Negatoscopio

Negatoscopio

Este negatoscopio es la pieza del mes de mayo/junio del Museo de Historia de la Medicina y la Salud de Extremadura en Zafra.

Negatoscopio o negatoscopio de rayos X o visor de radiografías, es un dispositivo médico diseñado para visualizar imágenes radiográficas de forma clara y precisa, mediante el uso de la transparencia de un negativo.

Consiste en una caja con una pantalla blanca retroiluminada, generalmente de metacrilato, que se ilumina desde el interior mediante una fuente de luz constante y uniforme y permite visualizar los detalles de una radiografía con claridad.

Su función principal es proporcionar la iluminación adecuada para que un profesional de la salud (médico, radiólogo, odontólogo, etc.) pueda interpretar correctamente los detalles de una placa radiográfica. Sirve para identificar estructuras anatómicas: Permite distinguir entre diferentes densidades de los tejidos (hueso, músculo, grasa, aire), algo vital para realizar un diagnóstico preciso. Detectar patologías o lesiones: Gracias a la retroiluminación, el médico puede identificar fracturas, tumores, infecciones (como neumonía), cuerpos extraños o cualquier anomalía que aparezca como una zona más clara o más oscura en la placa.

El negatoscopio es una invención de evolución necesaria tras el descubrimiento de los rayos X, cuando Wilhelm Conrad Röntgen descubrió los rayos X en noviembre de 1895, el mundo médico comenzó inmediatamente a utilizarlos para diagnosticar fracturas y localizar cuerpos extraños. Al principio, las imágenes se obtenían de formas muy rudimentarias: Pantallas fluorescentes: Se utilizaban dispositivos llamados «fluoroscopios» (o pantallas fluorescentes) donde el médico observaba la imagen en tiempo real mientras el paciente estaba expuesto a la radiación. Placas de vidrio: Poco después, empezaron a usarse placas fotográficas de vidrio (y más tarde películas) para registrar las imágenes.

Inicialmente, los médicos simplemente sostenían las placas frente a una ventana, cerca de una lámpara de aceite o frente a la luz del sol. Con la creciente demanda en hospitales (especialmente tras la Primera Guerra Mundial, cuando el uso de rayos X se estandarizó para tratar soldados heridos), surgieron empresas dedicadas a fabricar equipamiento médico. Estas empresas empezaron a construir cajas de madera o metal con luces incandescentes en su interior y un vidrio opalino (esmerilado) al frente para difundir la luz de manera uniforme.

Los primeros modelos eran básicamente cajas de madera o metal con bombillas de filamento tradicionales que generaban muchísimo calor, podían dañar la placa de acetato), la luz era amarillenta y no era uniforme (había «puntos calientes» donde estaba la bombilla y zonas oscuras en las esquinas, eran pesados y consumían mucha energía. Después se sustituyeron las bombillas por tubos fluorescentes, la luz era mucho más blanca y «fría». Se introdujeron los balastos electrónicos para evitar el parpadeo y se volvieron más delgados y permitieron crear paneles múltiples (negatoscopios dobles, triples o cuádruples) para comparar varias placas al mismo tiempo.

Hoy en día, el negatoscopio físico está siendo reemplazado por el negatoscopio digital. Ya no se imprimen placas, sino que las imágenes se envían a los ordenadores y a una red llamada PACS (Picture Archiving and Communication System). Son monitores que tienen una escala de grises extremadamente precisa y un brillo altísimo (medido en nits) para detectar microfracturas o nódulos diminutos.

Este negatoscopio es de los años 1950-1960 y perteneció a D. Félix Beltran de Heredia Castaño, traumatólogo que ejerció en Badajoz.

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