la incoherencia moral de enseñar mitos paganos en los que no creían.
La relación entre el emperador Juliano el Apóstata y su médico de cabecera Oribasio de Pérgamo (c. 325–403 d. C.) fue una de las alianzas intelectuales, políticas y humanas más estrechas de la Antigüedad tardía. Lejos de limitarse al vínculo habitual entre médico y paciente, Oribasio actuó como consejero de confianza, confidente político, agente diplomático y facilitador del proyecto cultural pagano de Juliano. Ambos se conocieron a mediados del siglo IV d. C. en Atenas, donde Juliano estudiaba filosofía y Oribasio perfeccionaba su formación tras haber sido alumno del renombrado médico Zenón de Alejandría. Compartían una profunda adhesión al paganismo filosófico (neoplatonismo) y una admiración por la cultura clásica griega (paideia) en un contexto sociopolítico crecientemente cristianizado. Esta etapa inicial fraguó una amistad personal basada en la confianza mutua, libre de las intrigas de la corte imperial de Constantinopla.
Cuando el emperador Constancio II nombró a Juliano César de las Galias en el 355 d. C. para contener las invasiones germánicas, Juliano exigió que Oribasio lo acompañara como su médico personal (archiatros). Oribasio supervisó la salud de Juliano durante las exigentes campañas militares en la frontera del Rin, adaptando la dietética galénica al clima frío de la Galia. Fue el propio Juliano quien encargó formalmente a Oribasio la elaboración de un corpus médico exhaustivo. Juliano consideraba que la literatura médica antigua de Galeno e Hipócrates estaba dispersa y corría el riesgo de perderse; le encomendó compilar y condensar todo el saber médico conocido en una sola obra de consulta fácil: las Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai), estructuradas originalmente en 70 libros. Cuando las legiones de la Galia se rebelaron contra Constancio II y proclamaron a Juliano Augusto en Lutecia (París), Oribasio estaba a su lado, actuando como consejero político clave y puente entre Juliano y los mandos militares. Tras la consolidación de Juliano como único emperador en el 361 d. C., Oribasio utilizó su influencia para interceder por intelectuales y maestros caídos en desgracia bajo el reinado anterior (como su antiguo profesor Zenón de Alejandría, cuya restitución en la cátedra gestionó directamente).
Oribasio de Pérgamo fue nombrado Quaestor (cuestor) de Constantinopla por parte del emperador Juliano el Apóstata en el 361 d. C. supuso su elevación directa a la cúpula de la administración política y civil del Imperio Romano, trascendiendo por completo su rol estricto como archiatros (médico jefe) de la corte. El cargo de “Quaestor de Contantinopla” era el Consejero legal y portavoz del Emperador: En la Antigüedad tardía, la figura del quaestor sacri palatii o cuestor urbano constituía uno de los cargos de mayor rango administrativo (dignitas). Era la persona encargada de redactar las leyes y decretos imperiales, responder a las peticiones oficiales dirigidas al augusto y actuar como la voz legislativa del propio Juliano ante el Senado de Constantinopla. Al situarlo al frente de la cuestura de la recién consolidada capital imperial, Juliano colocaba a su hombre de mayor confianza personal en una posición clave para supervisar la burocracia estatal y depurar el aparato administrativo tras el reinado de Constancio II. Como cuestor, Oribasio también asumía competencias en la administración del orden público, la fiscalización de las finanzas urbanas de Constantinopla y la gestión de nombramientos académicos y médicos en la ciudad. Este nombramiento convirtió a Oribasio en una de las figuras más influyentes del Imperio. Abarcaba desde la supervisión de la salud del soberano hasta la redacción de la política imperial, lo que explica la posterior ola de enemistades en la corte que culminaría en su exilio tras la muerte de Juliano.
Oribasio acompañó a Juliano en su ambiciosa expedición militar contra el Imperio Sasánida en el 363 d. C. En la Batalla de Samarra (junio de 363 d. C.), cuando Juliano fue herido de muerte por una lanza que le atravesó el hígado y los intestinos, Oribasio fue el encargado de asistirlo en su tienda de campaña, intentando taponar la hemorragia y aliviando sus últimas horas mientras el emperador debatía sobre la inmortalidad del alma con sus filósofos.
La caída de Juliano expuso a Oribasio a la venganza de los nuevos emperadores cristianos (Valentiniano I y Valente). Sus bienes fueron confiscados y fue desterrado a territorio godo o germánico. Sin embargo, su destreza médica fue tan extraordinaria que los líderes de los pueblos receptores lo veneraron casi como a una divinidad. Años más tarde, ante la necesidad de médicos de alto nivel en la corte, fue llamado de vuelta por el emperador Graciano, quien le devolvió sus propiedades y rango, permitiéndole continuar su labor editorial y médica hasta el final de sus días.
Oribasio fue objeto de un juicio político impulsado por cortesanos rivales que envidiaban su enorme influencia. Fue despojado de todos sus bienes, propiedades y cargos honoríficos (archiatros). A diferencia de otros filósofos de la corte de Juliano que fueron ejecutados (como Máximo de Éfeso), la condena de Oribasio se conmutó por el exilio fuera de las fronteras imperiales (limes), siendo enviado a residir entre las tribus «bárbaras» asentadas en la región del Danubio (predominantemente los godos).
Oribasio de Pérgamo durante el exilio transformó su destierro en un escenario de absoluto prestigio personal gracias a la efectividad de su praxis clínica. Aplicó las rigurosas técnicas quirúrgicas y farmacológicas de la tradición galénica entre los jefes, caudillos y población de las tribus godas, acostumbrados a una medicina empírica o mágica de menor eficacia.
En el exilio, Oribasio careció de acceso a los grandes rollos de papiro y a los centros de copia de Alejandría o Constantinopla. Tuvo que ejercer la medicina en condiciones de aislamiento geográfico y escasez de recursos farmacológicos sofisticados. Esta vivencia moldeó sus dos obras maduras de regreso a la corte- La reubicación forzada fuera de las rutas de comercio marítimo del Mediterráneo obligó a Oribasio a adaptar las fórmulas de Dioscórides y Galeno a la realidad de la Europa del Este. Las resinas orientales caras (como la mirra o el estoraque) y las especias importadas de la India cedieron espacio en sus escritos a las hierbas autóctonas europeas, las grasas animales comunes, el vinagre, la miel y la cera virgen. Redujo la complejidad de los elaborados pesarios ginecológicos y ungüentos que requerían decenas de componentes a fórmulas sencillas (monopharmaka o combinaciones de dos o tres ingredientes) de fácil preparación.
El prestigio de Oribasio traspasó rápidamente las fronteras del Imperio. Ante la escasez de médicos de alto nivel capaces de atender a la familia real y reorganizar los servicios sanitarios públicos de las capitales imperiales, los propios emperadores que lo habían desterrado se vieron obligados a revocar el edicto de exilio y regreso a la corte en el año 370. Los emperadores (bajo la influencia de Valentiniano I o Graciano) llamaron formalmente a Oribasio de regreso al territorio imperial, emitiendo una restitución pública de su honor (restitutio in integrum). Le fue devuelto íntegramente su patrimonio confiscado y se le reembolsaron las pérdidas financieras sufridas durante los años de destierro a cargo de la hacienda público. Reorganizó su consulta clínica en Constantinopla y reasumió la máxima condición de médico de la élite imperial.
Tras su regreso, Oribasio dedicó sus últimos años a una intensa labor editorial y divulgativa, orientada a la utilidad práctica directa:Sinopsis para Eustacio (Synopsis ad Eustathium): Redactada en 9 libros para su hijo Eustacio (quien también estudiaba medicina), constituyó un compendio manejable de las magnas Colecciones Médicas, pensado como un libro de bolsillo para intervenciones de campo y el Libro para Eunapio (Libellus ad Eunapium): Dedicado a su gran amigo y biógrafo Eunapio de Sardes, este tratado en 4 volúmenes se concibió como un manual de medicina doméstica y primeros auxilios simplificado, destinado a laicos y viajeros que no contaban con un médico cerca, reflejando quizás la experiencia acumulada durante sus años de exilio.
Eustacio (o Eustathios),fue el hijo de Oribasio de Pérgamo, siguió la tradición familiar y se convirtió en un destacado médico e intelectual de la Antigüedad tardía durante la segunda mitad del siglo IV d. C. Aunque la sombra bibliográfica y política de su padre fue muy alargada, Eustacio dejó su propia huella en la historia de la medicina gracias a la gran obra que Oribasio le dedicó. Eustacio ejerció la medicina con alto reconocimiento, llegando a ocupar puestos de relevancia profesional en el Imperio de Oriente tras la rehabilitación de Oribasio.
Oribasio de Pérgamo escribió la obra Sinopsis (Synopsis ad Eustathium) para su hijo Eustacio, Obra médica en 9 libros redactado por Oribasio que concibió este texto como un regalo de formación para su hijo cuando este emprendió sus propios viajes y práctica clínica independiente. A diferencia de las exhaustivas Colecciones Médicas (de 70 volúmenes), la Sinopsis reducía el corpus a un manual de consulta rápido, claro y eminentemente práctico para que Eustacio pudiera llevarlo consigo y consultar diagnósticos, dietética y farmacología sin necesidad de cargar con una biblioteca entera. Gracias a esta dedicatoria y a la conservación del texto a través de la tradición manuscrita bizantina y sus posteriores traducciones latinas altomedievales (Synopsis Oribasii), el nombre de Eustacio quedó indisolublemente ligado a la transmisión del saber médico clásico.
Eunapio de Sardes (amigo y biógrafo) en su obra Vidas de filósofos y sofistas, escrita en el año 386 d.C. ilustra la rápida transición entre la persecución política y el reconocimiento de la irreemplazable valía técnica de la ciencia médica. Según el testimonio de Eunapio de Sardes, rivales políticos y médicos acusaron a Oribasio de Pérgamo de opulencia desmedida y malversación o abuso de poder. Se celebró juicio y se optó por la “deportatio”, el destierro fuera de las fronteras imperiales, con las tribus “bárbaras” asentadas a lo largo del Danubio, principalmente godos. Años más tarde, los propios emperadores revocaron la condena y restituyeron sus bienes.
Eunapio de Sardes relata que la destreza médica de Oribasio impresionó de tal manera a los líderes locales que pasó de ser un cautivo en el exilio a ser considerado un ser casi divino o un enviado de los dioses, gozando de una absoluta libertad de movimientos y protección personal entre los estamentos dirigentes bárbaros.
En la obra “las Vidas de filósofos y sofistas” (Bioi philosophōn kai sophistōn), redactadas hacia el año 396 d. C., el historiador y retórico neoplatónico Eunapio de Sardes dedica una semblanza fundamental a su amigo personal y médico Oribasio de Pérgamo. Este texto es la fuente biográfica primaria contemporánea más importante sobre Oribasio. Eunapio no escribe desde una neutralidad aséptica, sino desde la admiración militante de quien comparte la misma fe pagana, la misma formación intelectual (paideia) y la devastación emocional tras el fracaso del proyecto imperial de Juliano el Apóstata. Eunapio encuadra a Oribasio dentro del ideal neoplatónico del iatrosophistes (el médico que es a la vez sabio y filósofo). Desde las primeras líneas, el biógrafo enfatiza su maestría técnica e intelectual. Según el relato de Eunapio, durante la estancia en la Galia, Oribasio no solo velaba por la salud del joven César, sino que fue el principal artífice intelectual de la conspiración y la rebelión de las tropas en Lutecia (360 d. C.) que llevaron a Juliano a asumir el título de Augusto. Eunapio lo retrata como el consejero más íntimo del monarca, el único que compartía en secreto sus convicciones religiosas paganas antes de su manifestación pública y quien gestionaba los asuntos de mayor delicadeza en la corte.
Eunapio denuncia la envidia y ruindad de los nuevos gobernantes cristianos (Valentiniano I y Valente) que despojaron a Oribasio de su patrimonio. Destaca la entereza de Oribasio, quien afrontó la condena con la impasibilidad de un sabio estoico. El pasaje más célebre narra su vida entre las tribus godas del Danubio. Eunapio asegura que la destreza de Oribasio para curar enfermedades mortales y heridas desesperadas impresionó de tal modo a los reyes y caudillos «bárbaros» que «lo adoraron como a un dios» (hōs theon prosekynoun).
Eunapio concluye su semblanza relatando el inevitable retorno de Oribasio: Destaca la humillación implícita de los emperadores cristianos, quienes se vieron forzados a revocar el exilio, devolverle sus bienes confiscados de la hacienda pública y rogar su regreso ante la incapacidad de la medicina oficial de la corte para resolver los males de la familia real.
El texto adquiere una dimensión íntima al recordar que fue precisamente para Eunapio para quien Oribasio redactó su Libro para Eunapio (Libellus ad Eunapium), un manual de medicina práctica simplificado destinado a que su amigo pudiera tratar enfermedades sin necesidad de recurrir a facultativos.
Oribasio de Pérgamo escribió:
Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai / Collectiones Medicae. Magna enciclopedia médica encomendada por Juliano. Recopila extractos sistemáticos sobre anatomía, fisiología, dietética, terapéutica y cirugía. Es la fuente principal por la que conocemos fragmentos de autores clásicos hoy perdidos. Son 70 libros originales (se conservan 25)
Sinopsis para Eustacio (Synopsis ad Eustathium). Compendio abreviado de las Colecciones, dedicado a su hijo Eustacio como un manual práctico y manejable para estudiantes y médicos itinerantes. La obra son 9 libros
Libellus ad Eunapium / Euporista). Libro para Eunapio. Manual de medicina doméstica y remedios de fácil obtención (euporista), concebido para profanos y viajeros que no tenían acceso a un médico experto. La obra son 4 libros
Introducción a la anatomía
Comentario a los aforismos de Hipócrates.
Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai / Collectiones Medicae) de Oribasio de Pérgamo representan el primer proyecto enciclopédico monumental de la literatura médica tardo antigua y bizantina. Encomendada directamente por el emperador Juliano el Apóstata en el siglo IV d. C., la obra nació con el objetivo de reunir, seleccionar y clasificar lo más destacado del saber médico grecorromano previo.
Magna enciclopedia médica encomendada por Juliano. Recopila extractos sistemáticos sobre anatomía, fisiología, dietética, terapéutica y cirugía. Es la fuente principal por la que conocemos fragmentos de autores clásicos hoy perdidos.
El término griego utilizado por Oribasio para titular sus Colecciones Médicas es Synagogai Iatrikai (en griego, Συναγωγαὶ Ἰατρικαί), que se tradujo al latín como Collectiones Medicae.
Portada de la obra de Oribasio. Editada en Venecia en 1554

La razón por la que aparece la palabra «sinagoga» es puramente etimológica y lingüística en el griego clásico y helenístico, totalmente independiente del uso religioso judeocristiano moderno: La palabra proviene del verbo griego synagō (συνάγω), compuesto por syn- («junto con» o «reunión») y agō («traer», «llevar» o «conducir»). Literalmente significa «acción de reunir», «compilación», «colección» o «ensamblaje».
En el mundo grecorromano del siglo IV d. C., una synagōgē era cualquier reunión o colección sistemática de cosas, textos o personas. Aplicado a la literatura, significaba una «antología» o «enciclopedia» donde se recopilaban extractos de diversos autores.
Por tanto, cuando Oribasio tituló su obra Synagogai Iatrikai por encargo del emperador Juliano, el nombre significaba sencillamente «Recopilaciones Médicas» o «Colecciones de la Medicina».
Collectiones medicae, es una especie de enciclopedia que recoge todos los conocimientos médicos anatómicos y fisiológicos de la época, así como las técnicas más eficaces en el campo de la terapia y la farmacología. Se trata de una vasta recopilación de extractos de Galeno y de los escritos de médicos de renombre desde la antigüedad hasta el siglo IV d.C., como Filagrio de Epiro (300-340 d.C.), alumno de un médico llamado Naumachius y autor de 70 volúmenes de los que solo se han conservado algunos fragmentos, y Adamantio de Alejandría (c. 412/415 d.C.), iatrosofista y autor de un tratado griego sobre la fisiognomíaEl término reflejaba con precisión el propósito de la obra: reunir, ordenar y sintetizar en 70 volúmenes todo el saber disperso de los médicos antiguos (especialmente Galeno e Hipócrates) dentro de un único gran cuerpo enciclopédico.
El prólogo general de las Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai) de Oribasio de Pérgamo constituye un documento político, literario y epistemológico fundamental de la Antigüedad tardía. Dirigido directamente al emperador Juliano el Apóstata, el texto no solo justifica la existencia de esta magna enciclopedia médica en 70 volúmenes, sino que refleja los ideales intelectuales de la restauración cultural pagana (paideia) promovida por el monarca. Oribasio comienza el prólogo haciendo explícito que la obra no nace de una iniciativa privada o una ambición personal, sino de un mandamiento directo (prostagma) del propio emperador Juliano. Oribasio proclama abiertamente la superioridad teórica y práctica de Galeno de Pérgamo sobre el resto de las escuelas antiguas. Afirma que Galeno fue el único en perfeccionar las intuiciones de Hipócrates y dotar a la medicina de un método riguroso y coherente. A pesar de su devoción por Galeno, Oribasio aclara que su labor no fue un mero copia y pega, sino una cuidadosa labor de cotejo y ordenación (syntaxis), donde rescató pasajes de otros autores (como Dioscórides, Rufos de Éfeso o Sorano) solo cuando complementaban o aclaraban al maestro de Pérgamo. El prólogo transciende la mera introducción médica y se alinea con el proyecto ideológico de Juliano. Oribasio elogia a Juliano no solo como gobernante militar, sino como un rey filósofo dotado de una erudición universal. Al vincular el nombre del emperador con el proyecto enciclopédico, Oribasio proyecta la imagen de un gobernante protector de las ciencias clásicas grecorromanas. El texto refleja el espíritu cultural de la época, donde la conservación y la sistematización del saber antiguo se convirtieron en un bastión de la identidad pagana frente al avance del cristianismo.
Estructura general y estado de conservación de Las Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai / Collectiones Medicae) de Oribasio de Pérgamo, constaban de 70 libros o volúmenes. En la actualidad únicamente se conservan completos o fragmentados 25 libros en su texto griego original (principalmente los libros 1 a 15, 24 a 25 y 43 a 50, junto con extractos de los restantes preservados en antologías bizantinas y traducciones latinas e islámicas medievales).
Oribasio no resumió ni parafraseó arbitrariamente, sino que aplicó un criterio de ordenación temática por bloques funcionales, citando textualmente a los autores originales precedidos por un encabezado identificativo (lemmata). A partir de los libros conservados y de las referencias indirectas de la Suda y de Focio, la obra articulaba el conocimiento médico en el siguiente orden lógico:
- Dietética e Higiene (Libros 1–5):
- Propiedades de los alimentos, virtudes de los cereales, panificación, carnes, pescados, legumbres y hortalizas.
- Calidad de las aguas, tipos de vinos, digestión y regímenes de salud según la edad, la estación del año y la constitución individual.
- Gimnasia, Baños y Medio Ambiente (Libros 6–8):
- Ejercicios físicos, masajes, fricciones e higiene corporal.
- Efectos del clima, los vientos y la geografía en la salud humana.
- Materia Médica y Farmacología (Libros 9–15):
- Clasificación de los remedios simples (simplicia) vegetales, minerales y animales siguiendo la doctrina de los cuatro grados de Dioscórides y Galeno.
- Virtudes curativas, recolección y métodos de conservación de plantas medicinales.
- Anatomía y Fisiología (Libros 24–25):
- Anatomía descriptiva del sistema óseo, muscular, nervioso y vascular, basada casi íntegramente en las demostraciones de Galeno.
- Patología General y Terapéutica Especial:
- Semiología, fiebres, enfermedades agudas y crónicas ordenadas a capite ad calcem (de la cabeza a los pies).
- Puericultura, cuidados del recién nacido, lactancia y nodrizas (preservando pasajes de Rufus de Éfeso).
- Cirugía, Vendajes y Aparatos Reconstructivos (Libros 43–50):
- Tratamiento quirúrgico de tumores, hernias, litiasis, varices, suturas y amputaciones.
- Descripción de instrumental, vendajes complejos (fasciae) y máquinas o ingenios ortopédicos para la reducción de fracturas y luxaciones.
El valor filológico e histórico de las Colecciones Médicas reside en que conservó fragmentos extensos e inestimables de autores clásicos y helenísticos cuyas obras originales se perdieron en la Edad Media:
- Galeno de Pérgamo: Es la columna vertebral teórica de toda la enciclopedia. Oribasio estructura el pensamiento galénico de forma sintética, facilitando su consulta sistemática.
- Dioscórides: Su De Materia Medica sirve de base para casi todo el catálogo de botánica farmacéutica de la obra.
- Antilo (siglo II d. C.): Cirujano helenístico del que apenas quedaría constancia sin Oribasio. Gracias a las Colecciones conservamos sus detallados procedimientos sobre traqueotomías, aneurismas, catarata, estrabismo y cirugía plástica facial.
- Rufo de Éfeso (siglo I d. C.): Especialmente sus tratados sobre anatomía renal y urinaria, así como sus valiosos escritos sobre puericultura, baño de lactantes y la atención al desarrollo infantil.
- Sorano de Éfeso (siglo II d. C.): Representante de la escuela metódica; sus aportaciones sobre ginecología, obstetricia, embriología y posicionamiento del feto se filtraron a través de la síntesis de Oribasio.
- Hipócrates: Citado como autoridad ética e histórica suprema, especialmente sus aforismos y escritos dietéticos.
- Athenaeo de Atalia y Heliodoro: Figuras clave de la escuela neumática y de la cirugía romana imperial, cuyas complejas maniobras de luxación y vendajes fueron preservadas en los libros quirúrgicos.
La transmisión de las Colecciones Médicas (Iatrikai Synagogai) desde la Constantinopla del siglo IV d. C. hasta el Renacimiento europeo es un itinerario complejo de epítomes, traducciones tempranas al latín, preservación en la medicina islámica y recuperación humanista. A pesar de que la monumentalidad de la obra original (70 libros) dificultó la copia íntegra de la enciclopedia, el texto sobrevivió fragmentado a través de varios canales complementarios.
Debido al elevadísimo coste de producción de un manuscrito de 70 volúmenes en pergamino, la obra completa comenzó a perderse en el propio ámbito bizantino durante la Alta Edad Media. El propio Oribasio facilitó este proceso al redactar la Sinopsis para Eustacio (9 libros) y el Libro para Eunapio (4 libros). Estas versiones abreviadas, mucho más manejables y económicas de copiar, circularon ampliamente por el Imperio Bizantino como manuales de campo para médicos e itinerantes.
Compiladores bizantinos posteriores como Aecio de Amida (s. VI), Alejandro de Trales (s. VI) y Pablo de Egina (s. VII) utilizaron masivamente las Colecciones como fuente primaria, reescribiendo o incorporando capítulos enteros de Oribasio dentro de sus propios tratados.
En el siglo IX, el patriarca Focio de Constantinopla dejó constancia en su Biblioteca (Códice 217) de haber leído los 70 libros originales de las Colecciones, lo que confirma que la obra completa aún existía íntegra en la capital imperial en esa época. No obstante, los incendios, el declive económico bizantino y el saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada (1204) fragmentaron definitivamente la tradición manuscrita griega.
A diferencia de otros autores griegos que tardaron siglos en ser traducidos a occidente, Oribasio fue vertido al latín muy pronto, en los siglos V y VI d. C., en la Rávena ostrogoda y el norte de Italia: Se realizaron versiones en un latín vulgar/tardo antiguo de la Sinopsis, del Libro para Eunapio y de varios libros de las Colecciones (especialmente sobre dietética y remedios simples).: Copias de estas traducciones arcaicas pasaron a los monasterios carolingios y monásticos del norte y centro de Europa (como la abadía de Sankt Gallen). Estos textos Oribasius latinus sirvieron como puente directo del saber galénico a la Europa altomedieval antes de las grandes traducciones del árabe.
En el marco del gran movimiento de traducción impulsado por la Casa de la Sabiduría (Bayt al-Hikma) en Bagdad durante el califato abasí, Oribasio desempeñó un papel destacado: Traducciones de Hunayn ibn Ishaq: El célebre médico y traductor nestoriano Hunayn ibn Ishaq (conocido en occidente como Johannitius) y sus discípulos tradujeron la obra de Oribasio al siríaco y al árabe (bajo el nombre de Urbasio). Influencia en la enciclopedia islámica: Médicos fundamentales como Rhazes (Al-Razi) e Ibn al-Nadim citan ampliamente las Colecciones. Rhazes incorporó pasajes enteros de Oribasio en su magna obra Al-Hawi (El Libro Continental), preservando capítulos quirúrgicos y terapéuticos que en griego ya se habían perdido.
Sinopsis (Synopsis ad Eustathium). Sipnosis para Eustacio.
Oribasio de Pérgamo escribió la obra Sinopsis (Synopsis ad Eustathium) para su hijo Eustacio, Obra médica en 9 libros redactado por Oribasio que concibió este texto como un regalo de formación para su hijo cuando este emprendió sus propios viajes y práctica clínica independiente. A diferencia de las exhaustivas Colecciones Médicas (de 70 volúmenes), la Sinopsis reducía el corpus a un manual de consulta rápido, claro y eminentemente práctico para que Eustacio pudiera llevarlo consigo y consultar diagnósticos, dietética y farmacología sin necesidad de cargar con una biblioteca entera. Gracias a esta dedicatoria y a la conservación del texto a través de la tradición manuscrita bizantina y sus posteriores traducciones latinas altomedievales (Synopsis Oribasii), el nombre de Eustacio quedó indisolublemente ligado a la transmisión del saber médico clásico.
Libellus ad Eunapium / Euporista). Libro para Eunapio
El Libro para Eunapio (conocido en la tradición latina como Libellus ad Eunapium o en la griega como Euporista, «Remedios fáciles de obtener») consta de cuatro libros diseñados como una guía médica práctica y de auxilio para personas cultas sin formación médica, pensada para viajes o situaciones de aislamiento.
Estructura general de la obra
Oribasio organiza el tratado de forma progresiva, desde la prevención general hasta la intervención sintomática específica:
- Libro I (Dietética y preservación de la salud): Pautas sobre nutrición según la constitución física, virtudes de los alimentos, ejercicio, baños, regulación del sueño y medidas preventivas según la estación del año.
- Libro II (Propiedades de los fármacos simples): Catálogo de plantas, minerales y productos animales de fácil acceso, clasificados según sus cualidades galénicas (cálido, frío, seco, húmedo) y sus efectos primarios.
- Libro III (Afecciones de la cabeza a los pies – A capite ad calcem I): Diagnóstico y tratamiento simplificado para dolencias que afectan desde el cuero cabelludo hasta el tórax (cefalalgias, oftalmías, otitis, tos, dolor pleurítico).
- Libro IV (Afecciones pélvicas, extremidades y urgencias – A capite ad calcem II): Trastornos digestivos, renales, patología ginecológica, afecciones articulares, picaduras de animales ponzoñosos, quemaduras y heridas.
- Remedios cotidianos (Euporista) destacados
Frente a la compleja polifarmacia de la corte, Oribasio recurre a ingredientes caseros y locales:
- Dolor de cabeza (Cefalea): Compresas frías sobre la frente empapadas en una mezcla de vinagre diluido y aceite de rosas, o paños impregnados en decocción de manzanilla tibia si la causa se atribuía al frío.
- Trastornos digestivos y vómitos: Infusiones de menta o pimienta molida en vino templado para reactivar la digestión lenta; cataplasmas de harina de cebada amasada con vinagre sobre el estómago para detener la emesis.
- Quemaduras y escaldaduras: Aplicación inmediata de clara de huevo batida o mucílago de llantén para formar una película protectora, seguida de ungüentos de cera virgen fundida con aceite de oliva.
- Afecciones de la garganta y tos: Gargarismos con agua tibia de miel (hydromeli) o decocciones de higos secos para suavizar la mucosa.
- Picaduras de insectos o animales: Cataplasmas de ajo machacado o sal fina mezclada con vinagre aplicada directamente sobre la picadura para «extraer el veneno».
- Características farmacológicas del compendio
La obra representa el testimonio directo de cómo Oribasio adaptó el saber galénico a un manual de autotratamiento seguro, evitando el uso de fármacos peligrosos como el eléboro negro en manos de laicos.
Manuscritos claves de la obra de Oribasio de Pérgamo
Los textos de las Colecciones que hoy poseemos se articulan principalmente a partir de tres códices fundamentales:
- Codex Parisinus Graecus 2189 (s. X–XI): Conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, es una de las fuentes principales para los primeros 15 libros de las Colecciones.
- Codex Vaticanus Graecus 224 (s. X): Manuscrito crucial preservado en la Biblioteca Apostólica Vaticana que contiene gran parte de las secciones quirúrgicas, anatómicas y terapéuticas.
- Codex Laurentianus 74, 7 (s. IX–X): Conservado en la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia, fundamental para la transmisión de la cirugía, traumatología e ilustraciones de aparatos de reducción y vendajes de Heliodoro y Antilo recabados por Oribasio.
La tradición de los manuscritos e impresos ilustrados de cirugía que vincula las Colecciones Médicas de Oribasio con la labor del médico florentino Guido Guidi (Vidus Vidius, 1500–1569) constituye una de las cumbres iconográficas de la historia de la medicina.
Esta línea de transmisión visual no solo rescató textos olvidados, sino que transformó diagramas esquemáticos antiguos en obras maestras del manierismo italiano y de la xilografía renacentista.
El Codex Laurentianus 74, 7, Es el eslabón fundamental de esta saga iconográfica es el manuscrito Nicetas o Codex Laurentianus 74, 7 (copiado en Constantinopla en el siglo IX–X), actualmente custodiado en la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia.: Este códice recopiló la antología médica preparada por el médico bizantino Nicetas, que contenía los libros quirúrgicos de las Colecciones Médicas de Oribasio (libros 43 a 50), así como los tratados sobre articulaciones de Hipócrates y el célebre comentario de Apolonio de Citio (siglo I a. C.). El códice bizantino contenía ya una serie de miniatura a color fascinantes que mostraban: Técnicas de vendajes (Fasciae): Basadas en las descripciones de Sorano de Éfeso y Heliodoro recopiladas por Oribasio. Máquinas de reducción ortopédica (De Machinementis): Diseñadas por Antilo, Hipócrates y Arquímedes para extender miembros y reducir luxaciones severas mediante tornos, trócleas y palancas.
En el Renacimiento con la invención de la imprenta el rescate y fijación del texto definitivo de Oribasio se consolidó entre los siglos XV y XVI gracias a la llegada de eruditos bizantinos a Italia tras la caída de Constantinopla (1453) y al auge del humanismo médico.
Rasario Battista Giovanni, localizó valiosos manuscritos griegos fragmentarios y público en Venecia en los años 1557-1558 la traducción latina de las Colecciones Médicas, la Sinopsis y el Libro para Eunapio de Oribasio de Pérgamo.
Guido Guidi y Francisco I (París, 1544)
En la década de 1540, el médico florentino Guido Guidi fue invitado a París por el rey Francisco I de Francia para ocupar la cátedra de medicina en el recién fundado Collège de France. Guidi llevó consigo o tuvo acceso directo a copias del Codex Laurentianus.
Con el mecenazgo real, Guidi concibió un proyecto editorial único: traducir al latín los tratados de cirugía griega clásica preservados por Oribasio y editarlos en un volumen de lujo titulado Chirurgia e Graeco in Latinum conversa de Guido Guidi, (París, 1544). Para trasladar las antiguas miniaturas bizantinas al lenguaje gráfico del Renacimiento, Guidi contó con la colaboración de grandes artistas del taller de la Escuela de Fontainebleau: Francesco Primaticcio y Benvenuto Cellini (quien compartía vivienda con Guidi en París) supervisaron o inspiraron el diseño de los dibujos. Santi di Tito y el grabador François Jollat ejecutaron las xilografías sobre madera. : Los artistas no se limitaron a copiar mecánicamente los esquemas bizantinos. Reinterpretaron las figuras humanas dotándolas de una potente anatomía manierista, representándolas como estatuas clásicas o héroes mitológicos en posturas contorsionadas sobre las complejas máquinas de madera.
La edición impreso-ilustrada de Guidi basada en Oribasio tuvo un impacto inmediato en la medicina del siglo XVI: Permitió a los cirujanos del Renacimiento (como Ambroise Paré) comprender exactamente cómo funcionaban los ingenios mecánicos de la Antigüedad que en el texto escrito resultaban incomprensibles. Junto con el De humani corporis fabrica de Andrés Vesalio (1543), la Chirurgia de Guidi fijó el estándar de que la ilustración médica no era un mero adorno, sino un instrumento de demostración científica e instrucción técnica insustituible.
Aunque en el siglo XVI circularon sobre todo las versiones latinas humanistas, el texto griego crítico no se editó de forma completa y moderna hasta los trabajos del filólogo Charles Daremberg y Émile Bussemaker (Oeuvres d’Oribase, París, 1851–1876), y posteriormente Johannes Raeder en el Corpus Medicorum Graecorum (Leipzig, 1928–1933).
