La Ginecología de Oribasio de Pérgamo
Los aportes de Oribasio a la ginecología y la obstetricia provienen de las secciones especializadas de sus Colecciones Médicas (reorganizados y sintetizados también en el Libro IX de la Sinopsis para Eustacio y el Libro IV del Libro para Eunapio).
Portada de la obra de Oribasio. Editada en Venecia en 1554

Tras la época de Oribasio (siglo IV d. C.), la medicina bizantina desarrolló un sistema asistencial fuertemente institucionalizado e influido por el cristianismo. En este contexto, la atención médica femenina no desapareció ni quedó relegada al ámbito meramente doméstico, sino que se estructuró en dos figuras bien diferenciadas y legalmente reconocidas: la comadrona (maia o akestris) y la médica (iatreina o iatrina).
A partir de los siglos V y VI, el Imperio Bizantino creó una red de hospitales públicos y de beneficencia (xenones o nosokomeia). Esta profesionalización del espacio hospitalario otorgó a la mujer un rol asistencial formal: Los grandes hospitales bizantinos, como el célebre Hospital del Pantocrátor en Constantinopla (fundado en 1136 por el emperador Juan II Comneno), contaban con secciones exclusivas para mujeres.Los reglamentos hospitalarios (typika) estipulaban la contratación de médicas (iatreinas) y comadronas (maiai) en plantilla, con sueldos fijos, raciones de comida y sustitutas durante sus turnos de descanso. Su función principal era examinar y tratar a las pacientes para preservar el pudor femenino (aidos), un valor central en la sociedad bizantina.
Existía la “maia/akestris”, (la comadrona) que era la encargada de la asistencia al parto eutócico (normal), cuidados neonatales inmediatos y peritaje legal sobre virginidad o embrazo en tribunales. Y también existía la “Iatreina o iatrina” (Que era una médica) que atendía patologías ginecológicas, prescribía fármacos, realizaba diagnósticos clínicos y dirigía el tratamiento en los xenones
La Ginecología en los textos de Oribasio de Pérgamo muchas partes son las opiniones de Aecio de Amida (s. VI): En el libro XVI de su Tetrabiblos, dedicó una de las mayores síntesis de ginecología de la Antigüedad tardía, recopilando remedios específicos para enfermedades de la matriz que eran administrados directamente por iatreinas.
Aunque Oribasio sigue de cerca a Galeno en fisiología general, para el ámbito ginecológico recurre fundamentalmente a Sorano de Éfeso (el gran ginecólogo de la escuela metódica) y a Rufos de Éfeso, estructurando el saber de la época en cuatro bloques clave:
Describe el útero como un órgano bicorne o dividido en cavidades (según el pensamiento anatómico imperante) y analiza la menstruación como un mecanismo natural de depuración sanguínea en el cuerpo femenino.
Clasifica la amenorrea (ausencia de regla), la menorragia (sangrado excesivo) y la leucorrea (fluxus muliebris), atribuyéndolas a desequilibrios de los humores o a alteraciones en la porosidad y tono del tejido uterino.
Para los trastornos ginecológicos no obstétricos (afecciones del aparato reproductor fuera del parto), Oribasio combina la patología humoral galénica con la farmacología de Dioscórides y la terapéutica física de Sorano. Sus tratamientos estructuran intervenciones tópicas, farmacológicas y de estilo de vida para cada patología específica.
Las amenorreas refieren que son atribuidas al enfriamiento, la sangre espesa o la obstrucción de los vasos uterinos. Recomienda como tratamiento baños de asiento caliente (enkathismata), flebotomía (sangría) en los tobillos para redirigir el flujo (derivación), emenagogos orales (decocciones de ruda, eneldo, mirra y ajenjo) y pesarios irritantes suaves con miel y aceite de nardo para estimular la mucosa uterina.
Las menorragia y metrorragias (sangrado excesivo). Refiere que es producida por un exceso de calor humoral o de debilidad en los vasos. Tratamiento: Reposo absoluto con la pelvis elevada, ligaduras apretadas en las extremidades superiores para desviar el flujo sanguíneo, compresas frías con vinagre y jugo de llantén en el bajo vientre, y pesarios altamente astringentes a base de alumbre, agallas de roble (kykides) y cáscara de granada. Recomienda las aguas minerales para las irregularidades menstruales y para las propensas al aborto, mencionando a Antilo como su fuente de información. Para la menorragia recomienda entre otras cosas, vendaje de los miembros, aplicación al útero de ceniza de una esponja nueva empapada en pera, el empleo de ventosas en el hipocondrio para detener la hemorragia uterina. La introducción de pesarios de lana, el uso de irrigaciones mediante una pequeña jeringa o la aplicación de una tira de lino o una esponja en forma de mecha en el interior del cuello uterino
En caso de menstruación escasa y después de la menopausia Oribasio dice:
“Cuando las mujeres han alcanzado ya una edad avanzada y cuyos periodos menstruales han cesado desde largo tiempo, experimentan algunas molestias corporales, empleo este mismo tratamiento para aliviarlas, pues es especialmente eficaz en tales casos, ya que imita la evacuación natural. Acostumbro a sangrar unas veces con ayuda de un cuchillo y otras aplicando sanguijuelas.”
Oribasio recomendaba el coito a posteriori en casos de esterilidad. En los casos de cuello estenosado indica la dilatación por medio de astringentes para inducir la concepción.
Las Inflamaciones e induraciones uterinas (Metritis y escirros). La inflamación aguda del útero (Metritis): Se manifestaba con fiebre, dolor pélvico agudo y endurecimiento a la palpación. Recomienda como tratamiento: Reposo absoluto, cataplasmas emolientes de harina de lino y malva sobre el hipogastrio, e irrigaciones uterinas entibiadas (metrenchytes) con aceite de oliva o de manzanilla. Dice que las inflamaciones de la vejiga o del útero debían tratarse con inyecciones de leche. Dice que el utero tiene cierta afinidad a sufrir con el colon; así, pues, es natural suponer que si el útero está inflamado tiene que aliviarse inyectando medicamentos en el colón. Dice que el absceso de utero se abre con máxima frecuencia en el recto, aunque puede hacerlo también en la vejiga urinaria o en el orificio del útero.
Induraciones y tumores benignos (escirros/fibromas). Tratamiento: Baños prolongados en aguas termales sulfuradas, emplastos ablandadores a base de resina de pino, cera, grasa de pato o de ciervo y goma amoniacal aplicada en el vientre para «disolver» la dureza de los tejidos.
Para el cáncer del útero, estado que considera incurable, recomienda los pesarios de opio a fin de reducir el dolor y el sufrimiento.
«Sofocación de la matriz» (Hysterikē pnix). Cuadro caracterizado por ansiedad, desmayos, sensación de ahogo y contracciones abdominales, atribuido al desplazamiento de un útero seco o desnutrido hacia el diafragma. Tratamiento aromático de atracción/repulsión: Se aplicaban sustancias fétidas (asafétida, azufre, lana sucia quemada o mechas de queroseno) bajo las fosas nasales para hacer «descender» el útero, mientras que en la región vulvar se aplicaban bálsamos dulces y perfumados (aceite de lirio, nardo o mejorana). Tratamiento mecánico: Fricciones intensas con aceite en los muslos y piernas, e inmovilización con ligaduras compresivas en los miembros inferiores.
Prolapso uterino (Ptōsis mētras) Descenso total o parcial de la matriz a través del canal vaginal. Tratamiento: Reducción manual cuidadosa con los dedos lubricados tras haber lavado los tejidos prolapsados con decocción de agallas de roble o vino astringente. Posteriormente, se colocaba a la mujer en decúbito supino con las piernas cruzadas y juntas, manteniendo durante días un esponjamiento empapado en jugo de membrana de granada o solución de alumbre dentro de la vagina para sujetar el órgano
Oribasio dice que el útero prolapsado puede ser restituido fácilmente a su situación normal y mantenido durante varios días con el uso de un taponamiento vaginal de lana.
El útero considera que no es un órgano de importancia vital que puede ser extirpado y la paciente seguir viviendo.
Fármacos empleados por Oribasio.
Mechas de lana saturadas en resinas, aceites esenciales, alumbre o miel
Decocciones de malva, vino tinto o aceites administrados con cánula hueca
Vapor de sahumerios de mirra, azufre o gálbano aplicado bajo silla calada.
Agua tibia enriquecida con plantas emolientes (malva, manzanilla) o astringentes
En sus Colecciones Médicas (así como en la Sinopsis para Eustacio y el Libro para Eunapio), Oribasio de Pérgamo dedica capítulos enteros a la elaboración de pesarios (pessoi), una de las formas farmacéuticas galénicas más importantes para el tratamiento directo de la patología uterina y vaginal.
El pesario clásico se elaboraba envolviendo los principios activos farmacológicos en una mecha de lana limpia y peinada (erion), o moldeando la masa con cera y grasas animales hasta darle una forma cilíndrica o cónica fácil de introducir en el canal vaginal.
Clasificación y recetas de los pesarios en Oribasio
Oribasio clasifica los pesarios según su acción terapéutica dominante, adaptando las recetas de Dioscórides, Galeno y Sorano de Éfeso:
Pesarios Emenagogos y Provocadores (Pessoi emmenagōgoi). Diseñados para estimular el flujo menstrual en casos de amenorrea, ablandar el cérvix o favorecer la expulsión de loquios y secundinas retrasadas.
Fórmula con Mirra y Ajeno: Ingredientes: Mirra pulverizada, jugo de ajenjo (absinthium), ruda, miel silvestre y aceite de nardo. La mirra y el ajenjo actúan como irritantes locales suaves y vasculares que hiperemiaban la mucosa uterina.
Fórmula con Gálbano y Eléboro: Ingredientes: Gálbano, resina de pino, eléboro negro y grasa de ganso. Empleado en amenorreas persistentes. Las resinas resinosas junto con la grasa servían de vehículo emoliente para disolver los principios fuertemente purgantes del eléboro.
Pesarios Astringentes y Hemostáticos (Pessoi styptekoi). Indicados para cohibir las menorragias, detener la metrorragia posparto, tratar la leucorrea (fluxus muliebris) o fijar los tejidos en caso de prolapso.
Fórmula con Alumbre y Granados: Ingredientes: Alumbre esquisto (stypteriā), cáscara de granada molida (rhoes kokkos), agallas de roble (kykides), zumo de acacia y vino tinto astringente. La altísima concentración de taninos y minerales metálicos producía una precipitación proteica inmediata en la mucosa, logrando una fuerte vasoconstricción local.
Fórmula hemostática con Sangre de Drago: ingredientes: Sangre de drago (cinabrio vegetal), zumo de llantén y corteza de pino.
Pesarios Emolientes y Anodinos (Pessoi chalastikoi / prayntikoi). Destinados a calmar el dolor pélvico agudo, suavizar las induraciones uterinas (escirros), tratar la metritis aguda o aliviar el espasmo de la «sofocación de la matriz».
Fórmula con Cera y Médula de Ciervo: Ingredientes: Cera virgen fundida, médula de ciervo o grasa de pato, aceite de iris, mucílago de fenogreco y pulpa de malva. Carecía de irritantes. Se introducía tibio para relajar la musculatura lisa del cérvix e hidratar profundamente las mucosas inflamadas.
Fórmula sedante con Opio: Ingredientes: Opiáceo (ōpion), aceite de rosa y yema de huevo cocida. Se administraba exclusivamente para calmar dolores uterinos intratables.
Oribasio insiste en su obra que todo pesario envuelto en lana debía llevar un hilo largo y resistente de lino colgando fuera de la vulva para que la propia paciente o la comadrona pudieran retirarlo fácilmente. Los pesarios fuertemente irritantes o emenagogos no debían mantenerse más de 3 a 6 horas para evitar ulceraciones. Los emolientes y astringentes suaves podían dejarse colocados toda la noche. Antes de la inserción de un pesario, Oribasio recomendaba siempre realizar un baño de asiento (enkathisma) o una irrigación limpia para retirar exudados previos.
En las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.), las resinas aromáticas y gomorresinas traídas de Oriente a través de las rutas comerciales grecorromanas ocupan un lugar preferente en la materia médica ginecológica. Heredero directo de la farmacología de Dioscórides y Galeno, Oribasio atribuía a estas sustancias propiedades «cálidas», «desactivadoras de la humedad» y «calmantes del espasmo». Entre ellas destacan el gálbano (chalbanē), la mirra (smyrna) y el estoraque o estacté (la fracción líquida o resina aromática derivada de la mirra y el árbol del estoraque, a menudo citada de forma complementaria).
El Gálbano (Chalbanē) Extraído de plantas umbelíferas del género Ferula (como Ferula gummosa), el gálbano es una gomorresina viscosa y amarga de olor acre penetrante. Oribasio lo consideraba uno de los estimulantes uterinos más potentes. Se prescribía en pesarios y fumigaciones para provocar la menstruación retenida (amenorrea) y acelerar la expulsión de secundinas o loquios tras el parto. Debido a su fuerte aroma penetrante y propiedades termogénicas, era la piedra angular en el tratamiento aromático de la hysterikē pnix (histeria). Se aplicaba bajo la nariz para hacer descendiente la matriz, o en pesarios ablandadores. Combinado con cera de abejas y grasa de pato o ciervo, disolvía los «escirros» (durezas y tumores benignos) del cuello del útero. Disuelto en grasa animal o cera (cerato). Servía para amenorrea, retención de placenta y sofocación uterina
La Mirra (Smyrna). Gomorresina gomosa obtenida del árbol Commiphora myrrha. En la farmacia de Oribasio es el antiséptico y cicatrizante uterino por excelencia. Utilizada para tratar las úlceras de la matriz, laceraciones vaginales tras partos distócicos y leucorreas fétidas. La mirra coagulaba las secreciones y prevenía la putrefacción (sepsis) de los tejidos. Formaba parte de las recetas de pesarios diseñados para ablandar el orificio uterino rígido antes de las maniobras obstétricas o para favorecer el vaciado de la matriz.: Se trituraba finamente con miel o se quemaba en incensarios debajo de la silla de parto (diphros) para que el humo perfumado dilatara los conductos genitales. Pulverizada e incorporada en pesarios con miel o lana (oísypos).
El Estacté / Estoraque (Staktē / Styrax). Oribasio distingue entre la mirra seca en lágrimas y el estacté (staktē), que era la fracción líquida o aceite resinoso más puro y aromático que destilaba la mirra recién incidida o el árbol del estoraque (Styrax officinalis). Utilizado principalmente por su altísimo poder aromático en el tratamiento de los desplazamientos uterinos. Aplicado en la vulva, atraía la matriz hacia su posición fisiológica baja. Mezclado con aceite de rosa o lanolina (oísypos), calmaba las quemazones y el dolor agudo originado por las inflamaciones agudas de la vagina (colpitis) o la matriz. Aceite resinoso para impregnación o cataplasma vulvar para el dolor pélvico agudo y atracción aromática del útero
Asistencia al Parto y Distocias (Obstetricia)
Detalla los partos difíciles o distócicos, catalogando las posiciones anómalas del feto (de nalgas, atravesado o con extremidades prolapsadas).
Transmite las maniobras obstétricas de Sorano para girar manualmente al feto intrauterino y facilitar su salida por los pies (versión podálica), técnica decisiva para salvar vidas en la Antigüedad antes de la cesárea moderna.
Oribasio dice que el niño se engendra y ocupa el lado derecho del útero y la niña el izquierdo
Detalla protocolos mediante fumigaciones, supositorios y baños para la expulsión de la placenta retenida. En casos de muerte fetal intrauterina, describe el instrumental y procedimientos quirúrgicos de extracción (embriotomía y ganchos obstétricos).
Patología Ginecológica y la «Sofocación Uterina»
Sofocación de la matriz (hysterikē pnix): Trata ampliamente el cuadro conocido como «histeria» o sofocación uterina (crisis agudas de ansiedad, desmayos o convulsiones atribuidas al desplazamiento o contención del útero).
Terapéutica aromática: Recoge el tratamiento tradicional mediante olfacciones contrastadas: aplicación de olores fétidos en la nariz y aromas agradables y perfumados en la zona vulvar para «atraer» el útero de vuelta a su posición anatómica.
Afecciones orgánicas: Aborda el prolapso uterino, las inflamaciones (metritis), los endurecimientos y los tumores o úlceras del cuello del útero.
Puericultura y Salud del Recién Nacido. Recomienda la ligadura del cordón umbilical: Pautas exactas sobre cómo cortar, ligar y limpiar el ombligo del neonato.
Oribasio en su obra cita a Rufo de Éfeso describiendo los requisitos físicos, morales que debía cumplir una buena nodriza.
En sus Colecciones Médicas (así como en las secciones correspondientes de la Sinopsis y el Libro para Eunapio), Oribasio reúne la tradición quirúrgica y obstétrica de la Antigüedad clásica, basándose en las obras de Sorano de Éfeso, Antilo y Heliodoro.
Para la atención de los partos difíciles (distocias) y el manejo de complicaciones intrauterinas grave o fetos muertos, Oribasio clasifica el instrumental quirúrgico y obstétrico en herramientas manuales, cortantes, de tracción y de dilatación.
Instrumental de exploración y dilatación
Especulo vaginal (Dioptra / Speculum uteri): Dioptra (Especulo de tornillo. Instrumento metálico de bronce con dos o tres valvas articuladas accionadas por un tornillo sin fin (pēxidion).
Permitía ensanchar la vagina mediante presión mecánica controlada para inspeccionar el cuello uterino, evaluar laceraciones, detectar prolapsos o guiar la introducción de instrumentos en caso de fetos atravesados.
Dilatadores de madera y estirax (Spathē / Pessoi): Varillas cilíndricas o espátulas suavizadas recubiertas de aceites emolientes para dilatar gradualmente un cérvix rígido o espasmódico antes de intentar las maniobras manuales de versión podálica.
Instrumental de tracción y fijación (Embriotomía)
Cuando el feto había muerto en el claustro materno y no podía extraerse mediante versión podálica, Oribasio desaconsejaba la fuerza bruta e indicaba el uso de instrumental de fijación para evitar el colapso de la matriz:
Ganchos obstétricos ciegos y agudos (Ankistron / Uncus): Vástagos metálicos terminados en una curvatura o garfio, con la punta roma (para guiar) o afilada (para tracción).El cirujano introducía el gancho protegido por el dedo índice de una mano para no dañar las paredes vaginales. Se fijaba en puntos óseos sólidos del feto muerto (las cuencas de los ojos, la boca, detrás del oído o la clavícula) para ejercer una tracción continua y extraer el cuerpo.
Pinzas de tracción (Odonthagra / Tenacula). Pinzas metálicas dentadas empleadas para sujetar partes blandas o fragmentos óseos durante el desmembramiento intrauterino.
Bisturí embrionario o anular (Spathion / Machairion): Cuchillo pequeño cuya hoja podía deslizarse o esconderse en un estuche para ser introducido de forma segura dentro del canal del parto. Utilizado para realizar la decapitació fetal (decapitatio), la evisceración del tórax/abdomen o la sección de extremidades cuando el feto impactado impedía el parto natural.
Perforador craneal (Spathē kinetē / Cranoclastes arcaico): Instrumento punzante diseñado para perforar la bóveda craneal del feto en presentaciones de cabeza encajadas e inamovibles. Al colapsar el cráneo y permitir la salida del contenido cerebral, disminuía el diámetro de la cabeza y facilitaba su extracción con el gancho.
Sonda uterina (Mēlotē) Varilla de plata o bronce de punta roma utilizada para explorar la cavidad uterina, verificar la presencia de fragmentos placentarios retenidos o guiar la evacuación de coágulos.
Jeringas y clísteres uterinos (Metrenchytes): Cánula hueca conectada a una vejiga de animal. Utilizado para inyectar infusiones tibias de malva, aceite de oliva o vino aromatizado directamente en el útero. Tenía una doble función: lubricar las vías en partos secos y lavar el interior de la matriz tras una intervención quirúrgica para prevenir la infección y expulsar los restos de secundinas.
El periodo del puerperio inmediato aborda las dos complicaciones más temidas del parto en la Antigüedad —la retención de secundinas (retentio placentae) y la hemorragia posparto—, recopila el saber de Sorano de Éfeso, Galeno y Rufos de Éfeso, estableciendo protocolos que combinan la intervención manual, la farmacología local y la terapia física. Oribasio advierte que si la placenta (deuteron o secundinae) no se expulsa espontáneamente tras el nacimiento, la descomposición de los tejidos intrauterinos puede provocar fiebres graves, inflamación de la matriz (metritis) o sepsis. Por ello, establece un protocolo escalonado. Se hacía inhalar a la mujer polvos estornutatorios (como el eléboro blanco o la pimienta) o se provocaba el reflejo de la tos. El aumento de la presión intraabdominal ayudaba a despegar y descender la placenta. Se colocaba a la paciente sentada en la silla de parto (diphros) o en posición semi incorporada para favorecer la expulsión por gravedad. Se aplicaba humo o vapor debajo de la silla de parto mediante sahumerios de sustancias aromáticas y resinas (como áloe, mirra, gálbano, azufre o comino). Se creía que el calor suave y las propiedades estimulantes del vapor dilataban el cuello uterino y relajaban los espasmos.
Si los métodos indirectos fallaban, se procedía a la extracción directa. Tracción suave del cordón: El obstetra o la comadrona sujetaba el cordón umbilical (que no debía cortarse demasiado cerca de la vulva) con los dedos enrollados en lana para evitar resbalar, aplicando una tracción ligera, constante y descendente mientras se ejercía una presión suave sobre el bajo vientre con la otra mano. Si la placenta seguía adherida, el médico se untaba la mano con aceite tibio de malva o semillas de lino, introducía los dedos suavemente por el cuello uterino y, bordeando los límites de la masa placentaria, la despegaba gradualmente con las yemas de los dedos de la pared de la matriz antes de extraerla. Irrigaciones y lavado (Metrenchytes): Una vez extraída la placenta, se irrigaba la cavidad uterina con una jeringa o clister (metrenchytes) inyectando aceite tibio, vino aromatizado o decocciones de malva y manzanilla para limpiar los coágulos y fragmentos restantes.
La hemorragia posparto
Para detener el sangrado profuso (almo-rrhagia) tras el parto, Oribasio aplica los principios galénicos y astringentes de la materia médica, buscando contraer los vasos sanguíneos y favorecer la formación de coágulos. Se acostaba a la mujer en una cama dura, con la cabeza baja y la pelvis ligeramente elevada para reducir el flujo de sangre hacia la matriz. Se aplicaban esponjas empapadas en agua fría o vinagre diluido sobre el hipogastrio (bajo vientre), los muslos y la región lumbar. La aplicación externa de frío buscaba la vasoconstricción reflexiva de la zona pélvica.
Astringentes locales y taponamiento. Tapones vaginales astringentes (Pessoi): Oribasio prescribe la introducción de supositorios o tapones de lana empapados en sustancias altamente astringentes para coagular la sangre y cerrar los vasos sangrantes. Entre los ingredientes principales cita: Cáliz de granada (balaustium) y agallas de roble (kykides): Ricos en taninos. Alumbre (stypteriā): Conocido por sus potentes propiedades hemostáticas. Zumo de acacia, sangre de drago y jugo de llantén. Fumigaciones y polvos hemostáticos: Se espolvoreaban directamente en el canal vaginal o se aplicaban en forma de cataplasmas astringentes. Dieta y soporte sistémico. Se prohibían los alimentos calientes o sazonados y las bebidas alcohólicas, que se consideraba que «calentaban la sangre» y dilataban las arterias. Se daba a beber a la paciente agua fría con vinagre, zumo de membrillo o decocciones de corteza de granada en pequeñas dosis constantes.
La comparación entre el tratamiento de la retención de placenta (retentio placentae) en la Ginecología (Gynaekeia) de Sorano de Éfeso (s. II d. C.) y las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.) permite observar cómo se transmitió y adaptó el saber obstétrico de la escuela metódica en la enciclopedia médica tardo antigua.
Aunque Oribasio toma a Sorano como su fuente principal para este capítulo, existen matices doctrinales, organizativos y metodológicos significativos entre ambos textos.
Existen ciertas divergencias entre la medicina de Oribasio y la medicina de la época: Sorano (Escuela Metódica): Rechaza la teoría humoral galénica y la necesidad de «expulsar humores corruptos». Considera la retención de placenta como un estado de constricción o espasmo de la matriz (status strictus) o una falta de tono muscular. Su enfoque se centra en relajar, ablandar y calmar la matriz mediante calor, aceites y manipulaciones suaves. Y Oribasio (Síntesis Galénico-Ecléctica): Aunque copia los procedimientos prácticos de Sorano, enmarca la patología dentro del esquema humoral galénico. Oribasio pone mayor énfasis en el riesgo de putrefacción de la sangre y de los tejidos retenidos, lo que justifica una postura ligeramente más vigilante respecto a la necesidad de limpiar e irrigar la cavidad uterina para evitar fiebres y sepsis.
Sorano: Privilegia la paciencia y las maniobras suaves. Desaconseja tajantemente sacudir con violencia a la paciente o usar sustancias excesivamente irritantes. Se limita a provocaciones leves de tos, mantener a la mujer caliente y usar estornutatorios suaves. Y Oribasio: Conserva las medidas de Sorano (estornutatorios, posicionamiento en la silla de parto), pero añade una mayor variedad de fumigaciones vaginales de resinas aromáticas (áloe, gálbano, azufre) heredadas de la tradición farmacológica de Dioscórides y de la medicina neumática.
Sorano: Establece la regla de oro de la obstetricia clásica: la mano del profesional debe actuar como una cuña suave. Si la placenta no se desprende, el médico debe untarse los dedos con aceite tibio y separar las adherencias de la pared uterina poco a poco con la yema de los dedos, evitando a toda costa tirones bruscos del cordón umbilical que puedan provocar la inversión uterina o la ruptura del cordón. Y Oribasio: Mantiene la técnica paso a paso de Sorano, pero su redacción es más sintética y directiva. Mientras Sorano argumenta ampliamente el porqué de cada paso para educar a la comadrona, Oribasio redacta el pasaje con un estilo de manual de instrucciones para el médico, priorizando la secuencia precisa de la maniobra.
Sorano: Tras la extracción, aplica fomentos calientes, cataplasmas de linaza y aceite sobre el abdomen para prevenir la inflamación. Favorece los baños tibios y el reposo. Y Oribasio: Hace un uso mucho más sistemático y explícito de la jeringa uterina (metrenchytes). Para Oribasio, el lavado post intervención con vino aromatizado o decocciones astringentes y antisépticas es indispensable para garantizar que no queden fragmentos o coágulos en el interior de la matriz.
Oribasio actuó como el gran filtro de eficiencia de la obra de Sorano: eliminó los debates teóricos de la escuela metódica, conservó la extraordinaria técnica manual de Sorano para la extracción de la placenta y le añadió el rigor antiséptico e irrigador propio del marco galénico.
La visión sobre la figura y las competencias de la comadrona (maia / obstetrix) en la Ginecología de Sorano de Éfeso (s. II d. C.) y en las Colecciones Médicas de Oribasio de Pérgamo (s. IV d. C.) refleja una transformación estructural profunda en la medicina clásica: el paso de una profesión obstétrica femenina autónoma y profesionalizada a la subordinación técnica bajo la supervisión del médico profesional (iatros).
- La comadrona en Sorano: Autonomía profesional y perfil ideal
Para Sorano, la comadrona no es una mera asistente, sino el agente principal y autónomo de la atención al parto y la salud de la mujer. Dedica los primeros capítulos de su obra a definir los requisitos indispensables que debe cumplir la «comadrona perfecta»:
- Perfil técnico e intelectual: Debe saber leer y escribir para estudiar la teoría médica, poseer conocimientos de anatomía, farmacia y dietética, y demostrar una memoria excelente.
- Cualidades físicas: Manos delgadas, de dedos largos y uñas cortas y bien limadas para no lastimar los tejidos internos de la paciente durante las exploraciones o la versión podálica.
- Cualidades éticas y psicológicas: Incorruptible (Sorano le prohíbe taxativamente administrar abortivos por motivos pecuniarios o de adulterio), calmada, discreta y no supersticiosa (rechaza categóricamente las amuletos, incantaciones y prácticas mágicas populares en el paritorio).
- Autonomía asistencial: Sorano concibe que la comadrona debe dirigir el parto normal y el parto difícil (distocia) por sí misma. El médico solo interviene como consultor de última instancia o para ejecutar intervenciones quirúrgicas extremas (como la embriotomía).
- La comadrona en Oribasio: Subordinación y manualización
Oribasio, al recopilar a Sorano dentro de un proyecto enciclopédico ordenado bajo la óptica galénica, altera sustancialmente la posición de la comadrona en el marco sanitario tardo antiguo:
- El médico como centro del saber: Las Colecciones Médicas están dirigidas a médicos eruditos (iatroi). Por ello, Oribasio omite las extensas secciones de Sorano sobre las virtudes, educación y código deontológico de la comadrona.
- Reducción a ejecuto de maniobras: La comadrona pasa de ser una profesional teórica autónoma a convertirse en la ejecutora técnica de las instrucciones del médico. Oribasio describe las maniobras de manipulación vaginal, el corte del cordón o el despegamiento de la placenta en tercera persona, dando por sentado que el médico dirige la escena o realiza él mismo la intervención.
- Especialización quirúrgica masculina: Con la consolidación de la literatura médica bizantina que promueve Oribasio, la cirugía obstétrica, el uso del especulo (dioptra), las perforaciones craneales y la irrigación mediante metrenchytes quedan adscritas a la competencia directa del médico varón.
En sus Colecciones Médicas (y en sus epítomes prácticos Sinopsis para Eustacio y Libro para Eunapio), Oribasio de Pérgamo sintetiza la tradición obstétrica de Sorano de Éfeso. Sus recomendaciones abarcan desde la preparación previa hasta la dirección clínica de la fase de expulsión, priorizando siempre la protección física de la madre y la fluidez del parto.
- Preparación del entorno y acondicionamiento de la paciente
- Ambiente cálido y tranquilo: El paritorio debía estar caldeado, en penumbra y libre de corrientes de aire o ruidos bruscos para evitar que el estrés causara espasmos en la matriz.
- Preparación física: Antes de iniciar la fase activa, indicaba vaciar la vejiga y el recto mediante enemas suaves de aceite tibio, lo que dejaba espacio libre en el canal pélvico.
- Ablandamiento de los tejidos: Prescribía aplicar fomentos calientes, compresas humedecidas en aceite de oliva o malva, y baños de asiento tibios (enkathismata) sobre el perineo, la vulva y el bajo vientre para flexibilizar el canal del parto.
- Postura durante la dilatación y el expulsivo
Oribasio no consideraba el parto como un proceso pasivo en cama, sino que adaptaba la postura de la gestante a la evolución clínica:
- Silla de parto (Diphros): Recomendaba la silla de parir de tres aberturas (agujero central para el paso del feto y aberturas laterales para el trabajo de la comadrona) durante la fase activa de expulsión, aprovechando la fuerza de la gravedad.
- Posturas de inclinación:
- Si la mujer era obesa o el cuello uterino no dilataba bien, se la colocaba semisentada en la silla.
- Si la paciente sufría desmayos o atonía, indicaba acostarla horizontalmente en un lecho blando.
- Si el feto no descendía por falta de fuerza abdominal, recomendaba que la madre se pusiera en posición acuclillada o apoyada sobre sus rodillas.
- Manejo manual y protección del perineo
- Protección tisular: Oribasio prohibía tajantemente la tracción forzada o apresurada. La comadrona debía lubricar continuamente el canal con aceite tibio de lino o malva y sostener los tejidos perineales con paños de lino para evitar desgarros vulvares.
- Incentivo del pujo: Animaba a la madre a contener la respiración y pujar en el pico de las contracciones, relajando el cuerpo entre una y otra.
- Manejo de partos difíciles (Distocias):
- Versión podálica: En presentaciones anómalas (de nalgas, de hombro o atravesadas), instruía al profesional para introducir la mano lubricada, buscar los pies del feto, rotarlo con extrema suavidad dentro del útero y extraerlo por los pies.
- Uso del especulo (Dioptra): Indicado solo si era necesario inspeccionar un cérvix rígido o verificar obstrucciones mecánicas.
Atención al recién nacido Recibir al bebé sobre un paño de lana suave, limpiar suavemente las mucosas de boca y nariz, e inspeccionar malformaciones visibles.
Corte del cordón umbilical Ligadura firme con hilo de lana a unos cuatro dedos del ombligo infantil antes de efectuar el corte con un bisturí afilado.
Atención a la madre Aplicación inmediata de compresas tibias en el bajo vientre, reposo absoluto e inmovilización en un lecho confortablemente abrigado
En la tradición obstétrica de la Antigüedad clásica, la silla de parto o silla de parir (diphros obstetrikos en griego o sella obstetricia en latín) constituía el elemento instrumental central del paritorio. Sorano de Éfeso diseñó y sistematizó su uso en el siglo II d. C., y Oribasio de Pérgamo preservó y difundió su descripción técnica en sus Colecciones Médicas y epítomes durante el siglo IV d. C.
Ambos autores la consideraban una herramienta ergonómica y biomecánica imprescindible para facilitar el trabajo del expulsivo, garantizando tanto el confort de la parturienta como la accesibilidad del profesional.
Diseño y estructura de la diphros
Se sentaba frente a la parturienta, en un taburete más bajo, colocándose a la altura justa del asiento de la diphros para recibir al feto. Una o dos ayudantes se colocaban detrás del respaldo de la silla, abrazando suavemente a la mujer por debajo de las axilas para sostenerla, darle firmeza y masajear el vientre durante las contracciones.
Tanto Sorano como Oribasio insisten en que la silla no debía ser un mueble común improvisado, sino un armazón construido con proporciones anatómicas precisas:
- Asiento con hendidura en forma de medialuna (coiloma): El elemento distintivo era el corte central en el asiento, con forma de creciente o marco en «U». Esta abertura dejaba al descubierto la región pélvica y vulvar de la mujer, permitiendo la salida del recién nacido sin presión sobre el perineo. El asiento se cubría con paños de lino o lana suave para no lesionar la piel ni provocar enfriamiento en las nalgas y muslos.
- Respaldo sólido y ajustable: Disponía de un respaldo firme contra el cual la mujer apoyaba la espalda. Sorano indicaba que debía tener una inclinación adecuada para permitir que la parturienta estuviera semisentada o erguida según las necesidades clínicas. Si la mujer era delgada o débil, se reclinaba el respaldo hacia atrás. Si era obesa el parto se volvía lento, se la erguía complementamente para maximizar la presión abdominal.
- Apoyabrazos y asas laterales (cheires): Contaba con dos barras o agarraderas laterales firmes. Durante las contracciones y pujos, la mujer se sujetaba fuertemente a ellas para fijar la cintura escapular y ejercer una mayor presión intraabdominal.
- Apoyapiés o peldaño escalonado (hypopodion): Incorporaba un escalón o soporte para los pies ajustado a la altura de la paciente. Esto permitía flexionar las rodillas y abducir las caderas en un ángulo óptimo para la apertura del canal del parto.
- Laterales cerrados: La estructura inferior solía estar cubierta con paneles de madera para retener el calor de los sahumerios o fumigaciones aromáticas (hypokapnismoi) que se colocaban debajo para relajar el cérvix.
- Función biomecánica y médica
La elección de la diphros frente al parto en cama obedecía a razones fisiológicas fundamentales que Oribasio resalta en su recopilación:
- Aprovechamiento de la gravedad: La posición erguida o semisentada favorecía el descenso natural del feto por el canal del parto gracias al peso corporal y la dirección del eje pélvico.
- Eficiencia del pujo: Permitía a la madre coordinar la prensa abdominal apoyando la espalda y tirando de los agarraderos de los brazos, aumentando la eficacia del pujo espontáneo.
- Visibilidad y acceso: Proporcionaba a la comadrona (maia) o al médico un acceso directo y limpio al perineo para controlar la dilatación, aplicar aceites emolientes, proteger los tejidos de desgarros o realizar maniobras de versión podálica.
Gracias a la conservación que hizo Oribasio de las fuentes de Sorano, el modelo de la diphros grecorromana se mantuvo como el estándar de la práctica obstétrica en el Imperio Bizantino y la medicina islámica medieval, extendiéndose su uso a través de la xilografía médica renacentista hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando fue paulatinamente reemplazada por la cama de parto y la posición de litotomía.
