Parto por Cesárea en el siglo XVIII en España
La cesárea que se practicaba poco por la gran mortalidad materna y fetal se introduce poco a poco en la práctica quirúrgica.
En la obra “Operaciones de Cirugía” (1887) de Francisco Villaverde, cirujano de la Armada y secretario del Colegio de Cirugía de Cádiz recoge las indicaciones y la intervención de la cesárea en su época.
“ Indicaciones de la Cesárea: 1. En caso de esta muerta la madre, para salvar prontamente al feto. 2. En las concepciones ventrales, en las trompas o de los ovarios. 3. Dislacerarse el fondo del utero por la violencia de los conatos y de haber pasado la criatura al vientre. 4. En la coalición total de la vagina que no pueda vencerse.
Instrumentos necesarios para la cesárea: bisturí convexo, lithotomo de Cheselden, tijeras, sonda alada o de corazón, agujas enhebradas, tiras largas y anchas de tafetán gomado, hilas, esponja fina para enjugar la sangre, planchuelas, bálsamo aglutinante y vendas.
Preparación de la paciente: Se acostará la parturienta de lado sin almohada para que se mantengan tensos los músculos del abdomen. Se le cubrirá la cara y se sujetará por dos ayudantes para los extremos superiores y dos para los inferiores. Habrá uno que presente al Profesor los instrumentos a la mano y otro mantendrá la luz
Intervención de la cesárea.
La incisión se realizará en la parte lateral, de seis a siete pulgadas. Debe penetrar hasta el peritoneo exclusive. Después se hace incisión del peritoneo y del utero.
Herido el utero fluye abundantemente la sangre, pero esto no debe sorprender al Profesor porque concluida la operación brevemente se detiene y se abrirá las membranas del corion y amnios. Las aguas se derramarán y sin perder tiempo insinuará su mano en el claustro materno agarrará al feto, lo sacará por los pies y se lo entregará a un ayudante. Y continuará la extracción deslizando su mano en el utero y desprender la placenta de sus adherencias antes que aquella entraña se contraiga.
La división del utero se abandonará a la naturaleza que sola hace la consolidación contrayéndose aquella entraña. Pero la exterior requiere aproximación, el vendage unitivo y la sutura seca.
El vendaje unitivo se insinúa dentro del vientre un girón de lienzo en figura de cola de golondrina que se dejará en el ángulo inferior de la herida para que sirva de filtro a la sangre derramada, se unirán los labios en lo restante de la división con tiras de tafetán gomado que se cubrirán con planchuelas de bálsamo católico, hilas en bruto y encima un vendage de cuerpo de diez y ocho cabos que se cruzaran sobre la herida y se prenderán cada cabo con alfileres. Este método tiene muchas ventajas sobre la sutura cruenta, es suave, evita inflamaciones, dislaceraciones, dolores y otros accidentes; siendo suficiente como lo es para impedir la salida de las partes flotantes en el vientre.
Las curaciones se practicarán de doce en doce horas.
Después de la operación se ordenará la sangría si hubiere calentura alta y la hemorragia no hubiere abatido las fuerzas.
El alimento en los primeros días será de agua de pollo simple
Las memorias de la Real Academia de Cirugía de París refieren haberse practicado esta operación hasta siete veces en una misma mujer
Si la madre espira embarazada se practicará al instante la operación cesárea sin pararse en las precauciones antedichas, basta sacar el feto sin reparar en el tamaño ni dirección de las incisiones.
Francisco Villaverde La Villa. Fue un destacado cirujano de la Armada Española, nacido el 30 de marzo de 1738 en Pola de Siero, Asturias. Se formó en el prestigioso Real Colegio de Cirugía de Cádiz, fundado por Pedro Virgili. Fue considerado uno de los mejores alumnos y le conceden una beca junto con Diego Velasco para ampliar sus conocimientos en París con cirujanos renombrados como François Morand y Henri Le Dran con la misión de conocer y traer instrumental quirúrgico moderno para el Colegio de Cirugía de Cádiz y escribir un tratado que sirviera de texto a los alumnos de los Reales Colegios
Posteriormente formó parte como cirujano mayor de la expedición a Indias mandada por don Pedro Ceballos contra los portugueses. Volvió a España en 1766 y se le destinó de profesor al colegio de San Fernando. Más tarde fue profesor y secretario del Colegio de Cádiz, en el que profesó durante muchos años.
Se casó con la hija de Francisco Canivell, médico militar de la Armada y destacado cirujano, obstetra, oftalmólogo y litotomista. Discípulo de Pere Virgili.
Escribió la obra “Curso teórico-práctico de operaciones y Cirugía”, en colaboración con Diego Velasco. es un texto fundamental en la historia de la cirugía en España. Publicada por primera vez en 1763 y se realizan dos ediciones en este año. Tercera edición en 1780. La cuarta edición fue en 1797 y la quinta edición en1807
Francisco Villaverde realiza una refundición y ampliación de esta obra como autor único porque había muerto años antes su colega y amigo Diego Velasco. Realiza un texto actualizado y le denomina “Operaciones de Cirugía”, el titulo completo es: “Operaciones de cirugía, según la más selecta doctrina de antiguos y modernos. Dispuesta para uso de los Reales Colegios” (1788). Figurando el solo como autor: Don Francisco Villaverde, Primer ayudante de Cirujano Mayor de la Armada, Maestro y Secretario del Real Colegio de Cirugía en Cádiz. Publicada en 2 tomos en Madrid en 1788
Entre sus características principales, destaca por ser un curso teórico-práctico que aborda las operaciones quirúrgicas con un enfoque detallado y sistemático. Además, su contenido refleja los avances de la época y busca formar cirujanos con una sólida base técnica y científica.
En el siglo XVIII, los instrumentos médicos reflejaban los avances de la época y la transición hacia una medicina más científica. Entre los instrumentos quirúrgicos más comunes se encontraban bisturíes, sierras para amputaciones, fórceps obstétricos, pinzas y agujas para suturas. Estos instrumentos solían estar hechos de acero y, en ocasiones, tenían mangos de madera o marfil.
Un aspecto interesante es que muchos de estos instrumentos eran diseñados específicamente para tratar enfermedades concretas o realizar operaciones específicas. Además, los médicos y cirujanos de la época a menudo inventaban o adaptaban herramientas para mejorar los resultados quirúrgicos. Los inventarios de hospitales de la época muestran que los instrumentos se guardaban en cajas forradas de tela y se revisaban periódicamente para garantizar su funcionalidad


















